MISION PERMANENTE DEL PERU

ANTE LAS NACIONES UNIDAS


DISCURSO DEL DR. FERNANDO DE TRAZEGNIES GRANDA,

MINISTRO DE RELACIONES EXTERIORES DEL PERU

EN EL 55` PERIODO DE SESIONES DE LA

ASAMBLEA GENERAL DE LAS NACIONES UNIDAS.



Señor Presidente:

En primer lugar quiero unirme a quienes me han precedido en el uso de la palabra para felicitarlo por su nombramiento como Presidente de esta última Asamblea General de las Naciones Unidas en el Siglo XX. Complace al Perú que sea un representante de Finlandia, país notoriamente comprometido con los objetivos de la Organización, quien dirija los trabajos de la LV Asamblea General. Y estoy seguro de que, bajo su dirección, lograremos los mandatos que son necesarios para ponernos en marcha hacia la visión desarrollada por nuestros Jefes de Estado y de Gobierno en la recientemente concluida Cumbre del Milenio.

Me sumo también a las expresiones de saludo y felicitación a Tuvalu por su incorporación en el seno de las Naciones Unidas que, a no dudarlo, representará un importante aporte en las diferentes esferas de trabajo de la Organización.

La Cumbre del Milenio ha puesto en evidencia los enormes desafíos que tenemos por delante y la imperiosa necesidad de forjar una nueva forma de orden internacional que permita a las generaciones venideras gozar de un mundo liberado de las amenazas de la guerra, de la pobreza, de la injusticia y del deterioro ambiental y, al mismo tiempo, construido de manera libre con la participación de cada una de las grandes culturas que conforman la humanidad, sin imposiciones ni prejuicios.

Es muy importante que, próximos a terminar no sólo un siglo sino incluso un milenio el próximo 31 de Diciembre, nos detengamos antes un momento en el camino para reflexionar sobre el futuro de las relaciones internacionales. El Perú no es ciertamente un país decisivo en el desarrollo de estas relaciones a nivel global. Sin embargo, parecería que una de las características que se inician a fines del S. XX y que seguramente se acentuarán en el S.XXI, es el papel fundamental de todos los países del mundo, grandes o pequeños, para configurar el orden internacional. Y, en este sentido, la perspectiva de un país como el Perú, que participa plenamente de la civilización occidental pero que, al mismo tiempo, tiene características propias que le vienen desde tiempos ancestrales, puede resultar interesante para hacer el saludable ejercicio de dar la vuelta al tema desde distintos ángulos.

El Perú reitera enfáticamente que el orden internacional que debe orientar la conducta de los distintos actores internacionales en el siglo que empezará el próximo 11 de Enero debe sostenerse en los principios esenciales de la Carta de Naciones Unidas; los cuales, contrariamente a ciertas opiniones a nuestro juicio equivocadas, no solamente no han perdido vigencia, sino que son cada vez más relevantes para la convivencia pacífica, la seguridad colectiva y la posibilidad efectiva de desarrollo de todos los grupos concretos que forman parte de ese elemento abstracto que llamamos humanidad.

Destaco específica mente, señor Presidente, los derechos relativos a la soberanía de los Estados, a la no intervención en los asuntos ínternos y a la igualdad jurídica de los Estados. Estos principios básicos, consagrados en San Francisco, han permitido el desarrollo de efectivos mecanismos de auto-control y de estabilización del sistema internacional.

Es por ello que debemos renovar nuestro compromiso con estas normas del derecho internacional público, restituyéndoles la funcionalidad que les corresponde. Solamente así podremos conseguir que los valores democráticos que se imponen en la sociedad contemporánea tengan proyección y vigencia en un sistema internacional cuyos rasgos emergentes conducen hacia la configuración de nuevas formas de exclusión.

El mundo de hoy no es el mismo que el de hace 50 años. El cambio y la globalización recrean constantemente la realidad a un ritmo creciente y nos tratan de imponer un nuevo sentido de lo común e incluso una nueva moral y una nueva ética política definiendo dogmática y parcial izada mente lo que es correcto y lo que es incorrecto.

En este sentido, adquíere enorme significación el respeto irrestricto del ordenamiento jurídico internacional por cuanto constituye la única base que puede iluminar el camino común reduciendo la arbitrariedad y subjetividad. Esta es además la mejor vía y el más efectivo mecanismo para la protección de los derechos humanos y de la libertad humana en toda su dimensión, lo cual sin duda son exigencias de las que ningun miembro de la Comunidad Internacional puede exonerarse.

