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Comunicados de Prensa

Declaraciones

[ 8 de febrero del 2008 ]
  1. La operación híbrida de la Unión Africana y las Naciones Unidas en Darfur (UNAMID)
  2. Antecedentes  
  3. Reuniones informativas
  4. Declaración de la Unión Africana
  5. Declaraciones
  6. Observaciones finales

MICHEL KAFANDO (Burkina Faso) afirmó que se habían producido avances positivos en el despliegue de la misión. Las autoridades sudanesas han aceptado la ampliación del contingente con la participación de algunos países no africanos. Asimismo, había intención de firmar el acuerdo sobre el estatuto de fuerzas. La situación en Chad, que sigue siendo precaria, dio lugar a la posibilidad de un despliegue del EUFOR TCHAD/RCA (Operación Militar de la Unión Europea en Chad del Este y el Noroeste de la República Centroafricana) y la Misión de las Naciones Unidas en la República Centroafricana y en Chad (MINURCAT). Con esto se intensificarían los esfuerzos de la Misión de Darfur. No obstante, la vigilancia era necesaria, pues la situación humanitaria y la seguridad seguían empeorando.

Declaró que la población civil, principal víctima de la situación, centraba sus esperanzas en un rápido y eficaz despliegue de la Misión de la ONU y la Unión Africana para Darfur (UNAMID). Su país estaba preparado para formar parte de la operación con un contingente de 800 militares, o bien con un batallón completo. La situación en sí seguía siendo inquietante, como se puede comprobar en los recientes ataques contra Chad, la tensión creciente entre este país y Sudán, y las atrocidades cometidas por los grupos rebeldes. Todo ello hacía necesario el despliegue efectivo tanto de UNAMID como de MINURCAT en la región. Además, agradeció los esfuerzos de mediación encaminados a unificar los grupos armados. Cuarenta días después de la creación de UNAMID, sin embargo, el programa se quedó atrás y ya sólo había un deseo: que las "cosas fueran mejorando".

WANG GUANGYA (China) declaró que se había progresado en el despliegue de tropas en el marco de la operación UNAMID y que se habían mantenido conversaciones fructíferas acerca de asuntos técnicos. Los hechos han probado que los problemas podrían solucionarse siempre que las partes se sentasen a negociar con paciencia y buenas intenciones. La fuerza híbrida no contaba con tropas suficientes en tierra, la situación de la seguridad estaba empeorando y no se había podido distribuir el equipo. Habría que solucionar los problemas sobrevenidos mediante consultas, conforme al mecanismo tripartito como cauce principal. Asimismo, la comunidad internacional ha de proveer el personal y el material necesario, especialmente los bienes aéreos y de transporte. Cabe resaltar que el pueblo de Darfur aguarda con impaciencia el rápido despliegue de la fuerza híbrida.

Declaró asimismo que el acuerdo definitivo sobre el problema de Darfur dependería de un proceso político exitoso. Ante la falta de un acuerdo político de paz, no habría paz. Sin embargo, el proceso político dejó atrás las operaciones de mantenimiento de la paz, al haber ciertos grupos rebeldes que boicotearon las negociaciones. Por ello, hizo un llamamiento a estos grupos para que miren por el interés del pueblo de Darfur por encima de cualquier otra cosa y para que tomen las decisiones acertadas.


Las causas primordiales del conflicto eran la pobreza y el subdesarrollo, sin olvidar otro motivo clave: la polémica sobre el agua, dijo. La comunidad internacional debería tratar tanto los síntomas como las causas principales, y facilitar, al mismo tiempo, ayuda humanitaria y apoyo para el desarrollo. Habló de las contribuciones de China, entre las que se encuentran el envío de tropas y 18 millones de dólares en ayuda humanitaria.

