Las Naciones Unidas ayudan al Líbano a restablecerse, mientras Europa aumenta su apoyo al mantenimiento de la paz
El 12 de julio, cuando Hezbolá lanzó un ataque contra Israel, en el que perecieron tres soldados israelíes y otros dos fueron secuestrados, tanto el Líbano como Israel revivieron tiempos de conflicto, muerte y destrucción a los que sus ciudadanos habían podido sustraerse en los últimos años. Durante los 34 días siguientes, la población del Líbano y del norte de Israel se vio expuesta a los peores combates en años. Según informes, murieron más de 1.100 libaneses, en su mayoría civiles, mientras que más de un millón tuvieron que desplazarse dentro del Líbano o fuera de sus fronteras a países vecinos. En el norte de Israel, decenas de civiles murieron y centenares de miles tuvieron que dormir en refugios antiaéreos o marcharon hacia el sur mientras Hezbolá lanzaba miles de misiles durante el conflicto. Muchos en la región y en todo el mundo temieron que, de no resolverse con rapidez, el conflicto pudiera rebasar las fronteras del Líbano e Israel. Las Naciones Unidas tuvieron que actuar con rapidez para poner fin a la pérdida de vidas inocentes e impedir que la violencia se propagase.

Grupo de Tareas Marítimo de las unidades alemanas, suecas y danesas que se entrenan en el Líbano meridional, 14 de octubre de 2006. (Foto de la FPNUL).
En respuesta a la crisis, el Secretario General, Kofi Annan, pidió una
cesación inmediata de las hostilidades y despachó a una delegación de
alto nivel a la región, integrada por su asesor político especial, Vijay
Nambiar, su Enviado Especial para la aplicación de la resolución 1559
del Consejo de Seguridad, Terje Rød-Larsen, y el Coordinador Especial
de las Naciones Unidas para el Proceso de Paz en el Oriente Medio, Álvaro
de Soto. Los tres viajaron a Egipto, el Líbano, Siria, Jordania, el territorio
palestino ocupado e Israel para conversar con las partes y tratar de
encontrar formas de poner fina a la crisis. Ésta fue la primera de varias
misiones diplomáticas a la región emprendidas por funcionarios de alto
nivel de las Naciones Unidas, que culminaron con la visita del propio
Secretario General en agosto. Cuando no estuvieron físicamente presentes
en el Oriente Medio, el Secretario General y sus asistentes mantuvieron
sus intensas gestiones diplomáticas por vía telefónica con los líderes
de dentro y fuera de la región.
Por su parte, el Consejo de Seguridad también inició intensas negociaciones
sobre el asunto. El 14 de julio, el Consejo respaldó la decisión del
Secretario General de enviar una misión diplomática a la región. Sin
embargo, sus Miembros no pudieron llegar a acuerdo en cuanto a pedir
una cesación inmediata de las hostilidades. El Consejo estuvo otras cinco
semanas negociando antes de que sus miembros llegasen a un acuerdo.
A medida que el conflicto se prolongaba, crecía la preocupación del Secretario
General respecto de la violencia caracterizada por el ataque deliberado
de Hezbolá contra los centros de población israelíes y el empleo desproporcionado
de la fuerza por parte de Israel, que produjo un gran número de bajas
entre la población civil libanesa. El Secretario General suplicó reiteradamente
al Consejo de Seguridad, que adoptase medidas para resolver la situación
e insistió en que "todos los miembros del Consejo deben ser conscientes
de que el hecho de no haber actuado antes ha resquebrajado la confianza
del mundo en su autoridad e integridad".
El 11 de agosto, el Consejo adoptó la resolución 1701, en la que se pedía
la cesación inmediata de las hostilidades, el aumento de los efectivos
de la Fuerza Provisional de las Naciones Unidas en el Líbano (FPNUL)
a un máximo de 15.000, el despliegue de tropas libaneses en el sur del
Líbano y el retiro de todas las fuerzas israelíes de esa misma zona.
