Crónica sobre las islas pequeñas

PROBLEMAS EN EL PARAÍSO
LAS ISLAS PEQUEÑAS LUCHAN POR PRESERVAR EL MEDIO AMBIENTE

Para los turistas en busca de sol, arena y olas, los pequeños países insulares son como un rinconcito del paraíso. Sin embargo, el mismo desarrollo que lleva turistas y empresas a las islas pequeñas tiene un elevado costo por lo que respecta al medio ambiente, pues devasta las riquezas naturales que las hacen tan atractivas.

Los pequeños países insulares, como todos los países, tratan de encontrar un equilibrio apropiado entre el desarrollo económico y la protección del medio ambiente, lo que se conoce como "desarrollo sostenible". Sin embargo, a causa de su pequeño tamaño y de su aislamiento, que limitan sobremanera sus opciones, así como de su vulnerabilidad a las tormentas y a las conmociones económicas, los problemas con que se enfrentan las islas son particularmente graves y a menudo exigen soluciones que exceden con mucho los medios con que cuentan.

Habida cuenta de esta situación, en 1994 las Naciones Unidas celebraron una Conferencia Mundial sobre el Desarrollo Sostenible de los Pequeños Estados Insulares en Desarrollo, de la cual fue Barbados el país anfitrión. Más de 100 países aprobaron un Plan de Acción para orientar a los países insulares y a sus asociados donantes en la tarea de mejorar las condiciones de las islas pequeñas. Ahora, cinco años después, las Naciones Unidas celebran un período extraordinario de sesiones de la Asamblea General en Nueva York, los días 27 y 28 de septiembre, para evaluar los progresos e incrementar el apoyo a las islas.

Algunas de las dificultades con que tropiezan las islas son problemas mundiales que requieren asimismo soluciones mundiales; como el cambio climático o el tránsito de desechos peligrosos y radiactivos por sus aguas. Los pequeños países insulares están haciendo lo que pueden: firmar los tratados pertinentes y ejercer presión ante los gobiernos de todo el mundo mediante la Alianza de los Pequeños Estados Insulares (AOSIS), de la que forman parte 40 países.

Para resolver problemas ambientales locales tales como la contaminación, la presión demográfica y la ordenación y conservación de los recursos naturales se necesitan medidas a nivel local, y las islas pequeñas, individual y colectivamente, han iniciado varios programas encaminados a promover el desarrollo sostenible. No obstante, a pesar de las buenas intenciones las islas pequeñas generalmente no pueden llevar a cabo esos programas por lo limitado de sus recursos.

Elevación de la temperatura y del nivel del mar

El cambio climático y el aumento del nivel del mar, que bien pueden entrañar las mayores amenazas potenciales para las islas pequeñas, son problemas que escapan con mucho al control de esos países. En 1995, el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre Cambios Climáticos (IPCC) -un grupo de 2.500 destacados científicos coordinado por las Naciones Unidas- llegó a la conclusión de que la temperatura media de la superficie de la Tierra había aumentado entre 0,3º y 0,6º C desde finales del siglo XIX. El Grupo también encontró pruebas considerables de que las actividades humanas, como la combustión de petróleo, podrían favorecer esos cambios.

Una tendencia generalizada al calentamiento podría provocar el aumento del nivel del mar -dado que el agua se expande al calentarse y porque las regiones polares se derretirían- y tener consecuencias desastrosas para las islas pequeñas. Si bien los científicos aún no tienen certeza de la proporción que podría alcanzar el aumento del nivel del mar -las proyecciones del IPCC oscilan entre 15 y 95 cm ya en el año 2100, considerándose que 50 cm son una "estimación óptima"-, el problema es motivo de grave preocupación para las islas pequeñas, que son particularmente vulnerables pues la mayor parte de su población vive en las zonas costeras.

Ya se tiene conocimiento de una erosión costera en gran escala en muchas islas. El Programa regional del Pacífico Sur para el medio ambiente, un grupo regional, sostiene que a causa del aumento del nivel de mar ya han quedado anegados varios "motu" o islotes en Kiribati y Tuvalu, se han destruido caminos y puentes costeros y han desaparecido en el océano lugares de entierro tradicionales. En el Océano Índico, países como Maldivas han expresado el temor de que casi el 80% de sus atolones, que apenas emergen del mar, puedan quedar completamente inundados; y con respecto a Seychelles, se estima que un aumento de 100 cm del nivel del mar haría desaparecer el 70% de su masa continental.

El IPCC ha estimado que a causa de la elevación mundial de la temperatura los países en desarrollo podrían verse obligados a gastar alrededor del 0,43% de su producto interno bruto para adaptarse a los cambios climáticos. También concluyó que los Estados insulares del Caribe podrían tener que invertir casi 1.100 millones de dólares en nuevas construcciones para protegerse contra el aumento del nivel del mar.