MARTY M. NATALEGAWA (Indonesia) declaró que los rebeldes se habían concentrado en cinco facciones principales; de ahí que quepa la posibilidad de que se presenten en una plataforma común para las negociaciones. Resultaba imprescindible que todas las partes apoyasen y contribuyesen al proceso de paz, así como al cese de las hostilidades. Tanto esto como la adhesión al alto el fuego se trataba de una de las fases de las Conclusiones del 2006 de Addis Abeba que aún no se habían puesto en práctica. El proceso político constituía la piedra angular de los esfuerzos de la comunidad internacional en el caso Darfur.

El despliegue de UNAMID sólo resultaría tan eficaz como el proceso político al que iba encaminado a apoyar. Lo alentaban los avances en los acuerdos sobre el estatuto de las fuerzas y la composición de las tropas, y seguía confiando en la eficacia de los mecanismos tripartitos entre la Secretaría, la Unión Africana y el Gobierno de Sudán. Aquellos que nutrían de tropas a UNAMID deberían, no obstante, acelerar su despliegue. En esta línea, hizo un llamamiento a aquellos que podían contribuir al esencial transporte terrestre y aéreo. Las recientes incursiones rebeldes en Chad y las posibles ramificaciones de los esfuerzos en Darfur eran un recordatorio de los riesgos que podían suponer los retrasos en el proceso político de Darfur. Las relaciones entre Chad y Sudán resultaban básicas para la estabilidad de ambos países.

Suponía un especial motivo de consternación que el personal de ayuda humanitaria hubiera seguido siendo objetivo de la violencia y de los robos armados, afirmó. El consejo debería mostrarse fuerte y decidido para promover amplias medidas contra aquellos que atacan a estos trabajadores. Como es indudable, el progreso en todos los frentes de Darfur, tanto a nivel político, como humanitario, el alto al fuego o el mantenimiento de la paz, resultaban indispensables para alcanzar la paz general.

SAÚL WEISLEDER (Costa rica) comentó que la situación en Darfur suponía una gran preocupación para su país. La crisis humanitaria era la manifestación de una crisis política, y sólo se podría resolver mediante un proceso en el que se incluya a todas las partes. Así, urgió a todas ellas a superar sus diferencias por medio de la negociación.

Asimismo, afirmó que los estados miembros de las Naciones Unidas contaban con el derecho a gozar de su soberanía, pero también tenían la obligación de proteger a sus poblaciones civiles. De este modo, exhortó al Gobierno de Sudán a actuar respetando esa norma y condenó los abusos constantes que sufre la población. Además, declaró que el retraso en la suscripción del acuerdo sobre el estatuto de las fuerzas y el cumplimiento de las demás condiciones proyectaba una sombra en los esfuerzos del Consejo para resolver la crisis.

Por otro lado, se hizo eco de los constantes llamamientos del Secretario General a Sudán para que cumpliese todos los acuerdos necesarios, sin olvidar aquellos suscritos con los estados miembros para aportar el equipo necesario. En lo que respecta a los crímenes contra la humanidad, subrayó que era crucial que el Gobierno cooperase con la Corte Penal Internacional para llevar ante los tribunales a los responsables. Asimismo resaltó la necesidad de que el Consejo llevase a cabo una supervisión y una presión constantes y oportunas en todos esos ámbitos.

DUMISANI SSHADRACK KUMALO (República sudafricana) acogió con entusiasmo el progreso producido en noviembre y diciembre del 2007 en cuanto a la unificación de los esfuerzos de los movimientos, pero siguió mostrándose preocupado ante la fragilidad de las coaliciones. Si bien se estaba encauzando la prematura fragmentación de varias facciones rebeldes, también es cierto que no había grandes muestras de compromiso y algunos aún ponían condiciones previas para su participación. Por ello, animó a sus líderes a unirse al proceso político avanzando con rapidez hacia posturas comunes. Resulta claro que el Consejo de Seguridad debería poder emprender medidas firmes contra aquellos que retrasasen intencionadamente su participación y emprendiesen acciones violentas contra civiles inocentes en Darfur. Además, hizo un llamamiento a la comunidad internacional para hacer todo lo posible para que todos formasen parte del proceso, sin condiciones, pues las conversaciones de paz eran un elemento crítico para la solución del conflicto de Darfur.

