|
La
epidemia de SIDA ha dejado huérfanos a millones de niños. Aunque las campañas
de prevención obtengan un gran éxito y el número de infecciones por el
VIH se reduzca drásticamente, se prevé que la mayor parte de las personas
que están ya infectadas por el VIH sucumbirán afectadas por enfermedades
relacionadas con el SIDA. Durante los próximos diez años, otros millones
más de niños perderán a uno o ambos padres.
|
Las estadísticas
que cuantifican la situación crítica de los niños y
huérfanos afectados por la epidemia de SIDA son estremecedoras.
- El SIDA ha dejado
huérfanos por lo menos a 10,4 millones de niños que en
la actualidad no llegan a los 15 años de edad, es decir que han
perdido a su madre o ambos padres por la epidemia. Se prevé que
el número total de niños huérfanos por la epidemia
desde que ésta dio comienzo –13,2 millones- se vea superado en
más del doble en 2010.
- En 2000, las enfermedades
relacionadas con el SIDA fueron responsables de que unos 2,3 millones
de niños quedaran huérfanos (a una tasa de un huérfano
cada 14 segundos). El UNICEF estima que hasta una tercera parte de esos
niños tenían menos de cinco años.
- Antes de la aparición
del SIDA, cerca del 2% de todos los niños de los países
en desarrollo eran huérfanos. En 1999, en algunos países
africanos lo eran el 10% y más.
- A finales de 1999,
el número estimado de huérfanos que había en algunos
de los países más gravemente afectados eran los siguientes:
211 000 en Burkina Faso; 900 000 en Etiopía; 53 000 en Namibia;
970 000 en Nigeria; 371 000 en Sudáfrica; 447 000 en Zambia,
y 623 000 en Zimbabwe.
- A pesar de que
la crisis de orfandad por el momento se circunscribe principalmente
a África, se prevé que algunos países de otras
regiones (particularmente del Caribe y Asia) sufran importantes aumentos
en el número de niños huérfanos por el SIDA.
Atrapados en un
círculo vicioso
- Por regla general,
la mitad de todos los que tienen el VIH se infectaron antes de cumplir
los 25 años de edad. Muchos de ellos fallecen de SIDA antes de
los 35 años, dejando detrás suyo a una generación
de niños que deberán ser criados por sus abuelos o hermanos.
- La epidemia ha
conducido a un gran número de niños a vivir en circunstancias
precarias, exponiéndolos a la explotación y el abuso,
así como al elevado riesgo de contraer ellos mismo la infección
por el VIH.
- Las investigaciones
ponen de relieve que los huérfanos que viven con familias extensas
o en hogares de guarda son propensos a la discriminación, lo
que incluye un acceso limitado a los servicios sanitarios, educativos
y sociales.
- Los niños
que están en hogares con un miembro de la familia VIH-positivo
sufren el trauma de tener que cuidar de él cuando enferma. El
hecho de ver caer enfermos y fallecer a sus padres o cuidadores puede
provocarles un gran estrés psicológico, que resulta agravado
por el estigma que tan a menudo se asocia con el VIH/SIDA.
- Muchos niños
están luchando para sobrevivir por sí mismos en hogares
cuyo cabeza de familia es uno de ellos. Otros se han visto forzados
a ganarse la vida en la calle. Por consiguiente, hay un número
creciente de jóvenes desprotegidos, con una socialización
y una escolarización insuficientes.
- Estudios llevados
a cabo en 20 países –en su mayor parte en África- ponen
de manifiesto que los niños cuyos padres han fallecido tienen
menos probabilidades de asistir a la escuela que los que no han perdido
a ninguno de sus padres.
Marcando la diferencia
- El VIH/SIDA seguirá
afectando la vida de diversas generaciones de niños. El impacto
de la epidemia marcará sus comunidades durante decenios, a medida
que crece el número de niños pobres, que empeora su seguridad,
que se reducen sus posibilidades educativas y laborales, que se deterioran
los sistemas de crianza y apoyo, y que aumenta la mortalidad. Se necesitan
esfuerzos a largo plazo y en gran escala para hacer frente a esas nuevas
realidades sombrías.
- Los gobiernos,
organizaciones y comunidades se enfrentan a la urgente necesidad de
identificar sistemas para facilitar asistencia a los niños afectados
por el SIDA que sean acordes con la enorme magnitud de la crisis. Con
demasiada frecuencia esos esfuerzos no siguen el mismo ritmo que la
epidemia, son fragmentados y tienen poca visión.
- La asistencia institucionalizada
para la mayoría de los huérfanos y para otros niños
vulnerables no es ningún ideal para su desarrollo ni una alternativa
financieramente apropiada. Es mejor destinar recursos a fortalecer la
capacidad de las familias y comunidades para atender a los huérfanos
y otros niños vulnerables. Hay que apoyar más a las familias
extensas que cuidan de niños huérfanos, aumentar sus oportunidades
para generar ingresos y su acceso a los préstamos y a los servicios
de atención de salud.
- A menudo los orfanatos
e instituciones similares no proporcionan una atención adecuada
y coherente, particularmente para los niños más pequeños.
Se necesitan medidas estrictas para asegurar que esas instituciones
cumplan las normas de calidad de la atención específicas
y se ajusten a la ley. Deben establecerse límites con respecto
al tiempo de permanencia de los niños en esas instituciones,
y hay que desarrollar programas para integrar nuevamente a los niños
en la comunidad.
- Es importante destacar
que los programas no deberían enfocar su atención particularmente
en los huérfanos por el SIDA. En vez de ello, deberían
dirigir los servicios y los esfuerzos de movilización de la comunidad
hacia las comunidades en las que los niños y adolescentes han
pasado a ser más vulnerables por culpa del VIH/SIDA. Por lo general,
las personas que viven en esas comunidades están mejor situadas
para juzgar quién corre mayor riesgo y qué factores deberían
emplearse para orientar unas respuestas y una asistencia apropiadas.
Regresar
Cartera de Prensa: Hoja informativa
|