En la resolución, se pedía asimismo la liberación de los soldados israelíes
detenidos, la creación de una zona libre de armamentos en el Líbano meridional,
y la prohibición de la venta o el suministro de armas al Líbano, con
excepción de lo autorizado por el Gobierno de ese país. Además, en la
resolución se pedía la demarcación de las fronteras internacionales del
Líbano, y la plena aplicación de las disposiciones pertinentes de los
Acuerdos de Taif y de las resoluciones 1559 y 1680, en que se pedía el
desarme de todos los grupos armados en el Líbano con excepción de las
fuerzas del Estado libanés.

Tropas francesas llegan de noche a Naquoura (Líbano),
19 de septiembre de 2006.
(Fotografía de la FPNUL)
Tras acoger con beneplácito la aprobación de la resolución, el Secretario
General rindió tributo al personal de las Naciones Unidas que durante
todo el conflicto ayudó a la población afectada. “En efecto, la tenacidad
de la FPNUL ha hecho posible la solución diplomática que ustedes acaban
de fraguar”, dijo a los miembros del Consejo. De igual forma instó a
seguir vigilando la situación: “Para impedir otro nuevo brote de violencia
y derramamiento de sangre, la comunidad internacional debe estar dispuesta
a ofrecer apoyo y asistencia sostenidos para la reconstrucción política
y económica del Líbano, y además abordar el contexto más amplio de la
crisis en la región”,
Mientras el Consejo de Seguridad y el Secretario General trabajaban intensamente
para hallar una solución diplomática, las fuerzas de mantenimiento de
la paz de las Naciones Unidas cumplían su deber valerosa y profesionalmente
sobre el terreno. Los funcionarios del Departamento de Operaciones de
Mantenimiento de la Paz (DOMP) planificaron situaciones imprevistas.
Antes de que estallase el conflicto, la FPNUL tenía 2.000 soldados en
el Líbano meridional encargados de mantener la cesación del fuego a lo
largo de la Línea Azul de 70 millas (121 km) entre Israel y el Líbano,
mediante patrullas, observación, notificación de violaciones y enlace
con las partes para mantener la calma. La FPNUL estaba integrada por
contingentes militares de China, Francia, Ghana, la India, Irlanda, Italia,
Polonia y Ucrania. Unos 50 observadores militares del Grupo de Observadores
en el Líbano (GOL), que forman parte del Organismo de las Naciones Unidas
para la Vigilancia de la Tregua (ONUVT), redondeaban la presencia de
las fuerzas de mantenimiento de la paz. La misión mantuvo al Consejo
de Seguridad al tanto de la situación en el territorio, incluso de la
presencia de la milicia armada; la violación sistemática del espacio
aéreo libanés; los ataques del otro lado de la Línea Azul; y el resurgimiento
de la inestabilidad.
Después que estalló el conflicto, la FPNUL continuó cumpliendo su mandato
fundamental de observación y comunicación a pesar del alto grado de inseguridad.
Pero se redujo su capacidad de realizar patrullas y ocupar todos los
puestos de observación y su permanencia se vio amenazada por la falta
de suministros esenciales, entre ellos combustible diesel. Aun así, la
FPNUL continuó apoyando la labor de los organismos humanitarios de las
Naciones Unidas y llevando a cabo con limitaciones sus propias actividades
humanitarias para ayudar a la población local.

Un soldado de la FPNUL conversa con un oficial de las Fuerzas Armadas del Líbano, en el Líbano meridional, 19 septiembre de 2006. (Fotografía de la FPNUL)
Es lamentable que el incansable esfuerzo de la FPNUL se lograra a un
costo muy elevado, ya que el personal de mantenimiento de la paz a menudo
se veía atrapado entre dos fuegos, y en ocasiones directamente en medio
del combate. En el incidente más mortal, cuatro observadores militares
perecieron cuando un misil israelí guiado por láser cayó sobre el Puesto
de Observación del GOL en Khiyam. La base de patrulla, aniquilada por
el disparo fatal, estaba claramente marcada, se podía distinguir fácilmente
mediante reconocimiento visual y había estado en el mismo lugar por más
de 30 años. Las autoridades israelíes, que habían hecho oídos sordos
de los reiterados llamamientos de los máximos dirigentes de las Naciones
Unidas acerca de la cercanía de los ataques previos, finalmente asumieron
la responsabilidad del fatal ataque. En incidentes separados murieron
un funcionario civil de las Naciones Unidas y su esposa, y resultaron
heridos algunos efectivos de la FPNUL y observadores del GOL.
