INTERVENCION DEL
SR. DR. DIDIER OPERTTI
MINISTRO DE RELACIONES EXTERIORES DEL URUGUAY
Permítame comenzar agradeciendo al Señor Canciller de Namibia Embajador Theo Ben Ghurirab por su gestión en la Presidencia del 54 período de Sesiones de la Asamblea General, durante el cual se continuó y concluyó el proceso de preparación de la reciente Cumbre del Milenio que se había iniciado en el período anterior.
Hago llegar también al Señor Presidente del 55 período, el ex-Primer Ministro de Finlandia, Señor Harri Holkeri, nuestras felicitaciones y los mejores deseos de éxito en su gestión.
Señor Presidente:
La semana anterior las Naciones Unidas tuvieron su Cumbre del Milenio. Mejor expresado, tuvimos nuestra Cumbre del Milenio. La labor del Secretario General y de los Estados Miembros es merecedora de nuestro elogio y sus resultados rotundamente positivos.
Todos debemos felicitamos por tan exitosa labor. Ahora queda en nuestras manos la tarea que la Cumbre nos impone, que debería iniciarse con la realización de un inventarlo y de una cuidadosa evaluación de sus acuerdos, de sus disensos y de sus prioridades. Sobre todo corresponde que prestemos especial atención a las exposiciones de nuestros Jefes de Estado y de Gobierno así como a los informes verbales hechos a modo de resumen por cada uno de los Presidentes de las cuatro mesas redondas, que constituyen un rico material de apoyo sobre el cual podemos y debemos trabajar. Podríamos decir que la Asamblea General, como órgano universal y soberano, ha recibido un mandato de los máximos dirigentes políticos de los Estados Miembros; interpretar y ejecutar ese mandato es al presente el principal objetivo de nuestra gestión en este ámbito.
Naturalmente, el documento del Secretario General emblematizado por sus palabras introductorias "Nosotros los pueblos...", constituye un aporte valioso e ineludible, ampliamente apreciado a la hora de mirar la Organizacion en perspectiva, por lo que merece nuestro sincero reconocimiento.
Estamos, pues, en condiciones de afirmar que nunca como ahora hemos contado con tan autorizadas y precisas orientaciones. La responsabilidad de. ponerlas en práctica, como lo expresara el Secretario General en su discurso inaugural, está en nuestras manos, en la de todos nosotros, vale decir, en el ámbito no excluyente de la Asamblea General.
Desde el inicio mismo de este renovado encargo debemos esforzamos por identificar ciertas ideas focales que reflejen los consensos básicos en el punto de partida, reconociendo de antemano que ni la Cumbre ni cualquiera otra reunión similar de las Naciones Unidas innovará de modo absoluto en los temas de la agenda mundial ni podría ser capaz por si sola de producir aquellos cambios que prácticamente todos percibimos como necesarios e inaplazables.
En definitiva, de lo que se trata es de utilizar la Cumbre del Milenio como la plataforma de lanzamiento hacia la conquista de los objetivos compartidos por la comunidad internacional cuya principal cualidad debería ser la de reflejar derechos e intereses básicos de todos sus integrantes.
Debemos pues ser tan cuidadosos en la identificación de dichos objetivos como en la selección de los procedimientos y de los tiempos necesarios para alcanzarlos. En cualquier caso, hay algunos datos de la realidad de los que no podríamos ni deberíamos prescindir.
El primero de ellos es el reconocimiento de que el llamado fenómeno de la globalización o mundialización constituye el contexto ineludible al cual la familia humana debe adaptarse, no desde una perspectiva de conftontación o de resignada aceptación, sino para insertarnos activamente en él. Actuando dentro del marco de la mundialización estaremos en condiciones de conducirla y canalizarla, aceptando sus valores intrínsecos en su dimensión científica y técnica, y transmitiéndole al mismo tiempo la inspiración y la voluntad política necesarias para controlar sus efectos sobre aquellas sociedades que no están todavía dotadas de los recursos para incorporarse a ella con beneficio.
Hay que tratar, se ha dicho, de que todos los Estados puedan subirse al tren de la mundialización, y es este propósito el que debe animar nuestras acciones individuales y nuestros esfuerzos de cooperación en el futuro inmediato.
Como fue subrayado en forma reiterada durante la Cumbre, una acción de Naciones Unidas en tal dirección tendría un efecto estimulante y positivo, particularmente si se tiene presente que ninguna otra institución internacional ha asumido esa tarea.
Partiendo del carácter universal y sin exclusiones de la globalización, corresponde que consideremos cual podría ser la referida acción de las Naciones Unidas desde una perspectiva de evolución y cambio del sistema internacional en sus tres ejes centrales:
Con relación al primero de tales temas cabría por una parte admitir que el proceso de reforma del Consejo de Seguridad, al que tantos esfuerzos hemos dedicado, no ha registrado últimamente avances significativos, y pareciera que la comunidad internacional no ha procesado suficientemente todavía su voluntad institucional de cambio, sin perjuicio de advertir que el tema sigue pendiente y que el mismo ha merecido en la reciente Cumbre una especial consideración de Jefes de Estado y de Gobierno como se consigna en los informes de los Presidentes de las Mesas Redondas.
