15 June 1998

REV. ROMEU OLMAR KLICH, SECRETARIO NACIONAL, MOVIMENTO NACIONAL DE DIREITOS HUMANOS, BRAZIL

Señor Presidente,

sus excelencias:

El Movimiento Nacional de Derechos Humanos en el Brasil se siente muy honrado y agradecido por tener la oportunidad de dialogar esta tarde con ustedes.

Quiero compartir con ustedes la experiencia de millares de defensores de los derechos humanos (religiosos y laicos), que caminan día a día comprometidos con los pobres y victimizados de LatinoAmerica, que tienen hambre y sed de justicia.

Los pobres, las mujeres, los indígenas los niños, los que no tienen poder, son las principales víctimas de violaciones sistemáticas a los Derechos Humanos. En tiempos de guerra de paz, en conflictos externos e internos, en dictaduras y en gobiernos constitucionales; son ellos quienes no tienen real acceso a los mecanismos de justicia.

Pero el sufrimiento de nuestros pueblos ha sido redoblado cuando el poder político ha impuesto leyes de amnistía y perdón que no se basan en el establecimiento de la verdad y de las responsabilidades individuales. Muchas veces estas leyes acaban garantizando la impunidad, y condenan la memoria de los pobres al olvido.

Los pactos políticos de impunidad muestran la debilidad de nuestros sistemas judiciales frente al poder. La experiencia de Latinoamerica muestra, señor presidente, que Cortes sometidas a interferencias políticas no sirven a la justicia.

Necesitamos un organismo permanente, con jurisdicción global, para complementar a sistemas domésticos que muchas veces tienen la capacidad técnica de juzgar, pero no la voluntad o la posibilidad política de hacerlo.

Una Corte Penal Internacional, plenamente independiente de toda interferencia política, se constituiría en tal organismo.

Sería un grave error que la Corte repitiese, frente al Consejo de Seguridad, la misma relación que muchos sistemas judiciales tienen frente a poderes políticos intervencionistas, o que dependiese del consentimiento especifico de distintos estados antes de iniciar sus investigaciones.

La posición de mas de 400 ONGs representativas de la sociedad civil latinoamericana sobre este importante punto es clara: queremos una Corte independiente. En este sentido, les ruego revisar atentamente el pronunciamiento titulado "La sociedad civil de America Latina impulsa la Corte Penal Internacional".

La Corte representara una gran contribución a la causa de la paz y la reconciliación de la humanidad, porque establecerá la Verdad. Porque para perdonar es preciso conocer la naturaleza de la ofensa, para olvidar el pasado es preciso recordarlo sobriamente, para reconciliarnos es preciso establecer las responsabilidades de los individuos.

Les ruego por tanto que en esta Conferencia tengan siempre presente que vuestra responsabilidad primera como seres humanos es con vuestra propia humanidad, encarnada en las esperanzas y demandas de millones de personas que no merecen un nuevo siglo de crueldad y terror.

Dios les bendiga.

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