ESPAÑA
INTERVENCIÓN
DEL
EXCMO.DON
JOSEP PIQUÉ
ANTE EL
QUINCUAGÉSIMO QUINTO PERÍODO DE
SESIONES
DE LA
ASAMBLEA GENERAL DE LAS NACIONES UNIDAS
Nueva
York, 14 de septiembre de 2000
Señor Presidente:
Deseo
felicitarle sinceramente por su elección como Presidente de esta Asamblea
General de las Naciones Unidas, la Asamblea del Milenio. Quiero agradecer
también la labor realizada por su predecesor, el Ministro Ben Gurirab, que
culminó en la reciente Cumbre del Milenio.
Doy la
bienvenida a Tuvalu como nuevo Estado miembro de las Naciones Unidas. Estoy
seguro de que hará una aportación útil y enriquecedora a los trabajos de la
Organización .
Señor Presidente:
¿Qué Naciones Unidas queremos? ¿Por qué y para qué
necesitamos a las Naciones Unidas en este nuevo milenio? La Cumbre
del Milenio se ha convocado para contestar a estas preguntas. La tarea de esta
Asamblea General es concretar y poner en marcha las respuestas que la Cumbre ha
propuesto. España quiere sugerir algunas ideas para avanzar en tres ámbitos
fundamentales de acción de la Organización: la gestión de la globalización,
la lucha contra la pobreza, y el fomento de la paz.
Las
Naciones Unidas que queremos deben ser nuestro principal instrumento para hacer
frente a los múltiples retos de la globalización. Su carácter universal
coloca a nuestra Organización en posición ideal para ello. Sería imperdonable
que no estuvieran a la altura de esta tarea, que se va a librar en terrenos muy
diversos.
Por
ejemplo, el de los derechos humanos. El proceso de universalización de los derechos
humanos constituye una de las aportaciones más valiosas de las Naciones
Unidas a las relaciones internacionales desde la aprobación de la Declaración
Universal de los Derechos Humanos en 1948. Si el siglo XX ha sido el de la
formulación y articulación internacional de los derechos humanos, el próximo
siglo debe ser el de la universalización de su disfrute efectivo.
Entre las
prácticas que es más urgente eliminar está el racismo, la discriminación
racial, la xenofobia y la intolerancia. La Conferencia Mundial contra el
Racismo del 2001 debe ser un instrumento eficaz para ello. También debemos
seguir trabajando por la abolición de la pena de muerte, que consideramos como
un castigo contrario a la dignidad de la persona. La adopción de moratorias
sobre su aplicación puede constituir un primer paso para su abolición total.
Nuestra
Organización debe permitirnos también dar soluciones solidarias a problemas humanitarios que hasta hace
poco sencillamente no eran atendidos, recayendo sus consecuencias sobre
poblaciones civiles indefensas. Me refiero a la situación de los refugiados,
desplazados internos, víctimas civiles de conflictos armados o personal de
asistencia internacional que sufre amenazas o coacciones. Es esencial ampliar
nuestra actuación en este ámbito y prestar una atención especial a los sectores
más vulnerables de la población.
El Presidente
del Gobierno español firmó la semana pasada en esta misma ciudad los dos
protocolos facultativos de la Convención sobre Derechos del Niño, relativos a
niños en conflictos armados y a venta de niños, prostitución y pornografia
infantil. En este mismo sentido, la Asamblea General de las Naciones Unidas
adoptó este año una Resolución acordando la celebración en España en el 2002 de
la II Asamblea Mundial de Envejecimiento. Por nuestra parte, haremos todo to
posible por asegurar el éxito de tan importante acontecimiento.