Ocurre que, según nuestro punto de vista, con respecto a esta cuestión hemos llegado a una situación en cierto modo paradojal: por un lado existe prácticamente un consenso en cuanto a la necesidad de reformar el Consejo para que, sobre la base de ciertos principios muy caros a la comunidad internacional, refleje de manera más adecuada la realidad contemporánea, haciéndolo más democrático en su espíritu, más representativo en su estructura y más transparente en su funcionamiento.
Pero por otro lado, las fórmulas que se manejan para obtener tales objetivos, es decir la ampliación del Consejo mediante un incremento de los miembros permanentes y no permanentes constituye, en la opinión de algunos, el desconocimiento de los propios principios que se busca cristalizar. Así a la necesidad sentida por todos de refórmar el Consejo para hacerlo más representativo y democrático hemos respondido con fórmulas que no parecen reflejar el espíritu necesariamente universal de la reforma
Por eso es que creemos que, a la vez de persistir en nuestros esfuerzos para lograr una reorganización del Consejo de Seguridad, debemos explorar soluciones alternativas que nos permitan prescindir de las propuestas -quizás demasiado simplistas-que hemos estado manejando hasta ahora y que no nos han permitido hacer muchos progresos después de ocho años de intensas negociaciones. Más que en cualquier otro de los problemas que tenemos que resolver, en la cuestión de la reforma del Consejo se necesitan nuevos enfoques y nuevas ideas.
El tema del mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales continúa siendo una cuestión central sobre la cual las Naciones Unidas asientan su especificidad y en cierta medida su propia razón de ser. Desde la fundación de la Organización los mecanismos para lograr tal objetivo, los límites dentro de los cuales puede moverse la Organización, las modalidades de ejecución de sus actividades fueron temas que estuvieron en nuestra agenda. Y son temas que siguen requiriendo nuestra atención, porque a medida que evoluciona la situación política del mundo los problemas de la paz y la seguridad internacionales se presentan de manera diferente y a veces inesperada.
Naciones Unidas se enfrenta ahora con el angustioso problema de tener que cumplir con sus objetivos de mantener la paz con recursos reducidos y mecanismos inadecuados. El informe sobre la cuestión de las Operaciones de la Paz preparado a pedido del Secretario General por un grupo de expertos (Informe Brahimi) constituye una contribución que sin duda nos ayudará a encontrar la manera de superar las actuales dificultades que enfrenta la Organización en esta materia. El Uruguay, tradicional contribuyente desde 1952 a las Operaciones para el Mantenimiento de la Paz, está examinando cuidadosamente las recomendaciones contenidas en dicho informe, muchas de las cuales merecen nuestro respaldo.
En todo caso, saludamos con aprobación las iniciativas tendientes a profundizar el estudio de lo que se ha llamado "la intervención humanitaria". Esperamos que una consideración detallada y objetiva de esta cuestión por la Organización nos lleve a conocer su verdadero alcance y sus implicaciones, así como la manera en que dicho concepto pueda insertarse armónicamente en el orden jurídico internacional.
Con relación al financiamiento de las Operaciones de Mantenimiento de la Paz entendemos que se requiere una cuidadosa administración de los recursos existentes y al igual que en el presupuesto regular, requiere también el cumplimiento cabal de las obligaciones financieras con la Organización por parte de todos los Estados, sin condiciones. Asimismo, la institucionalización de la actual Escala de Cuotas es fundamental, quizás con pequeños ajustes que no perjudiquen a los países en desarrollo y que aseguren que los países con economías más prósperas asuman responsabilidades acordes con su capacidad de pago.
Esta es también nuestra posición respecto al presupuesto regular. No aceptamos que para fijar las cuotas se recurra a las fórmulas simplistas basadas solamente en indicadores económicos aislados como lo es el ingreso per capita, que no tienen en cuenta la real situación económica del país y la situación en que se encuentra su población.
Nunca estará de más insistir en la vinculación del tema del desarme con la cuestión de la financiación para el desarrollo. El hecho de que la mayoría de los conflictos ocurran en el sector subdesarrollado del mundo en donde a veces sobran las annas y faltan las escuelas sigue siendo una paradoja avergonzante. Debemos seguir intentando avanzar por el camino del desarme y por ello el Uruguay apoya la convocatoria a la "Conferencia Internacional de las Naciones Unidas sobre el comercio ilícito de Armas Pequeñas y Armas Ligeras" y que tendrá lugar el año que viene.
Uruguay apoya también los esfuerzos de los países de la "Nueva Agenda" para avanzar hacia la total eliminación de las armas nucleares y exhorta a la ratificación del Tratado de Prohibición Completa de los Ensayos Nucleares.
