INAUGURACIÓN DEL DIÁLOGO DE ALTO NIVEL SOBRE LA FINANCIACIÓN PARA EL DESARROLLO

Sede de las Naciones Unidas
Nueva York, 23 de octubre de 2007

Señor Secretario General,
Excelencias,
señoras y señores:

Quiero darles una sincera bienvenida al Diálogo de alto nivel sobre la financiación para el desarrollo.

Este Diálogo constituye el principio de un seguimiento intergubernamental con el que se desea examinar la aplicación de la Conferencia de Monterrey de 2002 y evaluar los retos del futuro. En los próximos dos días celebraremos una serie de sesiones plenarias y seis mesas redondas entre múltiples partes interesadas sobre las principales áreas temáticas del Consenso de Monterrey.

Me gustaría animarles a todos ustedes para que se comprometan en un intercambio de opiniones sincero, integrador y abierto con todas las partes interesadas. Mediante este intercambio podremos aportar una importante contribución a la preparación de la Conferencia de Seguimiento en Doha.

En este sentido, quisiera agradecerles las significativas contribuciones que realizaron ayer la sociedad civil y las ONG, especialmente en materia de fuentes innovadoras de financiación y comercio para el desarrollo.

El mensaje general de las audiencias es claro. Hemos llegado a una coyuntura crucial en el programa de la Financiación para el desarrollo. Pese a las promesas formuladas, los avances han sido más lentos de lo que se esperaba. Aunque se han obtenido algunos éxitos, buena parte de los objetivos en materia de financiación para el desarrollo que se establecieron en 2002 aún no se han alcanzado.

Excelencias:

En Monterrey, los países en desarrollo reconocieron que les correspondía la responsabilidad primordial de su propio desarrollo. Para hacerlo posible, se comprometieron a poner en marcha políticas fiscales, económicas y sociales sólidas. En contrapartida, los donantes acordaron prestarles su apoyo a través de una ayuda mejor y más abundante, del alivio de la deuda y de un comercio en condiciones más justas, así como concederles una representación más equitativa en el sistema internacional.

El Consenso representa las responsabilidades mutuas de los países desarrollados y de los países en desarrollo. Quisiera destacarles brevemente los avances realizados en cada una de las seis áreas:

(1) Movilización de los recursos nacionales: la gestión macroeconómica y fiscal ha mejorado en la mayoría de los países en desarrollo, con lo que se han fomentado el ahorro y la inversión. Sin embargo, y pese al incremento del gasto social, la pobreza va en aumento, especialmente en África.

(2) Flujos de capital privado: doce países de rápido crecimiento y ricos en recursos representan el 70% del aumento de los flujos de capital privado hacia los países en desarrollo. Se necesita seguir trabajando para fomentar la inversión en los países de renta baja.

(3) Comercio internacional: aún quedan importantes problemas para la celebración de la ronda de Doha de negociaciones comerciales multilaterales. Aunque el comercio internacional ha aumentado, al mismo tiempo también han surgido nuevas formas de proteccionismo. Todos los países implicados en la Ronda de Comercio de Doha deberían aspirar a establecer un sistema de comercio multilateral abierto, no discriminatorio y justo.

(4) Ayuda oficial: debemos felicitar a aproximadamente dos tercios de los países donantes, que en 2006 lograron las metas en materia de aumento de la asistencia oficial para el desarrollo (AOD) que se establecieron en Monterrey. Sin embargo, en el año 2006 la ayuda al desarrollo por parte de los países de la OCDE disminuyó en un 5%. La ayuda al África Subsahariana, a excepción del alivio de la deuda, se mantiene invariable. Si en el período de 2006-2010 se mantienen las tendencias actuales en materia de AOD, será difícil alcanzar las metas establecidas. Siguen siendo prioritarias la mejora de la eficacia en las ayudas y la búsqueda de fuentes innovadoras para la financiación para el desarrollo.

(5) Deuda externa: la Iniciativa Multilateral de Alivio de la Deuda ha liberado recursos fundamentales para la inversión en servicios públicos. No obstante, sigue constituyendo un problema esencial abrir a todos los países de renta baja el camino de la sostenibilidad de la deuda y la reducción de la pobreza.

(6) Cuestiones sistémicas: por ultimo, es preciso que la gobernanza mundial y la estructura financiera global puedan reaccionar mejor a los profundos cambios de la economía internacional, especialmente, en materia de desequilibrios mundiales y transparencia de los mercados. Sigue siendo prioritario el aumento de la representatividad y de la participación de los países en desarrollo; de ello dependen la legitimidad y la credibilidad de algunas instituciones.

Excelencias:

desde su adopción en 2002, el Consenso de Monterrey ha estado siempre en el centro del debate sobre el desarrollo en las Naciones Unidas, lo que confirmaron en 2005 los dirigentes en la Cumbre Mundial. Ese mismo año los dirigentes del Grupo de los 8 acordaron en Gleneagles avanzar en materia de comercio, aportar 50.000 millones de dólares de los EE.UU. adicionales para ayudas, con 25.000 millones destinados a África, antes del año 2010. Establecieron nuevas metas para el acceso universal al tratamiento del SIDA, a la enseñanza elemental gratuita y a la asistencia sanitaria.

En 2007, de nuevo, los dirigentes del Grupo de los 8 se comprometieron en Heiligendamm a incrementar la asistencia para el desarrollo y anunciaron la aportación de 60.000 millones de dólares de los EE.UU. adicionales para la lucha contra el SIDA, el paludismo y la tuberculosis.

