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• La investigación sobre una vacuna contra
el VIH se remonta a 1987, cuando se realizó el primer ensayo de una
posible vacuna candidata contra el VIH en seres humanos en los Estados
Unidos de América. Desde entonces, se han probado unas 30 vacunas experimentales
en unos 60 ensayos.
• Hasta el presente, la mayoría de los ensayos
se han efectuado en países industrializados, pero ahora también se están
realizando cada vez más en países en desarrollo. Durante los años 90,
se lanzaron diversas iniciativas en países en desarrollo, incluida África.
• Una vacuna no será la panacea, ni tampoco
una alternativa a la prevención. Como una posible vacuna es improbable
que sea eficaz al ciento por ciento, tendrá que ser utilizada junto
con programas de prevención eficaces y de gran alcance. De hecho, una
vez que se haya desarrollado una vacuna, los esfuerzos de prevención
y de fomento de la toma de conciencia necesitarán redoblarse para contrarrestar
el riesgo de confianza excesiva.
• Una vacuna contra el VIH debe beneficiar
a toda la humanidad. Una vez descubierta, la vacuna deberá ponerse a
disposición de todo el mundo en el menor tiempo posible, en cantidades
suficientes y a precios asequibles. Se necesita una planificación anticipada
para asegurar que esto se consiga.
Un desafío enorme
• Las peculiaridades del virus hacen que el
desarrollo de una vacuna contra el VIH sea un proceso arduo y caro.
No hay todavía, por ejemplo, el grado de comprensión científica necesario
para guiar el desarrollo farmacéutico de las vacunas candidatas específicas.
• El VIH/SIDA se diferencia profundamente
de la mayoría de las otras enfermedades infecciosas. En el caso de esas
últimas, el organismo desarrolla una respuesta inmunitaria a la infección
para protegerse y lo ayuda a recuperarse de la enfermedad. Por lo tanto,
una vacuna satisfactoria contra tales enfermedades estimula respuestas
inmunitarias eficaces. Pero el VIH inmoviliza las respuestas inmunitarias
del organismo, incapacitándolas para controlar la infección o prevenir
la enfermedad.
• La mayoría de las vacunas existentes se
basan en un microorganismo entero (virus o bacteria) que ha sido destruido
o neutralizado. No obstante, en el caso del VIH esos enfoques “clásicos”
de la vacuna no se consideran suficientemente seguros. Las vacunas experimentales
contra el VIH se basan en partes
del virus (para asegurar que la vacunación no cause una infección por
el VIH). Esto hace que el desarrollo de una vacuna sea todavía más difícil.
• Diez subtipos
del VIH han sido ya identificados. Los científicos no saben todavía
si se deberá preparar una vacuna para cada subtipo o si será posible
obtener una vacuna de protección más amplia. Esto, junto con el hecho
de que los subtipos en los países en desarrollo difieren de los predominantes
en el mundo industrializado, hace necesario que las vacunas experimentales
se desarrollen simultáneamente en el Norte y en el Sur.
• Los científicos saben que el desarrollo
de una vacuna es posible (porque los animales pueden ser protegidos
contra la infección por el VIH), pero no saben a ciencia cierta si pueden
extrapolar este logro a los seres humanos. Por este motivo, la investigación
sobre una vacuna contra el VIH tiene que incluir ensayos en seres humanos,
que son costosos y llevan tiempo.
Un
largo proceso
• La investigación sobre una vacuna contra
el VIH cuesta muchos años. Primero se prueban en animales las vacunas
experimentales y luego pueden seleccionarse las mejores vacunas candidatas
para posibles experimentos en seres humanos. Después se lleva a cabo
la experimentación con voluntarios VIH-negativos, en tres fases. Sólo
en la última fase se ve claro si la vacuna funciona.
• Los ensayos de fase I se realizan en 20-40
voluntarios. Esos ensayos están programados para comprobar la seguridad
de la vacuna y determinar si desencadena respuestas inmunitarias específicas
suficientemente potentes.
• Los ensayos
de fase II incluyen a cientos de voluntarios y están concebidos para
comprobar más la seguridad de la vacuna y evaluar la potencia de las
respuestas inmunitarias.
• Los ensayos de fase III consisten en pruebas
de campo en gran escala, con miles de voluntarios. El objetivo es averiguar
si la vacuna candidata protege realmente contra la infección por el
VIH o contra el desarrollo del SIDA. Los ensayos tienen una duración
de hasta cuatro años.
• Desde 1987 se han probado alrededor de unas
30 vacunas experimentales contra el VIH – todas ellas en ensayos de
fase I o II-, y la mayoría de
ellas en los Estados Unidos y Europa occidental. No obstante, desde
1993, se han realizado 13 pruebas en el Sur: en el
Brasil, China, Cuba, Haití, Kenya, Tailandia y Uganda. En algunas de
estas pruebas, los científicos han determinado que las vacunas experimentales
son seguras y que algunas estimulan respuestas contra el VIH en el organismo.
Pero no saben todavía si las vacunas protegerían a las personas contra
la infección. Eso sólo puede determinarse en los ensayos de fase III,
que son complicados ética, logística y científicamente.
• A mediados del año 2001, se emprendieron
dos ensayos de eficacia (fase III). Uno, en los Estados Unidos, se basaba
en el subtipo B del virus, mientras que el otro, en Tailandia, se basaba
en el subtipo BE. Los primeros resultados se prevén hacia finales de
2001.
• Se están realizando otros numerosos intentos
para obtener una vacuna. En el Programa Africano de la Vacuna contra
el SIDA, anunciado en Nairobi
en junio de 2000, los científicos, gobiernos e instituciones africanos
se están asociando para desarrollar una vacuna que pueda ayudar a invertir
el curso de la epidemia en este continente. Su objetivo es realizar
al menos un ensayo de eficacia en 2007. La Iniciativa Internacional
para la Vacuna contra el SIDA, un consorcio de investigación que fue
creado en 1996 y recibe el apoyo de donaciones de los gobiernos y privadas,
participa también activamente en el desarrollo de una vacuna. Se ha
comprometido a velar por que tanto los países pobres como los ricos
tengan acceso a la vacuna simultáneamente.
EUn
deber de todos
• La responsabilidad de desarrollar una vacuna concierne a
toda la comunidad internacional. Pero los países ricos (y la industria
farmacéutica) tienen los recursos humanos, financieros y técnicos para
acelerar la investigación y el desarrollo de vacunas que son apropiadas
para utilizar en los países en desarrollo. Al mismo tiempo, los países
en desarrollo tienen un papel clave por cumplir, no menos importante
la realización de ensayos clínicos pertinentes para evaluar la eficacia
de la vacuna.
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Cartera de Prensa: Hoja informativa
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