Pero esta nueva realidad nos impone también la necesidad del compromiso con el principio de la responsabilidad compartida. La profunda interdependencia que plantea la mundialización supone también de todos los miembros de la Comunidad de las Naciones Unidas una determinación colectiva en la suma de esfuerzos y recursos para la solución de problemas que tienen efectos sistémicos o de alcance internacional. Me estoy refiriendo muy especialmente al logro de un crecimiento económico duradero en los países en desarrollo, a la eliminación de la pobreza, a la confrontación de amenazas reales a la paz de alcance internacional, a los problemas de salud pública y a las enfermedades endémicas principalmente vinculadas a la pobreza, al suficiente financiamiento para el desarrollo, a la brecha digital, a las migraciones y libre movilidad del factor trabajo, a la protección y conservación del medio ambiente, al problema mundial de las drogas más allá de una perspectiva exclusivamente militar, al flagelo del terrorismo y a las distintas formas de delitos internacionales, incluyendo el lavado de dinero, el tráfico de armas y el tráfico internacional de personas.

Para el Perú es de gran importancia que cada uno de estos problemas comunes sean abordados en el marco de las Naciones Unidas y que logren respuestas compartidas, coherentes e integrales. Debemos ser capaces de encontrar soluciones eficaces y que cuenten con el suficiente respaldo político y financiero. En este contexto, deseo expresar nuestra especial complacencia por el compromiso asumido por los Jefes de Estado y de Gobierno para concentrar la atención de la Comunidad Internacional en los próximos anos en la reducción de la pobreza con el propósito de lograr que para el ano 2015 cerca de 600 millones de personas superen el estado de pobreza crónica. Y, en este mismo orden de ideas, quiero destacar la propuesta imaginativa y constructiva planteada por el Presidente del Perú, Ing. Alberto Fujimori, en la Cumbre del Milenlo, en el sentido de utilizar las sumas ilegalmente ganadas por los narcotraficantes capturados, que se encuentran depositadas en cuentas bancarias en los países ricos, para aliviar la deuda externa de los países más pobres y, en general, emplear ese dinero de manera que contribuya a la lucha contra la pobreza en el mundo.

Ello es sin duda el gran reto en materia de desarrollo. Muchos de nuestros países han emprendido firmes reformas económicas y optado por una integración abierta en la economía global, lo que ha generado importantes factores de competitividad, pero también ha tenido impactos negativos en lo social y ha creado una mayor vulnerabilidad externa, tal como se demostró en la última crisis financiera de 1997-1998. Las enormes expectativas generadas sobre los beneficios de la mundialización del proceso de producción y de las corrientes financieras y de capital, se han visto frenadas. Por ello, es extremadamente urgente resolver las carencias de los más necesitados y lograr que el proceso de globalización genere empleo y sea más incluyente, muy en especial en los países en desarrollo.

Como bien se conoce, la pobreza es un fenómeno complejo y multidimensional, cuya atención exige un enfoque integral, de decisiones de política de alcance nacional e internacional, y de la efectiva cooperación internacional. Toda respuesta sectorial será por definición fragmentada e insuficiente.

De esta manera, dificilmente puede darse un desarrollo social y reducirse la pobreza sin un crecimiento económico, el cual a su vez es imposible que se alcance sin una adecuada inversión en capital físico y en recursos humanos. Pero es verdaderamente excepcional que los paises en vías de desarrollo puedan generar internamente los recursos suficientes para lograr un sostenido crecimiento económico. Por ello, debemos recurrir al ahorro externo, la inversión extranjera y la cooperación internacional.

No existe discrepancia respecto de esta causalidad. Sin embargo, la práctica y algunas políticas adoptadas por los países más avanzados demuestran que existe una enorme brecha entre el discurso y la realidad. Sólo de este modo podemos explicarnos que importantes sectores económicos en los cuales los países en vías de desarrollo tienen ventajas comparativas y competitivas, como son, por ejemplo, los sectores textiles y prendas de vestir y el sector agrícola, continúen al margen de¡ libre comercio. Se trata precisamente de aquellos sectores en los que la generación de empleo resultaría de mayor impacto en el combate contra la pobreza.