Al tiempo que expresaba su gratitud por el progreso logrado hasta el momento en cuanto a las aplicación de la resolución 1769 (2007), exhortó a las Naciones Unidas, a la Unión Africana y al Gobierno de Sudán a acelerar el proceso para asegurar el despliegue completo de UNAMID. Por otro lado, elogió el progreso conseguido con la ultimación del acuerdo sobre el estatuto de las fuerzas. Puesto que el éxito de UNAMID depende directamente de la cooperación de todas las partes involucradas, subrayó la necesidad de un diálogo permanente entre las Naciones Unidas, la Unión Africana y el Gobierno de Sudán.

Se mostró desalentado por el fracaso en el proceso de creación de unidades de transporte aéreo y terrestre y declaró que tales competencias no sólo resultaban indispensables para el oportuno despliegue de la misión, sino también para la ejecución de su mandato. Otro asunto especialmente preocupante era la amenaza contra la población civil a lo largo de la frontera con Chad, así como los recientes intentos de desestabilizar este país por la fuerza. Habría que dar todos los pasos necesarios para certificar la seguridad de la población civil y de los desplazados en Darfur. Asimismo, sería necesario poner las condiciones para la ayuda humanitaria con el fin de llegar  a los sectores necesitados de la población. Su delegación seguía preocupada por la obstaculización en el proceso de búsqueda de un acuerdo político en Darfur, fruto del deterioro de la situación de seguridad en el territorio, así como por la reaparición de las tensiones entre Sudán y Chad. Por ello, no dejó de resaltar que la solución en Darfur residía en la consecución de un acuerdo político.

Añadió que existía un hilo de esperanza para la paz mediante el diálogo político y las negociaciones, y que resultaba necesario apoyar que un despliegue de las fuerzas de mantenimiento de la paz podría marcar la diferencia. La paz en Sudán es indivisible, y su delegación se sentía complacida por la estrecha coordinación entre UNMIS, UNAMID y los enviados especiales.

JEAN-MAURICE RIPERT (Francia) advirtió de que aún había que recorrer un largo camino hacia la paz en Darfur y el retorno de los desplazados. La continua violencia contra los civiles y el personal humanitario era un asunto preocupante, de modo especial desde que la situación humanitaria comenzó a deteriorarse. Francia condenó enérgicamente todo ataque contra el personal humanitario e hizo un llamamiento a todas las partes para que cesasen las hostilidades y permitiesen el acceso de la asistencia humanitaria. La Organización y la Unión Africana estaban haciendo todo lo posible para crear una fuerza poderosa y así infundir de nuevo la confianza entre la población. Por esto pidió a las autoridades sudanesas que apoyasen el despliegue. Las propuestas realizadas por el Departamento para el Mantenimiento de la Paz eran realistas y meritorias del apoyo del Consejo.

Asimismo, hizo un llamamiento para un rápido despliegue de las fuerzas de la Unión Europea (EUFOR) en Chad y en la República Centroafricana. UNAMID y MINURCAT iban a encontrarse con la misma crisis, una crisis que una frontera no podía detener. La comunidad internacional había condenado las recientes dificultades en Chad, causadas por las incursiones rebeldes, que habían retrasado el despliegue de EUFOR. Este podría haber sido, de hecho, el objetivo de los ataques. Por todo ello, no dejó de acoger con alegría la decisión de la Unión Europea de continuar las operaciones tan pronto como las condiciones lo permitieran.

Advirtió de que Darfur nunca lograría una estabilidad duradera sin un progreso político y animó a todas las partes a emprender medidas a favor de Darfur. Aquellos que continuaban perpetuando la violencia deberían abandonar las armas inmediatamente y sentarse a negociar. En esta línea, reiteró que había que tener en cuenta a la sociedad civil en el proceso. Y es que este proceso político ha de incluir a representantes de las víctimas de violencia, en concreto de los cientos de miles de desplazados. Hay que poner un fin a la impunidad y la Corte Penal Internacional ha de continuar con sus actividades.