En este
contexto general ¿cómo no referirse a la cuestión de la llamada intervención humanitaria, planteada en sus justos términos en
más de una ocasión por el Secretario General? Las Naciones Unidas que queremos
no son una Organización que se quede paralizada ante violaciones masivas de los
derechos humanos, allá donde se produzcan. Cuando así to ha hecho, su prestigio
ha sufrido seriamente, y ha quedado marginada en la toma de decisiones
fundamentales en momentos de crisis. La repugnancia que provoca una actitud
pasiva ante este tipo de atrocidades y la necesidad de reforzar el papel de la
Organización en situaciones de crisis no son sino las dos caras de una misma
moneda. Es fundamental que seamos capaces de crear puntos de consenso entre
todos nosotros sobre al menos dos cuestiones fundamentales:
- Consenso
sobre las acciones ante las que la comunidad internacional no puede permanecer
cruzada de brazos. Por ejemplo los crímenes de guerra, los críménes contra la
Humanidad y el genocidio, que son los delitos a los que se refiere el Estatuto
de Roma de la Corte Penal Internacional.
- Consenso
entre los miembros permanentes del Consejo de Seguridad sobre los casos en los
que no utilizarían el veto para bloquear una Resolución del Consejo destinada a
detener violaciones masivas de los derechos humanos.
El
principio de la soberanía del Estado sigue siendo esencial en la sociedad
internacional contemporánea. Pero no puede utilizarse como escudo protector
para poder violar impunemente los derechos humanos.
El
establecimiento de la Corte Penal
Internacional muestra el sentido hacia el que evoluciona la comunidad
internacional en este terreno. La creación de una justicia penal internacional
constituye el cambio más importante en el Derecho Internacional desde la
aprobación de la Carta de San Francisco. Me satisface informar a esta Asamblea
que ayer en mi país concluyo la tramitación parlamentaria de la ratificación
del Estatuto de Roma. Espero que la Corte Penal Internacional pueda convertirse
en realidad en un futuro no demasiado lejano y, por ello, confio en que el
mayor número de países firme y ratifique el Estatuto de Roma, sin modificar
directa o indirectamente su integridad y su eficacia.
Señor Presidente:
Si hay una
cuestión que nos hace entender enseguida que existen intereses globales que
necesitamos gestionar entre todos es la conservación del medio ambiente. Es imperativo que el Protocolo de Kyoto para
combatir el efecto invernadero entre en vigor en 2002, como muy tarde. España
es firmante del mismo, to mismo que de los acuerdos sobre la capa de ozono,
sobre Biodiversidad, Bioseguridad y Desertificación, un problema este último
que afecta de manera especial a mi país.
Por
desgracia, la globalización ha generado tambien nuevas oportunidades para que
se desarrollen plagas universales como el terrorismo y la delincuencia
transnacional organizada. Pero también nos brinda nuevos instrumentos para
luchar contra ellas, si nos ponemos de acuerdo sobre cómo utilizarlas. España
apoya la elaboración de una Convención General contra el terrorismo
internacional, y agradece a la India su iniciativa en este sentido. Deben
concluir también los trabajos para la adopción de una Convención contra la
delincuencia transnacional organizada.
Señor
Presidente:
Una
prioridad absoluta de las Naciones Unidas es la lucha contra la pobreza. La Cumbre del Milenio ha
prestado una atención especial a las medidas dirigidas a erradicar la pobreza.
La aplicación concreta de estas medidas debe ser un aspecto fundamental de los
trabajos de esta Asamblea General. Las Naciones Unidas que queremos deben hacer
posible que los Estados desarrollados y los que están en vías de desarrollo
alcancen acuerdos para cumplir la parte que les corresponde en esta tarea.
Las
reuniones de alto nivel que tendrán lugar en 2001 sobre Financiación para el
Desarrollo y sobre los Países Menos Adelantados no deben ser desaprovechadas.
España ciertamente hará todo to que esté en su mano para contribuir a su éxito.
Mi país cumple con las directrices emanadas de la Cumbre Mundial de Desarrollo
Social que aconsejan dedicar al menos el 20% de los recursos de cooperación en
beneficio de los sectores sociales básicos como salud, educación, vivienda y
empleo, que son los que tienen mayor incidencia sobre los estratos más
desfavorecidos de la población y, por tanto, sobre la erradicación de la
pobreza. España ha elaborado un ambicioso programa de microcréditos orientado a
satisfacer las necesidades de los sectores menos favorecidos de la población de
los países en desarrollo.
