Fuente: The Economist
18 de septiembre 1999


Dos conceptos de soberanía

(Esta es una traducción no oficial del artículo escrito por el Secretario General de las Naciones Unidas, Kofi Annan, elaborada por el Centro Español de Relaciones Internacionales (CERI) y contribuida por el Centro de Información de Naciones Unidas en Madrid para las páginas Web de Naciones Unidas en español.)

Por Kofi Annan, Secretario General de las Naciones Unidas
El genocidio en Ruandanos mostró cuán terribles pueden ser las consecuencias de la inacción ante el asesinato masivo. Pero el conflicto de este año en Kosovo planteó preguntas igualmente importantes sobre las consecuencias de una acción sin consenso internacional ni clara legalidad.

Esto ha puesto de relieve el dilema de la llamada "intervención humanitaria". Por un lado ¿es legítimo para una organización regional utilizar la fuerza sin un mandato de la ONU?, por otro, ¿es posible permitir que se lleven a cabo sistemáticas violaciones de los derechos humanos, con graves consecuencias humanitarias? La incapacidad de la comunidad internacional de reconciliar estos dos intereses en el caso de Kosovo sólo ser interpretado como una tragedia.

Para evitar repetir tales tragedias en el próximo siglo, creo que es esencial que la comunidad internacional alcance consenso, no sólo en el principio de que las violaciones masivas y sistemáticas a los derechos humanos deben ser detenidas, dondequiera que ellas tengan lugar, sino también sobre la forma de decidir qué acción es necesaria, cuándo y por quién. El conflicto de Kosovo y su resultado han conducido a un debate de importancia mundial. Y a cada una de las partes integrantes en el debate puede proponérsele preguntas dificiles.

A aquéllos para quienes la mayor amenaza al futuro del orden internacional es el uso de la fuerza en ausencia de un mandato del Consejo de Seguridad, uno podría decor;es: dejen Kosovo de lado por un momento y piensen en Ruanda. Imaginen por un momento que en esos oscuros días y horas que llevaron al genocidio había una coalición de Estados lista y dispuesta a actuar en defensa de la población Tutsi, pero el Consejo se había negado o se había demorado en darle luz verde. ¿Semejante coalición debía permanecer ociosamente inmóvil mientras el horror se desplegaba?

A aquéllos para quien la acción de Kosovo anunció una nueva era en que los Estados y los grupos de Estados pueden tomar una acción militar al margen de los mecanismos establecidos en respaldo del derecho internacional, uno podría preguntarles igualmente: ¿No hay peligro de que tales intervenciones desgasten el imperfecto y frágil sistema de seguridad creado después de la segunda guerra mundial, y de que se den precedentes peligrosos para intervenciones futuras, sin un claro criterio para decidir quién podría invocar estos precedentes y en qué circunstancias? Nada en la Carta de la ONU impide el reconocimiento de que hay derechos más allá de las fronteras. Lo que la Carta dice es que "la fuerza armada no se utilizará sino en el interés común. "¿Pero cuál es ese interés común? ¿Quién lo defenderá? ¿Bajo qué autoridad? Y ¿con qué sentido de intervención? Buscando respuesta a estos grandes interrogantes, veo cuatro aspectos de la intervención que necesitan ser considerados con especial cuidado.

Primero, "intervención" no debe entenderse referida únicamente al uso de fuerza. Una ironía trágica de muchas de las crisis que pasan inadvertidas o que no son enfrentadas en el mundo actual es que ellas podrían solucionarse con actos mucho menos arriesgados de intervención que el que vimos este año en Yugoslavia. Y así el compromiso del mundo a la pacificación, a la ayuda humanitaria, a la rehabilitación y a la reconstrucción variaría considerablemente de región en región, y de crisis en crisis. Si el nuevo compromiso a la acción humanitaria significa asistir en apoyo de los pueblos del mundo, este debe ser, y debe mostrarse, universal, independiente de regiones o naciones. La humanidad, después de todo, es indivisible.

Segundo, estáclaro que las nociones tradicionales de soberanía no son el único obstáculo para una acción eficaz en las crisis humanitarias. No menos significativas son las formas en que los Estados definen sus intereses nacionales. El mundo ha cambiado profundamente desde el final de la guerra fría, pero tengo el temor de que nuestras concepciones del interés nacional han fallado en su adaptación. Es necesaria una nueva y más amplia definición del interés nacional en el nuevo siglo, lo que induciría


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