GIADALLA A. ETTALHI (Libia) acogió con ilusión los esfuerzos llevados a cabo durante el pasado mes con el fin de animar a todas las partes a sentarse en la mesa de negociaciones y de unificar los movimientos rebeldes para relanzar las negociaciones que habían comenzado en Sirte, Libia, en octubre del año 2007. Las dificultades eran resultado de la no incorporación de algunas facciones en el proceso de paz. Asimismo, recibió con alegría la propuesta de los enviados especiales en relación a las consultas con varios grupos con el objetivo de unificar sus posturas. El proceso político tenía que ser un éxito y todas las hostilidades tenían que cesar de modo inmediato y sin condiciones. Con una honda preocupación ante la postura de algunos grupos que se negaban a participar en el proceso político, urgió al Consejo a someter a una presión adecuada a esos grupos para que se unieran a las negociaciones.

Sobre el despliegue de UNAMID, elogió la actitud de consenso durante la reciente reunión entre el Presidente Bashir y el Secretario General en Addis Abeba, así como el progreso logrado hasta entonces, y expresó su esperanza de que el acuerdo de estatuto de fuerzas se firmase al día siguiente. Estaba convencido de que el Gobierno Sudanés estaba haciendo todo lo posible para facilitar el despliegue de UNAMID y para promover el proceso político; aún así, seguía preocupado por la incapacidad de la comunidad internacional de responder a las necesidades de la fuerza, especialmente en lo que se refiere a los bienes aéreos y terrestres. Recalcó que la fuerza debería tener un carácter africano, de acuerdo con la resolución 1769 (2007). Preocupado asimismo por la violencia en Chad, sentenció que los dos países vecinos afectaban a la seguridad a ambos lados de las fronteras. Así, hizo un llamamiento a las partes para que aplicasen el Acuerdo de Trípoli de 2006 con el fin de garantizar la seguridad a lo largo de su frontera común.

VITALY CHURKIN (Federación Rusa) declaró que la paz en Darfur dependía de un proceso de paz negociado y que el proceso comenzado en Sirte debe continuar. Además, las partes en cuestión, con el apoyo de los agentes regionales, debían cooperar. Por otro lado, y con ese objetivo, habría que reforzar el equipo de mediación mediante la figura de un único negociador con dedicación plena. El Consejo de Seguridad también ha de enviar un mensaje firme a las partes que no estaban cooperando.

En relación al refuerzo de UNAMID, su país estaba dispuesto a trabajar con el Consejo para ayudar a cumplir las necesidades técnicas. También se necesitaba un diálogo constructivo para concluir el acuerdo sobre el estatuto de las fuerzas. Asimismo, la normalización de las relaciones entre Chad y Sudán resultaba esencial.

MIRJANA MLADINEO (Croacia) declaró que la volatilidad de la situación en el territorio amenazaba todo progreso conseguido en Darfur. Por ende, el trabajo del equipo de mediación era crucial. Mirjana esperaba que su discreta propuesta tuviera como resultado consecuencias favorables. No obstante, es preciso animar a todas las partes a avanzar en el camino político y a mejorar la situación humanitaria.

Por otro lado, señaló que no había cabida para un optimismo exacerbado en lo que se refiere al despliegue de UNAMID, y apeló al Gobierno de Sudán para resolver todos los temas pendientes. Se encontraba muy preocupada por el constante abuso a los civiles, especialmente por la violencia sexual contra las mujeres y las chicas, e hizo un llamamiento al Gobierno para acabar con la cultura de la impunidad que estaba enraizando en el país.