Con relación al sistema financiero internacional -FMI y Banco Mundial-, en el manejo de las recurrentes situaciones de crisis por las que ha atravesado el mundo en un pasado reciente, una buena dosis de responsabilidad ha sido asignada a sus defectos de funcionamiento. En especial su falta de previsión y anticipo de dichas crisis ha puesto en evidencia la necesidad de actualización y reforma del sistema responsable directo de asegurar en lo pertinente la gobernabilidad económica global. En este ejercicio de reorganización de las instituciones financieras y de coordinación de sus actividades con las actividades de las Naciones Unidas y sus agencias, deberá tenerse presente la aspiración generalizada de la mayor parte de la comunidad internacional de democratizar los procesos de adopción de decisiones de esas instituciones. El íntimo vínculo entre las decisiones del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional con las diferentes situaciones sociales y económicas de los paises, justifica sobradamente esa aspiración.
La desigualdad y la pobreza y el endeudamiento en el mundo en desarrollo son los problemas que han estado presentes de un modo predominante en los debates del Milenlo. Son problemas que nos demandan una atención y concurrencia de programas y acciones permanentes pero sobre todo nos demandan ejercitar un sentido de solidaridad elemental que no siempre está presente en nuestros esfuerzos de cooperación.
En este orden de asuntos cabe mencionar dos ideas que fueron expuestas durante la Cumbre y que entendemos que deberían ser analizadas porque pueden indicar posibles direcciones para enfrentar eficazmente las cuestiones económicas. La primera de ellas es la iniciativa de crear un Consejo de Desarrollo, no dependiente ni subordinado, con competencia para tomar decisiones para corregir y orientar el congestionado tráfico financiero internacional, cuyas tendencias y evoluciones generan impactos que afectan las economías de todos los países.
La segunda se relaciona con el comercio internacional. A este respecto, es inequívoca la convicción de la comunidad internacional en cuanto a la necesidad de hacerlo cada día mas libre y más abierto. El presidente del Uruguay, Dr. Jorge Batlle Ibañez, en su exposición ante la Cumbre y en su participación en la respectiva Mesa Redonda, señaló el carácter indisoluble de la libertad, vista ésta como un todo al que no puede restar ajena la libertad de comercio.
Siendo el comercio un modo natural e histórico de comurneación entre los pueblos, los Estados no deben imponer trabas proteccionistas a su libre desenvolvimiento, las que constituyen por su propia naturaleza factores retardatarios del desarrollo y por lo tanto del bienestar de los pueblos, y fuente de problemas sociales serios, muchas veces inmanejables. De este modo los obstáculos al comercio, las políticas comerciales discriminatorias y el proteccionismo terminan por convertirse en factores de inestabilidad política, interna e internacional. Esta es la posición del Uruguay en el MERCOSUR, en las relaciones de este con la Comunidad Andina, en el ALCA y en la Organización Mundial del Comercio.
El fuerte alegato de la Cumbre en tal sentido, no debería ser desatendido por los Estados que aislada o conjuntamente levantan barreras proteccionistas de manera selectiva y defienden así de modo egoísta su propia producción y participación en el mercado, negando a los demás lo que el Dr. Batlle llamó "nuestro derecho a crear y producir y nuestro derecho a ofrecer y vender lo producido". En este sentido no puedo pasar por alto el propósito del gobierno de Italia, anunciado por su Primer Ministro durante la Cumbre, de insistir en los organismos internacionales, incluido el Grupo de los 8, en la necesidad de que los países desarrollados abran sus mercados a los países menos desarrollados aboliendo cuotas y tarifas.
Tampoco podría permanecer ajena a esta convocatoria la propia GMC que si bien no tiene un papel mayor en la prealudida gobernabilidad financiera global, abarca con sus regulaciones el comercio en su sentido más amplio y mantiene todavía entre sus asignaturas pendientes derivadas de la Ronda Uruguay y acuerdos de Marraquesh, la regulación del comercio de productos agrícolas, que tanto afectan a muchos de nuestros países, y en particular a regiones como Áffica y América Latina y otras.
Señor Presidente:
Podríamos hoy decir que acerca del papel de las Naciones Unidas en el proceso de equidad progresiva del mundo, nadie podría ya albergar dudas. Pero no es Naciones Unidas como Organización la única responsable: también lo son los Estados y los somos por ende los gobiernos.
De nuestra sensatez y probidad dependerá no solo un futuro sólido y esperanzado de la comunidad internacional, sino también el crédito de nuestros pueblos que afortunadamente para los que practicamos el credo democrático siempre es a término y sujeto al juicio de la opinion pública.
De nuestra capacidad de propuesta al interior de la Organización dependerá que la Cumbre del Milenio que acabamos de protagonizar constituya la iniciación del verdadero renacimiento de las Naciones Unidas. El mundo necesita verse reflejado en las instituciones con esperanzas y participacion, con responsabilidad y voluntad de construir una sociedad mas justa, mas previsible, en definitiva, mas pacífica y humana.
Por ello creo que es una tarea ineludible de esta Asamblea y de la Secretaría la de establecer lo antes posible un mecanismo que se encargue de. dar seguimiento a la Cumbre del Milenio, examinando la manera como se podría ejecutar y poner en el plano de la realidad el rico caudal de ideas que nos han dejado nuestros Jefes de Estado.
Muchas gracias.