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La lucha entre Eritrea y Etiopía comenzó en
mayo de 1998 como consecuencia de una controversia relativa a las
fronteras. El Secretario General contactó inmediatamente con los
dirigentes de ambos países, pidiendo encarecidamente prudencia y
ofreciendo ayuda para resolver el conflicto por medios pacíficos.
Solicitó al Embajador Mohamed Sahnoun (Algeria), su Enviado Especial
en África, que ayudase en las actividades de mediación de la
Organización de la Unidad Africana (OUA).
En la cumbre de la
OUA que se celebró en Argel en julio de 1999, ambas partes aceptaron
el documento de las Modalidades para la aplicación del Acuerdo Marco
de la OUA, en el que Eritrea se comprometía a "redesplegar sus
fuerzas a las posiciones que ocupaban antes del 6 de mayo de 1998".
Etiopía se comprometió a "redesplegar después, sus fuerzas de las
posiciones que ocuparon despué del 6 de febrero de 1999, y que no
estaban bajo la administración etíope antes del 6 de mayo de
1998."Tras posteriores consultas con las partes afectadas, el Sr.
Ahmed Ouyahia, Enviado Especial del Presidente en ejercicio de la
OUA, el Embajador Mohamed Sahnoun y el Sr. Anthony Lake,
representante del Presidente de los Estados Unidos de América,
revisaron y finalizaron un documento titulado "Arreglos técnicos
para la aplicación del Acuerdo Marco de la OUA y sus modalidades".
Dicho documento solicitaba el establecimiento de una Comisión
Neutral que determinase las zonas concretas de las que ambos
partidos debían redesplegarse. Los arreglos técnicos establecían que
se desplegase observadores militares, entre otros, para verificar
los redespliegues previstos y solicitaban la desmilitarización y la
delimitación de toda la frontera común entre los dos países. Eritrea
anunció su aceptación del documento; Etiopía se reservó su opinión y
solicitó aclaraciones, al tiempo que reafirmaba su compromiso con
una solución pacífica del conflicto. La mediación internacional
continuó, pero la tensión en la frontera siguió siendo grande y se
temía que las hostilidades volviesen a empezar y, posiblemente,
extenderse, desarraigando a más personas a las que, hasta entonces,
el conflicto no había afectado directamente.
La Misión del Consejo de Seguridad en la región
Dentro de su viaje por África, la misión especial
del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, formada por siete
miembros, visitó Addis Abeba, Etiopía, y Asmara, Eritrea, en los
días 8 y 9 de mayo de 2000 respectivamente. La misión, encabezada
por el Representante Permanente de los Estados Unidos de América, el
Sr. Richard Holbrooke, incluía a los Srs. Jean-David Levitte
(Francia), Moctar Ouane (Mali), Martin Andjaba (Namibia), A. Peter
van Walsum (Países Bajos), Said Ben Mustapha (Túnez) y Jeremy
Greenstock (Reino Unido). La misión mantuvo conversaciones con el
Primer Ministro de Etiopía, el Sr. Meles Zenawi, el 8 de mayo, y con
el Presidente de Eritrea, el Sr. Isaias Afwerki, al día siguiente.
Las conversaciones versaron sobre las maneras de encontrar una
solución pacífica al conflicto y de impedir que la lucha
recomenzase.
Reanudación de la lucha
A pesar de todos los esfuerzos, la lucha entre
Eritrea y Etiopía se reanudó el 12 de mayo de 2000. En su resolución
1297, adoptada ese mismo día, el Consejo de Seguridad expresó su
consternación por la reanudación de los combates y subrayó que el
nuevo estallido de violencia tenía una seria implicación humanitaria
para la población civil de ambos países. El Secretario General
emitió una declaración condenando la reanudación de la lucha a gran
escala y urgió a ambos países a que cesasen las hostilidades
inmediatamente y a que retomasen el proceso de negociación.
Sanciones impuestas a ambos países
El 17 de mayo de 2000, el Consejo de Seguridad
adoptó la resolución 1298 por la cual imponía medidas destinadas a
evitar el suministro a ambos países de armas o la asistencia para
tal fin. El Consejo exigió que se volviesen a convocar lo antes
posible, sin condiciones previas, conversaciones de paz sustantivas,
bajo los auspicios de la OUA, sobre la base del Acuerdo Marco y las
Modalidades y de la labor realizada por la OUA hasta el momento, en
las que se concertaría una solución pacífica y definitiva del
conflicto.
Según esta resolución, el Consejo "decide que
todos los Estados impidan" la venta o suministro a Eritrea y Etiopía
de armas, municiones, vehículos militares, equipo y piezas de
repuesto, así como la prestación a los dos países de asistencia o
capacitación técnicas relacionadas con la fabricación o la
utilización de armas.
Aspectos humanitarios
Para marzo de 2000, se calculó que la guerra había
afectado a más de 370.000 eritreos y aproximadamente a 350.000
etíopes. La situación humanitaria en zonas de Etiopía se había
agravado a causa de la dura sequía, que dio lugar a una importante
crisis alimentaria, la cual afectó a casi 8 millones de personas.
