DISCURSO DE

S.E. DOCTOR ARTURO U. VALLARINO,

VICE PRESIDENTE DE LA REPUBLICA DE PANAMA 

CUMBRE DEL MILENIO DE LAS NACIONES UNIDAS 

Nueva York, 6 de septiembre del 2000


S. E. Tarja Halonen, Co-Presidenta de la Cumbre del Milenio.

 S. E. Sam Nujoma, Co-Presidente de la Cumbre del Milenio.

 S. E. Dr. Kofi Annan, Secretario General de las Naciones Unidas.

 Excelentìsimos señores Jefes de Estado y de Gobierno de los Estados

 Miembros de las Naciones Unidas.

 Señoras y señores.

 Por designación de la Excelentísima señora Mireya Moscoso, Presidenta de la República de Panamá, soy portador de sinceros mensajes de felicitación para los distinguidos Co-Presidentes de la Cumbre del Milenio de las Naciones Unidas. Igualmente hago Ilegar un saludo especial y muy cordial a Su Excelencia el Secretario General de las Naciones Unidas, Dr. Kofi Annan, cuyos desvelos al frente de esta Organización reconocemos públicamente.

 Señores Co-Presidentes:

 La República de Panamá, que saludó este nuevo milenio con el perfeccionamiento de su independencia, y que hoy disfruta finalmente de los beneficios que ofrece su integridad territorial, quisiera aportar a las Naciones Unidas algunos objetivos inmediatos que ayuden a consolidar el futuro de nuestra Organización.

 Es cierto, como bien apuntara el señor Secretario General en su Informe A/54/2000 de marzo de este año, que la Organización de las Naciones Unidas tiene muchas cosas que lamentar y que corregir. Sin embargo, sería injusto con nosotros mismos no proclamar aquí y en todas partes que sus realizaciones superan con creces las fallas y los errores. Somos una gran comunidad de seres humanos, falibles por esencia, y movidos por intereses con demasiada frecuencia encontrados. Tal vez a1gunas de las situaciones que contabilizamos como errores, y que reportamos como conflictos, sean producto del desconocimiento de la naturaleza del ser humano, o de la ignorancia de los estímulos a que responden los diferentes caracteres de las personas.

La Organización de las Naciones Unidas, en su impresionante evolución, se ha convertido en la gran depositaria de la conflanza y de las esperanzas de un mundo que ansía vivir en paz y en prosperidad. A diferencia de antaño, y gracias a ella, ahora no hablamos ya aqui de guerras mundiales, sino de liberación y de descolonización; de Derecho Internacional Público y Privado; de negociación de diferendos; de afianzamiento de las democracias; de Derechos Humanos; de Desarrollo Económico y Social; de Población y Desarrollo; de la Infancia; del status de la mujer; de Comercio Internacional; de Finanzas; de Trabajo; de Alimentación; de Educación y Cultura; de Salud; de Comunicaciones; del Medio Ambiente; de Prevención del Crimen y de Justicia Criminal; del necesario apoyo a la Organización de Unidad Africana y demàs organismos regionales, y de tantas otras cosas de fondo que inciden en el devenir de nuestras naciones y en la seguridad mundial.

En medio de esta febril actividad, continúan dándose en el mundo conflagraciones importantes que han causado cinco millones de muertes en la 61tima década, muchas de ellas por intolerancias de índole racial y religiosa. Nosotros, los paìses que profesamos el más grande de los respetos por los derechos naturales de todos los seres humanos, no podemos ser indulgentes con quìenes pretenden convertirse en los agresores y genocidas de nuestros días; pero para hacerles; frente, es preciso diseñar un programa abarcador que prevenga efectivamente los conflictos, y que comprometa fuertemente a las organizaciones regionales en su ejecución. 

Señores Co-Presidentes:

Mi país considera que los plantearnientos hechos por el G-8 tanto en Berlin, el pasado mes de diciembre, como en Colonia, en junio último, para la prevención de conflictos, y las prioridades sehaladas por la Unión Europea, proveen enfoques correctos para el diseño de este programa abarcador que estamos necesitando. Estimamos que esta Cumbre del Milenio ofrece una envidiable oportunidad para que, al más alto nivel, nos comprometamos a convertir inmediatamente esos conceptos en realidad. Ya es hora, señores CoPresidentes, de que el mantenimiento de la paz se consagre como acto preventivo, y no continúe siendo una imposición, a veces tardía, del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

En torno a este tema se han intensificado aquí los debates, particularmente este último aho. La República de Panamá, a través de su Representante Permanente ante las Naciones Unidas, ha expresado ante la Quinta Comisión, entre otras cosas, que es imperativo diferenciar las operaciones para el mantenimiento de la paz conforme a la Carta de las Naciones Unidas, y las intervenciones en conflictos intemos que no constituyen, necesariamente, una amenaza para la paz en una región. Igualmente- hemos solicitado al señor Secretario General que esta materia sea inscrita en la Agenda de la Quincuagésima Quinta Sesión de la Asamblea General, permitiendo que se discutan a fondo no solo la escala de contribuciones y las morosidades, sino también [a forma como estas operaciones son planeadas, ejecutadas y pagadas.

