El nuevo coordinador humanitario se compromete a dar voz a los más vulnerables

El coordinador humanitario Mark Lowcock se reúne con un grupo de mujeres desplazadas en un campo de la región de Diffa, en Níger. Foto: OCHA / Ivo Brandau

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01 de octubre, 2017 — Más de 140 millones de personas en el mundo necesitan ayuda humanitaria para sobrevivir. Es la cifra más alta de la historia. Éste es el contexto en el que Mark Lowcock asume la coordinación de la ayuda humanitaria que proporcionan las agencias de Naciones Unidas.

“A través de las peticiones de la ONU para este año, estamos intentando llegar a 100 millones de personas”, explicó Lowcock, que considera que el sistema humanitario global es efectivo, aunque insuficiente. “Cada año llegamos a decenas de millones de personas, salvamos miles de vidas, pero no tenemos todos los recursos que necesitamos y nos enfrentamos a grandes retos. Hay que reforzar el sistema y necesitamos un poco más de apoyo para nuestro trabajo”, indicó en una entrevista con Noticias ONU.

El británico asegura que no dudó cuando recibió la llamada del Secretario General, António Guterres, ofreciéndole el puesto. “La visión que [Guterres] tiene para que la ONU pueda lidiar con los problemas a los que se enfrenta el mundo y para construir unas Naciones Unidas que sean capaces de cumplir con su objetivo es inspiradora. Fue un gran honor recibir la petición de él y no fue difícil decidir que quería venir aquí y jugar un papel, junto a decenas de miles de colegas, para cumplir esa visión”.

En su primer viaje al frente de Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA), Lowcock visitó la región del Lago Chad. “Hay 10 millones de personas allí a un paso de morir de hambre. La comunidad internacional, la ONU, las ONG, la Cruz Roja se han unido a los gobiernos de la región y ha proporcionado ayuda de emergencia”, responde cuando se le pregunta por qué escogió ese primer destino.

Quiere que su posición sirva de altavoz para aquellos que sufren. “Escuché a la gente afectada por esta crisis, escuché sus historias y se las conté a los líderes mundiales durante la Asamblea General”, explica. “Una de las cosas que realmente quiero hacer como coordinador de la ayuda de emergencia es defender a estas personas, escuchar sus historias y llevarlas al resto del mundo”.

Lowcock quedó “satisfecho” con el evento de alto nivel que se organizó, en Nueva York, sobre la crisis en la región del Lago Chad. Los representantes de los gobiernos de la zona explicaron de forma muy “persuasiva” como lideran la respuesta a la crisis, logrando que los donantes comprometieran recursos. “Y, lo que es crucial, contamos las historias de las personas cuyas vidas se ven afectadas, mostramos imágenes y yo repetí las palabras que escuché sentado bajo un árbol o bajo un toldo con ellos”, señala.

El coordinador humanitario espera visitar pronto Bangladesh, a donde han llegado cientos de miles de refugiados Rohingyas huyendo de la violencia en Myanmar. “Los orígenes de la crisis y la solución están en Myanmar, pero tenemos que asegurarnos de que las personas que huyeron aterrorizadas reciben cuidados”, señala. En este momento, la ayuda de la ONU llega al 80% de las personas que se refugian en Bangladesh, pero “hay que hacerlo mejor”, remarca, insistiendo en que se necesitan “más recursos”.

Lowcock tendrá que ocuparse de las crisis enquistadas en África y Oriente Medio y de las emergencias provocadas por desastres naturales y conflictos que afligen a las comunidades más vulnerables. Sin embargo, los  planes de respuesta humanitaria de la ONU
no han recibido suficiente financiación por parte de los países donantes. Por ejemplo, para atender a más de 4,7 millones de refugiados sirios OCHA ha solicitado 5.600 millones de dólares, pero sólo ha recibido 2.500 millones (un 45%). En el caso de la República Democrática del Congo, donde 7,3 millones de personas necesitan asistencia, sólo se ha recibido un 28% de los fondos.

Aun así, el responsable de la ayuda de emergencia plantea tres áreas en las que espera que haya progresos durante su mandato. La primera es lograr que la población civil no sea víctima colateral de los conflictos. “Las atrocidades cometidas en los conflictos causan un enorme sufrimiento humano para millones de personas”, dice. En segundo lugar, le gustaría lograr que haya más países capaces de superar una crisis alimentaria. “Antes las hambrunas eran ubicuas, muy comunes en todo el mundo. Ahora hay un número pequeño de países que están en riesgo de hambruna y tenemos que reducir ese número a cero”, señala. “Ese es un objetivo completamente realizable”, explica Lowcock cuyo primer trabajo humanitario fue en la hambruna de Etiopía a mitad de los años 80. “Ahora Etiopía está más desarrollado y se enfrentan mejor a sequías aún peores que aquella. No hay razón por la que otros países no puedan progresar de la misma manera”. La atención a los refugiados es la tercera área donde considera que puede haber avances. “Filippo Grandi (el Alto Comisionado para los Refugiados) ha hecho un trabajo magnífico ayudando al mundo a responder a esta crisis y me gustaría contribuir”.
El británico tiene más de 30 años de experiencia en la gestión de crisis humanitarias en todo el mundo, pero ésta fue su primera Asamblea General de la ONU. Sobre esa experiencia cuenta que se sintió “alentado” durante el debate porque constató que “hay mucho apoyo” al trabajo humanitario de la ONU. “Podemos involucrar a toda esta gente con la que necesitamos trabajar porque les interesa y les preocupa”, concluye.



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