El cambio climático también puede afectar a las islas pequeñas de otras maneras. Los cambios de la temperatura junto con la modificación de los regímenes del viento y las precipitaciones ya han creado condiciones de sequía poco comunes en algunas islas del Océano Índico y del Océano Pacífico, aunque esto puede estar relacionado en parte con el reciente fenómeno de El Niño.

Los pequeños Estados insulares en desarrollo han concentrado sus esfuerzos en ejercer presión ante los grandes países industriales para que reduzcan las emisiones de gases termoactivos a las que se atribuye la aceleración del proceso de calentamiento. Los pequeños Estados insulares fueron de los primeros en ratificar la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático y son firmes partidarios de su Protocolo de Kyoto, de 1997, en el que se fijan límites de emisión jurídicamente vinculantes para los países industrializados.

Una de las maneras en que el acuerdo de Kyoto puede beneficiar a las islas pequeñas es mediante el mecanismo de "desarrollo no contaminante". En virtud de él los países industrializados pueden ganar créditos en relación con sus objetivos de reducción de emisiones cuando los organismos oficiales o las empresas privadas del país ejecutan en los países en desarrollo proyectos al respecto. Los detalles de ese mecanismo aún no están elaborados del todo, pero los países insulares esperan que los ayude a promover las inversiones en energía solar y formas renovables de energía, lo que a su vez podría hacer disminuir su dependencia del costoso petróleo de importación.

El petróleo, que suele ser más caro en los pequeños países insulares que en otros países en desarrollo, representa un elevado porcentaje de las importaciones de esos países; por ejemplo, fue casi una tercera parte del total de las importaciones de Cuba en 1995 y una cuarta parte de las de Bahamas. El consumo de leña, un combustible también muy generalizado y utilizado principalmente para cocinar en las zonas rurales, somete a los bosques a una explotación excesiva y no es una alternativa a largo plazo, aunque en algunas islas podría desarrollarse la utilización del bagazo de la caña de azúcar. Varias organizaciones no gubernamentales han subrayado la necesidad de explotar otras fuentes de generación de energía renovables, como los sistemas solares, que pueden proporcionar energía suficiente para el funcionamiento de pequeños aparatos.

Protección del litoral

El aumento del nivel del mar no es la única amenaza para las costas de los pequeños países insulares. Muchas islas ya sufren una pérdida de litoral y de las playas a causa de la extracción en gran escala de arena y los corales para las necesidades de la construcción. En algunas islas, como Barbados, la destrucción de los arrecifes de coral ha provocado la completa erosión de las playas. La en tiempos pasados construcción no controlada de instalaciones de turismo, como puertos deportivos, escolleras y playas artificiales, a lo largo del litoral de Malta, Mauricio, Seychelles, Chipre y otras islas ha traído aparejada la degradación de las pesquerías, los arrecifes de coral, los manglares, los fondos marinos y los sistemas de dunas. Otras amenazas para la región costera proceden de la mala utilización de la tierra, la destrucción de los manglares y la descarga de efluentes agrícolas e industriales y de aguas residuales.

Varias islas pequeñas han adoptado planes y programas para proteger y preservar sus regiones costeras. Cabo Verde, Fiji y Kiribati figuran entre ellas. Por su parte, Barbados, que ya ha sufrido una considerable erosión de las playas, ha establecido una dependencia oficial especial encargada de la ordenación de la zona costera. Prácticamente todas las islas pequeñas han suscrito la Iniciativa internacional sobre los arrecifes de coral para vigilar la salud de los arrecifes y estudiar medios de mejorarla.

El Fondo para el Medio Ambiente Mundial (FMAM) ha facilitado fondos a 14 Estados del Pacífico sur para elaborar programas de acción estratégicos encaminados a la conservación y la ordenación de los recursos costeros y oceánicos de manera sostenible. Esas islas han recibido cerca de 20 millones de dólares para ejecutar sus programas, de cuyo total el FMAM aporta 12 millones de dólares.

