Muchas gracias Sr. Salim/Presidente Obasanjo [en espera de que se confirme el orador que presentará al Secretario General].Excelentísimos Señores,
Estimados amigos:
Es ésta una conferencia sobre el futuro de África.
La incidencia del VIH/SIDA, la tuberculosis y otras enfermedades infecciosas es más alta en este continente que en cualquier otro. Naturalmente, ello está vinculado a otros problemas de África.
Los africanos son vulnerables a estas enfermedades porque son pobres, están insuficientemente alimentados y, con demasiada frecuencia, no han recibido información sobre las precauciones básicas que deben tomar, o se resisten a tomarlas.
Muchos de ellos son vulnerables porque no tienen agua apta para el consumo ni acceso a servicios de atención básica de la salud.
En resumen, son vulnerables porque sus países son subdesarrollados. Por consiguiente, la mejor cura para todas estas enfermedades es lograr el crecimiento económico y un desarrollo de base amplia.
Todos somos conscientes de ello. Sin embargo, también somos conscientes de que, en el mejor de los casos, el desarrollo tardará en llegar. A la vez, sabemos que las enfermedades, al igual que la guerra, no son sólo un producto del subdesarrollo sino, además, uno de los obstáculos más importantes que impiden a nuestras sociedades desarrollarse como es debido.
Ello se aplica muy especialmente al VIH/SIDA, que cobra vidas principalmente entre los adultos jóvenes, es decir, en el grupo de edad que suele ser el más productivo y en el que recae la responsabilidad primordial de criar y formar a la generación siguiente. Por ello, el SIDA no sólo ha pasado a ser la mayor causa de mortalidad en este continente, sino también nuestro principal desafío en materia de desarrollo. A esto se debe que, la lucha contra ese flagelo ocupe el primer lugar entre mis prioridades personales.
En resumen, queridos amigos, hacemos frente a una emergencia de proporciones continentales. No podemos permitirnos considerarla tan sólo un aspecto más de la lucha por el desarrollo, ya que no se quedará esperando pasivamente que ganemos la batalla. El costo, se mide en los padecimientos humanos de hoy o en la pérdida de esperanza para mañana, sencillamente es demasiado alto. No tenemos otra opción que hacerle frente decididamente.
En primer lugar, debemos aclarar nuestros objetivos. A mi juicio, se pueden ordenar, muy sencillamente, bajo cinco encabezamientos.
Número uno: prevención
Nuestro primer objetivo debe ser detener y reducir el avance del virus, como resolvieron todos los líderes mundiales, el año pasado, en la Cumbre del Milenio, y de esa forma salvar del flagelo a las generaciones venideras. La prevención puede salvar millones de vidas, como ha quedado demostrado en varios países africanos.Todos los que aún no hayan sido infectados deben saber qué tienen que hacer para evitar la infección. Debemos dar a los jóvenes los conocimientos y la capacidad necesarios para que se protejan. Es preciso que les demos información, los inspiremos y los movilicemos, mediante una campaña de concienciación cuya magnitud el mundo nunca haya visto antes y en la que recurramos a la radio, la televisión y a técnicas profesionales de promoción, así como a instrumentos de educación más convencionales.
La campaña debe estar dirigida tanto a las jóvenes como a los varones. En la actualidad, en el África al Sur del Sáhara, las adolescentes tienen seis veces más probabilidades de quedar infectadas que los varones. Es esto algo que debe avergonzarnos e indignarnos profundamente a todos los hombres africanos.
Una vez que sepan lo que deben hacer, los jóvenes deben disponer de los medios necesarios para hacerlo. Esto significa que deben contar con el apoyo de sus familias y sus comunidades, poder someterse voluntariamente a pruebas de detección, recibir y asesoramiento psicológico y, si es necesario, también condones.
Número dos: debemos prevenir las infecciones más crueles y más injustas, es decir, las transmitidas por las madres a los hijos
Todas las madres deben poder enterarse de si son o no seropositivas. Todas las que lo sean deben tener acceso a terapias antirretrovirales de corto plazo, que está comprobado reducen a la mitad el riesgo de transmisión.
En algunos casos, el riesgo puede reducirse también optando por métodos de alimentación distintos de la lactancia natural, pero con suma cautela, ya que la lactancia natural es la mejor manera de protegerse de muchas otras enfermedades.
Número tres: debemos poner la atención de la salud y los tratamientos al alcance de todos
Tan sólo hace un año eran pocos los que creían que fuera posible poner tratamientos eficaces al alcance de los pobres de los países en desarrollo. Los infectados por el VIH estaban condenados a ser tratados como los leprosos de otrora, es decir, como enfermos de los que debía protegerse a los sanos, pero por los cuales no se podía hacer nada.En estos momentos, sin embargo, se ha producido una verdadera revuelta en el campo de la opinión pública. Ya no se acepta que a los enfermos y a los moribundos, sólo por ser pobres, se les puedan negar los medicamentos que han transformado la vida de otros en mejor situación económica.