Las agencias humanitarias de la ONU prepararon programas para ambos
países, con el fin de movilizar recursos internacionales para
intervenciones de emergencia multisectoriales.
El 31 de marzo
de 2000, el Secretario General nombró a la Sra. Catherine Bertine,
Directora Ejecutiva del Programa Mundial de Alimentos (PMA), como su
Enviado Especial para la Sequía en el Cuerno de África, a la que se
solicitó que viajase al Cuerno de África y que sensibilizase la
opinión pública sobre el empeoramiento de la situación y la
creciente amenaza de hambruna. Asimismo, debía lograr el compromiso
de los gobiernos y de las otras partes para proveer accesos seguros
a organismos humanitarios, examinar las dimensiones de la crisis a
nivel regional y a nivel específico del país y tratar los asuntos de
logística.
En un desarrollo paralelo, el Secretario General
anunció el 7 de abril la creación de un grupo de tareas para tratar
la respuesta de las Naciones Unidas a emergencias y necesidades
alimentarias a largo plazo en el Cuerno de África. El Grupo de
tareas para objetivos a largo plazo de seguridad alimentaria,
desarrollo agrícola y aspectos relacionados en el Cuerno de África
está presidido por la Organización de las Naciones Unidas para la
Agricultura y la Alimentación (FAO). La Sra. Bertini visitó el
Cuerno de África, incluidas Eritrea y Etiopia, del 10 al 19 de abril
de 2000. Tras inspeccionar la región y mantener conversaciones con
altos funcionarios gubernamentales del lugar, el Enviado Especial
del Secretario General dijo que se podía evitar la hambruna en
África con una "rápida" respuesta internacional. Señaló cinco
cuestiones prioritarias: el agua, los medicamentos básicos, la ayuda
alimentaria, el apoyo de seguridad y técnico en el transporte y la
infraestructura para asegurar la distribución de la ayuda. Según la
Sra. Bertini, "La comunidad internacional tiene una oportunidad poco
común de prevención". Sin embargo, añadió que "la sincronización es
totalmente decisiva" para prevenir un desastre.
Con la
reanudación de las hostilidades entre Etiopía y Eritrea en mayo de
2000, la situación en la región se hizo incluso más crítica. El 19
de mayo de 2000, el Secretario General de las Naciones Unidas
declaró estar "profundamente preocupado" por el impacto de la nueva
lucha sobre la ya crítica situación humanitaria de cientos de miles
de inocentes en ambos países. En una declaración realizada por su
Portavoz, el Secretario General calificó de "trágico" el programa
militar a gran escala, con un gran número de civiles huyendo de la
lucha en Eritrea, lo que se añade al problema humanitario en la
región. Asimismo, respaldó las llamadas de la comunidad
internacional a una inmediata cesación de la lucha y al
restablecimiento de la paz. También expresó su gratitud a los
donantes que habían seguido satisfaciendo las necesidades urgentes
de víctimas inocentes, y deseó que esta ayuda continuase llegando
durante la búsqueda de una solución duradera para la crisis.
Acuerdo de Cesación de Hostilidades
Mientras tanto, se reanudaron en Argel el 30 de
mayo las conversaciones indirectas entre Etiopía y Eritrea, bajo la
presidencia del Ministro de Justicia de Argelia y del Enviado
Personal del Presidente en ejercicio de la OUA. Dichas
conversaciones culminaron con la firma, el 18 de junio de 2000, del
Acuerdo de Cesación de Hostilidades entre Eritrea y Etiopía por los
Ministros de Relaciones Exteriores de ambos países, bajo los
auspicios del Presidente Abdelaziz Bouteflika de Argelia, en calidad
de Presidente en ejercicio de la OUA. Las conversaciones contaron
con la asistencia del Enviado Personal de la Presidencia de la Unión
Europea, el Sr. Rino Serry, y del representante del Presidente de
los Estados Unidos de América, el Sr. Anthony Lake.
El
Acuerdo obligaba a las partes a una cesación inmediata de las
hostilidades. Asimismo, las partes reafirmaron su aceptación del
Acuerdo Marco de la OUA y sus modalidades. En el Acuerdo, las partes
solicitan a las Naciones Unidas que, en cooperación con la OUA,
establezcan una misión de mantenimiento de la paz para prestar
asistencia en la aplicación del Acuerdo.
Creación de la Misión de las Naciones Unidas
En su informe del 30 de junio de 2000 (S/2000/643) al Consejo de Seguridad, el Secretario
General describió el Acuerdo como el primer paso, aunque de
extremada importancia, hacia el restablecimiento de la paz entre los
dos países. Informó al Consejo de su intención de enviar un número
"apropiado" de oficiales de enlace a cada capital, a lo que seguiría
el despliegue de un grupo de observadores militares. Se previó el
despliegue gradual de hasta 100 observadores militares de las
Naciones Unidas en cada país durante los dos meses siguientes, en
espera del establecimiento de una operación de mantenimiento de la
paz de las Naciones Unidas.
