Comunicados de Prensa
Necesidades humanitarias en Kenya
[ 25 de febrero del 2008 ]
EL CONSEJO DE SEGURIDAD HA AFIRMADO Que habrá que abordar las necesidades humanitarias en kenya durante varios meses, incluso si se alcanza una solución política
El Coordinador del Socorro de Emergencia, John Holmes, alerta de que las consecuencias de no adoptar una rápida resolución para la crisis política podría embellecer todo lo visto hasta ahora.
El Coordinador Humanitario de las Naciones Unidas informó esta mañana al Consejo de Seguridad de que habría que abordar las necesidades humanitarias resultantes de la violencia post-electoral en Kenya durante los próximos meses. Su propia oficina estimaba que se prolongaría al menos un año, aunque se llegase a una rápida y efectiva solución política a la crisis.
En un informe al Consejo sobre el viaje que realizaron a Kenya del día 8 al 10 de febrero, el Secretario General Adjunto de Asuntos Humanitarios y el Coordinador del Socorro de Emergencia, John Holmes, declararon que la organización reforzaría su presencia humanitaria y potenciaría su trabajo junto a la Cruz Roja de Kenya sobre la base de un análisis estratégico de las necesidades, un claro plan de acción y una planificación para una eventual emergencia en caso de deterioro de la situación. Las Naciones Unidas también tendrían que prestar especial atención a la reorientación de sus programas de desarrollo en Kenya para reflejar la necesidad de tratar los graves problemas subyacentes, que ya habían aflorado.
Por otro lado, recalcó que, sin una rápida resolución para la crisis política, existiría un gran riesgo de que se produjeran oleadas de violencia, más desplazamientos y una mayor polarización de la sociedad. "Las consecuencias humanitarias podrían embellecer todo lo visto hasta ahora", afirmó. Por ello, la responsabilidad de los políticos de todas las partes era de gran importancia, como también lo era la necesidad de mantener un gran apoyo de la comunidad internacional, incluyendo el Consejo.
Declaró que el objetivo principal de su viaje había sido la reafirmación del apoyo práctico de las Naciones Unidas al pueblo keniano y dejó claro que el peso total de la ONU recaía en el proceso de mediación dirigido por el ex-Secretario General de las Naciones Unidas, Kofi Annan. Otros objetivos habían sido dirigir la situación humanitaria en el propio territorio, dejar constancia a todos los interesados del compromiso de la organización de ofrecer ayuda completamente imparcial para los necesitados, así como asegurar que la comunidad humanitaria se encontraba plenamente preparada para los retos del futuro.
La violencia había causado la muerte de 1000 personas y desplazado de sus hogares a un mínimo de 300.000, afirmó. Alrededor de 270.000 personas de seis de las ocho provincias de Kenya permanecían en unos 200 campamentos y terrenos en Rift Valley, Nyanza, y en las provincias del oeste, del centro y de la costa. Se estima que un total de 500.000 personas siguen necesitando ayuda de emergencia. Además, también había 12.000 refugiados kenianos en Uganda. Hasta ahora se ha satisfecho gran parte de las necesidades humanitarias en los campamentos. La Sociedad Keniana de la Cruz Roja, junto a los servicios pertinentes del gobierno, ha encauzado la respuesta a esta situación. La estrategia inicial de las agencias humanitarias de las Naciones Unidas y las organizaciones no gubernamentales colaboradoras, que habían dado una pronta y efectiva respuesta, había consistido en apoyar esa respuesta nacional en un país en el que no faltan ni recursos ni una sociedad civil resistente.
A lo largo de las primeras caóticas semanas, los kenianos desplazados habían huido de un modo rápido e impredecible, empujados por la violencia, las amenazas, el temor y las habladurías. Algunos grupos se habían marchado a sus tierras natales tribales, por considerarlas lugares más seguros. Esto complicó enormemente la asistencia a los necesitados, incluso en comunidades de acogida. En la práctica, se han identificado tres tipos principales de desplazados: los primeros son los granjeros obligados a huir de su país y que permanecen en campamentos, iglesias y comisarías; los segundos son trabajadores emigrantes de Kenya occidental, que en su mayoría regresaron, al menos de modo temporal, a sus territorios nativos; por último, encontramos a los que viven en los suburbios del territorio Nairobi, que ahora estaban en los campamentos alrededor de Nairobi, sin saber cómo rehacer sus vidas.