A principios de este mes me reuní con los directores de seis de las más grandes empresas farmacéuticas del mundo. Esos ejecutivos han terminado por aceptar la necesidad de combinar los incentivos para la investigación con el acceso de los pobres a los medicamentos, y están dispuestos a vender medicamentos a esos países a precios muy rebajados.
Tan grave es la crisis que los países en desarrollo deben hacerle frente aprovechando todas las opciones al máximo, incluida la fabricación e importación de medicamentos "genéricos", bajo licencia, en el marco de diversos acuerdos comerciales internacionales.
Todos los infectados deben tener acceso a medicamentos y a la atención médica. Ahora que sabemos que es posible, ese acceso se ha transformado en un imperativo ético. También es indispensable para el éxito de las estrategias de prevención, ya que, mientras las pruebas de detección del SIDA que arrojen resultados positivos sigan constituyendo sentencias de muerte sin esperanza alguna, habrá muchos que ni siquiera querrán saber si están infectados o no.
En resumen, no podemos ni debemos optar entre la prevención y el tratamiento. Debemos recurrir a ambos.
Número cuatro: debemos promover avances científicos decisivos
Distamos aún mucho de encontrar una cura para el VIH/SIDA o una vacuna contra la enfermedad. Debemos hacer todo lo posible para que esa búsqueda reciba la más alta prioridad en los presupuestos científicos y estar dispuestos, tan pronto se obtengan resultados, a hacerlos llegar adonde más se necesiten, y no sólo a los que puedan pagarlos.Y, finalmente, número cinco. Debemos proteger a los que la epidemia ha dejado en mayor situación de vulnerabilidad, sobre todo a los huérfanos
Millones de niños, debido a que el SIDA ha segado la vida de sus padres, madres o ambos progenitores, están creciendo mal alimentados, con escasa o ninguna educación, marginados y con riesgo de ser infectados. Debemos interrumpir este ciclo de muerte. Y, no debemos esperar, antes de intervenir, a que mueran los padres. Debemos ayudar a éstos a que aseguren el futuro de sus hijos mientras la salud se lo permita.Sin duda no habrá mayores dificultades para convenir en estos cinco objetivos. Falta saber cuáles son los medios necesarios para alcanzarlos.
En primer lugar, necesitamos liderazgo. Queridos amigos, esta labor deben iniciarla ustedes mismos, los dirigentes de África. Sólo ustedes pueden movilizar a sus conciudadanos para librar esta gran batalla. Sólo ustedes pueden darle la prioridad que merece en los presupuestos nacionales.
Antes que nada, es preciso que ustedes tomen la iniciativa para romper la barrera del silencio y de vergüenza que sigue existiendo en torno a esta cuestión en muchas, por no decir demasiadas, sociedades africanas, y para eliminar los abusos, la discriminación y el estigma que siguen sufriendo muchos de los infectados. La epidemia puede atajarse, siempre que la gente no tema hablar de ella.
En segundo lugar, debemos lograr la participación de las comunidades locales. A la larga, será a ese nivel que deberá librarse y ganarse la batalla. Sólo si cuentan con el apoyo total de sus familias y comunidades los jóvenes podrán modificar su comportamiento y protegerse debidamente. Por encima de todo, debemos lograr que los propios infectados por el VIH/SIDA participen en la lucha contra la enfermedad. Después de todo, son los expertos por autonomasia en el tema.
En tercer lugar, debemos promover una profunda revolución social que dé más poder a la mujer y transforme las relaciones entre las mujeres y los hombres en todos los niveles de la sociedad. Sólo cuando la mujer pueda alzar la voz y participar plenamente en las decisiones que afecten a su vida podrá realmente protegerse a sí misma, y a sus hijos, del VIH.
En cuarto lugar, necesitamos mejores sistemas de atención de la salud. Por muy evidente que sea esta necesidad, con frecuencia los gobiernos y los organismos de desarrollo la pierden de vista al preparar sus presupuestos y determinar sus prioridades. Si queremos proporcionar cuidados y tratamiento a todos los infectados, nos harán falta sistemas de salud pública más eficientes y de mayor alcance que los que la mayoría de los países africanos siquiera pueden empezar a proporcionar en estos momentos.
Aunque tienen una importancia fundamental, los medicamentos antirretrovirales de menor precio no resolverán el problema en su totalidad. Sin los debidos servicios de atención de salud, incluso pueden hacer más daño que aportar beneficios; por ejemplo, si no se palian ciertos secundarios que pueden llegar a ser mortales, o si se interrumpe el tratamiento y con ello se crean cepas del VIH resistentes a los medicamentos. De hecho, son muchos los pacientes que todavía no tienen acceso ni siquiera a los antibióticos relativamente baratos y a otros medicamentos eficaces para tratar las muchas enfermedades que amenazan a los sistemas inmunológicos debilitados.