Por otra parte, coincide con este escenario el hecho de que el fin de la guerra fría haya marcado una fuerte caída en la asistencia oficial para el desarrollo, tanto en términos absolutos como relativos. Hoy la asistencia que los países en desarrollo reciben de los miembros de¡ Comité para la Asistencia para el Desarrollo de la OCDE es, incluso en términos corrientes, cerca de 20 por ciento menor al alcanzado en 1992. Sin embargo, la condicionalidad exigida a partir de formulas genéricas que, casi sin excepción, no responden a realidades sociales específicas se ha ampliado.

Paradójicamente, ello coincide con un período en el que economías maduras como son las de los países i nd ustrial izados, están creciendo a tasas incluso superiores al conjunto de los países en desarrollo. Sin embargo, no se ha implementado aún en toda su extensión la Iniciativa para los Países Menos Adelantados Altamente Endeudados, ni ampliado el débil respaldo a otros países que enfrentan una elevada carga de¡ servicio de la deuda externa.

Estas y otras consideraciones ponen de relieve la gran importancia que revíste el tratamiento del tema del Financiamiento para el Desarrollo. Ello supone mirar no solamente el ámbito interno de los países en desarrollo, sino también prestar especial atención al fortalecimiento del sistema comercial multilateral a través de un trato especial y diferenciado que contribuya a fomentar la competitividad, a la eliminación del proteccionismo en los mercados de exportación de los países en desarrollo, junto con la ampliación y mejoramiento del acceso a fuentes de financiamiento e inversión privada, el incremento significativo de la asistencia oficial para el desarrollo, la efectiva reducción del stock y carga del servicio de la deuda externa para los países en desarrollo cuyas condiciones así lo exijan y mejorando la arquitectura financiera internacional.

Todas estas son áreas cruciales que merecen la mayor atención de la comunidad internacional, especialmente de los países industrial izados, para cumplir plenamente con el mandato principal de las Naciones Unidas, que es 'asegurar la paz y la seguridad internacionales y lograr el pleno desarrollo de sus Estados Miembros.

Por ello, el Gobierno del Perú confía que la acertada convocatoria de una reunión ministerial sobre financiamiento para el desarrollo proporcione el marco internacional de políticas propicio, así como el indispensable apoyo a los esfuerzos internos que vienen realizando un importante número de países en desarrollo. De este modo lograremos que todos los países participen efectivamente del proceso de globalización, que se logren las metas internacionales en el ámbito social y de reducción de la pobreza y que se pueda al menos detener la creciente marginalidad al interior de nuestros países y entre los propios Estados.

El desarrollo social y económico no es ajeno al propósito de un verdadero clima de paz, seguridad y entendimiento internacionales. El Perú, como miembro fundador de las Naciones Unidas, ha venido participando desde sus inicios en las múltiples labores de la organización, incluyendo sus propósitos de paz. Nuestras acciones han sido siempre consistentes con nuestro firme compromiso con los principios y objetivos contenidos en la Carta Constitutiva de esta Organización y con la especial convicción sobre el valor de la acción multilateral, sea regíonal o global, en la solución de los problemas internacionales.

La paz es una preocupación fundamental del Perú; y la paz con nuestros países vecinos era una condición síne qua non para la integración jurídica y económica de América del Sur y de Latinoamérica en general, a fin de participar todos en mejores condiciones en el indetenible proceso de globalización. Por ese motivo, el Perú consideró importante tanto para nuestro país como para la región, pasar al S. XXI sin la carga de los conflictos que arrastrábamos desde el S. XIX. Y, consecuentes con ello, pusimos todo nuestro empeño para terminar pacíficamente el conflicto que teníamos con Ecuador desde hace cerca de 170 años. Una buena voluntad similar en Ecuador, permitió encontrar la solución definitiva de la cuestión y el estrechamiento de lazos de afecto, solidaridad y cooperación entre estos dos países hermanos. El siglo pasado tuvimos también una guerra con Chile, cuyas heridas no estaban todavía restañadas y cuyas secuelas no habían sido aún cerradas. En este caso también el Perú afrontó sin vacilaciones la tarea de terminar con estos fantasmas de¡ pasado y dar cumplimiento pleno a los tratados de paz entre ambas naciones; lo que igualmente fue logrado.