El Secretario General se percató de que si el lograr un acuerdo para
una resolución había resultado difícil, más difícil aún sería lograr
que se aplicase la resolución. Para lograr apoyo a una aplicación más
rápida posible de la resolución 1701, que preveía el despliegue de una
fuerza digna de crédito para asegurar la precaria cesación de las hostilidades,
emprendió un recorrido de 11 días por Europa y el Oriente Medio. Entre
sus objetivos estaba asegurar el envío de contingentes; agilizar el retiro
de las tropas israelíes y el despliegue de las Fuerzas Armadas libanesas;
convencer a Israel de que levantara su bloqueo al Líbano; y encontrar
un mecanismo para facilitar la liberación de los soldados israelíes capturados
y de los prisioneros libaneses.
En Bruselas, el Secretario General trabajó con líderes europeos para
crear una fuerza necesaria para el Líbano meridional. Se marchó con la
promesa de que se enviarían cerca de 7.000 efectivos europeos, aproximadamente
la mitad del número total autorizado para reforzar a la FPNUL. Además
de las promesas de ‘tropas sobre el terreno’, también se le prometió
al Secretario General que habría ‘buques en el mar’ mediante el establecimiento
propuesto de la presencia marítima más grande en la historia de las Naciones
Unidas.
Conseguir que Israel levantase su bloqueo al Líbano resultó ser la tarea
más difícil, pero finalmente la persistencia del Secretario General rindió
sus frutos. Mientras funcionarios israelíes expresaban su preocupación
sobre si la comunidad internacional podría frenar la entrega de armamentos
a Hezbolá, el Secretario General intensificaba sus gestiones diplomáticas.
Diez días más tarde, después de reuniones con líderes de la región y
conversaciones telefónicas con líderes mundiales y con las partes involucradas,
Israel finalmente aceptó un levantamiento completo del bloqueo.
Encontrar un mecanismo para lograr la liberación de los soldados israelíes
capturados y de los prisioneros libaneses era igualmente una de las máximas
prioridades para el Secretario General. Después de celebrar consultas
con Israel y el Líbano, nombró a un intermediario que se encargaría de
hallar con las dos partes una solución mutuamente aceptable.
Durante su recorrido, el Secretario General ratificó que esperaba que
sus esfuerzos hacia la estabilización de la situación en el Líbano, y
relaciones entre el Líbano e Israel, de igual forma contribuyeran a resolver
otros conflictos en la región - en particular la situación de Palestina
y del Golán.
Mientras se esperaba una decisión del Consejo sobre qué tipo de fuerza
militar (dirigida por las Naciones Unidas o multinacional) sería responsable
de mantener la paz provisional, el DOMP inició conversaciones con países
que pudieran aportar contingentes acerca del número de efectivos de la
futura misión, las necesidades y las normas para entablar combate.
Tan pronto se adoptó la decisión sobre el reforzamiento de la FPNUL,
las conversaciones tomaron un nuevo cariz. Era obvio que las normas para
entablar combate de la FPNUL debían permitir a las fuerzas tomar las
debidas represalias, si la situación en el Líbano meridional presentase
algún riesgo de reanudación de hostilidades. Se acordó que, además de
ejercer el derecho inherente de legítima defensa, todo el personal de
la FPNUL podría aplicar la fuerza para asegurarse de que su zona de operaciones
no se utilizara para actividades hostiles; resistir tentativas de impedir
a la FPNUL el desempeño de sus obligaciones previstas en el mandato del
Consejo de Seguridad; proteger al personal de las Naciones Unidas, sus
instalaciones, servicios básicos y su equipo; garantizar la seguridad
y la libertad de circulación del personal de las Naciones Unidas y de
servicios humanitarios; y proteger a los civiles bajo amenaza inminente
de violencia física en las zonas donde se hallaban desplegados, dentro
de los límites de sus capacidades.