El 31 de junio, el Consejo de
Seguridad, por su resolución 1312 (2000), ), decidió establecer la
Misión de las Naciones Unidas en Etiopía y Eritrea (MINUEE),
integrada por hasta 100 observadores militares y el personal civil
de apoyo necesario en previsión de una operación de mantenimiento de
la paz, con sujeción a una autorización futura. El mandato de la
misión consistiría en las siguientes tareas: establecer y mantener
enlace con las partes; visitar los cuarteles generales y demás
unidades militares de las partes en todas las zonas en que el
Secretario General lo estimase necesario; establecer y poner en
funcionamiento el mecanismo para verificar la cesación de
hostilidades; hacer los preparativos necesarios para el
establecimiento de la Comisión Militar de Coordinación prevista en
el Acuerdo de Cesación de Hostilidades; y prestar asistencia para la
planificación de operaciones futuras de mantenimiento de la
paz.
Asimismo se solicitó al Secretario General que
continuase la planificación de una operación de mantenimiento de la
paz y que comenzase a tomar las medidas administrativas necesarias
para organizar dicha misión, cuya autorización estaría sujeta a una
decisión futura del Consejo.
En su informe al Consejo de
Seguridad del 9 de agosto, el Secretario General subrayó el mandato
de la MINUEE ampliada y recomendó un contingente militar total de
4.200 efectivos, incluidos 220 observadores militares, tres
batallones de infantería y las unidades de apoyo necesarias, para
vigilar la cesación del fuego y el trazado de la frontera entre
Etiopía y Eritrea.
El informe, basado en las conclusiones de
la misión de reconocimiento de las Naciones Unidas enviada a la
región, recomendaba que, debido a la insuficiente infraestructura y
a las dificultades del terreno, la misión utilizase aviones y
helicópteros, así como efectivos de tierra y vehículos blindados de
transporte de tropas. La MINUEE tendría "componentes político,
militar, de información pública, de desminado y administrativo e
incluiría un mecanismo para coordinar sus actividades con las de la
comunidad de asistencia humanitaria". La Misión y los equipos de las
Naciones Unidas en ambos países estarían dirigidos por un
Representante Especial, que ejercería la autoridad general y que
mantendría estrechos contactos con los líderes políticos y militares
de los Gobiernos de Etiopía y Eritrea, así como con la OUA. Se
estableció que sedes regionales en Mendefera, al oeste de Eritrea, y
en Mekele, al norte de Etiopía, complementaran las oficinas en Addis
Abeba y en Asmara.
La Misión se desplegaría en tres etapas.
La primera etapa, ya iniciada, desplegaría oficiales de enlace en
ambas capitales. En la segunda etapa, se desplegaría un máximo de
100 observadores militares y el equipo de apoyo que fuera necesario.
En la tercera etapa, se desplegaría toda la operación de
mantenimiento de la paz, una vez que hubiera sido autorizada por el
Consejo de Seguridad. En su resolución 1320 del 15 de septiembre de
2000, el Consejo de Seguridad acogió con satisfacción el informe del
Secretario General de 9 de agosto de 2000 y autorizó el despliegue
en la UNIMEE de hasta 4.300 efectivos hasta el 15 de marzo de
2001.
Firma del Acuerdo General de Paz
Mientras tanto, las partes continuaron las
negociaciones destinadas a una solución pacífica final y completa
del conflicto. Las conversaciones, facilitadas por el Presidente
Bouteflika de Argel, resultaron en la firma en Argel, el 12 de
diciembre de 2000, de un Acuerdo General del Paz entre Etiopía y
Eritrea. En su discurso de la ceremonia de firma, el Secretario
General acogió el Acuerdo como una "victoria para la voz de la
razón, para el poder de la diplomacia y para el reconocimiento de
que ninguno de esos países, ni el contingente como conjunto, puede
permitirse otra década, otro año, otro día de conflicto". "Las
Naciones Unidas y la comunidad internacional están decididas a
trabajar estrechamente con las partes para asegurar la aplicación
tanto del Acuerdo del 18 de julio como del firmado hoy, con el fin
de que se alcance una paz duradera y se empiece la reconstrucción,"
dijo el Secretario General. Subrayó que la MINUEE cumpliría sus
funciones con prontitud. "Tenemos un trabajo que realizar, lo
haremos de manera efectiva y eficiente, y entonces nos retiraremos",
añadió. El Secretario General, que visitó Etiopía y Eritrea con
anterioridad a la firma del Acuerdo, también llamó la atención sobre
la crisis humanitaria a la que se enfrentaban ambos
países.
Al firmar el Acuerdo de Paz el día 12 de diciembre,
las partes se comprometieron a poner "fin permanentemente a las
hostilidades militares entre ellas" y a abstenerse de la amenaza o
del uso de la fuerza contra la otra. El Acuerdo, entre otras cosas,
solicita la creación de una Comisión de Fronteras neutral "con el
mandato de delimitar y demarcar la frontera resultante de tratados
coloniales pertinentes", prevé la creación de una Comisión de
Reclamaciones imparcial que decidiría sobre las reclamaciones de
ambas partes y exige una investigación independiente sobre los
orígenes del
conflicto. |