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- En todo el mundo,
las mujeres consideran que están expuestas a un riego especial
de contraer la infección por el VIH debido a su falta de poder
para decidir dónde, cuándo y cómo tiene lugar
una relación sexual. Pero las mismas expectativas, creencias
culturales y costumbres sociales de los varones que dejan sin ese
poder a la mujer aumentan igualmente la vulnerabilidad del varón.
Las infecciones por el VIH y la mortalidad por SIDA entre los varones
superan a las cifras correspondientes a las mujeres en todos los continentes
salvo África subsahariana. Cuanto más joven es el varón,
mayor riesgo corre: los varones menores de 25 años suman cerca
de una cuarta parte de los 36,1 millones de personas que viven actualmente
con el VIH/SIDA.
- Para contener
la epidemia de SIDA es necesario reformular las nociones perjudiciales
de masculinidad, junto con las numerosas actitudes comunes que configuran
la forma de socializar a los muchachos para que se hagan hombres y
el modo con que percibe el riesgo el varón. La asociación
habitual de masculinidad con fuerza física, indiferencia emocional,
virilidad y osadía puede traducirse en un comportamiento que
pone en peligro la salud y el bienestar de los varones y de sus parejas.
Al mismo tiempo, los varones pueden desempeñar un papel muy
importante en la lucha contra el SIDA.
- La investigación
pone de manifiesto que por lo general las personas tienen pautas de
comportamiento que aprenden en la infancia. Por consiguiente, será
más fácil lograr la meta del uso sistemático
del preservativo si los jóvenes adoptan ese comportamiento
al principio de su actividad sexual. Hay que facultar a los muchachos
y los varones jóvenes con información y enseñarles
las aptitudes para la vida que les permitan elegir una opción
de salud reproductiva responsable y sana –opciones que incluyen la
abstención y el retraso en la actividad sexual-, así
como unas relaciones sexuales más seguras.
- El énfasis
que pone la Campaña Mundial contra el SIDA en el varón
refleja también el hecho de que ése tiene menos probabilidades
de solicitar asistencia sanitaria que la mujer. En todos excepto unos
pocos países, el varón tiene una esperanza de vida al
nacer menor y presenta tasas de mortalidad mayores en la edad adulta
que la mujer. Sin embargo, a los muchachos a menudo se los educa para
que se perciban a sí mismos como inmunes a la enfermedad o
al riesgo. Se los induce a creer que "un hombre de verdad no
se pone enfermo". La Campaña trata de asegurar que las
necesidades sanitarias de los varones, incluidos los que viven con
el VIH o con SIDA, reciban la atención que merecen, y no en
menor medida por los propios varones.
Es necesario
atraer a los varones al combate contra el SIDA
- Los varones tienen
que implicarse mucho más en la lucha contra el SIDA. Más
del 70% de las infecciones por el VIH en todo el mundo se transmiten
a través de las relaciones sexuales entre varones y mujeres,
y otro 10% a través de las relaciones sexuales entre varones.
Alrededor de otro 5% de las infecciones se producen entre personas
que se inyectan drogas, las cuatro quintas partes de las cuales son
varones. En el mundo entero, el varón suele tener más
parejas sexuales (así como de parejas extramatrimoniales) que
la mujer, con lo que aumenta su propio riesgo de contraer el VIH y
el de su pareja principal. El secretismo, el estigma y la vergüenza
que rodean al VIH agravan aún más las cosas, ya que
desaniman al varón y a la mujer a revelar o incluso reconocer
su estado seropositivo.
Comportamientos
peligrosos
- Algunas situaciones
hacen correr al varón un riesgo particularmente alto de contraer
el VIH. Los varones que emigran para trabajar y deben separarse de
sus familias pueden obtener relaciones sexuales a cambio de dinero
y consumir sustancias como el alcohol para tratar de superar el estrés
y la soledad. Esa combinación aumenta su riesgo de infectarse.
Lo mismo que la cultura de adopción de riesgos, que suele predominar
en entornos masculinos como el militar. En instituciones exclusivamente
masculinas como las prisiones, los varones que en otras circunstancias
prefieren a una mujer como pareja sexual pueden tener relaciones sexuales
peligrosas con otros varones. En un mundo con SIDA, eso puede ser
mortal.
- La violencia
masculina es un importante factor que contribuye a la propagación
del VIH a través del desplazamiento de comunidades por la guerra
y el conflicto civil, así como a través de las relaciones
sexuales por coacción. Todos los años, millones de varones
hacen uso de la violencia sexual contra mujeres, niñas y otros
varones, a menudo en su propia familia u hogar. De acuerdo con un
informe del UNICEF, en todo el mundo, por lo menos a una de cada tres
mujeres la habrán golpeado, atacado sexualmente o bien habrá
sido víctima de abusos alguna vez en su vida.
Los retos que
nos aguardan
- Una parte de
la respuesta está en el hecho de que el varón salga
de detrás de su velo de silencio y fortaleza. Los varones -particularmente
los que dirigen los países, las organizaciones religiosas,
las comunidades y las empresas- deben hablar abiertamente como amigos,
padres, parejas y ciudadanos. Es necesario que dirijan con su ejemplo.
- Al centrar la
atención en el varón, la Campaña Mundial contra
el SIDA desafía a las personas influyentes –desde políticos
a estrellas del deporte y el espectáculo- a afirmar y demostrar
su compromiso en la lucha contra el SIDA. Les ofrece una plataforma
para hacerlo y proporciona recursos para apoyar los programas de prevención
y atención en todo el mundo.
- Pero hay que
encontrar el equilibrio entre reconocer cómo contribuye a la
epidemia el comportamiento del varón y aprovechar su potencial
para marcar la diferencia. Como políticos, artistas, pioneros,
trabajadores de primera línea, padres, hijos, hermanos, parejas
y amigos, los varones tienen mucho que aportar. Es necesario estimular
su capacidad de participar en la crianza y la atención de los
demás dentro de la comunidad. Igualmente, hay que animarlos
a intervenir mucho más en el cuidado de su pareja y su familia,
una responsabilidad que adquiere mayor dimensión por causa
de una epidemia de SIDA que ha dejado sin madre o sin ambos padres
a más de 13 millones de niños.
Nada de lo anterior
sugiere poner fin a los programas de prevención orientados a
las mujeres y niñas. Antes bien, la Campaña complementa
esos esfuerzos, y lo hace reconociendo que hasta que los varones de
todas partes no pongan su parte en la atención, el combate contra
el VIH/SIDA solo se ganará a medias.
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Cartera de Prensa: Hoja informativa
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