Nuestra política en torno al mantenimiento de la paz y seguridad internacionales se ha sostenido siempre en el derecho y en los consensos logrados al interior de la Organización. El próximo siglo exigirá un sustento jurídico muy sólido y consensos imaginativos porque trae consigo nuevas modalidades de conflictos y un escenario mundial más asimétrico y complejo. Esta es la visión que anima nuestra participación en las operaciones de mantenimiento de la paz en la República Democrática M Congo, Timor Orienta¡, así como nuestro firme compromiso en seguir cooperando en fuerzas de paz que respondan a los principios y procedimientos que establece la Carta.

En ésta esfera de consolidación de la paz y seguridad internacionales no podemos ser ajenos al importante avance M proceso de paz entre Israel y Palestina, en donde el Perú alienta el desarrollo de la negociación y el acercamiento diplomático producido como única vía que permitirá alcanzar un estatuto definitivo y eliminar toda forma de violencia entre las partes, así como se congratula de la decisión M gobierno israelí en dar cumplimiento a las resoluciones 425 y 426 que permitieron el retiro de¡ Líbano y que contribuirá, sin duda, a aumentar el clima de confianza y seguridad en dicha zona.

Del mismo modo, destaco el acercamiento sin precedentes producido en este último año entre la República de Corea y la República Popular Democrática de Corea. Esperamos que el diálogo y la negociación permita a ambos países lograr los grandes objetivos que se han planteado dentro de un clima de confianza y estabilidad creciente.

En el campo del desarme mundial, es importante poner de relieve la expectativa suscitada a partir del resultado de la Conferencia de Revisión del Tratado de No Proliferación de las Armas Nucleares en donde pudo hallarse un consenso entre los Estados parte del mismo, y cuyo documento final lleva consigo el establecimiento de compromisos para el futuro por parte de los Estados Nucleares, en un avance que podría ser considerado como positivo y realista.

Sin embargo, en esta temática nuclear todavía quedan problemas por afrontar, como la reafirmación y reforzamiento de las doctrinas nucleares, la ausencia de medidas concretas que reduzcan los riesgos de una guerra nuclear y la aún complicada entrada en vigor del Tratado para la prohibición de ensayos nucleares, así como la ausencia de un compromiso para desbloquear las negociaciones en la Conferencia de Desarme.

Como muestra del compromiso asumido por el Perú frente al desarme general y completo, nuestro país fue sede, en diciembre último, de la Conferencia anual de los Estados Parte del Organismo para la Proscripción de las Armas Nucleares en América Latina (OPANAL), y realizamos una significativa donación de petróleo crudo al organismo para el desarrollo de la energía en la península coreana (KEDO), que tiene por objeto evitar la proliferación nuclear en esta región. Apoyamos, además, la propuesta del Secretario General en su informe a la Cumbre del Milenio referida a la convocatoria de una Conferencia Internacional destinada a determinar las formas de eliminar los peligros nucleares.

De igual forma, el Perú es consciente de la trascendencia de la Conferencia Internacional sobre el Tráfico ¡lícito de Armas Pequeñas en todos sus aspectos, que se celebrará el próximo año.

La fabricación indiscrimínada de este tipo de armas facilita el tráfico ¡lícito y favorece el nivel de violencia de organizaciones criminales al interior de los países, constituyendo una amenaza real a la seguridad interna, sub-regional y regional. El Perú declara su firme propósito de promover e impulsar un consenso internacional en esta materia, que en el caso de Latinoamérica está íntimamente ligada a las situaciones de la delincuencia organizada, la subversión y el tráfico de estupefacientes.

En otras áreas de¡ desarme, destacamos la importancia de seguir trabajando en la proscripción total de las minas terrestres anti-personal y esperamos con expectativa los resultados de la Segunda reunión de los Estados Parte de la Convención sobre prohibición, uso, almacenamiento y transferencia de Minas Terrestres Anti-personal que se viene llevando a cabo en Ginebra y en donde el Perú es miembro del Comité Permanente sobre desminado.

Quiero destacar también, el importante papel que cumple y que puede seguir cumpliendo en América Latina y el Caribe el Centro Regional de las Naciones Unidas para la paz, el desarme y el desarrollo como un foro de reflexión y promoción de consensos en la mira de fomentar medidas más eficaces en todos estos campos, para lo cual es imprescindible que cuente con los recursos suficientes que le permitan cumplir con sus objetivos eficientemente.

