Discurso de Su Excelencia Hugo Chávez Frías
Presidente de la República Bolivariana de Venezuela
ante la Cumbre de¡ Milenio de las Naciones Unidas
Venezuela y su pueblo
bolivariano saludan a esta Cumbre, y a través de ella, a todos los países y
pueblos del mundo.
Hace dos milenios vino Cristo a
luchar por la justicia, por la paz, por la dignidad y por la vida. Hace 500
años se aceleró el encuentro y el conflicto entre civilizaciones, a través de
un monstruoso proceso de conquistas, colonizaciones y dominación. Proceso este
que trajo consigo una carga poderosa de injusticias, guerras y muertes. Hace 55
años fue creada la Organización de las Naciones Unidas, cuando se iniciaba la
segunda mitad del último siglo del segundo milenio.
¡Cómo han pasado los años!
¡Cómo han pasado los siglos!
¡Y
los milenios!
Desde la Ultima Cena, por allá
en el año 33, hasta esta Cumbre de¡ Milenio del 2000, los seres humanos nos
hemos visto arrastrados por el mismo drama, por la misma búsqueda interminable
de los caminos hacia la justicia, la paz, la dignidad y la vida.
¿Cuántas cumbres habremos realizado en estos 1967
años?
Sin duda que en las últimas
décadas éstas se han intensificado. Andamos saltando de cumbre en cumbre, pero
tristemente la gran mayoría de nuestros pueblos gimen aún de abismo en abismo.
Simón Bolívar, el Libertador de
Suramérica y líder inspirador de la revolución que en estos tiempos se ha
desatado en Venezuela, un día soñó, en su delirio por la justicia, haber subido
a la Cumbre del Chimborazo. Y allá, sobre las nieves perpetuas del espinazo de
los Andes, recibió un mandato del señor tiempo, anciano sabio y de larga barba:
"Anda y di la verdad a los hombres".
Hoy he venido aquí como
portaestandarte de aquel sueño bolivariano, para clamar junto a ustedes:
!Digamos la verdad a los hombres!
Y diría más: para decir la
verdad a los hombres, necesario es descubrir la verdad de los hombres.
"La verdad -dijo el
filósofo hindú, Jiddu Krishnamurti- no es un punto fijo, no es estática,
sino que se mueve constantemente por muchos caminos".
He aquí el sentido que queremos traer a esta
reunión cuando hablamos de ''la verdad".
Tomamos dos caracterizaciones fundamentales ya
aceptadas para definir "la verdad":
La primera "es algo que se
vive en el momento"; y la segunda "expresa nuestra vinculación con el
todo".
Creo,
entonces, que esta impresionante Cumbre de¡ Milenio constituye una
extraordinaria ocasión para dejar atrás verdades que fueron válidas para
momentos pasados.
Las Naciones Unidas
fueron creadas dentro de¡ contexto de la guerra fría, al concluir el horroroso
conflicto bélico que llevó a la muerte a un promedio de 25 mil personas por
día.
Bajo el signo de las
amenazas latentes, fue imponiéndose una verdad que nos unía a todos con el
todo: la necesidad de garantizar "la seguridad" en el mundo, y evitar
as! la continuación de aquella infernal carnicería humana.
Pero hoy, más de medio
siglo después, la verdad se ha movido y el momento que vivimos es otro. No
podemos seguir unidos aferrándonos tercamente a un pasado ya desmoronado por el
impacto de los años.
En este momento
planetario siguen muriendo diariamente seres humanos, pero ahora las cifras se
han duplicado, ya no como consecuencia de una guerra mundial. ¡No! Ahora las
principales causas de esta horrorosa verdad son la miseria, la marginalidad, el
hambre.
Por tanto, lo que se
impone en este dramático instante es que reconozcamos todos esta verdad. En
consecuencia, sin dilaciones de ningún tipo, construyamos un nuevo pacto
mundial en las Naciones Unidas.
Es precisamente aquí
donde aparece la Cumbre M Milenio como una esperanza creadora y como un desafío
colosal.