ALDO MANTOVANI (Italia) expresó su apoyo a un rápido despliegue de una fuerza poderosa en Darfur para proteger a la población civil y dio a conocer su esperanza de que el acuerdo sobre el estatuto de las fuerzas fuera suscrito sin demoras. Asimismo, acogió con complacencia el progreso en el ámbito de la participación de países no africanos, si bien lamentó que los países nórdicos no formaran parte de la Misión. Por otro lado, hizo público su apoyo a una mediación conjunta de las Naciones Unidas y la Unión Africana para unir a los grupos rebeldes en una "masa crítica", además de pedir a todos los movimientos rebeldes que negociasen. Se quedó impresionado por la asistencia de los representantes de la sociedad civil en las conversaciones de Sirte y mostró su esperanza de que su participación continuara.

Se mostró muy preocupado por la falta de progreso en la situación humanitaria y afirmó que era preciso renovar el compromiso de todas las partes para hacer posible un acceso humanitario libre. La situación de las mujeres y los niños era especialmente grave y no se podía subestimar la importancia de los agentes regionales. Además, resultaba imprescindible que Chad y Sudán pusiesen fin a sus diferencias mediante el diálogo. En cuanto a la impunidad, hizo un llamamiento al Gobierno de Sudán para que cooperase con la Corte Penal internacional. Por otro lado, recordó que el Consejo había recalcado que emprendería medidas contra cualquier parte que impidiese el proceso de paz y que la falta de cooperación debía tener un precio. Ahora se preguntaba si en este momento había algo que el Consejo pudiera hacer.

JOHN SAWERS (Reino Unido) dijo que, si bien era cierto que el Consejo había trabajado mucho por Darfur durante el año 2007, ahora parecía que esos esfuerzos no habían hecho el trabajo menos colosal para el año 2008. Había recibido informes preocupantes sobre ataques recientes a las fuerzas del Gobierno de Sudán en pueblos al oeste de Darfur, incluyendo bombardeos aéreos. Por ello, animó a todas las partes a poner punto y final al conflicto de modo inmediato y pidió al Sr. Guéhenno más información. La lucha continuada ponía de manifiesto la necesidad de progresar en todos los aspectos. En lo que se refiere al mantenimiento de la paz, dijo que el traspaso de autoridad a UNAMID había sido un buen paso, pero que la misión se encontraba frente a numerosos problemas, incluyendo la falta de helicópteros. Asimismo, la cooperación del Gobierno de Sudán resultaba incongruente. Un tema esencial era la posibilidad de avanzar durante la noche, pues la protección de los civiles no podía detenerse con la puesta del sol.

Afirmó que, a largo plazo, el proceso político era el único camino seguro hacia la paz. A pesar de que se podían apreciar algunos signos de movimiento en las posturas de algunas organizaciones rebeldes, estaba claro que se necesitaba una perspectiva a largo plazo. Los que se encontraban fuera del proceso de paz deberían darse cuenta del coste que eso conlleva. Por otro lado, resultaba muy preocupante que la situación humanitaria continuara empeorando y que los ataques contra el personal humanitario fueran en aumento. John Sawers se hacía eco de las preocupaciones de otras personas sobre la falta absoluta de progreso en la imposición de penas a los acusados por parte de la Corte Penal Internacional. El nombramiento de Musa Hilal no era tampoco un motivo menos inquietante. Finalmente, abordó el problema de la situación en Chad y apremió, por un lado, a todas las partes a detener la lucha y, por otro, a Chad y a Sudán a que pusiesen fin al apoyo que ofrecían a los grupos que estaban luchando.

JOHAN VERBEKE (Bélgica) sentenció que Darfur no tenía posibilidades de volver a la paz sin la normalización de las relaciones entre Chad y Sudán. En lo que concierne a UNAMID, ansiaba el despliegue de las tan necesitadas unidades no africanas con el fin de completar esta iniciativa pionera. Así, hizo un llamamiento a todos los interesados para que exhortasen al Gobierno de Sudán a alcanzar todos los acuerdos necesarios y a acelerar el despliegue de la misión. Ya había llegado el momento de permitir que UNAMID hiciese su trabajo y de asegurar un mínimo de seguridad, tanto para la protección de los civiles como para el progreso político.

