| Información básica
En muchos grupos de población subatendidos, las mujeres tienen considerables necesidades en lo relativo a la salud mental. Sin embargo, hasta hace pocos años, la concepción de la salud mental de la mujer había sido muy limitada, al igual que los intentos de protegerla y promoverla. Cuando se han tratado asuntos referentes a la salud de la mujer en estas poblaciones, las actividades se han centrado principalmente en cuestiones relacionadas con la reproducción, tales como la planificación de la familia y la procreación, pero apenas se ha prestado atención a la salud mental. (OMS, 1993; OMS, 1995).
Las mujeres son fundamentales en todas las esferas de la sociedad. Sin embargo, debido a la gran cantidad de funciones que han de desempeñar en la misma, corren un mayor riesgo de padecer problemas mentales que el resto de los miembros de su comunidad. Las mujeres han de asumir la gran responsabilidad que entraña el hecho de ser esposas, madres y cuidadoras de los demás. Constituyen una parte cada vez más esencial de la población activa. De hecho, entre un cuarto y un tercio de los hogares cuentan con ellas como principal fuente de ingresos (OMS, 1995).
Además de estar sometidas a múltiples presiones, las mujeres han de enfrentarse a la discriminación por motivos de género y a sus consecuencias, tales como la pobreza, el hambre, la malnutrición y el trabajo excesivo. Una manifestación extrema, pero frecuente, de la desigualdad entre los sexos es la violencia sexual y doméstica contra las mujeres. Estas formas de violencia sociocultural contribuyen a la elevada prevalencia de los problemas mentales en las mujeres.
Principales trastornos y problemas mentales de las mujeres
Las investigaciones sobre los problemas mentales, de comportamiento y sociales más generalizados en la comunidad han revelado que las mujeres son más propensas que los hombres a padecer trastornos mentales específicos. Los más comunes son la ansiedad, la depresión, las secuelas de la violencia doméstica y sexual, y el consumo de sustancias, que está aumentando vertiginosamente.
Trastornos mentales
Las tasas de prevalencia de la depresión y de los trastornos de ansiedad, así como del agotamiento psicológico, son más elevadas en el caso de las mujeres que en el de los hombres. Estos datos coinciden en una serie de estudios realizados en diferentes países y asentamientos (Desjarlais et al, 1995). Además de ser más propensas a la depresión y a la ansiedad, las mujeres corren un mayor riesgo de padecer trastornos obsesivo-compulsivos, somáticos y de pánico (Russo, 1990). Entre los hombres, en cambio, son más frecuentes el diagnóstico de personalidad antisocial y la adicción al alcohol. Las diferencias entre los sexos en lo relativo a los trastornos mentales se aprecian claramente en el caso de la depresión (Russo, 1990). Los datos obtenidos en un estudio realizado por el Banco Mundial revelan que, en los países en desarrollo, aproximadamente el 30% de los casos de discapacidad por trastornos neuropsiquiátricos en las mujeres se debe a la depresión, mientras que en el caso de los hombres la proporción es de 12,6%. La disparidad entre las tasas correspondientes a los hombres y las relativas a las mujeres suele ser aún más pronunciada en los grupos de población subatendidos (Banco Mundial, 1993).
Diferencias entre los sexos en cuanto a los trastornos mentales
Se han tratado de explicar las diferencias entre los sexos respecto a los trastornos mentales en función de los diferentes comportamientos de los hombres y las mujeres en el momento de buscar ayuda, de las diferencias biológicas, de las causas sociales y de la distinta forma de reconocer y enfrentarse al agotamiento(Paykel, 1991). Según Blue et al, 1995, todos estos factores pueden contribuir a que las tasas de depresión o de problemas psicológicos sean más elevadas entre las mujeres, pero las causas sociales parecen ser las más importantes. Las mujeres que viven en malas condiciones sociales y ambientales, con un bajo nivel de educación y de ingresos, y con unas difíciles relaciones familiares y conyugales, son mucho más propensas a padecer trastornos mentales que el resto. Estos autores concluyen que el efecto combinado del género y la baja condición socioeconómica determina de manera decisiva la mala salud mental (Blue et al, 1995).
Promoción de la salud mental de la mujer
Es indispensable determinar cómo se configuran en cada país o en cada comunidad los factores socioculturales, económicos, legales, infraestructurales y ambientales que influyen en la salud mental de la mujer. Se debe adoptar un modelo social de la salud basado en el género que permita investigar los principales determinantes de la salud mental de la mujer con el objetivo de contribuir a la mejor y más eficaz promoción de la misma. Asimismo, es preciso examinar los factores de riesgo de los trastornos mentales y las acciones necesarias para conseguir una buena salud mental. También resultaría conveniente, siempre que sea posible, realizar una distinción entre las oportunidades que tiene cada mujer de actuar de manera individual y de cambiar su comportamiento y aquellas que dependen de factores que escapan a su control.
Para aclarar el significado que las propias mujeres atribuyen a la salud mental y a las diferentes formas de angustia psicológica, las investigaciones cualitativas deben superar a las cuantitativas. Las descripciones de las situaciones de la vida, los estudios monográficos y los testimonios directos de las propias mujeres pueden dar una idea más clara de los contextos en los que se producen la angustia emocional, la depresión, la ansiedad y el resto de los trastornos psicológicos. Los testimonios de primera mano sobre las experiencias de pobreza, desigualdad y violencia ayudarán a tener un conocimiento más exacto de los obstáculos estructurales a los que han de enfrentarse las mujeres cuando intentan controlar los factores determinantes de su salud mental y cambiar su comportamiento. Se necesitan ambos tipos de investigación para realizar una promoción más fundada de la salud mental de la mujer.
Los investigadores, los profesionales de la salud y los encargados de formular políticas han de tener en cuenta las opiniones de las mujeres y el significado que éstas atribuyen a sus experiencias. Sin ellas, se entorpecerán tanto la investigación y las pruebas que ésta aporta como la prestación de servicios y la formulación de políticas, por lo que no se podrá responder de manera eficaz a las prioridades sanitarias de las mujeres ni a sus problemas y necesidades más importantes. Además, los profesionales mencionados anteriormente seguirán desconociendo la naturaleza y la magnitud de las necesidades a las que es necesario atender y no serán conscientes de los factores que influyen en la utilización de los servicios de salud por parte de las mujeres.
La identificación y la modificación de los factores sociales que influyen en la salud mental de la mujer posibilitarán la prevención primaria de determinados trastornos mentales.
DOCUMENTOS RELACIONADOS:
- Women’s mental health: an evidence based review [pdf 552kb]*
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