El Perú reconoce que el Consejo de Seguridad ha jugado y tiene una responsabilidad de enorme importancia en la manutención de la paz y seguridad internacionales y valora, en ese sentido, los pasos que vienen dándose para enfrentar la recurrencia de conflictos armados de alcance internacional, mediante el fortalecimiento de la estrategia sobre operaciones de paz y la adopción de un enfoque preventivo. Sin embargo, consideramos que es vital determinar el alcance y el contenido conceptual de las operaciones de mantenimiento de la paz a partir de principios generales precisos y consensuados que reconozcan la nueva naturaleza de los conflictos internacionales, pero que no infrinjan los postulados básicos de la Carta de la organización referidos a la soberanía estatal y la no intervención en asuntos internos.

En ese sentido saludamos la aparición del Informe del Panel independiente presidido por el Sr. Lakhdar Brahimi en este ámbito, que junto con los informes referidos a los casos de Ruanda y Sebrenica y, especialmente, el del Comité Especial de las Operaciones de Mantenimiento de la Paz de la Organización servirán para permitir una discusión comprehensiva e integral en una base amplia, que abarque a todos los estados miembros, y que potencie y fortalezca esta importante herramienta de paz.

Tampoco podemos olvidar que una forma eficaz de expresar el apoyo de todos los estados miembros es cumplir con la común obligación de dotar a la organización de los recursos financieros adecuados, proporcionalmente a la real capacidad de pago de cada Estado. En tal efecto, la revisión y ajuste del sistema de contribuciones, tanto al presupuesto ordinario como al de operaciones de mantenimiento de la paz, es una necesidad dentro de este proceso de modernización y actualización de las Naciones Unidas, lo que necesariamente deberá realizarse dentro de la más amplia transparencia y espíritu de colaboración.

En este orden de ideas, la imposición de nuevos conceptos y la experimentación en la elaboración de mandatos en las operaciones de mantenimiento de la paz, junto con la exclusión de facto o de jure en la toma de decisiones de la gran mayoría de miembros de la Organización, ponen de manifiesto la imperiosa necesidad de democratizar el proceso de toma de decisiones al interior de las Naciones Unidas y de revalorar el papel de la Asamblea General.

Por ello, el Perú reafirma la necesidad de otorgar una mayor transparencia y representatividad al Consejo de Seguridad y alienta todos los esfuerzos encaminados a replantear el ejercicio de¡ veto. De igual modo, reafirma el papel de la Asamblea General, máxima expresión de la igualdad jurídica de los Estados, basado en los siguientes lineamientos:


1 . Fortalecimiento de las competencias de la Asamblea General por ser el órgano más representativo y democrático M sistema, a fin que recobre el lugar decisivo en la dirección general de la organización hacia el futuro, con capacidad de acción y decisión en los temas de su responsabilidad, reafirmando su competencia legítima y directa.

2. Reforzamiento de su capacidad de consideración y recomendación en las cuestiones M mantenimiento de la paz y seguridad internacionales, en cumplimiento directo de las disposiciones de la Carta de Naciones Unidas.

3. Afirmación de su carácter de foro de debate y negociación.

4. Promoción de un concepto de seguridad internacional basado en el derecho internacional, la confianza y respeto mutuo, la igualdad de los Estados y la cooperación reforzada.

5. Respeto irrestricto de los principios de la Carta de las Naciones Unidas.

De igual forma, creemos que la Secretaria General de las Naciones Unidas debe responder a las necesidades y exigencias colectivas de todos los países miembros, actuando a partir de los consensos que estos establezcan como actores centrales de las relaciones internacionales y de la organización.

En suma, debemos rescatar la centralidad de la Asamblea General, cuya función y responsabilidades no pueden de ningún modo ser erosionadas ni limitadas, sino más bien potenciadas La defensa de las competencias de este órgano es un genuino reflejo de todo aquello que representa un sistema democrático: libres elecciones, transparencia, tolerancia, diálogo abierto, participación en la toma de decisiones y rendición de cuentas.

Estoy seguro que con la necesaria voluntad política podremos conciliar los distintos intereses y adoptar un nuevo consenso mundial para resolver exitosamente las múltiples exigencias M desarrollo y seguridad de¡ ser humano, que incluya un marco jurídico.que constituya un claro rechazo de la comunidad internacional al flagelo de¡ terrorismo, en todas sus formas y expresiones; así como los marcos de tolerancia de nuestro medio ambiente.