En nuestra opinión, mientras no manejemos claramente estos asuntos, y las naciones más pudientes no cumplan con sus obligaciones, las Naciones Unidas corren el peligro de incurrir en ornisiones y en excesos que terminaremos lamentando por mucho tiempo. Lo que acabamos de expresar como legítima preocupación debe hacernos mirar cada vez más hacia la prevención de conflictos, lo cual nos remite nuevamente a los valiosos proyectos que se han circulado y a los cuales nos hemos referido anteriormente.

Es evidente que la renovación de las Naciones Unidas solicitada por el señior Secretario General conllevará algunos cambios importantes en todos los órdenes de nuestra Organización, y así debe ser. Estamos de acuerdo en que no podemos quedarnos estancados en ideas y estructuras obsoletas; pero los cambios deben darse formalmente y no a través de acciones de quienes tienen la autoridad para hacer las cosas en representación de mayorias que posiblemente disienten de su proceder. Debemos recorrer el camino del cambio desde la esquina de los simples conceptos y de la mentalidad, hasta Ilegar a la modificación y modernización de las estructuras de la organización; ese es un compromiso que hemos traído a esta Cumbre, y tenemos que formalizarlo sin más dilación.

Señores Co-Presidentes:

Esta Cumbre se presenta como un esfuerzo supremo de todas las Naciones, para concretar acuerdos duraderos, y para construir sobre ellos una nueva ética mundial que nos conduzca hacia una paz permanente plena de seguridad y armonia. Será 6sta una ética que propiciará el respeto y la cooperación entre las naciones, la tolerancia, la vida en libertad y democracia, la subordinación a la Ley, la erradicación de la pobreza y la conservación del medio ambiente, entre otras cosas de claro apego a los Derechos Humanos.

Igualmente debemos prohijar un compromiso para modificar la configuración del Consejo de Seguridad, adaptándolo a las exigencias y realidades de hoy. Con antedoridad, Panamá ha expresado su apoyo, a la iniciativa de otros países que consideran que con el tiempo se ha venido desvirtuando el espíritu original de la Carta, que impone a los miembros del Consejo de Seguridad la obligación de actuar en su seno en representación de los intereses generales de la comunidad internacional y no en función de sus exclusivos intereses estratégicos militares o politicos. En atención a estas consideraciones, nuestro país, ha respaldado también las iniciativas, conducentes a negociar una reglamentación que restrinja y reglamente el uso del veto, según lo estipulado en el Pacto de Caballeros de Londres de 1948.

Asimismo, en sus intervenciones ante el Grupo de Trabajo y en el debate general, Panamá ha sostenido que cualquiera reforma a la Carta de las Naciones Unidas debe estar inspirada en los principios de democracia y participación geográfica equitativa y que su proceso de aprobación y ratificación deberá revestirse del mayor consenso posible, ajustándose asi a lo preceptuado en el artículo 108 de la Carta. Panamá, entonces, ve con buenos ojos la aspiración de aumentar el número de representantes permanentes y no permanentes en el Consejo de Seguridad, lo cual consideramos contribuirá al fortalecimiento de las Naciones Unidas.

Es indispensable, también, que la mora en el pago de obligaciones por algunos Estados miembros deje de ser utilizada como instrumento de presión para lograr objetivos particulares; y, finalmente, hago un Ilarnamiento a todos los Jefes de Estado y de Gobierno presentes para que, atendiendo la vehemente solicitud del señor Secretario General, pongamos fin a los desacuerdos existentes entre los Estados en materia de autoridad y jurisdicción de los diversos órganos de las Naciones Unidas.

Señores Co-Presidentes:

Según las propias palabras del señor Secretario General, construir un Siglo XXI más seguro y más equitativo que el Siglo XX es una tarea que exigirá un gran empeño por parte de todos los Estados y las personas. La República de Panamá, consolidada hoy en su independencia e individualidad, comprometida desde siempre con el servicio a la humanidad y al libre comercio entre todas las naciones del mundo, ofrece continuar contribuyendo fielmente, con todas sus fuerzas, al afianzarniento de los postulados de las Naciones Unidas dentro, de este proceso de transformación.

Muchas gracias.

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