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OMS (Organización Mundial de la Salud)

Los derechos humanos, la mujer y el VIH/SIDA

Información básica

En muy pocos lugares del mundo se respeta el derecho de la mujer a mantener relaciones sexuales seguras y a decidir de manera autónoma sobre las cuestiones relativas a su sexualidad.

Puesto que este derecho está estrechamente relacionado con la independencia económica, se viola más en aquellos lugares en los que el sexo constituye para las mujeres una forma de supervivencia. No se trata de prostitución, sino más bien de un acuerdo social y económico básico entre ambos sexos que se debe, por una parte, a la pobreza que afecta tanto a hombres como a mujeres y, por otra, al control que ejercen los hombres sobre la vida de las mujeres en los entornos pobres.

Generalmente, la mayoría de los hombres, por muy pobres que sean, pueden elegir cuándo, con quién y con qué tipo de protección, en el caso de que la utilicen, mantienen relaciones sexuales. La mayoría de las mujeres no puede hacerlo.

Por lo tanto, nuestra premisa fundamental debe ser la siguiente: a menos que el alcance de los derechos humanos se haga extensivo a la seguridad económica (por ejemplo, el derecho de no vivir en condiciones de pobreza extrema en un mundo de grandes ricos), será imposible hacer realidad el derecho de la mujer a una sexualidad segura.

El Ministro de Sanidad de uno de los países del África Meridional ha declarado este año que las mujeres tienen derecho a mantener relaciones sexuales en condiciones que no pongan en peligro su vida. Éste podría ser el principio rector de todo nuestro trabajo en lo relativo al VIH/SIDA y al resto de enfermedades de transmisión sexual.


Principales problemas

  • Falta de control sobre la propia sexualidad y sobre las relaciones sexuales (ver arriba).
  • Deficiente salud sexual y reproductiva que provoca elevada morbilidad y mortalidad. Las tasas de infección en las mujeres jóvenes (de 15 a 19 años) son entre cinco y seis veces más altas que en los hombres del mismo grupo de edad, según indican los estudios realizados recientemente en varias poblaciones africanas.
  • Desatención de las necesidades de salud, de la nutrición, de la asistencia médica, etc. El acceso de las mujeres afectadas por el VIH/SIDA a los servicios de cuidado y apoyo (en el caso de que lleguen a recibirlos) es tardío y muy limitado. Los recursos de los que dispone la familia se destinan casi siempre a la atención del hombre. Las mujeres, aunque ellas mismas estén infectadas, ejercen la función de cuidadoras.
  • Tratamiento clínico basado en investigaciones sobre pacientes varones. Este año está previsto actualizar las directrices e iniciar un módulo relativo al tratamiento clínico del VIH/SIDA en las mujeres.
  • El sexo bajo coerción en todas sus formas, desde las violaciones hasta las obligaciones culturales y económicas de mantener relaciones sexuales no deseadas, aumenta el riesgo de sufrir microlesiones y, por consiguiente, de contraer el VIH u otras infecciones de transmisión sexual.
  • Prácticas culturales perjudiciales, que incluyen desde la mutilación genital hasta el “sexo seco”.
  • Estigmatización y discriminación relacionadas con el SIDA (y con todas las enfermedades de transmisión sexual). Este problema alcanza una mayor magnitud en el caso de las mujeres, que se exponen a la violencia, al abandono, a la falta de atención (tanto en lo referente a la salud como a las necesidades materiales), a la destitución y al aislamiento de la familia y de la comunidad. Lo que es más, a menudo se culpa a las mujeres de la propagación de la enfermedad y se las considera el "vector" de transmisión de la misma, aun cuando la mayoría han sido infectadas por su único compañero o marido.
  • Adolescentes: acceso a la educación para la prevención (dentro y fuera de la escuela y mediante campañas realizadas por los medios de información), a los preservativos y a los servicios de salud reproductiva tanto antes como después de haber comenzado la actividad sexual. Promoción y protección de los derechos en materia de procreación de los adolescentes (en especial de las chicas). Obstáculos en materia de leyes y políticas, de prestación de servicios sanitarios, de actitudes y expectativas culturales en cuanto al comportamiento sexual de chicas y chicos, de prácticas culturales y de oportunidades de educación y de empleo.
  • Abuso sexual: aunque se ha subestimado su importancia como forma de transmisión del VIH, en la actualidad existen pruebas de que es la causa de que muchos niños (incluso algunos muy pequeños) contraigan el virus. Los hombres adultos buscan mujeres cada vez más jóvenes (menores de 15 años) para evitar la infección por el VIH, o si están ya infectados, para “curarse”.
  • Divulgación de los resultados, notificación a la pareja, confidencialidad. Estas cuestiones son más difíciles de tratar para las mujeres que para los hombres debido, como se ha explicado anteriormente, a las consecuencias negativas que pueden traer consigo y al hecho de que las mujeres normalmente han sido contagiadas por su único compañero o marido.
  • Debido a que la divulgación resulta más difícil para las mujeres, el acceso de éstas al cuidado y al apoyo es mucho más limitado. Los servicios de consulta y pruebas voluntarias son fundamentales como punto de acceso a la atención y a la prevención. Resulta imprescindible garantizar la protección de las mujeres una vez que revelan su condición de seropositivas. Durante este año hemos trabajado intensamente con ONUSIDA sobre las cuestiones relativas a la divulgación y la confidencialidad. HSI ha elaborado un documento de preguntas y respuestas que se publicará dentro de poco.

