Timor-Leste: Amargas lecciones en el mantenimiento de la paz
La comunidad internacional había considerado a Timor-Leste un logro
notable de las Naciones Unidas en el mantenimiento de la paz hasta que
estalló la violencia en abril de 2006, menos de un año después de la
partida de los últimos miembros de la fuerza de paz de las Naciones Unidas
y a pocos meses de concluir el mandato de la oficina política que la
sustituyó. Este inesperado cambio de rumbo en un país de Asia sudoriental,
pequeñito y recién creado, hizo que muchos se preguntaran qué podía haber
fallado.
Los meses que siguieron a la partida de la misión de mantenimiento de
la paz de las Naciones Unidas en mayo de 2005 habían sido meses de progreso
para Timor-Leste. Cuatro años después de la independencia lograda en
2002, crecía la confianza internacional en el nuevo Estado y los traumas
de 1999 parecían superados. Sin embargo, la violencia de 2006 reveló
a todas luces los riesgos que entraña para la consolidación de un país
la partida muy temprana de las fuerzas internacionales o el hecho de
que éstas no hayan podido hacer todo lo necesario mientras permanecían
allí.
A principios de 2006, los planificadores de las Naciones Unidas examinaban
vías de mantener el apoyo después de la partida de la oficina política
de las Naciones Unidas (UNOTIL), en particular con miras a las elecciones
presidenciales y parlamentarias programadas para 2007. Pero, en abril,
estalló una acalorada polémica a raíz de la expulsión de algunos miembros
de las fuerzas armadas.
Los “peticionarios”, como se ha llegado a conocer a esos soldados, iban
a celebrar una manifestación pacífica del 24 al 28 de abril para protestar
por la separación del servicio de unos 600 soldados (más de la tercera
parte de las fuerzas armadas del país) y exigir el establecimiento de
una comisión independiente encargada de examinar sus quejas, incluso
la presunta discriminación dentro de las fuerzas armadas contra personas
de los distritos occidentales.

Un oficial de policía de las Naciones Unidas de Malasia patrulla el mercado de Comoras en el mercado de Comoras en Dili, 27 de octubre de 2006.
(Foto Reuters tomada por Lirio Da Fonseca)
El último día de la manifestación, estalló la violencia frente al Palacio
de Gobierno y se produjeron otros incidentes en toda la capital, Dili.
El saldo del día fue cinco timorenses muertos y más de 40 heridos. Las
ramificaciones no tuvieron límite. Se agravaron las tensiones entre las
fuerzas armadas y la fuerza de policía timorense (PNTL), así como en
el seno de la propia PNTL (los orientales contra los occidentales), lo
que llevó a la desintegración de la PNTL. Miles de timorenses en Dili
abandonaron sus hogares y buscaron refugio en iglesias, otros edificios
públicos e instalaciones de las Naciones Unidas, mientras que otros huyeron
a los suburbios.
El 25 de mayo, la situación empeoró cuando los miembros de las Fuerzas
Timorenses de Defensa (F-FDTL) lanzaron ataques armados contra la jefatura
nacional de la PNTL. Los asesores de entrenamiento militar y la policía
de las Naciones Unidas negociaron una cesación del fuego, pero, según
informes, cuando el Asesor jefe de entrenamiento militar de las Naciones
Unidas escoltaba a policías timorenses desarmados fuera de la jefatura,
oficiales de las F-FDTL abrieron fuego, mataron a ocho e hirieron a mas
de una veintena de personas.
Entre tanto, el 24 de mayo, los dirigentes de Timor-Leste pidieron a
los Gobiernos de Australia, Malasia, Nueva Zelandia y Portugal, ayuda
militar y policial para restablecer la paz y la seguridad. Dos días más
tarde, llegaron fuerzas internacionales para restablecer el orden público
que se había resquebrajado totalmente. Las bandas saqueaban e incendiaban;
37 personas perdieron la vida y muchas resultaron heridas. Las consecuencias
humanitarias fueron graves y hubo más de 150.000 desplazados internos.
Estos acontecimientos caracterizaron el resto de 2006.

Un niño saluda a su padre, un oficial de policía destacado en Timor-Leste, durante una ceremonia de despedida en la jefatura del Campamento Crame en Manila (Filipinas), octubre 14, 2006.
(Foto de la Reuters tomada por Cheryl Ravelo)
Cuatro misiones sucesivas de las Naciones Unidas se enviaron a Timor-Leste
desde mediados de 1999 hasta que empezaron los disturbios de abril/mayo
de 2006. Cada una tuvo un propósito distinto, la primera, la UNAMET,
organizó y dirigió una consulta popular que terminó con el rechazo por
parte de los timorenses de una autonomía especial como parte de Indonesia.
