Declaración del Presidente de la Asamblea General de las Naciones Unidas en la primera sesión del grupo de trabajo especial de composición abierta encargado del seguimiento de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre la crisis financiera y económica mundial y sus efectos en el desarrollo.

Nueva York

11 de septiembre de 2009

Excelencias,

Hace solo un año, cuando preparábamos la transición hacia el sexagésimo tercer período de sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas, se publicó la noticia de que el Gobierno de los Estados Unidos de América iba a hacerse cargo de Fannie Mae y Freddie Mac, los dos grandes bancos hipotecarios, para impedir una crisis financiera mundial. Pocos días después se anunció que la aseguradora AIG también necesitaría una enorme inyección de dinero del Gobierno, y posteriormente, durante el fin de semana, se declaró en bancarrota la gran sociedad de inversiones Lehman Brothers. De repente, el mundo se encontró ante la aterradora perspectiva de un completo derrumbe de la economía mundial.

En seguida se adoptaron medidas urgentes que, en las semanas y meses que siguieron, impidieron el colapso de la economía mundial. Pero hoy seguimos afrontando los efectos y riesgos asociados con la peor crisis económica desde la Gran Depresión y la guerra mundial que surgió tras ella.

El lunes, la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo presentó el Informe sobre el comercio y el desarrollo 2009, su más importante publicación anual. Y el martes, el Sr. Heiner Flassbeck estuvo aquí en Nueva York para informar a los Estados Miembros y a la prensa sobre los indicadores más recientes del estado de recuperación de la economía mundial.

Todos nos hacemos la misma gran pregunta: ¿Vamos camino de la recuperación sostenible, o corremos aún el grave riesgo de que se produzca una segunda crisis una vez que se haya pasado plenamente el efecto de los más de 18 billones de dólares que se han desembolsado en forma de rescates, garantías y medidas de estímulo?

Lamentablemente, lo mejor, y también lo peor, que podemos deducir del análisis de la UNCTAD es que sencillamente no sabemos lo que va a ocurrir. La trayectoria que hemos seguido hasta ahora se asemeja mucho a la que marcó la Gran Depresión, que se caracterizó por un período de sustancial recuperación de los mercados y los precios mundiales seguido de una segunda crisis más profunda y perniciosa.

El análisis de la UNCTAD también revela la preocupante desconexión que existe entre las estadísticas financieras, que indican una sustancial mejora, y la situación del empleo y los salarios, que ha ido constantemente a peor en todo el mundo, sobre todo en los países en desarrollo.

Es particularmente significativo el hecho de que los precios de casi todos los instrumentos financieros comerciables hayan progresado al mismo ritmo en todo el mundo desde marzo de este año.

Ello sugiere que la mayor parte de los esfuerzos de estímulo están degenerando en especulación, en lugar de convertirse en inversiones productivas. La aterradora consecuencia de esto es el surgimiento de lo que el gran economista John Maynard Keynes llamó una "trampa de liquidez": una situación en que ninguna de las medidas financieras paliativas adoptadas a cualquier nivel logra animar a los agentes económicos privados a tomar riesgos y ampliar su actividad económica.

Este es el contexto en que me complace hoy convocar la primera sesión del Grupo de Trabajo Especial de composición abierta encargado del seguimiento de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre la crisis financiera y económica mundial y sus efectos en el desarrollo, la cual se celebró aquí en Nueva York los días 24 a 30 de junio.

Esa conferencia, su proceso preparatorio y su documento final marcaron momentos históricos que sirvieron no solo para abrir el diálogo mundial sobre la respuesta necesaria a la crisis, sino para reafirmar la indispensable función que corresponde a la Asamblea General, es decir al Grupo de los 192, como único foro legítimo para realizar un debate verdaderamente mundial y adoptar decisiones sobre los asuntos fundamentales de la respuesta a la crisis mundial y la profunda reforma estructural de la arquitectura financiera y monetaria internacional.

Dos hechos destacan por ahora a este respecto. En primer lugar, se acordó que un proceso dirigido por los Estados Miembros y en el que todos ellos participan no puede impedir que se examine cualquier tema que estos consideren apropiado y necesario.

Esto es esencial: la cuestión de la competencia de las Naciones Unidas es la cuestión de la competencia de sus Estados Miembros. Hemos decidido que los Estados Miembros - todos nosotros - no solo somos competentes sino que tenemos la solemne obligación de reconocer y cumplir nuestra responsabilidad de reconstruir de nuevo nuestro sistema financiero y económico mundial.

En segundo lugar, la conferencia de junio y su documento final constituyeron los primeros pasos hacia la revitalización del papel que la Carta de las Naciones Unidas otorga a la Asamblea General, un papel de liderazgo de la comunidad internacional en la administración de nuestra economía y ecología mundiales. Nuestro trabajo, por tanto, está lejos de haber terminado; la ardua tarea de alcanzar soluciones efectivas a los muchos problemas que se señalan en el documento final sigue pendiente.

Tengo hoy el gran placer de presentar a los copresidentes del Grupo de Trabajo Especial de composición abierta encargado del seguimiento de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre la crisis financiera y económica mundial y sus efectos en el desarrollo: el Excelentísimo Señor Lazarous Kapambwe, de Zambia, y el Excelentísimo Señor Morten Wetland, de Noruega. La presidencia de este Grupo de Trabajo es un honor que conferimos a dos colegas que se han ganado nuestra confianza, pero también es, casi seguro, una pesada carga para ellos, pues los asuntos que hemos de tratar se encuentran entre los más difíciles de nuestra época.

Rezo por el éxito de nuestros copresidentes y de todos los Estados Miembros que participan en este proceso. En un sentido muy real, el destino de nuestro mundo está en sus manos.

Que Dios los bendiga y los acompañe a todos.