Por último, necesitamos dinero. La guerra contra el SIDA no podrá ganarse sin un "fondo de guerra" que permita librarla y que deberá ser, de una magnitud mucho mayor de lo que se dispone hasta el momento.
Se necesita dinero para llevar adelante campañas de educación y de concienciación, para hacer pruebas de detección del VIH, para comprar condones y medicamentos, para desarrollar investigaciones científicas, para atender a los huérfanos y, como es natural, para mejorar nuestros sistemas de atención de la salud. En la lucha contra el VIH/SIDA en todo el mundo, durante un largo período, deberemos poder gastar por lo menos entre 7.000 y 10.000 millones de dólares más al año.
La suma parece cuantiosa, porque lo es. Deberemos encontrar una forma de aumentar enormemente los recursos disponibles. Ello no es en absoluto imposible, habida cuenta de la riqueza existente en el mundo. De hecho, es poco más del 1% de los gastos militares anuales de los países del mundo. Sencillamente, debemos convencer a los que están facultados para hacer gastos -donantes públicos y privados- de que el gasto valdrá la pena.
Es necesario que movilicemos la gama más amplia posible de donantes, todos ellos de acuerdo para lograr los mismos objetivos generales, y que obtengamos de ellos compromisos firmes que abarquen un período prolongado.
En los últimos meses y semanas una amplia gama de interesados -gobiernos, fundaciones privadas y centros académicos- han hecho interesantes sugerencias respecto de la creación de uno o más nuevos fondos. Todas estas iniciativas deben convergir en una perspectiva común de lo que nos proponemos lograr.
Propongo que se cree un Fondo Mundial consagrado a la lucha contra el VIH/SIDA y otras enfermedades infecciosas. Este Fondo debe estructurarse de tal modo que quede garantizado que responda a las necesidades de los países y las poblaciones afectadas, y es necesario que cuente con el asesoramiento de los mejores expertos del mundo, ya se encuentren éstos en el sistema de las Naciones Unidas, en las organizaciones de la sociedad civil o entre las personas infectadas por el VIH/SIDA o que estén afectados directamente.
Tengo el propósito de profundizar en esta idea con todas las partes interesadas en las próximas semanas, y espero que el Fondo esté en funcionamiento en un futuro muy próximo.
Queridos amigos y colegas:
Las ideas que he expuesto hoy ante ustedes son fruto de amplias consultas celebradas dentro del sistema de las Naciones Unidas, con Estados Miembros, con fundaciones filantrópicas, con empresas privadas y con la sociedad civil. Creo que todos podemos convenir en que formen los cimientos de una estrategia común.Espero que así sea, porque la única forma de ganar esta batalla será movilizando y concentrando los esfuerzos de una amplia gama de interesados directos: líderes nacionales como ustedes, gobiernos donantes, el sistema de las Naciones Unidas, empresas farmacéuticas y de otros sectores, fundaciones y grupos voluntarios, sobre todo los que representen a las personas infectadas por el VIH. En otras palabras, necesitamos una movilización total de la sociedad en su conjunto.
Todos y cada uno tenemos una función que cumplir. Dejemos de lado, por esta vez, todas las luchas de poder y las controversias de doctrina. La batalla contra el VIH/SIDA es mucho más importante que cualquier institución o proyecto. El éxito que obtengamos no se medirá por las resoluciones que se aprueben, los nombramientos que se hagan, ni siquiera, por los fondos que se recauden. La vara de medir será la vida de las generaciones venideras.
Este último año el mundo ha comenzado a cobrar conciencia de que el VIH/SIDA es, sin duda, una pandemia de escala mundial, que donde se ha extendido con mayor rapidez y donde más lejos ha llegado ha sido África.
Por lo tanto, es éste un momento de esperanza en que, se podría dar un vuelco decisivo a la situación. África ya no está sola para hacer frente a este desastre. Sus padecimientos han concitado la atención y se han adueñado de la conciencia de todo el mundo.
Creo que el mundo está dispuesto, efectivamente, a venir en ayuda de África. Pero sólo lo hará si los convencemos de que nosotros mismos hemos hecho de la guerra contra el SIDA una prioridad personal y nos hemos fijado una clara estrategia para librarla.
Dentro de dos meses, se reunirán en Nueva York delegados de todo el mundo para asistir a un período extraordinario de sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas sobre el VIH/SIDA. Formularán una estrategia mundial para librar la guerra contra ese flagelo, también mundial. Espero que para ese entonces ya contemos con promesas firmes de contribuciones a nuestro "fondo de guerra".
El que esa estrategia responda o no a las necesidades de África dependerá, en gran medida, del mensaje que esta conferencia envíe al mundo.
Por lo que a mí respecta, les prometo el pleno apoyo del sistema de las Naciones Unidas. Trabajando de consuno, queridos amigos, podremos derrotar al flagelo del VIH/SIDA. Por el futuro de África, debemos derrotarlo. Muchas gracias.
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