La pesca, que es uno de los medios de subsistencia y una de las fuentes de alimento más importantes de las islas, está amenazada en algunas zonas por la explotación excesiva de las poblaciones de peces y por la contaminación marina. Los gobiernos de los Estados insulares, por lo general, han carecido de los recursos y del personal capacitado necesarios para vigilar y reglamentar las prácticas de pesca, tanto en aguas interiores, donde trabajan de manera artesanal los pescadores locales, como en alta mar, donde actúan a escala industrial flotas extranjeras que suelen comprar los derechos de pesca. A escala mundial, se estima que el 60% de todas las pesquerías comerciales está agotado. Teniendo en cuenta que las zonas económicas exclusivas (ZEE) de los pequeños países insulares, que se extienden hasta 200 millas mar adentro, representan alrededor de una sexta parte de la superficie de la Tierra, una mejor ordenación de la pesca en las islas sería una medida importante para mejorar el abastecimiento mundial de pescado. Las islas pequeñas se han basado en gran medida en la cooperación regional, que ha redundado en acuerdos como el tratado del Pacífico Sur sobre el atún, concertado con los Estados Unidos.

Preservación de especies únicas

Rodeadas sólo por el mar, las islas pequeñas albergan algunas de las especies vegetales y animales más peculiares y diversas, aspecto bien documentado y conocido tras los estudios del teórico de la evolución Charles Darwin en las islas Galápagos. Estudios actuales indican que el Pacífico occidental posee la mayor diversidad marina conocida del mundo, y algunos de sus arrecifes albergan hasta 3.000 especies. En la región también habitan más especies gravemente amenazadas (110) que en cualquier otro lugar. La tala en gran escala, la agricultura comercial, la minería y otras actividades de desmonte han reducido muchos hábitat naturales. El ejemplo más extremo es Nauru, donde para extraer fosfato se ha excavado el interior de la isla y se han destruido ecosistemas enteros.

Si bien la agricultura de subsistencia sigue representando más de la mitad de toda la actividad agrícola de las islas pequeñas, las presiones económicas y demográficas obligan a veces a aplicar métodos agrícolas más productivos. Muchos temen que esto dé lugar a la introducción de cultivos con componentes genéticos foráneos que puedan imponerse a las especies indígenas, de menor rendimiento.

Los desastres naturales también amenazan la diversidad biológica. La repercusión proporcional que tienen las grandes tormentas en la diversidad biológica suele ser mayor en las islas pequeñas que en otras partes, por el menor tamaño de la masa continental y de los hábitat. En Montserrat, un sapo conocido como pollo de montaña se cree que se ha extinguido a causa de la acidificación de las aguas estancadas provocada por las erupciones volcánicas en la isla.

La mayor parte de las islas pequeñas, a menudo con asistencia del sistema de las Naciones Unidas, han tomado medidas para catalogar y preservar su diversidad biológica. Por ejemplo, la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) está ayudando a las islas pequeñas a estudiar, ordenar y conservar sus bosques, mientras que la UNESCO intenta preservar los conocimientos tradicionales acerca de la diversidad biológica local. Muchos países utilizan estrategias de preservación de la diversidad biológica que cuentan con la participación de la comunidad local. Esa participación ha sido un elemento importante de un plan de ordenamiento costero de las Comoras y de un proyecto destinado a proteger las tortugas marinas en el Pacífico Sur.

En las Bahamas, país compuesto de 35 grandes islas que abarcan una superficie de unos 260.000 kilómetros cuadrados, un proyecto para la gestión de los datos sobre la diversidad biológica ha dado lugar a la creación de una comisión gubernamental encargada de coordinar y vigilar las actividades relativas al medio ambiente y la diversidad biológica.

Con demasiada frecuencia, sin embargo, las actividades de los organismos internacionales y de los gobiernos locales en relación con la diversidad biológica de las islas pequeñas se ven obstaculizadas por la falta de recursos, de coordinación entre las diferentes organizaciones y de integración con otros programas nacionales.

Sin posibilidades de expansión

Por su propia naturaleza, estas islas son de superficie reducida, y la tierra disponible para la agricultura es bastante escasa. El crecimiento demográfico obliga a más personas a competir por la tierra disponible, lo que ha traído aparejada una grave degradación del terreno en muchas islas pequeñas. Casi las tres cuartas partes de las islas del Pacífico han señalado ese tipo de degradación como un grave problema.

En Fiji y Samoa queda muy poca tierra cultivable de buena calidad sin utilizar, y los agricultores de subsistencia han tenido que utilizar tierras marginales, con suelos más pobres, o las laderas de las colinas. El problema suele agravarse en las zonas más próximas a la costa. Incluso en Papua Nueva Guinea, donde la mayor parte de la tierra está sin cultivar, las grandes plantaciones tienden a la agricultura intensiva, lo que también degrada la calidad del suelo. La tierra degradada es menos productiva y causa problemas de sedimentación en los ríos y en las corrientes fluviales, particularmente cerca de las zonas costeras.