Declaró también que era inaceptable que las partes recorriesen un camino en dirección contraria a una paz negociada. Los urgió, por tanto, a acordar un alto al fuego y mantenerlo, así como a participar sin limitaciones en las negociaciones de paz. En Darfur, esta se encontraba asimismo ligada a un acuerdo de paz general en Sudán. Por otro lado, sentenció que el Gobierno también tenía que cooperar con la Corte Penal Internacional y criticó que personas convocadas por la Corte no sólo no hayan sido detenidas, sino que también hayan mantenido sus puestos de trabajo en el Gobierno o se les haya dado uno.

ZALMAY KHALILZAD (Estados Unidos) afirmó que tanto el rápido despliegue de una fuerza efectiva de mantenimiento de la paz como un acuerdo político duradero resultaban de vital importancia. En lo referente al despliegue de UNAMID, apremió al Gobierno de Sudán a completar un acuerdo apropiado sobre el estatuto de las fuerzas y a cooperar sin restricciones con los despliegues de unidades oportunos. En el supuesto de que el gobierno no diese esos pasos de una forma adecuada, el Consejo tendría que considerar la aplicación de medidas oportunas para asegurar su cumplimiento. Y es que la credibilidad del Consejo estaba en juego.

Zalmay Khalilzad solicitó una intensificación urgente del esfuerzo para subsanar la falta de recursos de la misión, incluyendo los bienes esenciales aéreos, logísticos y de transporte. En esta línea, se mostraba complacido por la decisión del Gobierno de Etiopía de ofrecer helicópteros. Su país se había comprometido a ayudar a UNAMID en entrenamiento y equipamiento de algunas unidades africanas. En lo referente al proceso de paz, compelió a las facciones rebeldes a unificarse con el objetivo de alcanzar un acuerdo de paz. Además, para reforzar el equipo de mediación, apremió a las Naciones Unidas y a la Unión Africana a designar un único mediador.

En cuanto a Chad, declaró que los necesarios accesos regionales precisaban el rápido despliegue de MINURCAT. Se mostró consternado por informes que hacían constar que Sudán desempeñaba un papel relevante en el apoyo a los ataques rebeldes contra el legítimo Gobierno de Chad. Finalmente, hizo un llamamiento a ambos países y a los grupos rebeldes para poner punto final a las incursiones fronterizas, los ataques y las interferencias en los asuntos internos de los otros.

HOANG CHI TRUNG (Viet Nam) declaró que se agradecían enormemente los últimos avances positivos, como por ejemplo el acuerdo alcanzado entre el Gobierno de Sudán y las Naciones Unidas en el borrador inicial del acuerdo sobre el estatuto de las fuerzas y la comunicación por parte del Gobierno de su intención de firmar el acuerdo al día siguiente, si bien la subregión había estado marcada por la reciente oleada de violencia. El resultado positivo de las conversaciones había puesto de manifiesto la importancia del diálogo, las consultas y la cooperación entre las Naciones Unidas y la Unión Africana, por un lado, y el Gobierno de Sudán, por otro. Al mismo tiempo, no se podía ignorar el hecho de que, dada la actual escasez de tropas y de equipo de apoyo, UNAMID difícilmente podría cumplir adecuadamente su mandato. Por ello, animó a la comunidad internacional y a los países con posibilidades de hacer contribuciones sustanciales a la Misión, tal y como solicitan las Naciones Unidas y la Unión Africana, y como propone el Gobierno de Sudán.

Asimismo, hizo pública su esperanza de que todas las partes involucradas cooperasen para la resolución de los obstáculos técnicos más problemáticos que impiden el despliegue completo de UNAMID. Además, urgió a los movimientos rebeldes de Darfur a renunciar a la violencia, unirse al proceso político y de paz y cooperar con las Naciones Unidas y la Unión Africana para facilitar el despliegue conjunto de la misión. Las partes deben asimismo aprovechar el impulso nacido en las conversaciones de paz de Arusha en agosto del año 2007 y el proceso de Sirte iniciado en octubre del año pasado, así como reaccionar a los esfuerzos puestos en marcha por las Naciones Unidas y la Unión Africana. Un despliegue completo y eficaz de UNAMID haría renacer la paz y la estabilidad, no sólo en Darfur o en Sudán, sino también en otros países  de la subregión, especialmente Chad y la República Centroafricana.