El equipo de tareas marítimo de la FPNUL asumió la responsabilidad de
apoyar a la Marina de Guerra del Líbano en la vigilancia de sus aguas
territoriales, asegurar el litoral libanés e impedir el contrabando de
armas. Con más de 1.600 marinos provenientes de Alemania, Dinamarca,
Grecia, Noruega, los Países Bajos, Suecia y Turquía, el equipo de tareas
marítimo es la fuerza marítima más grande que jamás haya prestado servicios
bajo la bandera de las Naciones Unidas.
La velocidad sin precedentes del despliegue de la fuerza de mantenimiento
de la paz de las Naciones Unidas, de 2.000 a 8.000 en menos de dos meses,
con normas para trabar combate bien definidas, posibilitó el retiro de
tropas israelíes y el despliegue de las Fuerzas Armadas del Líbano hasta
la Línea Azul, por primera vez en decenios. La FPNUL organizó reuniones
tripartitas entre las partes, las primeras en años, para asegurar que
este proceso se llevase a cabo sin grandes obstáculos. Mientras tanto,
el personal de remoción de minas de la FPNUL y el Servicio de Actividades
relativas a las Minas de las Naciones Unidas empezó el trabajo de limpiar
la zona de artefactos explosivos sin explotar, incluidas las bombas en
racimo, y de esta forma minimizó el peligro que representaban para centenares
de miles de libaneses que regresaban a toda prisa a sus hogares en el
sur.
La decisión del Consejo de Seguridad de fortalecer a la FPNUL en vez
de reemplazarla con un tipo diferente de fuerza multinacional representó
un voto de confianza en la labor de mantenimiento de la paz de las Naciones
Unidas. En los últimos años, el Consejo de Seguridad había solido asignar
las operaciones militares internacionales de mantenimiento de la paz
de más importancia a la OTAN o "a la coalición de países dispuestos a
actuar", en cambio los efectivos que han prestado servicios bajo la bandera
de las Naciones Unidas, en Kosovo, Afganistán, Irak y Timor-Leste, sirven
de ejemplos actuales. Pero lo que ocurrió en el sur del Líbano, hizo
que el Consejo de Seguridad cayera en cuenta de que las fuerzas de mantenimiento
de la paz de las Naciones Unidas eran la única opción viable, lo que
demostró una vez más que los Cascos Azules siguen siendo un valioso instrumento
para que la comunidad internacional pueda resolver las crisis que amenazan
la paz y la seguridad internacionales.
La decisión de Europa de aportar contingentes para reforzar a la FPNUL
no sólo demostró el apoyo del continente a los pueblos del Líbano e Israel,
sino que además significó que Europa volvía a asumir un papel destacado
en el mantenimiento de la paz de las Naciones Unidas. Francia e Italia
aumentaron sustancialmente sus contribuciones a la FPNUL, a los que se
sumaron soldados de otros 20 países tanto de Europa como de otras partes.
Antes de este despliegue considerable de Cascos Azules en el Líbano,
menos del 6 % del total de fuerzas de mantenimiento de la paz de las
Naciones Unidas que prestaban servicios en todo el mundo provenían del
continente, una diferencia considerable respecto del número de europeos
que prestaban servicios en el mantenimiento de la paz diez años antes.
De hecho, los 7.000 efectivos que se enviarían al Líbano duplicaban con
creces el total de militares aportados por países europeos o de la OTAN
a las demás misiones de mantenimiento de la paz de las Naciones Unidas.
En un arreglo excepcional, los países que aportan contingentes a la FPNUL
proporcionaron un total de 33 oficiales y personal para la sección militar
estratégica de la misión en la sede de las Naciones Unidas, que orienta
en asuntos militares de nivel estratégico para las fuerzas sobre el terreno.
La aplicación de la resolución 1701 sigue siendo un barómetro de la voluntad
de la comunidad internacional y las partes sobre el terreno para llevar
adelante una paz positiva en la región. Como señaló el Secretario General,
este compromiso nuevo y bienvenido debe estar a la altura del apoyo técnico
y la asistencia que se prestan no sólo al Líbano e Israel, sino a toda
la región del Oriente Medio.