La pérdida continuada de la cubierta forestal en las islas pequeñas es también motivo de preocupación. La presión demográfica, la eliminación de los controles tradicionales sobre la tierra, el desarrollo del pastoreo y la tala son algunos de los factores que han acelerado la destrucción del bosque. En el Pacífico, a causa de operaciones de tala en gran escala, se han desforestado grandes extensiones de tierra en Papua Nueva Guinea y en las Islas Salomón. Los bosques también están amenazados en las Islas Cook, los Estados Federados de Micronesia, Samoa y Tonga. En Micronesia, las fotografías aéreas indican que sólo el 15% de la isla de Pohnpei sigue teniendo bosques intactos, frente a un 42% en 1976. En el Caribe, donde muchos bosques fueron talados inicialmente para plantar caña de azúcar y banano, los actuales suelen ser bosques secundarios, que carecen de la rica diversidad biológica de los bosques antañones.

La gestión de los desechos es otro gran problema de las islas pequeñas, dado que el espacio disponible para vertederos es muy limitado, y las aguas cloacales, los efluentes industriales y las actividades agrícolas son factores de contaminación del agua subterránea, de las aguas superficiales y de las oceánicas. El turismo también puede llegar a saturar las instalaciones de eliminación y tratamiento de residuos en las islas pequeñas.

Si bien muchas islas pequeñas han adoptado medidas para resolver el problema de los desechos, la mayoría no dispone de planes adecuados de ordenación al respecto. Algunas medidas han arrojado resultados tangibles, como la construcción de vertederos sanitarios en Seychelles y Mauricio, así como en varias islas del Caribe. Con ayuda de donantes, Barbados, Belice, Jamaica, Maldivas y Trinidad y Tabago han iniciado programas encaminados a mejorar su infraestructura de ordenación de desechos.

El traslado de desechos peligrosos y radiactivos sigue siendo un serio motivo de preocupación para las islas pequeñas, a juicio de las cuales el Convenio de Basilea sobre el Control de los Movimientos Transfronterizos de los Desechos Peligrosos y su Eliminación es sumamente inadecuado. En las conversaciones previas al período extraordinario de sesiones de 1999, los pequeños países insulares procuraron reafirmar su derecho, según lo acordado en el Plan de Acción de Barbados, de reglamentar, restringir o prohibir las importaciones de desechos peligrosos y prohibir el tránsito de sustancias peligrosas y radiactivas por sus aguas conforme al derecho internacional. Sin embargo, algunos países industrializados han tratado de suavizar el texto del Acuerdo de Barbados.

Resolver los problemas

Desde 1994, las islas pequeñas han adoptado muchas medidas y han creado nuevos órganos gubernamentales para promover el desarrollo sostenible y aplicar el Plan de Acción aprobado en Barbados. En los Estados Federados de Micronesia se ha creado un consejo presidencial del medio ambiente y el desarrollo sostenible, y en Fiji se elaboró una estrategia nacional de medio ambiente y se han promulgado leyes para su aplicación. Barbados ha establecido una comisión nacional de desarrollo sostenible en la que tienen representación los ministerios gubernamentales, el sector privado y otros grupos de la sociedad civil, y también ha instaurado un grupo de trabajo sobre la ordenación de los desechos peligrosos encargado de elaborar legislación y directrices de seguridad para el transporte, el almacenamiento y la eliminación de sustancias químicas tóxicas.

En Mauricio se ha formado una comisión nacional de medio ambiente, presidida por el Primer Ministro, para coordinar las actividades de los organismos oficiales y otras entidades participantes en los programas de protección del medio ambiente. En Chipre se ha procurado utilizar instrumentos económicos como medio de mejorar el turismo así como alentar las prácticas racionales de utilización de la tierra y la ordenación adecuada de la zona costera.

Además, grupos insulares regionales han participado activamente en el establecimiento de estrategias y en la ejecución de proyectos en el plan regional, encaminados a promover el desarrollo sostenible, mientras que los organismos internacionales, como el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, han prestado apoyo a los ministerios y organismos nacionales que ejecutan efectivamente esos programas.

No obstante, para las islas pequeñas el pronóstico sigue siendo incierto. Aunque han tomado con empeño el Plan de Acción de Barbados, un huracán o un ciclón de gran envergadura puede borrar años de trabajo en pocas horas. En este momento no se dispone de recursos suficientes para llevar a cabo todos los programas necesarios para proteger adecuadamente el medio ambiente.


Publicado por el Departamento de Información Pública de las Naciones Unidas
DPI/2060 - Septiembre de 1999 - 5M
Naciones Unidas
Cumbre para la Tierra
Período extraordinario de sesiones de la Asamblea General sobre la aplicación del Programa de Acción sobre los Pequeños Estados insulares en desarrollo

Nueva York, 27-28 de septiembre de 1999


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