España ha
puesto en marcha, asimismo, programas de condonación de deuda con vanos países,
incluyendo a Mozambique y a los Estados centroamericanos más afectados por el
Huracán Mitch. Apoyamos decididamente la iniciativa sobre los países pobres muy
endeudados. Los países de ingresos medios con graves problemas de deuda externa
no deben tampoco verse excluídos de los planes de condonación de deuda si
establecen programas internos significativos para erradicar la pobreza.
En el
sector sanitario se han producido en los últimos años graves retrocesos en la
lucha contra enfermedades infecciosas, especialmente en Africa. España respalda
activamente a ONUSIDA y a los esfuerzos que se realizan para facilitar el
acceso de los enfennos en países en vías de desarrollo a los medicamentos
contra el SIDA, y apoya la celebración de una Sesión Especial de la Asamblea
General de las Naciones Unidas sobre esta enfermedad. España tiene además un
especial interés en examinar posibles acciones contra otras enfermedades
infecciosas y parasitarias, especialmente en el ámbito africano.
Señor Presidente:
La frase
primera de la Carta expresa la resolución de las Naciones Unidas de preservar a
las generaciones venideras del flagelo de la guerra. No debemos resignarnos a la eternización de algunos conflictos regionales. En Africa no termina de alcanzarse una
salida para la situación en el Congo, que asola desde hace años a uno de los
países más ricos y con mayor peso del continente. Angola y Sierra Leona
continúan siendo escenario de enfrentamientos civiles, financiados muchas veces
con la venta ¡legal de diamantes y otros recursos preciosos.
España ha
hecho del respaldo político y práctico a las Naciones Unidas y a la misión
desplegada en el territorio una de sus constantes en el contencioso sobre el Sahara Occidental. Por ello, mi país
mantendrá invariable su compromiso por una definitiva resolución del diferendo
en el momento decisivo por el que atraviesa y apoyará los esfuerzos que el
Secretario General y su Enviado Personal vienen desarrollando en cumplimiento
de la Resolución 1309 del Consejo de Seguridad.
En Oriente Medio se han abierto nuevas perspectivas de paz tras la
cumbre de Camp David. Es necesario consolidar los importantes avances allí
realizados y aprovechar esta oportunidad histórica para alcanzar un acuerdo
sobre todos los temas pendientes. En línea con la Declaración de Berlín, España
considera que el pueblo palestino tiene derecho a establecer un Estado propio.
La evolución del proceso de paz debe tener su reflejo en las Resoluciones que
apruebe este año la Asamblea General, que no deberían constituir una
reiteración mecánica de los textos de años anteriores.
La
situación en Iraq resulta, sin
embargo, frustrante. La interrupción de las inspecciones de armamentos, la
ausencia de un horizonte para levantar las sanciones, la continuación de las
acciones armadas y la dificil situación humanitaria en el país constituyen en
su conjunto una situación poco alentadora. Es imperativo que se refuerce el
consenso sobre esta cuestión en el seno del Consejo de Seguridad y que Iraq
colabore con las Naciones Unidas para la plena aplicación de la Resolución 1284
y otras Resoluciones pertinentes.
En Iberoamérica, es fundamental enviar un
claro mensaje de apoyo de la comunidad internacional al proceso de paz en
Colombia. Los esfuerzos del Presidente Pastrana por alcanzar un acuerdo que
ponga fin a décadas marcadas por la inseguridad y la violencia merecen recibir el
respaldo de todos.
Las
dificultades a las que hace frente la Misión de las Naciones Unidas en Kosovo (UNMIK) para cumplir su tarea no
deben ocultar los logros que ya ha alcanzado en to que es probablemente la
Operación de Mantenimiento de la Paz con objetivos de mayor alcance que nunca
hayan emprendido las Naciones Unidas: pacificar el territorio, reconciliar a su
población, reconstruir su economía y permitir que Kosovo -como señala la
Resolución 1244- pueda gozar de una autonomía sustancial y una verdadera
administración propia, respetando el principio de soberanía a integridad
territorial de la República Federativa de Yugoslavia.
Muchos de
estos conflictos tal vez podrían haberse evitado. España apoya sin reservas los
esfuerzos del Secretario General por orientar la estrategia de la Organización
hacia la prevención de conflictos. Su
informe sobre Africa proporciona un enfoque innovador, al proponer un amplio
paquete de medidas para hacer frente a los conflictos en el continente
africano.