La provincia del Rift Valley contaba con tres cuartos de los desplazados en Kenya, afirmó. Tras la visita a cinco campamentos en Nakuru y Molo, se había quedado estupefacto ante la labor de colaboración de las propias comunidades, el Gobierno, la Cruz Roja, los organismos de las Naciones Unidas y las organizaciones no gubernamentales para subsanar las necesidades inmediatas. No obstante, aún era necesario trabajar mucho para construir más campamentos y mejorar las condiciones en otros, aumentar la seguridad, la privacidad y la calidad de la ayuda. Había cundido el pánico y la gran mayoría se había ido sin nada y era reacia a volver debido a la inseguridad y el miedo. Muchos dijeron que querían rehacer sus vidas en otra parte, si bien eso planteaba grandes problemas "tanto de principio como de practicidad".
Común a todos los grupos de desplazados era la necesidad de ayuda y seguridad urgente, especialmente en el caso de mujeres y niños, afirmó. Había oído historias espantosas de asesinatos, violaciones e incendios. El motivo étnico de mucho de lo que había pasado estaba, por desgracia, claro. La acrecentada conciencia étnica y los temores se extendieron rápidamente entre gran parte de la sociedad keniana, lo que avivó la polarización. Resultaba obvio que la crisis de desplazamiento no desaparecería en su totalidad a corto plazo, incluso con un acuerdo político a lo largo de los siguientes días.
Volviendo a los asuntos "especialmente delicados" sobre el regreso plausible y el reasentamiento de desplazados internos, declaró que era normal desear ver a tanta gente como fuese posible regresando a sus casas cuanto antes, pero que aún había que trabajar mucho para reestablecer la confianza y la seguridad. Sin duda, resultaba de vital importancia adherirse de modo estricto a los principios de imparcialidad y voluntariedad, así como a la necesidad de realizar consultas plenas con los propios desplazados internos sobre su futuro.
"Estamos reforzando nuestras directrices a este respecto y trabajando con el Gobierno y la oposición de cara al futuro", declaró. Ya había enfatizado estos puntos en reuniones con el Gobierno y la oposición. El Ministro de Relaciones Exteriores y Programas Especiales había dado las gracias por ello y había, asimismo, expresado su gratitud por el apoyo prestado por las Naciones Unidas y la comunidad internacional. El Secretario General del Movimiento Democrático Naranja y su equipo humanitario habían hecho lo mismo y también habían puesto énfasis en la necesidad de prestar especial atención a aquellos que no poseían tierras y a los que tenían muchas posibilidades de permanecer en los campamentos durante cierto tiempo.
Continuó diciendo que, para un éxito real, se necesitaba tanto tiempo como voluntad política. Las reivindicaciones sobre el territorio, la propiedad y las grandes desigualdades económicas existentes desde hace décadas sólo podían tratarse en el contexto de un fuerte crecimiento demográfico y una disponibilidad limitada de tierra fértil. Por otro lado, habría que prevenir la manipulación política sobre la tierra y los asuntos tribales mediante una reforma constitucional y electoral para fomentar una representación más equitativa de los diversos intereses en el gobierno. Asimismo, es preciso que aquellos que hagan uso de la violencia, infrinjan los derechos humanos y no protejan a los civiles rindan cuentas por sus actos. Las Naciones Unidas podrían servir de gran ayuda en numerosas áreas mediante el fomento de medios de subsistencia, empleo para jóvenes y reconciliación entre comunidades a través de iniciativas a nivel local.
También en Nairobi le había recordado a la comunidad donante que la respuesta al plan humanitario internacional tan sólo había llegado a un 60 por ciento de los 42 millones de dólares estadounidenses que se habían solicitado, incluyendo una contribución de siete millones de dólares procedente del Fondo Central para la Acción en Casos de Emergencia. El limitado alcance de la respuesta resultaba preocupante. Por ende, durante las siguientes semanas, revisaría el plan de respuesta, y esperaría que los donantes respondiesen de un modo generoso mientras se desarrollaba la estrategia de acción.
Asimismo, destacó las profundas implicaciones regionales de la crisis, dado el antiguo papel de Kenya como principal centro de transporte en el África Oriental. Eso también significaba que gran parte de la ayuda y de las operaciones humanitarias dependían de Mombasa y se encontraban en riesgo de verse afectadas por la violencia y las alteraciones. Entre los efectos secundarios de la violencia, mencionó la subida de los precios del petróleo en Uganda, en la parte oriental de la República Democrática del Congo y en Burundi. Los organismos de ayuda se vieron obligados a estudiar vías alternativas ante las circunstancias actuales, pero una Kenya pacífica seguía siendo, sin ninguna comparación, la opción más deseada. Y es que estaban en juego grandes sumas.
La sesión se abrió a las 10.18 a.m. y se levantó a las 10.35 a.m.
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Fuentes: Comunicado de prensa SC/9263.*
*en inglés