Cuestiones de derechos humanos referentes a la transmisión de la madre al niño.
  • Consentimiento informado para la realización de pruebas durante el embarazo, para la propia intervención y para la interrupción o continuación del embarazo.
  • Asesoramiento anterior a la prueba; asesoramiento e información previos a la intervención; consejos sobre la alimentación de los niños lactantes y sobre anticonceptivos, principalmente si no se está amamantando al bebé.
  • Protección de la confidencialidad, incluida la compartida, en beneficio del cuidado y del apoyo; problemas al no amamantar al bebé, ya que esto equivale a la “revelación pública” de la condición de seropositiva. Disposiciones legales, servicios de salud y apoyo por parte de la comunidad y de las ONG.
  • Prestación de servicios de planificación de la familia, alimentos alternativos para el lactante que sustituyan a la leche materna, apoyo material para el combustible, el agua, etc., además de la propia intervención.
  • Participación del compañero o marido en todas las etapas, ya sean las consecuencias positivas o negativas.
  • Posibles efectos adversos del consumo de antirretrovirales, principalmente cuando una mujer infectada por el VIH se queda embarazada en repetidas ocasiones.
  • Acceso de las mujeres a la atención médica y al tratamiento, además de a la intervención para evitar la transmisión de la madre al hijo, la mujer considerada como vector para el niño.
  • Generación de huérfanos. Probabilidad de que los padres mueran. Si se produce el fallecimiento de la madre, existen muy pocas posibilidades de que el bebé sobreviva. La propia mujer debería ser tratada, al menos en lo que respecta a las enfermedades frecuentes asociadas al VIH.
  • Selección de las mujeres a las que se practicará la intervención para evitar la transmisión de la madre al hijo.

Diferencias entre los sexos en cuanto a los trastornos mentales

Se han tratado de explicar las diferencias entre los sexos respecto a los trastornos mentales en función de los diferentes comportamientos de los hombres y las mujeres en el momento de buscar ayuda, de las diferencias biológicas, de las causas sociales y de la distinta forma de reconocer y enfrentarse al agotamiento(Paykel, 1991). Según Blue et al, 1995, todos estos factores pueden contribuir a que las tasas de depresión o de problemas psicológicos sean más elevadas entre las mujeres, pero las causas sociales parecen ser las más importantes. Las mujeres que viven en malas condiciones sociales y ambientales, con un bajo nivel de educación y de ingresos, y con unas difíciles relaciones familiares y conyugales, son mucho más propensas a padecer trastornos mentales que el resto. Estos autores concluyen que el efecto combinado del género y la baja condición socioeconómica determina de manera decisiva la mala salud mental (Blue et al, 1995).

Fuente: OMS (Organización Mundial de la Salud)

(* inglés)

Éste no es un documento oficial de las Naciones Unidas.
Preparado y mantenido en español por la Sección del Sitio Internet de la ONU
de la División de Noticias y Medios de Información del Departamento de Información Pública.
El contenido de esta página es una traducción no oficial, elaborada con la participación
de la Facultad de Traducción de la Universidad de Salamanca.
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