Hoja informativa
El Sida, un problema de seguridad




El VIH/SIDA ha surgido como una amenaza mundial para la seguridad humana y nacional, hasta el punto de que ha pasado a ser una cuestión prioritaria para el Consejo de Seguridad de las Naciones.


Un factor desestabilizador
  • Desde comienzos de 2000, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas ha insistido en la amenaza que la epidemia de VIH/SIDA plantea para la paz y la seguridad mundiales. Llevado por esta preocupación, ha celebrado diversas reuniones sobre el VIH/SIDA, siendo la primera vez que el principal órgano político del mundo abordara un problema de salud y desarrollo. En julio de 2000, el Consejo de Seguridad adoptó la Resolución 1308, en que se destaca la necesidad de luchar contra la propagación del virus durante las operaciones de mantenimiento de la paz.
  • Los vínculos entre el SIDA y las cuestiones de seguridad son muy numerosos, y la epidemia desestabiliza las sociedades muy profundamente. A medida que los padres y los trabajadores sucumben a las enfermedades relacionadas con el SIDA, las estructuras y divisiones del trabajo en los hogares, las familias, los lugares de trabajo y las comunidades quedan desarticuladas, siendo las mujeres quienes asumen una carga especialmente pesada. A partir de ahí se produce un efecto cascada en todos los ámbitos de la sociedad: reducción de los niveles de ingresos, debilitación de las economías, y destrucción del tejido social.
  • El impacto económico y de desarrollo puede ser particularmente grave. Se estima que, en los países con una tasa de prevalencia del VIH superior al 20%, el crecimiento del producto interno bruto (PIB) se reduce en tanto como el 1-2% anual. Durante algunos años, las pérdidas del producto económico se han ido acumulando de forma alarmante. Algunos cálculos indican que para el año 2020 los países gravemente afectados podrían perder más del 20% de su PIB.
  • La epidemia aumenta la presión sobre los recursos e instituciones del Estado, y al mismo tiempo socava los sistemas sociales que ayudan a las personas a superar la adversidad. En los países con una prevalencia elevada, los sistemas de salud y educación han resultado muy afectados, el producto económico se ha reducido y las instituciones estatales como el sistema judicial y policial se han debilitado. En algunas sociedades, el resultado final puede ser una mayor inestabilidad social y política.

Avanzando en medio de la inseguridad

  • La epidemia se propaga en entornos que están ya afectados por elevados niveles de inseguridad socioeconómica, exclusión social e inestabilidad política. Las personas que viven en esas condiciones están expuestas a un riesgo mucho mayor de contraer la infección por el VIH. Entre esos ciudadanos figuran los trabajadores migratorios, las personas desplazadas, los refugiados y las minorías marginadas que viven en países de todo el mundo.
  • Análogamente, la ausencia de seguridad económica es lo que con frecuencia conduce las personas a ganarse la vida trabajando como profesionales del sexo, y muchas de ellas acaban en la cárcel, donde se enfrentan a riesgos de infección mucho mayores.
  • En las regiones afectadas por el hambre, la represión o las guerras y conflictos violentos, las poblaciones corren un mayor riesgo de infección por el VIH. Los sistemas sociales están desorganizados, las familias están separadas y las comunidades están desplazadas. Esta dislocación social y esta inseguridad creciente crean entornos fértiles para la transmisión del VIH.
  • En los países más gravemente afectados, el VIH se está propagando con más rapidez entre las personas menores de 24 años, particularmente entre las mujeres y muchachas, que suelen tener menos acceso a la información y los servicios que necesitan para protegerse contra la infección.
  • De acuerdo con estudios recientes, en algunos países africanos las muchachas adolescentes tienen entre cinco y seis veces más probabilidades de ser VIH-positivas que los muchachos de su misma edad. Las mujeres y las muchachas también tienen menos capacidad para negociar las condiciones en las que se producen las relaciones sexuales y se enfrentan con mayores riesgos de coacción sexual y violencia. La utilización de la violación como un arma para reprimir y aterrorizar a las personas en las guerras viene a agravar la situación. A medida que se van estrechando las garras de la epidemia, es muy probable que aumenten la inestabilidad y la inseguridad, creando un círculo vicioso.

El SIDA y las operaciones militares y de emergencia

  • En el último decenio, el VIH/SIDA ha surgido como una importante amenaza en los lugares donde sufren situaciones de emergencia. Las operaciones humanitarias pueden hacer correr un mayor riesgo de infección tanto a los especialistas en la prestación de socorro como a las poblaciones locales. La mayor probabilidad de violencia sexual y prostitución entre las poblaciones de refugiados amplía y acelera la propagación del VIH.
  • En las situaciones de conflicto, los niños y los jóvenes son particularmente vulnerables al VIH/SIDA. Las personas que no pueden huir de las zonas de conflicto se enfrentan a riesgos de abuso sexual, reclutamiento militar forzoso y prostitución. La incertidumbre y la inseguridad en que viven los niños en los campamentos de refugiados también fomentan la actividad sexual precoz, un fenómeno típico en ausencia de educación sobre salud sexual y servicios conexos. Por consiguiente, es fundamental que los jóvenes –en particular los niños refugiados y los ex combatientes- atrapados en medio de guerras u otras emergencias sean reintegrados en sus comunidades y sociedades.
  • El personal militar también es un importante factor que contribuye de forma creciente a la epidemia, aunque la mayor parte de los ejércitos y gobiernos se muestren renuentes a revelar estadísticas sobre el VIH. Ese personal está expuesto a un riesgo elevado de contraer infecciones de transmisión sexual (ITS), incluido el VIH. Se estima que, en tiempos de paz, las tasas de ITS entre los soldados son entre dos y cinco veces superiores a las que presenta la población civil. En periodo de conflicto, esas diferencias son aun mayores. En algunos países con tasas de prevalencia del VIH en adultos del 20%, se calcula que una cifra no inferior al 50% del personal militar podría ser VIH-positivo.
  • Las medidas para la resolución de conflictos y para el mantenimiento de la paz son elementos importantes de las estrategias destinadas a contener el VIH/SIDA. En los contextos de guerra y conflicto, quienes principalmente cometen abusos sexuales y explotación sexual son los varones jóvenes miembros de las fuerzas armadas regulares y de otros grupos armados. Incluso en tiempos de paz, todo parece indicar que la posibilidad de que se produzcan relaciones sexuales comerciales peligrosas aumenta en presencia de bases o unidades militares cercanas.
  • Se destaca la necesidad de intensificar la atención y prevención del VIH en los ejércitos y en las fuerzas internacionales de mantenimiento de la paz. Conviene asimismo ampliar los servicios de asesoramiento y pruebas confidenciales y voluntarias. Por medio de su ejemplo, los oficiales y los altos funcionarios pueden ayudar a abordar el secretismo, el estigma y la vergüenza que rodean a la epidemia.

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