Un cirujano egipcio en el frente somalí simboliza el papel humanitario de la ONU

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17 de agosto, 2011 — Omar Saleh llevaba una vida tranquila y cómoda como cirujano traumatólogo y profesor universitario en Egipto, cuando llegó el llamamiento de la Organización Mundial de la Salud (OMS): se necesitan cirujanos con urgencia para Somalia, un país devastado por la guerra. Saleh no lo pensó dos veces.


“Yo tengo que estar donde me necesitan. Y aquí es donde me necesitan”, dijo desde ese país durante una entrevista telefónica que concedió al Centro de Noticias de la ONU. “Soy un cirujano traumatólogo. Este es un conflicto. El trauma está en todas partes”, agregó Saleh.

Este profesional de 41 años, casado y padre de dos hijos, que estudió en las universidades de El Cairo e Ismailiya y en el Royal College de Cirujanos de Londres, es sólo uno de miles de trabajadores humanitarios, cuya abnegada labor se celebra este viernes, al conmemorarse el Día Mundial de esos profesionales.

Cuando era un estudiante nunca se imaginó que estaría operando en un país devastado por la crisis como Somalia, donde 20 años de guerras entre clanes, sin un gobierno central, se han cobrado innumerables víctimas.

Desde 2007 ha empuñando el bisturí para salvar vidas no sólo en Mogadishu, la capital, sino también en otras regiones del país sacudidas por la violencia, incluida Baidoa.

Fue allí donde vivió uno de sus peores días. Se habían producido combates feroces y explosiones de bombas. El “hospital”, una infraestructura muy básica y alejada de lo que suele entenderse por ese tipo de instalación, recibió 24 heridos graves. El Dr. Saleh y otro cirujano que él estaba entrenando lograron salvar solamente a dos.

Durante los cuatro años que ha estado en Somalia, un país donde casi a diario se producen bombardeos, disparos, explosiones y atentados suicidas, el Dr. Saleh ha tratado miles de casos.

Casi todos sus pacientes son civiles, muchos de ellos niños, aunque algunos podrían ser combatientes. “Nosotros no preguntamos”, declara.

Cada tres meses, el Dr. Saleh regresa a El Cairo para pasar unos días con su familia, recuperar sus energías y volver al frente de combates.

Cuando era estudiante, le aconsejaron no especializarse en traumatología, pero no hizo caso. “Si yo no lo hago, ¿quién más?”, se pregunta.

“Si pudiera detener algo en el mundo, sería la guerra, porque me parece una estupidez. La gente está muriendo a causa de la guerra. ¿La tierra? ¿Qué es más valioso, la tierra o las personas? La gente”, concluye el Dr. Saleh.

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