Sin dejar de resaltar la importancia del avance en el proceso político en Darfur y en Sudán, dijo que el proceso político y de paz en Darfur no podía separarse del proceso norte-sur en Sudán, especialmente en la aplicación del Acuerdo de Paz General del año 2005. La paz y la estabilidad sólo se alcanzarían si todas las partes implicadas encauzaran las causas primordiales del conflicto mediante una propuesta de desarrollo de político, socioeconómico y de seguridad sin dar prioridad a una causa en detrimento de las otras. Asimismo, compartía totalmente la observación del Secretario General de que "el despliegue de UNAMID sólo será tan eficaz como el proceso político que ha de apoyar".

Teniendo eso en cuenta, expresó su ánimo por los avances logrados, tales como el regreso del Movimiento de Liberación del Pueblo de Sudán al Gobierno de Unidad Nacional el pasado mes de diciembre, la suscripción del plan de desarme nacional, desmovilización y reintegración estratégica por parte del Presidente Bashir, así como el regreso de más de dos millones de refugiados y desplazados internos al sur de Sudán. También aclamó el permanente esfuerzo de los Sres. Eliasson y Salim en la ayuda a la organización de conversaciones entre el Gobierno de Sudán y los grupos rebeldes.

Refiriéndose a su capacidad nacional, RICARDO ALBERTO ARIAS (Panamá) dio su apoyo a la decisión del Secretario General de prologar el mandato del Enviado Especial Jan Eliasson. La histórica decisión del 31 de Julio del consejo de proceder al despliegue de UNAMID surgió de la voluntad política de ambas organizaciones de compartir responsabilidades para lograr un objetivo común. Así, Panamá compartía ese fin y estaba comprometida con el Capítulo VIII de la Carta de las Naciones Unidas sobre cooperación con organizaciones regionales para la solución de conflictos. El despliegue de UNAMID y las negociaciones políticas eran procesos paralelos. No cabía olvidar que el proceso político, que echaba los cimientos para la paz, la seguridad y la estabilidad en Darfur, precisaba un firme compromiso para acabar con todas las hostilidades y sólo se podría alcanzar en un entorno seguro y mediante el diálogo. Y UNAMID  ha de asegurar ese entorno.

Por otro lado, advirtió que desde la autorización de UNAMID habían surgido muchas dificultades. Aun así, acogió con entusiasmo los informes del Secretario General sobre el progreso en cuanto a la suscripción del acuerdo sobre el estatuto de las fuerzas y el hecho de que parecía ser que el Gobierno de Sudán había retirado sus reservas a los contingentes nepalí y tailandés. No obstante, muchos asuntos seguían sin solución, especialmente en lo que concierne a la creación de aviones y otros transportes. El último viaje de los Enviados Especiales a la región había supuesto un avance significativo en el proceso político. Al mismo tiempo, se hizo eco de las preocupaciones de otras delegaciones sobre la lentitud del proceso, pero también reconoció que llevaría tiempo resolver un conflicto existente desde hace décadas. Por otro lado, los países que podían influir en los líderes de los grupos rebeldes sudaneses deberían intensificar los esfuerzos encaminados a persuadirlos para que se unieran al proceso político. La comunidad internacional no podía vendarse los ojos ante la crítica situación en Chad y las consecuencias que esto tenía para los refugiados en Darfur y los desplazados internos. Por ello, hizo un llamamiento a Chad y a Sudán para la normalización de sus relaciones.


Para los medios de información  • no es un documento oficial

Fuentes: Comunicado de prensa SC/9243.*

*en inglés

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