ESPAÑA

Intervencion del Presidente del Gobierno, Jose María Aznar,
en la Cumbre del Milenio


Nueva York, 6 Septiembre 2000

Señor Presidente: ¿Con qué‚ puntuación calificaría la Historia, la actuación de las Naciones Unidas?. En este momento, que todos consideramos crucial para la Organización y altamente simbólico por el cambio de siglo, es cuando parece más pertinente plantearse esa pregunta, y otras muchas:

¿Vienen las Naciones Unidas preservando eficazmente a la humanidad del flagelo de la guerra? ¿Influye la ONU de forma clara y fructífera en el desarrollo económico de los pueblos?¿Esta la Organización capacitada para gestionar la globalización? 

A los alegremente críticos ante estos interrogantes, hay que recordarles algo: las Naciones Unidas somos nosotros y somos los países, los Gobiernos, quienes condicionamos su actuación. Así que en nuestras manos está el decidir lo que de verdad queremos que sea la Organización en el próximo siglo: si queremos un instrumento útil para evitar la guerra, eliminar la pobreza y proteger los derechos humanos o si estamos por un foro crecientemente hueco y tedioso. 

La elección depende de nosotros y ahora, tanto como en el momento de su creación, en junio de 1945, necesitamos un consenso sincero sobre las tareas esenciales de la ONU de nuestra era. 

La tarea originaria de las Naciones Unidas era la de preservar al mundo del flagelo de la guerra, y en ello seguimos. El Consejo de Seguridad es pieza central de un sistema que pretende el mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales. Creo que es primordial completar la reforma de ese Consejo a través de un amplio consenso, evitando en torno a su órgano fundamental, las divisiones entre los Estados miembros, división que mermaría fatalmente sulegitimidad. Hay otros aspectos de la reforma del Consejo de Seguridad, sus métodos de trabajo y la cuestión del veto, que deben ser abordados con rigor. Porque aunque el papel central del Consejo en el sistema de las Naciones Unidas, es incuestionable, nadie puede desconocer que la conciencia ética de la humanidad ha evolucionado con los años, y que la comunidad internacional no está dispuesta a quedarse cruzada de brazos mientras se cometen atrocidades o violaciones masivas de los derechos humanos, sea en el lugar que sea. 

El principio de soberanía es, ni más ni menos, la piedra angular de la sociedad internacional y nadie pretende cuestionarlo. Pero ese principio no debe servir de barrera tras la que se escuden quienes fomentan o toleran atrocidades masivas. Son hoy en día las poblaciones civiles, mujeres y niños, las víctimas más numerosas de los conflictos armados, y hay que buscar y definir un entendimiento de las situaciones en las que la reacción internacional no puede quedar obstaculizada por el uso del veto. 

Si la humanidad ha avanzado algo en este terrible siglo XX es porque -a un coste altísimo- se ha ido imponiendo la idea de que la dignidad de la persona constituye un valor más elevado que la sacralización del Estado. 

Además del mantenimiento de la paz y de la seguridad internacionales, las Naciones Unidas han asumido la meta de un mayor desarrollo económico para todos. La construcción de un mundo más justo demanda la erradicación de la pobreza. Los últimos años de crecimiento económico y de modernización tecnológica hacen que tengamos a nuestra disposición las oportunidades mejores para aproximarnos a esa meta. Seria injustificable que no pusiéramos los medios efectivos para conseguirlo. 

Apoyamos sinceramente los objetivos concretos señalados con este fin en el Informe para esta Cumbre del Milenio, del Secretario General. En torno a ellos pueden girar los esfuerzos de todos, los países industrializados y los que están en vías de desarrollo. A ambos nos corresponde una parte de la tarea: a los primeros proporcionar los fondos suficientes y sostenidos que permitan financiar el esfuerzo. A los segundos, generar el marco jurídico, económico y político interno que permita un uso adecuado de aquellos fondos y evite su mala utilización. 

Quiero subrayar nuestro empeño en el cumplimiento del objetivo marcado por la Cumbre Mundial de Desarrollo Social, de aplicar más del 20% de nuestra cooperación a los sectores básicos de la educación, la salud, la vivienda y el empleo. Son los resortes que ayudan decisivamente a los m s desfavorecidos y les alejan de la pobreza. En especial, la igualdad de oportunidades educativas a nivel mundial abriría las puertas a unas nuevas y mas ilusionadas generaciones. Somos conscientes del valioso papel que juegan las diferentes iniciativas sociales, ciudadanas y, en especial, las ONGWS, para la ejecución de los proyectos de cooperación. 

La última tarea que las Naciones Unidas tiene ante sí, y la más actual, está relacionada con ese formidable proceso de integración mundial hacia el que nos llevan de la mano las nuevas tecnologías. Las inmensas posibilidades que se abren de compartir información y conocimientos con una facilidad desconocida hasta el presente, podrán sin duda llevarnos a la configuración de un mundo más independiente y evolucionado. Las Naciones Unidas deberán potenciar las múltiples caras positivas del proceso de globalización, para evitar la indefensión y la exclusión de los más débiles. 

La globalización crea nuevos retos: destacan entre ellos la protección del medio ambiente para las generaciones futuras, la lucha contra el crimen transnacional organizado, el logro de una justicia penal internacional, y el tratamiento de las enfermedades de alcance universal. Para hacer frente a estos problemas de nuestro tiempo, la Organización de Naciones Unidas es, en estos umbrales del siglo XXI, la Organización indispensable. Sólo ella tiene la dimensión y la visión globales adecuadas para desempeñar esas funciones. 

Naturalmente, España apoyará con vigor los esfuerzos que se hagan en la creación de consensos para alcanzar soluciones y el cumplimiento de los acuerdos a que se llegue. En concreto, la ratificación por parte de mi país del Estatuto de Roma que establece el Tribunal Penal Internacional, está ya muy próxima y confiamos en su pronta implantación. 

Los retos que ocuparán los próximos años de nuestra Organización van siendo expuestos por la pluralidad de intervenciones que se suceden durante esta Cumbre. El informe del Secretario General es, sin duda, una propuesta de análisis oportuna y anticipadora del próximo futuro. Sintamos la convicción y pongamos los medios para hacer de las Naciones Unidas en el nuevo siglo el instrumento tan indispensable como útil, para asegurarnos todos un mundo mejor.

Muchas gracias.

 
Fuente: Misión Permanente de España ante Naciones Unidas