Un
importante elemento de ese arsenal diplomático preventivo to constituye una
política de sanciones bien
fundamentada. Ahora bien, los regímenes de sanciones deben graduarse de forma
muy cuidadosa, a fin de que alcancen su objetivo: castigar la política de un
determinado gobierno que constituya una amenaza para la paz, sin por ello
perjudicar a la población civil de ese mismo país -que en muchos casos no tiene
ninguna capacidad de influir sobre las decisiones de su gobierno- ni tampoco a
terceras partes. Las sanciones deben aplicarse de manera flexible y contener
mecanismos de revisión periódica que les permitan adaptarse a la evolución de
las circunstancias.
El desarme y la no proliferación
constituyen otros dos elementos esenciales en la prevención de conflictos. Es
necesario superar los reveses sufridos en los últimos meses por el proceso de
no proliferación nuclear, a impulsar la firma y ratificación del Tratado de Prohibición
Completa de Ensayos Nucleares con el fin de conseguir su rápida entrada en
vigor. Resulta también preocupante que no se haya podido aún iniciar la
negociación de un Protocolo sobre material fisible: es urgente lograr el
consenso necesario para ello.
La
conclusión de las negociaciones sobre el Protocolo de Verificación de la
Convención de Armas Biológicas debe suponer un paso en este terreno tan
importante como el que supuso la entrada en vigor de la Convención de Armas
Químicas. De la misma manera, la conferencia del 2001 sobre Annas Pequeñas y
Ligeras debe constituir un hito similar al que supuso la Convención de Ottawa
sobre Minas Antipersonales.
Señor Presidente:
Otro
objetivo de las Naciones Unidas debe ser terminar a escala global con el
proceso de descolonización, acabando
con los últimos vestigios de colonialismo. Uno de ellos persiste, como doloroso
anacronismo, en territorio español. Me refiero, por supuesto a Gibraltar, donde casi tres siglos
después de que su población fuera expulsada y de que el Peñón fuera ocupado por
soldados británicos, se perpetúa una situación colonial que atenta contra la
integridad territorial de mi país y va en contra de to establecido por la
Resolución 2353 de la Asamblea General. La recuperación de la soberanía sobre
esta parte de nuestro territorio es un objetivo irrenunciable para España, que
apuesta decididamente por el diálogo. Es de lamentar que el Reino Unido no haya
mostrado una genuina voluntad política de resolver este problema. Por esta
razón, 15 años después de iniciado el diálogo bilateral, en el marco del
Proceso de Bruselas y de conformidad con las decisiones de esta Asamblea
General, seguimos sin registrar el más mmimo progreso sobre esta cuestión, a
pesar de las varias propuestas concretas que hemos presentado.
Señor Presidente:
Queremos
unas Naciones Unidas que sean capaces de llevar a cabo estas tareas que tiene
encomendadas. Para ello, deben eulminar
su proceso de reformas. Hay que reforzar por ejemplo el papel de la
Asamblea General -el único órgano en el que estamos representados todos los
Estados miembros- como centro motor de debate y de impulso político de las
Naciones Unidas. Incorporar en mayor medida a la sociedad civil a las tareas de
la Organización, to cual contribuirá a acercarla más a los ciudadanos y a
obtener un mayor compromiso con su labor por parte de éstos.
Es
necesario también reformar el Consejo de
Seguridad para que pueda desempeñar plenamente sus funciones en el
mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales. El gobierno español
considera que esta reforma debe estar inspirada en los siguientes principios:
-
Consenso: debe hacerse sobre la base de un consenso amplio y sólido, a fin de
evitar escisiones peligrosas entre los Estados miembros y proporcionar al
Consejo ampliado una mayor legitimidad necesaria para desarrollar eficazmente
su labor.
-
Democratización: debe permitir ampliar el número de miembros no permanentes
procedentes de todos los grupos regionales, y especialmente del mundo en
desarrollo. España considera que la ampliación de la categoría de miembros no
pennanentes refleja de manera más adecuada las tendencias hacia la
democratización de la sociedad internacional en el umbral del tercer milenio.
