
Señor Presidente,
Señores Jefes de Delegación:
En nombre de la Delegación del Paraguay, permítame en prímer lugar unir mi voz a la de los eminentes oradores que me precedieron en este Foro, para expresarle las vivas felicitaciones por su merecida elección a la Presidencia de esta Conferencia de las Naciones unidas para el Establecimiento de una Corte Penal Internacional.
La celebración de esta histórica Conferencia en Roma, es muy significativa para quienes estamos comprometidos con la tradición jurídica del Derecho Romano. Sea este también un reconocimiento por la acogida recibida de parte del País Anfitrión.
Señor Presidente, ya está Usted investido, con la gran responsabilidad de dirigir estos delicados debates que proyectan crear una Corte Penal Internacional de carácter permanente para una sociedad internacional profundamente transformada por los cambios. Deseamos asegurarlo, nuestra total socio-políticos y económicos. cooperación en el cumplimiento de vuestro cometido.
La Delegación del Paraguay, concurre a esta Conferencia con el mismo espíritu o interés con el que ha participado en el marco del Comité Preparatorio de la Sexta Comisión, y con el animo de avanzar adecuadamente en las negociaciones de este tema que concierne a toda la comunidad internacional.
Hemos tenido el honor de formular el año pasado en nombre del Grupo de Río, una declaración sobre la Corte Penal Internacional ante la Sexta Comisión de la Asamblea General de las Naciones Unidas y en esa oportunidad hemos abogado por una Corte Penal internacional imparcial o independiente, complementaria de los sistemas nacionales pero no subordinada a ellos ni a ningún órgano político nacional o internacional.
Sin perjuicio de aquella declaración, nuestro país considera principalmente que cuestiones relativas al ejercício de la "jurisdicción" de la Corte, y otras derivadas de la amplia concepción del princípio de complementariedad presentan todavía algunas nombras en el proyecto de Estatuto, reconociendo a su vez que su texto consensuado constituye un claro exponente del desarrollo progresivo del derecho internacional.
Pecaríamos, sin embargo, de excesivo optimismo, al afirmáramos que se podría crear una Corte Penal Internacional perfecta a la luz de los princípios generales que rigen la materia penal.
En realidad, al decidirse por un instrumento convencional y estable en el tiempo como forma de creación de la futura Corte, la necesidad imperiosa de instaurar un instrumento con un mínimo de garantías, evidentemente ha primado frente a la de concebir un mecanismo represor técnicamente depurado, y esto, sólo bajo las condiciones de estricta independencia o imparcialidad, el Gobierno del Paraguay podría soberanamente aceptar.
Señor Presidente, desde el comienzo de estos debates hemos escuchado con atención muchos discursos altamente alentadores, eruditos y optimamente fundados por argumentos jurídicos y políticos. no queremos repetir muchos de esos conceptos, pero si señalar en líneas generales algunos puntos de mucho interés para nuestra Delegación:
- La Corte debe tener competencia sólo con respecto a los Crímenes muy graves que constituyen una amenaza para la paz internacional, y estos deben ser definidos claramente. El Estatuto debe describir con precisión los delitos que conocería la futura Corte, es decir, tipificarlos convenientemente y no limitarse a su enumeración. En ese sentido, entendemos que un criterio restrictivo no atentaría contra su eficacia sino que garantizaría su universalidad.
- El Estatuto de la Corte debe necesariamente incluir disposiciones sobre los principios generales del derecho penal, y entro estos principalmente los de la legalidad, "non bis in idem" y el de la no retroactividad.
A los efectos de la cooperación judicial internacional, la inclusión del principio "Au dedere, au judicare", es fundamental, puesto que confiando en la acción eficaz en los tribunales locales se erradicaría la impunidad de los crímenes internacionales.
- El Estatuto debe contener los principios fundamentales del debido proceso y consagrar los derechos humanos del acusado. Igualmente, el Estatuto debe regular satisfactoriamente la actuación del fiscal garantizando su independencia para actuar oficiosamente cuando lo estime procedente.
- El principio de complementariadad debe estar basado en un mecanismo que fortalezca la acción de los sistemas nacionales. Y en ese orden de cosas, optamos por el concepto restrictivo que hace a la Corte Penal Internacional complementaria de los sistemas nacionales para accionar en casos excepcionales en los que, por diversas razones, los tribunales nacionales no puedan procesar a los responsables de crímenes internacionales. Nos inquieta que la Corte pueda convertirse en una instancia superior a la de las jurisdicciones locales, surgiendo con ello la posibilidad de que sus magistrados emergan como jueces de jueces.
Un equilibrio en este principio es fundamental para lograr que la futura Corte no sea utilizada impropiamente menoscabando las funciones de los órganos jurisdiccionales nacionales ni para llevarse a cabo injerencias en los asuntos internos.
El principio de soberanía es inviolable, razón por la cual deben delimitarse claramente las situaciones en que la Corte ejercerá su competencia.
Consideramos que todos los esfuerzos tendientes a lograr un equilibrio en la cuestión de la complementariedad serán finalmente decisivos para lograr el objetivo de la universalidad.
- En lo que respecta al delito de agresión reconocemos la importancia y la complejidad de su inclusión, por lo que nos encontramos flexibles a analizar una solución de equilibrio entre la acción del Consejo de Seguridad y la independencia política de la corte.
- El Estatuto y el Reglamento de la Corte deben garantizar que se reciban candidaturas para los cargos de magistrados de todas las regiones y sistemas jurídicos del mundo, y por sobre todo deben ser idóneos, honestos, imparciales e independientes. No debe existir discriminación alguna en los criterios que se utilizarán para la presentación y selección de magistrados, debiendo ser este proceso absolutamente transparente.
Señor Presidente, con estas breves reflexiones formulamos nuestras primeras ideas a esta histórica Conferencia de las Naciones Unidas, a la que deseamos éxito pleno, para que la sociedad internacional resulte beneficiada.
Muchas gracias.