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Discriminar es tratar a las personas desigual o injustamente por alguna razón que no puedan evitar o que no sea relevante para el asunto que se trata. Por ejemplo, pagar a dos personas un sueldo distinto por el desarrollo del mismo trabajo tan sólo porque una de ellas sea mujer, negra, musulmana, o hable con un acento distinto. Hay otros tipos de discriminación injusta (debida a tu religión, discapacidad, edad; a que hables una lengua distinta o a tus opiniones políticas.)
La discriminación por causa de la raza, el color de la piel o el origen ancestral se llama racismo.
La discriminación debida a que seas un hombre o una mujer (tu género) recibe el nombre de sexismo.
A menudo la discriminación se debe a que la gente realiza juicios sobre otras personas sin basarse en razones verídicas, es decir, tienen prejuicios. Por lo general, piensan que la otra persona es automáticamente inferior por el mero hecho de pertenecer a otra raza, religión, género, etc. Estereotipar significa asumir que todas las personas de un determinado grupo o segmento social poseen las mismas características. Si oyes a alguien decir: "Todos los/as (grupo X de personas) son vagos/as" (o ruidosos/as, o poco fiables), eso es un estereotipo.
El objetivo de las Naciones Unidas es ayudar a que todas las personas, individual o colectivamente, sean juzgadas con ecuanimidad y tratadas justamente. La ONU ha elaborado numerosas declaraciones y convenios con el fin de establecer los derechos de la persona.
El Artículo 1.3 de la Carta de la ONU dispone "[...] las libertades fundamentales de todos, sin hacer distinción por motivos de raza, sexo, idioma o religión".
Todos los países que sean miembros de la ONU deben hacer conocer a sus ciudadanos estos derechos, así como el modo de hacer uso de ellos. Conocer tus derechos es el primer paso para superar la discriminación.
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