Entre octubre de 1999 y mayo de 2002, la UNTAET ejerció su autoridad
legislativa y ejecutiva en el territorio durante la transición a la independencia
y apoyó la creación de capacidad del gobierno autónomo. Después, la Misión
de las Naciones Unidas de Apoyo a Timor Oriental (UNMISET) prestaría
asistencia hasta que las autoridades timorenses estuvieran en condiciones
de asumir todas las responsabilidades operacionales y la nueva nación
pudiera alcanzar su capacidad de valerse por sí misma. Aunque el Secretario
General, Kofi Annan, había recomendado que se mantuviera una fuerza de
mantenimiento de la paz, no logró ganarse el apoyo de todos los miembros
del Consejo de Seguridad, que establecieron en cambio una oficina política
especial (la Oficina de las Naciones Unidas en Timor-Leste o UNOTIL)
para apoyar el desarrollo ulterior de las principales instituciones públicas,
entre ellas la policía, e impartir capacitación en gobernanza democrática
y derechos humanos.
Los logros de estas misiones fueron notables. Sin embargo, la crisis
de 2006 obligó a las Naciones Unidas y a la comunidad internacional a
analizar seriamente las políticas y prácticas de creación de una nación
y mantenimiento de la paz.
El Secretario General dijo al Consejo de Seguridad en junio “Los lamentables
acontecimientos de las últimas semanas reflejan las deficiencias no sólo
de los dirigentes timorenses, sino también de la comunidad internacional,
[al] no mantener el proceso de construcción de la nación en Timor-Leste
el tiempo suficiente. Hemos aprendido, a un precio doloroso para Timor-Leste,
que la creación de instituciones sobre la base de los principios fundamentales
de la democracia y el imperio de la ley no es un proceso simple que pueda
completarse en pocos años”.
A finales de mayo de 2006, el Secretario General Annan encargó a un Enviado
Especial, Ian Martin, que evaluara la situación. Martin regresó para
decir al Consejo de Seguridad que la causa más grave del conflicto eran
los problemas de seguridad.
Según Martin, “La crisis ha puesto de manifiesto divisiones políticas,
no sólo entre la fuerza de defensa y el servicio de policía, que ha sido
objeto de preocupación desde siempre, sino también internamente en cada
institución. Cada una de ellas ha dejado que se recrudecieran las divisiones
ideológicas, que surgieron desde la resistencia e influyeron al principio
en la captación de personal para ambas instituciones”.
El 8 de junio, el entonces Ministro de Relaciones Exteriores, José Ramos-Horta,
pidió al Secretario General que nombrara una comisión especial de investigación
para examinar los incidentes de abril y mayo y otros asuntos conexos
y garantizar que “el resultado de dicha investigación ayudara a la reconstitución
del sector de seguridad de Timor-Leste y asegurara la rendición de cuentas
por los delitos y las violaciones de los derechos presuntamente cometidos
durante el período de crisis”.
En su último informe publicado el 17 de octubre, la Comisión especial
de investigación independiente, establecida bajo los auspicios del Alto
Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, determinó
la responsabilidad de los distintos protagonistas e instituciones, incluso
de varios ex oficiales de alto rango.
La aplicación de las recomendaciones de la Comisión obligará a las Naciones
Unidas y a la comunidad internacional a seguir prestando asistencia,
en particular para ayudar a establecer un sistema judicial independiente
y más fuerte.
El 25 de agosto, el Consejo de Seguridad estableció una nueva operación
de mantenimiento de la paz, la Misión Integrada de las Naciones Unidas
en Timor-Leste (UNMIT), a la que se asignó un mandato de gran alcance
y un nutrido componente civil, que incluye a 1.608 policías civiles de
las Naciones Unidas.
Algunas de las principales tareas de la UNMIT son facilitar el proceso
de reconciliación nacional; apoyar el proceso electoral; apoyar el restablecimiento
de la seguridad; entrenar a la policía timorense; apoyar y fortalecer
a las principales instituciones; apoyar y fortalecer la vigilancia de
los derechos humanos; apoyar la terminación de las investigaciones sobre
casos pendientes de graves violaciones de los derechos humanos cometidas
en 1999; cooperar y coordinar con organismos de las Naciones Unidas y
otros asociados; facilitar la prestación de socorro y asistencia para
la recuperación; prestar asistencia en la formulación de políticas de
lucha contra la pobreza y crecimiento económico; incorporar las perspectivas
de la igualdad de las mujer y las de los niños y la juventud; y proporcionar
información exacta a la población timorense.
En las semanas que siguieron al establecimiento de la UNMIT, la situación
en Timor-Leste siguió siendo imprevisible. En ejercicio de su función
ejecutiva, la policía de la UNMIT, en estrecha cooperación con las fuerzas
de seguridad internacionales, han mantenido la seguridad general del
público, a menudo restableciendo la calma cuando se han producido incidentes
de violencia y haciendo participar a la comunidad en la labor policial.
Se logró un nuevo adelanto el 1º de diciembre con la firma del Acuerdo
complementario sobre la labor policial entre la UNMIT y el Gobierno,
que regula el ejercicio de la autoridad policial ejecutiva de la UNMIT
y la reconstitución de la fuerza nacional de policía.
Uno de los principales objetivos de la UNMIT es seguir contribuyendo
al mantenimiento de la seguridad pública hasta que la policía timorense
esté en condiciones de volver a asumir sus responsabilidades. El restablecimiento
de la paz y la seguridad es una condición previa para el regreso de 100.000
desplazados internos a sus hogares y para la celebración de elecciones
presidenciales y parlamentarias en abril/mayo de 2007.