La violencia sexual vinculada a conflictos es un crimen global, señala la ONU

La representante especial del Secretario General de la ONU sobre violencia sexual en conflictos, Zainab Bangura Foto: ONU/Evan Schneider

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24 de abril, 2014 — La violencia sexual relacionada con conflictos es un crimen a nivel mundial, como lo refleja el análisis de 21 países de Europa, África, Asia, Sudamérica y Oriente Medio inmersos en graves crisis o que están aún recuperándose de las atrocidades cometidas en un pasado reciente, señaló la representante especial del Secretario General de la ONU sobre esa cuestión, Zainab Hawa Bangura.

Bangura presentó este jueves el último informe de Ban Ki-moon sobre la violencia sexual en conflictos, que será objeto de debate, el viernes, en una sesión del Consejo de Seguridad.

Colombia, Afganistán, la República Centroafricana, Myanmar y Siria son algunos de los países citados en este informe, en el que se ofrecen también recomendaciones a los países y a la comunidad internacional para hacer frente a ese flagelo y asistir a las víctimas.

El informe identifica a 34 grupos armados a los que se considera sospechosos de utilizar la violación y otras formas de abusos sexual durante conflictos. Entre ellos se incluye a milicias, grupos rebeldes y también fuerzas de seguridad gubernamentales.

“A pesar de algunos progresos notables en ciertos países, quienes cometen estos crímenes casi nunca acaban ante la justicia”, manifestó Bangura durante una conferencia de prensa, y agregó que se deben tomar medidas para que eso no ocurra.

Afirmó que los perpetradores de violencia sexual en conflictos “nunca deben quedar libres porque las víctimas tienen demasiado miedo a prestar testimonio o temen represalias”. También es crucial que estas tengan acceso a los servicios necesarios para reconstruir sus vidas.

Bangura señaló que en algunos países en conflicto, grupos armados utilizan la violación como un arma para ganar control de territorios con valiosos recursos naturales, incluido minerales usados para la fabricación de automóviles, teléfonos móviles y otros productos que se venden en todo el mundo.

La violencia sexual también es el detonador de desplazamientos masivos forzados de personas, que se exponen así a ser víctimas de más agresiones similares, a que se entregue a niñas en matrimonio e incluso que estas sean victimas de trata de personas.

La representante del Secretario General manifestó también que, a pesar de los horrores que menciona el informe, hay destellos de esperanza y subrayó que hay mayor concienciación a nivel internacional, nacional y entre organizaciones civiles de que hay que poner fin a este problema.

Aludió a este respecto al ejemplo de Colombia, donde el gobierno está entrenando a las fuerzas de seguridad para prevenir y responder a la violencia sexual y también se están tomando medidas para garantizar compensaciones a los sobrevivientes.

En la República Democrática del Congo se ha procesado a un creciente número de personas sospechosas de cometer violencia sexual y entre ellas a algunos miembros de las fuerzas de seguridad nacionales.

“Cuando conoces a los sobrevivientes y escuchas sus historias, sabes que una sola violación ya es demasiado”, señaló Bangura y confió en que este informe sea útil a los países que quieren combatir este problema.

Bangura recomendó también incluir estrategias de prevención de la violencia sexual en todas las resoluciones y mandatos relativos a operaciones de mantenimiento de la paz.

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