PERMANENT MISSION

OF THE PRINCIPALITY OF ANDORRA

TO THE UNITED NATIONS

 

CUMBRE DEL MILENIO DE LAS NACIONES UNIDAS

 

 

 



Alocución

del M.I. Sr. Mare Forné Moiné, Jefe de Gobierno,

en la Cumbre M Milenio

Naciones Unidas - Nueva York

6,7,8 de Setiembre de] año 2000

 

Señor Presidente,

Señor Secretario General de las Naciones Unidas

Excelencias,

Señoras y Señores,

 

Nos reunimos hoy aquí en Nueva York, en la sede de las Naciones Unidas, para festejar dos mil años del calendario humano. Hace mil años, los caminos se habían vuelto inciertos, las filosofias de los antiguos habían sido arrinconadas a la espera del renacimiento y el ser humano malvivía entre miedos y penurias en una Europa dividida e insegura.

 

Hoy, en el año 2000, la ciencia nos ha liberado de muchas enfermedades y de algunas supersticiones. Las cruentas guerras del siglo XX y de la era atómica nos han hecho tomar conciencia de nuestra inmensa y brutal capacidad de autodestrucción. El racionalismo y el liberalismo de los siglos XVIII y XIX así como el fracaso de los modelos autoritarios y totalitarios, han dado cuerpo al avance de la democracia moderna, indiscutiblemente el mejor sistema de gobierno para las comunidades humanas.

 

Ciento ochenta y nueve naciones soberanas con espíritu de solidaridad planetaria se reúnen bajo el techo de las Naciones Unidas, en una época de globalización y de comunicaciones instantáneas. Nunca el ser humano estuvo tan cerca de la tierra prometida, pero tampoco nunca hemos sido tan conscientes de los peligros que nos impiden llegar a ella.

 

La paz de las naciones no puede construirse, como en el año 0, en la supremacía de un imperio, sea este político o económico. Los gobiernos de la tierra debemos conducir la globalización a esferas de verdadera cooperación enire el norte y el sur, y entre el grande y el pequeño; porque la globalización política no podrá hacerse en peiJuicio de los pequeños. Las comunidades humanas de pequeño tamaño como el Principado de Andorra, pacíficas y herederas de una larga historia democrática, deben poder mantener su presencia sin perder su identidad. Sí la globalización política no contara con los pequeños estados, seríamos mucho menos en todos los sentidos.

 

El año 2000 debería ser recordado como el año del coraje y no el del miedo como lo fue el año 1000. La mayor asamblea en la historia de gobernantes de la tierra se encuentra en este hemiciclo. Hoy sabemos donde se encuentra el bien y el mal. La Carta de San Francisco y la Declaración de los derechos humanos de 1948, no dejan lugar a dudas.

 

Debemos tener el valor, en los años que se acercan, de decir las cosas por su nombre. Debemos atrevernos a condenar todas las dictaduras, aunque estas se establezcan en paises importantes para nuestra economía. Debemos tener el valor de optar, conjuntamente, por las políticas de solidaridad en lugar de por la razón de estado. Éste debe ser el año de la ética y del coraje, el inicio de un siglo de valentía.

 

La asistencia de los altos mandatarios a las conferencias internacionales debe ser visíble y continuada y siento tener que lamentar el poco interés que despertó la Conferencia sobre el "desarrollo sociaF' que tuvo lugar en Ginebra el día 27 de junio de este año, a diferencia de la sesión de Copenhague de 1995 donde estábamos casi todos para salir en la fotografia.

 

Andorra apoya plenamente el informe del Secretario General Kofi Annan, para el milenio. Es necesaria una globalización justa, una reducción de la abyecta pobreza que asola la mitad de la humanidad, es necesario un mundo más seguro que actúe más en la prevención que en la reacción a los conflictos; tiene que haber muchos menos gastos militares y mucha más investigación en medicamentos contra el SIDA que está matando a miles de personas en África y en todo el mundo.


 

 

Quisiéramos también más conciencia y defensa del medio ambiente. Pero aunque los pequeños estados hacemos esfuerzos importantes en el camino del máximo respeto por la naturaleza, siempre pensaremos que el verdadero trabajo deben hacerlo los grandes. Y el caso es que no lo hacen, al, contrario, se niegan a firmar protocolos y a poner límites al crecimiento insostenible que les caracteriza. Y así están cambiando el clima de toda la tierra. Es cierto que todos tenemos nuestra parte de culpa cuando seguimos ciegamente en la carrera del consumo industrial. Es preciso que en este encuentro se hable también de estas cuestiones que van a condicionar la vida del siglo que iniciamos.

 

Aceptamos la invitación del Secretario General en su informe y aprovechamos esta Cumbre para firmar los dos protocolos opcionales a la Convención sobre los derechos del niño, relativos a la participación de los niños en conflictos armados, y en la venta, la prostitución infantil y la utilización de niños en la pornografla.

 

También hemos dado nuestro apoyo a la iniciativa de la Alta Comisionada para los derechos humanos, Sra. Mary Robinson sobre la declaración titulada "Tolerancia y diversidad; Una visión para el siglo XX1-, porque en nuestro país, en Andorra, podemos hablar mucho de cuestiones de diversidad y de tolerancia. Hemos vivido las guerras de nuestros vecinos y de Europa y los refugiados siempre encontraron en nosotros socorro y paz. Durante la segunda mitad del siglo XX Andorra ha recibido una inmigración que ha multiplicado por más de ocho veces su pcblación. Y todos los que allí vivimos nos esforzamos en hacer que la tolerancia y el respeto por la diferencia sea algo más que palabras.

 

Debemos aprender a celebrar la diversidad de los seres humanos y de las naciones y a la vez establecer los valores globales de lo que es legítimo y de lo que no lo es. He aquí el gran reto de la historia futura de la humanidad: saber respetar la diversidad cultural de todos y al mismo tiempo no admitir las excusas culturales o religiosas para la aplicación del conjunto de las normas de democracia y de derechos humanos.

 

Muchas gracias.