Las Naciones Unidas,
ahora en el siglo XXI y para el tercer milenio, deben concentrar todos y los
más grandes esfuerzos posibles, en el orden moral, intelectual, científico,
social, cultura¡, económico y financiero, en la lucha contra los demonios de¡
hambre, la miseria y la muerte que azotan nuestro planeta.
Nuestro Secretario
General y el equipo preparatorio de esta Cumbre han apuntado bien hacia la
inicial visión de la verdad que nos une en el actual momento histórico.
En efecto, han propuesto
unas metas ambiciosas y justas para orientar esfuerzos en los próximos años. Voy
a referirme sólo a algunas de aquellas, que ya constituyen un inmenso desafío:
1. "Reducir a la
mitad, para cuando este siglo haya cumplido 15 años, la proporción de personas
de todo el mundo (actualmente 22%) cuyos ingresos son inferiores a un dólar
diario".
Quiere decir esto que
para cumplir con la meta en los 15 años señalados, tendríamos que elevar el
ingreso a niveles dignos y justos a 140 mil personas cada día de cada mes y de
cada año, desde hoy hasta el 31 de Diciembre de¡ 2015.
2. "Lograr, para la
misma fecha, que todos los niños y niñas de¡ mundo puedan terminar todo el
ciclo de enseñanza primaria, y que las niñas y los niños tengan igual acceso a
todos los niveles de enseñanza".
Ante estas precisas
metas, la gran pregunta. la gran incertidumbre. la gran verdad que aún no
vislumbramos es esta:
¿Cómo vamos a hacer para lograrlo? ¿Cuáles son los
mecanismos? ¿Cuáles son los planes, cuáles las estrategias, cuáles las
políticas?
La verdad pudiera surgir
de esta Cumbre, de sus plenarias, de sus mesas de trabajo, de sus torbellinos
de ideas.
Para ello, sin embargo,
debemos hablar sin temores de ningún tipo, sin la doble moral que muchas veces
invade nuestros espacios. Debemos destapar con mucha franqueza nuestras
verdades, agregando una buena dosis de audacia y coraje.
Venezuela propone un
cambio estructural en la Organización de las Naciones Unidas, haciéndose
solidaria con el clamor de "los condenados de la tierra", como diría
Frantz Fanon.
Un nuevo Pacto
Democrático, un nuevo consenso mundial, para que "nosotros los
pueblos" comencemos a salir de los abismos.
Y escalemos sin demora esta y todas las cumbres del
milenio por venir.
En gran medida, las
graves crisis de¡ Siglo XX se gestaron por las abismales diferencias entre
dirigentes y dirigidos, entre pobres y ricos, entre explotadores y explotados,
entre naciones que avasallan a otras naciones mediante el empleo de la fuerza,
entre las cumbres y el nivel donde se ubica el ciudadano común, entre un
comportamiento retórico y formalista de los organismos internacionales y los
conflictos y padecimientos de los pueblos.
Lo que hay que
dilucidar, entonces, es si el mundo en este nuevo milenio seguirá funcionando
de esa forma perversa, o si hay posibilidades de cambio.
¿Cuál sería la base de cambio?
Sin duda, que las
respuestas que puedan surgir, dependerán fundamentalmente de la voluntad
política de todos.
Asumir plenamente la
realidad, dejando de lado el doble discurso y reivindicando las normas del
derecho internacional que hagan posible la plena igualdad de todos los pueblos
sobre la tierra.
Excelencias, amigas y amigos:
Yo pude haberme ahorrado
este discurso y ahorrarle a ustedes escucharlo reduciéndolo sólo a tres
segundos. ¿Por qué tres segundos?
Simplemente por la
dramática, horrenda realidad de que cada vez que el reloj marca ese pequeñísimo
tiempo, muere de hambre un niño en el mundo. Uno, dos, tres: acaba de morir un
niño mientras estamos aquí.
La Biblia lo señala en el Eclesiastés: "Todo lo que va a ocurrir
debajo del sol tiene su hora"
Hagamos de esta, la hora, de una vez y para siempre:
¡Salvemos al mundo!
Muchas Gracias.