Intervencion del Excelentísimo Señor Vicepresidente
de la RepUblica del Paraguay
Doctor Julio César Franco
en ocasión de la
Cumbre del Milenio
de las Naciones Unidas
Señores
Presidentes, Sr. Secretario General, Señoras y Señores:
Es
motivo de gran satisfacción para mí, y para mi país, Paraguay, estar presente
en esta sala, ante tan distinguido foro de mandatarios y delegados del mundo,
en ocasión de este encuentro que tiene la intención de establecer un vínculo
entre la política y la reflexión.
El
inicio del milenio, aparte de convertirse en un dato cronológico, nos indica la
necesidad de repensar la política y de encarar desde una visión prospectiva las
transformaciones que nuestros países necesitan para alcanzar un nivel de
desarrollo sostenible, compatible con la dignidad humana y las necesidades de
preservación del ecosistema.
La
vocación reformista y el reconocimiento de la necesidad de ejecutar cambios a
nivel doméstico y en la sociedad internacional es una señal de lo que traen los
tiempos nuevos.
La
complejidad del mundo global en el cual estamos insertos se caracteriza por las
circunstancias de que nada es estable ni cierto. El escenario de la sociedad
global impone un sistema de exigencias que obliga a que el modelo de desarrollo
de nuestros países no pondere exclusivamente las ventajas comparativas que
poseemos, sino tenga en cuenta la necesidad de desarrollar ventajas competitivas.
Los
países en desarrollo, como el mío, debilitados en nuestros ordenamientos domésticos,
debemos estar predispuestos a enfrentar los dilemas de una sociedad global que
se expresa en un orden jerarquizado en lo político y militar, estratificado en
lo social y asimétricamente interdependiente.
Sin
desconocer los factores exógenos que inciden negativamente en nuestra
posibilidad de desarrollo, creo conveniente que los países de menor capacidad
instalada, como el mío, diseñen una estrategia de desarrollo que aumenten la
capacidad de nuestros ordenaimientos nacionales.
Debemos
apuntalar y dotarle de mayor eficiencia y eficacia a nuestros procesos
endógenos. Nuestro desafio, consiste en crear matrices institucionales e
inaugurar estilos de gestión política que nos permitan desde una perspectiva
integral del desarrollo impulsar políticas públicas que prioricen el
crecimiento económico, la distribución equitativa, la preservación del medio
ambiente y la ampliación de la igualdad entre los géneros.
Debemos
reafirmar nuestro compromiso con los postulados del paradigma del desarrollo
humano. Esto nos obliga a repensar y reevaluar los mecanismos y los cursos de
accion que van a hacer posibles que instalemos arreglos institucionales que
estimulen la participación social, vigoricen la responsabilidad de la sociedad
civil y establezcan mecanismos que permitan transformar equitativamente, el
esfuerzo individual y colectivo, en progreso social.
Hay
que ubicar toda nuestra - determinación en elaborar un modelo de sociedad
en el que la estabilidad política y el crecimiento económico sean incompatibles
con la desigualdad y exclusión social.
El
propósito inmediato de nuestro esfuerzo colectivo debe orientarse a resolver
las demandas sociales. La pobreza y la marginalidad atentan contra los
principios de la ética solidaria, obstruyen las posibilidades de] desarrollo
democrático y se convierten en un impedimento que esteriliza la voluntad y el
sentimiento progresista y emprendedor de nuestras sociedades. La descomposición
social internaliza en las comunidades nacionales el sentimiento de falta de pertenencia
"anomia", lo que debilita el compromiso individual con el destino
compartido de la colectividad. Las sociedades que pierden su sentimiento de
identidad se enfrentan disminuidas en capacidad al reto del capitalismo global.
Dentro
de este contexto quisiera aprovechar la oportunidad para reiterar la posición
paraguaya en lo que guarda relación con el ingreso de la República de China -
Taiwán, como miembro pleno de la Organización de las Naciones Unidas.
El
Paraguay solicita una vez más que este país democrático y progresista pase a
formar parte del Sistema de Naciones Unidas.
Del
mismo modo, creemos que el restablecirniento del diálogo sobre el tema de las
Islas Malvinas entre el Reino Unido y la República Argentina es ineludible para
encontrar una solución pacífica y ajustada a derecho.
Finalmente,
quiero referirme una vez más al inicio del Milenio. Como todo inicio epocal, el
optimismo se forcejea con el
pesimismo. Hay razones para el escepticismo y situaciones que no desmerecen la
desilusión de aquellos que creen que "habrá esperanza, pero no para
nosotros”.
Pensamos:
se impone la necesidad de mejorar la calidad de la política y para ello debemos
tener presente que esta, a más de ser "lucha por el poder”, debe estar
orientada a lograr las condiciones materiales y morales que permitan crear un
ambiente no hostil al ejercicio pleno de los derechos humanos.
Muchas gracias.