- Eficacia: debe evitar que el ejercicio del derecho de veto deje bloqueado al Consejo en determinadas crisis.
-
Transparencia: deben mejorarse los métodos de trabajo del Consejo, ampliando la
cantidad y la calidad de las consultas entre sus integrantes y con el resto de
los Estados miembros, para que éstos no queden marginados del proceso de toma
de decisiones.
También sobre el terreno la
Organización que necesitamos debe poder actuar con firmeza y eficacia para
mantener la paz. El primer paso para ello es reflexionar sobre los errores
cometidos en el pasado. De ahí la importancia del informe Brahimi sobre Operaciones de Mantenimiento de la Paz, que
-to mismo que informes precedentes sobre Ruanda y Srebrenica- pone el dedo en
la Raga al reconocer nuestros fallos y proponer soluciones para superarlos.
Los errores de la Organización en este ámbito han sido a veces muy graves, han costado vidas humanas y graves sufrimientos a las poblaciones directamente afectadas. Han costado también un grave descrédito de las Naciones Unidas ante los ojos de nuestras opiniones públicas. España tiene un interés directo en que las operaciones de paz se organicen sobre una base sólida, porque en este momento cientos de españoles participan en ellas en lugares tan distantes como Timor Oriental, Kosovo, Etiopía o Guatemala. España firmó además el año pasado un acuerdo con la Secretaría sobre las Fuerzas en Espera, acuerdo en el que se prefiguran ya algunas de las recomendaciones del informe Brahimi.
España apoya decididamente estas recomendaciones y conña en que se apliquen rápidamente. Al mismo tiempo, es necesario ser consciente de que todo ello va a exigir un compromiso político y económico mucho mayor por parte de todos en la ejecución de Operaciones de Paz. Mayor rapidez en el despliegue de las unidades militares y civiles necesarias, y mayores medios para consolidar la paz una vez detenidos los enfrentamientos. Sobre todo, si las tropas de Naciones Unidas tienen que arriesgar más para garantizar la ejecución de los mandatos que les ha asignado el Consejo de Seguridad, esos mandatos tienen que ser claros, realistas y gozar del respaldo inequívoco del Consejo. Eso significa un esfuerzo serio de acercamiento de posiciones y de creación de consensos en el seno del Consejo de Seguridad a la hora de elaborar las Resoluciones que contengan esos mandatos, eliminando ambigüedades que impidan luego su aplicación efectiva. Significa una acción más decidida y sin fisuras contra aquellos Estados o grupos concretos que intenten obstaculizar su acción, incluída la posible aplicación de sanciones. Sólo así podremos enviar a nuestros soldados a situaciones en que tengan que arriesgar su vida para que esos mandatos sean respetados.
Mejorar
las Operaciones de Mantenimiento de la Paz costará sin duda dinero. Ni esta ni
ninguna otra de las tareas que tiene ante sí la Organización será posible si
ésta no resuelve su crisis financiera. España
es el octavo contribuyente a su presupuesto ordinario y paga sus contribuciones
de manera completa, puntual e incondicional. Tenemos por tanto un interés
directo en que la crisis fmanciera de la Organización se resuelva to antes
posible. El principio de capacidad de pago debe seguir siendo el criterio
fundamental para decidir la escala de cuotas. Los países de la Unión Europea ya
están aportando al presupuesto de las Naciones Unidas por encima de to que les
correspondería con arreglo a ese principio. España mantendrá una actitud
constructiva en las negociacionés para revisar las escalas de cuotas.
Señor Presidente:
En un mundo cada vez mas interdependiente, no hay alternativa a la cooperación multilateral. Las Naciones Unidas deben estar a la altura de to que los pueblos que las fundaron esperaban de ellas. Los Estados aquí representados debemos afrontar esta responsabilidad, construyendo una Organización capaz de aportar soluciones a los retos que la globalización plantea a la humanidad en el nuevo milenio. La Naciones Unidas que queremos son posibles. En nuestra mano está lograrlo...
Muchas gracias, Señor Presidente.