Bastaría con aplicar los compromisos en materia de financiación para el desarrollo ya existentes para alcanzar los objetivos de desarrollo del Milenio, incluso en África. Pero para ello todas las partes de la alianza deberían cumplir dichos compromisos. Éste es el espíritu del Consenso de Monterrey:

al mismo tiempo que los países en desarrollo adoptan estrategias nacionales completas, los donantes deben cumplir sus compromisos de aportarles asistencia adicional para ayudarlos a tener éxito.

Si no se controlan la mala gobernanza y la corrupción, éstas acabarán por minar los esfuerzos para conseguir unas finanzas predecibles a largo plazo. Sin embargo, la falta de avances no debería ser excusa para imponer requisitos adicionales o para aplazar el aumento de la AOD.

Los países en desarrollo necesitan poner en marcha planes de inversión creíbles a largo plazo, consolidar una adecuada gobernanza y seguir luchando contra la corrupción con objeto de fomentar un crecimiento económico sostenible y un ambiente atractivo para los negocios.

Para mantener la credibilidad de sus compromisos, los donantes, por su parte, deberán acelerar sus planes de aumento de la asistencia y proporcionar un calendario del incremento de la ayuda para cada país, de modo que los gobiernos asociados puedan preparar marcos macroeconómicos de apoyo.

Se nos acaba el tiempo de realizar las inversiones prácticas necesarias. Ahora es preciso centrar nuestra atención en la aplicación. Es preciso que las promesas se traduzcan inmediatamente en planes prácticos, con un seguimiento sistemático de todas las partes.

Los países en desarrollo necesitan saber cuándo llegarán los nuevos recursos adicionales para comenzar a planificar.

Excelencias:

La adopción de este histórico Consenso sobre la financiación para el desarrollo sienta las bases de una alianza mundial para que la comunidad internacional alcance los objetivos de desarrollo del Milenio.

Éste es el contexto en el que tendrá lugar el próximo año el examen de la aplicación del Consenso de Monterrey en Doha. El éxito en Doha dependerá en buena medida del consenso que alcancemos durante el proceso de consulta en el sexagésimo segundo período de sesiones de la Asamblea General.

En los próximos dos días podemos preparar el terreno político. Necesitamos considerar los avances realizados hasta la fecha y evaluar los retos del futuro, incluyendo el apoyo que es preciso dar a los países en desarrollo para que éstos se adapten a los efectos del cambio climático y consigan mitigarlos.

Puede que tengamos ante nosotros enormes retos, pero debemos sentirnos esperanzados por los avances que ya hemos llevado a cabo.

En los últimos 40 años, la esperanza de vida en los países en desarrollo ha aumentado en un 25%. En los últimos 30 años, el analfabetismo se ha reducido a la mitad. En los últimos 20 años, 400 millones de personas han logrado salir de la pobreza absoluta. Se ha erradicado la viruela, y en breve se erradicará también la poliomielitis.

Se ha condonado la deuda a más de 20 países, en total más de 81.000 millones de dólares de los EE.UU., lo que ha ayudado a algunos de ellos a proporcionar asistencia sanitaria gratuita y a construir nuevos centros de enseñanza.

Los 4.000 millones de dólares de los EE.UU. del Servicio Financiero internacional para la Inmunización se destinarán a ayudar a salvar las vidas de 5 millones más de niños en el próximo decenio.

En el primer debate temático de la Asamblea General en noviembre de 2006, el Banco Islámico de Desarrollo anunció una nueva financiación de 10.000 millones de dólares de los EE.UU. para los objetivos de desarrollo del Milenio.

En 2007, los Emiratos Árabes Unidos anunciaron una aportación de 10.000 millones de dólares de los EE.UU. para mejorar el acceso a la educación y la calidad de la misma en el mundo musulmán.
Recientemente, además, se ha creado una Alianza Internacional en pro de la Salud entre donantes, países en desarrollo y organizaciones de las Naciones Unidas.

Algunos países africanos han demostrado que es posible avanzar hacia los objetivos de desarrollo del Milenio cuando se combinan el sólido liderazgo de los gobiernos y las políticas adecuadas con un apoyo financiero y técnico correcto por parte de la comunidad internacional.

Excelencias:

El progreso es posible. Ante todo, tenemos que demostrar voluntad política. Millones de vidas, en el sentido más estricto de la palabra, dependen de ello.

Junto con el marco de los objetivos de desarrollo del Milenio, el Consenso de Monterrey ha contribuido a consolidar nuestra determinación común y a aunar y combinar las energías de las Naciones Unidas, de otras instituciones, de grupos religiosos, de las ONG, de la sociedad civil y del sector privado.

Si esto -la mayor alianza contra la pobreza de la historia- es insuficiente para salir del inmovilismo, se acabarán las esperanzas de muchos países en desarrollo y de activistas de todo el mundo. La confianza mundial quedará irremediablemente dañada.

Para impedirlo, para lograr una mayor confianza y renovar la seguridad en el sistema multilateral, es imprescindible que todos nosotros mantengamos nuestras promesas y compromisos.

Y para ello necesitamos superar esa división del mundo, tan simplista, en Norte y Sur, que constituye más un reflejo del pasado que del presente. Vivimos en una época mundial mucho más compleja e integrada, con nuevos poderes económicos y donantes emergentes y con una filantropía privada que existe ya en todas las regiones del mundo.

Corresponde a los dirigentes de todos estos grupos y partes interesadas demostrar su liderazgo y su acción coordinada. De lo contrario, en 2015 habrá aún más personas en lucha contra la pobreza. Millones de personas no alcanzarán a ver cumplidas a lo largo de su vida las promesas básicas de los objetivos de desarrollo del Milenio.

Quisiera expresar mi agradecimiento a aquellos países que están representados al más alto nivel en esta importante reunión. Mi esperanza era que estuviesen representadas al más alto nivel las instituciones internacionales pertinentes, dada su enorme importancia en la cuestión de la financiación para el desarrollo.

Gracias.

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