Finalmente, en coherencia con la posición de mi país de lograr una base jurídica internacional cada vez más comprehensiva y, acogiendo el llamado del Secretario General de la organización, me es grato anunciar que es para mí un privilegio hacer entrega, durante este período de sesiones de la Asamblea General, de la ratificación por el Perú de la Convención de Viena sobre el Derecho de los Tratados, que es uno de los pilares del orden jurídico internacional actual. Asimismo, siempre en este período de sesiones, el Perú se adherirá al Convenio internacional para la represión de la financiación del terrorismo. Y, una vez concluido el correspondiente procesamiento interno, mi país se adherirá igualmente al Convenio Internacional contra la toma de rehenes y al Convenio internacional para la represión de los atentados terroristas cometidos con bombas.

Son, sin duda, muchos y muy difíciles los desafíos que debemos saber afrontar en el próximo siglo. Este es el tiempo de la riqueza y del desarrollo tecnológico pero también el tiempo de la lucha contra la pobreza, es el tiempo de la globalización pero también el tiempo del reconocimiento respetuoso de las diversidades culturales que es una riqueza tan importante o mayor que la diversidad biológica, es el tiempo del mayor aprovechamiento de los recursos naturales por el hombre pero también el tiempo de la conservación de la naturaleza. Es el tiempo de la difusión universal de la democracia pero también el tiempo del respeto democrático de las diferentes formas de vivir la democracia.

La humanidad ha llegado en este estadio de su desarrollo a ciertos consensos básicos. Todos los pueblos del mundo, compartimos ciertos valores y ciertas metas, tales como la libertad, la democracia, la igualdad ante la ley, el respeto de los derechos humanos, la necesidad de erradicar la pobreza, el desarrollo de la creatividad, la necesidad del hombre de sobrepasarse cada vez más. Esta ha sido la contribución de la modernidad, el aporte de los últimos siglos que ha quedado consolidado en el S. XX. Pero también es cierto que la humanidad no está formada -¡menos mal!- por una sola cultura, que estos valores deben encontrar sus formas concretas de realización a partir de diferentes mentalidades, en diferentes latitudes, en diferentes períodos de la historia de cada pueblo. Por eso la post-modernidad, ese mundo del próximo siglo, deberá saber conservar y profundizar los valores que nos lega la modernidad y llevar lo más adelante posible sus metas. Pero deberá reconocer también la diversidad, deberá resolver dinámicamente el dilema entre la unidad y la multiplicidad.

Quizá el más complejo de todos estos desafíos, la más difícil de todas las coincidentiae opposítorum que nos exige el S. XXI es construir un sistema internacional basado en una auténtica democracia. Y con ello quiero significar una democracia que no consista en la imposicíón de una forma política hecha a imagen y semejanza de un sistema particular que es promovido como modelo, una democracia que no se encuentre construida sobre la base de un mero checking fist de instituciones tomadas de una experiencia democrática en particular y convertidas en pautas universales obligatorias. La democracia es una práctica de la diversidad y de la tolerancia, es un reconocimiento de que respecto de cada tema -incluyendo a la idea misma de democracia- pueden haber diversas interpretaciones y que ninguna de ellas tiene derecho a prohibir las otras. La tarea que nos espera, entonces, durante el próximo siglo es difundir y promover la democracia pero, sobre todo, profundizar su significado mismo para evitar que incurra en contradicciones que la llevarían a su propia destrucción.

Porque, ¿cómo difundir la democracia sin poner en riesgo la propia democracia? De otro lado,;cómo salvar la diversidad y la particularidad sin recaer en anacrónicos nacionalismos? Estas son las grandes cuestiones de nuestro tiempo, los grandes dilemas que tendrá que resolver el S. XXI.

Toda idea de cruzada, aun en nombre de la democracia, resulta antidemocrática. Y casi me atrevería a decir que todo principio de organización social que pretenda imponerse universalmente tiene una base antidemocrática. De esta manera, paradójicamente, el entusiasmo misionero por la democracia termina afectando la naturaleza misma de la democracia.

