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La lucha satisfactoria
contra la epidemia de SIDA depende de lo bien gestionadas que estén
las respuestas nacionales y de la posibilidad de movilizar a individuos
y comunidades en torno al objetivo común de controlar la epidemia.
En pocas palabras, el VIH/SIDA plantea un desafío de gobierno complejo.
- Una respuesta eficaz
al VIH/SIDA debe lograr tres objetivos básicos: reducir el número
de nuevas infecciones; ampliar el acceso a la asistencia y tratamiento
para las personas que viven con el VIH/SIDA, y paliar los efectos de
la epidemia sobre el desarrollo social y económico. En general,
esto exige intensificar los esfuerzos nacionales de reducción
de la pobreza y proporcionar apoyo a las personas más afectadas.
- Para alcanzar estos
tres objetivos se requiere una amplia movilización social y política
a nivel familiar, comunitario y nacional. Esto exige formas de gobierno
altamente eficaces. No hay una única fórmula para lograr
el éxito, pero las enseñanzas aprendidas durante los dos
últimos decenios demuestran que las respuestas nacionales bien
gestionadas comparten algunos principios básicos.
Asegurar un gobierno
eficaz
- Son esenciales
la voluntad, visión y liderazgo políticos, especialmente
en las esferas más altas del gobierno. Este liderazgo debería
reconocer que tienen que adoptarse medidas prácticas para asignar
recursos nacionales a prioridades relacionadas con el VIH/SIDA y preparar
instituciones y actores fuera del sector sanitario. En países
como Uganda y Tailandia, la respuesta se benefició en gran medida
de un liderazgo «visionario» en las etapas iniciales de la epidemia,
lo que posibilitó la movilización de comunidades, gobiernos
y grupos de la sociedad civil.
- Los planes estratégicos
nacionales sobre el SIDA son otro ingrediente fundamental de un gobierno
eficaz. Un plan óptimo abarca diversos sectores e incluye iniciativas
de prevención, asistencia y tratamiento, así como medidas
para paliar el impacto de la epidemia. Está concebido para alcanzar
metas claras, con líneas de responsabilidad bien definidas. Está
coordinado y financiado por las esferas más altas del gobierno,
pero también promueve una participación inequívoca
de la comunidad. Esta planificación multisectorial a gran escala
proporciona el marco para armonizar las actividades de los diversos
asociados.
- Es necesario espolear
la acción tanto del gobierno como de la sociedad civil. La gestión
de una respuesta satisfactoria al VIH/SIDA exige la colaboración,
entre diferentes sectores y a distintos niveles, de la gama más
amplia posible de departamentos gubernamentales, grupos de la sociedad
civil y empresas del sector privado. El Senegal, por ejemplo, ha logrado
contener la epidemia porque fomentó las asociaciones entre grupos
de mujeres, organizaciones de índole religiosa, autoridades de
distrito, organismos gubernamentales y entidades del sector privado.
- Todos los sectores
del gobierno (y no sólo los encargados explícitamente
de cuestiones sanitarias) tienen un papel clave que desempeñar.
Los ministerios de trabajo, por ejemplo, pueden promover en el sector
privado los programas de prevención y asistencia en el lugar
de trabajo. Los ministerios de educación pueden introducir la
formación sobre el SIDA para los niños escolarizados y
para sus padres. Los ministerios de agricultura pueden desplegar sus
redes de agentes de extensión para ayudar a las comunidades a
afrontar el impacto de la epidemia.
- Las respuestas
consiguen su máximo efecto cuando están descentralizadas
y tienden a amplificarse. Así pues, en el contexto de la epidemia,
una gestión eficaz depende de la capacidad de los gobiernos para
movilizar y respaldar la acción a nivel local. Las autoridades
municipales y de distrito tienen que disponer de los medios para ampliar
sus actividades, y han de trabajar codo a codo con los colectivos que
se sitúan a la vanguardia de las actividades preventivas y asistenciales.
Botswana, Ghana y la República Democrática Popular Lao
constituyen buenos ejemplos de iniciativas especiales para reforzar
la capacidad de planificación estratégica y ejecución
a nivel provincial y de distrito.
- Los gobiernos también
deben tener una capacidad suficiente para planificar, ejecutar y gestionar
sus estrategias. Esto implica algo más que recursos financieros.
Un incremento importante en los fondos para actividades relacionadas
con el VIH/SIDA exige que los gobiernos y comunidades sean capaces de
absorber tal ayuda. Por consiguiente, se requieren esfuerzos especiales
para establecer marcos sólidos de responsabilidad, capacidades
gerenciales y sistemas de supervisión, evaluación y elaboración
de presupuestos. Sin estas medidas, no pueden desembolsarse fondos de
inmediato, ni es posible mantener un funcionamiento eficaz de los programas.
- Una de las principales
enseñanzas aprendidas durante los últimos 20 años
es que el VIH/SIDA debe constituir la máxima prioridad en los
planes nacionales de desarrollo. La epidemia no es una cuestión
aislada e independiente. Los planes nacionales de desarrollo y las estrategias
de reducción de la pobreza deben asumir plenamente la necesidad
de frenar la propagación de la epidemia y afrontar sus consecuencias.
Sin esta premisa, los recursos de los presupuestos nacionales asignados
a prevención y asistencia seguirán siendo inadecuados.
- Las prioridades
del VIH/SIDA tienen que debatirse seriamente en el parlamento nacional,
y deberían contar con el apoyo incondicional del consejo de ministros
y el ministerio de finanzas. Esto es especialmente importante cuando
un país decide asignar los ahorros derivados del alivio de la
deuda, una oportunidad inestimable de aumentar los fondos destinados
a la respuesta al SIDA. Entre otros, Burkina Faso y el Camerún
son ejemplos de países que han cumplido eficazmente este requisito.
Apoyo mundial a
estrategias nacionales
- El VIH/SIDA plantea
un desafío singular. Por una parte, requiere una respuesta seria
de salud pública, pero también exige una acción
mucho más amplia. Si se pretende que los esfuerzos de prevención
resulten eficaces y puedan mitigarse los efectos de la epidemia es necesario
que se movilicen todos los sectores y niveles del gobierno.
- Pero los países
no pueden soportar la carga por sí solos. En vez de respaldar
proyectos fragmentarios, la financiación mundial debe apoyar
planes estratégicos nacionales exhaustivos y en gran escala que
cubran todo el espectro de intervenciones necesarias para controlar
la epidemia. El éxito, pues, depende de lo bien que gestionen
los países sus propias respuestas, así como del apoyo
de los donantes, las Naciones Unidas, las instituciones prestatarias
multilaterales y las organizaciones civiles internacionales.
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