En verdad, la democracia implica un delicado y frágil equilibrio entre lo universal y lo particular. No debe inmolarse lo particular en el altar deificado de lo universal, no debe disolverse lo particular dentro de una pretendida universalidad; y menos debe confundirse lo particular con lo universal, dando un valor absoluto a lo que no son sino manifestaciones históricas propias de una cultura y de un tiempo. Los intentos de llevar formas políticas domésticas e interpretaciones locales de valores a una aplicación en escala internacional, siempre han fracasado. En esta segunda mitad M S. XX, hemos sido testigos de¡ colapso aparatoso de¡ comunismo soviético que tuvo la pretensión de ser la doctrina política M futuro, con la que, siguiendo a Hegel, se acabaría la política y, por tanto, la historia y entraríamos en una suerte de paraíso terrenal reconstruido. El pretendido universalismo comunista vio nacer en su propio interior particularidades y diferencias; tuvo después que enfrentarse a otras doctrinas y cosmovisiones ajenas a sus principios y valores; y, contra todo lo que el comunismo esperaba, esas perspectivas diferentes no desaparecieron frente a la presunta verdad marxista sino que, por el contrario, ganaron la batalla ideológica e hicieron que desapareciera el comunismo y la Rusia Soviética. Estoy convencido de que lo mismo sucederá con toda doctrina, cualquiera que sea su perspectiva y los valores que la sustenten, que pretenda conducir al mundo hacia el fin de la historia.

Esto nos obliga a repensar ciertos temas que se están volviendo lugares comunes de una manera un poco apresurada y, a mi juicio, inconsistente. Hay una cierto menosprecio de la idea de soberanía, de la identidad cultural de los pueblos, bajo el pretexto de la construcción de la sociedad universal. Sin embargo, pienso que estos conceptos, aunque deberán transformarse y adaptarse a una nueva perspectiva globalizante, no perderán su vigencia en el mundo de¡ futuro si optamos por un pensamiento auténticamente democrático, en el que la libertad se manifieste también bajo la forma de la diferencia cultural e ideológica. No cabe duda de que existe una crisis de¡ Estado-nación; porque esa identificación aparentemente esencial entre el Estado como organización político-jurídica de la sociedad y la nación como organización cultural, era falsa: existen Estados multi-nacionales. La solución en estos casos no está en abandonar el concepto de Estado y la soberanía, dejando que sean absorbidos por una de las formas comunitarias globalizantes, sino en lograr dentro de¡ Estado un reconocimiento y una integración compleja de la multiculturalidad. Tanto a nivel estatal como a nivel internacional, es necesario articular la diversidad en vez de implantar una homogeneidad que será siempre sentida como una camisa de fuerza.

El nuevo orden internacional no puede ser construido por una sola nación, por una sola cultura o ideología sino por la interacción de los diferentes puntos de vista que conforman la humanidad. Y, desde una perspectiva auténticamente democrática y liberal, hay que evitar la tentación de ese nuevo dogmatismo, perversamente sutil y con una poderosa vocación imperial, que es el mito de "lo políticamente correcto".

Desde esta perspectiva, construir un nuevo orden internacional para el S. XXI no significa resolver una ecuación matemática ni construir científicamente un modelo y aplicarlo en forma general a todos los países de¡ mundo con la vana pretensión de crear una sociedad internacional universal. La realidad desborda toda abstracción con la riqueza de sus múltiplespuntos de vista. Pero, además, la realidad es siempre dinámica, efervescente, está en permanente transformación gracias a la libertad que es un elemento definitorio de¡ ser humano. Por eso la política, nacional o internacional, es un arte y no una ciencia; y un orden nacional o internacional tiene que ser el resultado de una interacción complicada de elementos diferentes y hasta opuestos, como lo es la obra de arte. Componer esa obra de arte que será el nuevo orden internacional implica no destruir lo opuesto sino articularlo, implica combinar la unidad con la diversidad, la libertad con el orden; para decirlo en términos de Nietzsche, hay que reunir lo apolíneo y lo dionisíaco: construir una sociedad puramente apolínea es caer en una nueva forma de dogmatismo y de dictadura cultural, aun cuando se persiga paradójicamente el establecimiento de la democracia; construir una sociedad puramente dionisíaca es caer en el caos y, consecuentemente, destruir el pacto social.

La sociedad del futuro deberá ser capaz de vivir en la diversidad y de articular diferentes puntos de vista, diferentes cosmovisiones y diferentes interpretaciones de la misma democracia para llegar a establecer una organización de la humanidad que tienda no a crear una sociedad internacional única y homogénea sino una articulación de la riqueza de la diversidad social y cultural con miras a la convivencia pacífica y a la colaboración recíproca sin imposiciones ni condiciones.


Muchas gracias