COLOMBIA
COLOMBIAN MISSION TO THE
UNITED NATIONS
140 EAST 57TH STREET, NEW YORK, N.Y. 10022
INTERVENCION DE S.E. EL SEÑOR GUILLERMO
FERNANDEZ DE SOTO,
MINISTRO DE RELACIONES EXTERIORES DE
COLOMBIA,
EN LA SESION PLENARIA DE LA ASAMBLEA DEL
MILENIO
Naciones
Unidas, Nueva York, septiembre 12 del 2000
Señor Presidente:
Permítame felicitarlo
por su elección a este período de sesiones de la Asamblea General. Estoy seguro
que con su acertada guía llegaremos a un exitoso resultado en nuestras
deliberaciones. Quiero también expresar mi reconocimiento a su predecesor por
su orientación y la encomiable labor que cumplió al frente de la Asamblea
durante el período anterior.
Tengo el honor
igualmente de saludar al Secretario General. Y destacar su sereno liderazgo y
su interés continuo por la búsqueda de soluciones realistas e innovadoras.
Para Colombia esta
Asamblea representa un histórico desafio. El desafio de construir nuevas
relaciones para cumplir la misión acordada por los Jefes de Estado y de
Gobierno en la Cumbre del Milenio. Ellos han definido los parámetros del mundo
en el cual queremos vivir y las condiciones necesarias para configurar un nuevo
orden político y económico internacional. Mi país tuvo el honor de presentar
"La declaración de Cartagena de Indias", documento suscrito por los
Jefes de Estado del Grupo de Río, que formula las aspiraciones de nuestra región
y constituye un excepcional aporte para el futuro de las Naciones Unidas. Nos
proponemos ahora realizar un cuidadoso seguimiento de estas iniciativas, con el
fin de que se concreten en realidades, en beneficio de la humanidad.
Señor Presidente:
Quizá la alborada del
nuevo milenio nos permita encarar ese reto con una visión optimista, para
decantar el legado de medio siglo y de las múltiples propuestas que circulan a
veces en medio de la indiferencia. Es una oportunidad para traducir en hechos
palpables los anhelos colectivos.
Buena
parte de las expectativas gira sobre el significado y los alcances de la
globalización. Las formidables revoluciones del transporte, de las
comunicaciones, de los medios electrónicos, siguen su curso. Cada día nos
sorprenden los avances de la tecnología, los descubrimientos de la ciencia
aplicada. Las Naciones Unidas en su conjunto, y a través de sus distintos foros
y agencias, tienen como razón de ser canalizar ese enorme acervo tecnológico y
científico hacia los sectores de la población más pobres y vulnerables.
La tecnología de la
información está introduciendo cambios
estructurales en la economía internacional. Está brindando oportunidades sin precedentes para promover una
creativa interacción cultural entre los pueblos. Pero la revolución informática
puede también tomarse en una fuente de exclusión. Enfrentamos el riesgo de
crear un nuevo analfabetismo, el analfabetismo cibernético. Es necesario cerrar
la brecha digital y convertir la tecnología de la información en un factor
positivo para la educación y la reducción de la pobreza. para que esa
revolución tenga un carácter verdaderamente global. De lo contrario, estaremos
ampliando el desequilibrio entre ricos y pobres.
Uno de nuestros
pnricipales desafíos es, por consiguiente, globalizar la grlobalización y hacer
de ello un imperativo para el siglo XXI. Es decir, poner las ventajas de ese
proceso al alcance de más regiones, naciones y personas, democratizando el
acceso a las nuevas tecnologías, desmontando las barreras al comercio y las
inversiones, y reconociendo que los recursos que nos brinda la naturaleza
constituyen un patrimonio común de las futuras generaciones.
La preservación del
medio ambiente es, en ese contexto, un componente esencial. Es nuestra obligación
respetar la naturaleza y crear un futuro sostenible. Debemos parar el destrozo
que está siendo causado por el uso irracional de los recursos naturales y por
los patrones inadecuados de consumo y producción. Se requiere un mayor
compromiso político para el control del cambio climático, para eliminar las
fuentes de contaminación de nuestras aguas y para detener la pérdida de
nuestros bosques. La provisión de recursos financieros y la transferencia de
tecnologías ambientaimente sanas constituyen materias áun no resueltas. Es
necesario que la comunidad internacional cumpla los compromisos asumidos en
este campo. antes que sea demasiado tarde.
Las Naciones Unidas y
las instituciones financieras multilaterales, por otro lado, están llamadas a
construir un nuevo marco para prevenir y superar los riesgos y las crisis
economicas. Necesitamos un sistema Financiero estable, ordenado., transparente
y predecible. Uno en el cual podamos mejorar nuestra capacidad de alerta
temprana, controlar eficazmente la volatilidad de los capitales y asegurar una
adecuada liquidez para apoyar de manera oportuna a los países afectados por las
crisis. Es prioritario, asimismo, crear redes de protección social que puedan
ser utilizadas en tiempos de crisis financiera.
Señor Presidente:
El
inicio del milenio está también marcado por nuevas preocupaciones y amenazas a
la paz y la seguridad. La proliferación y el tráfico ilícito de armas pequeñas
es una de ellas. El contrabando de armas ha alcanzado proporciones inadmisibles,
con efectos incluso mas devastadores que los producidos por las armas de
destrucción masiva. A pesar de ello, la comunidad internacional no está
asignando la atención y prioridad que ese grave problema demanda. Se requieren
medidas urgentes y eficaces para detener y eliminar completamente ese comercio
ilegal.
Los países afectados por ese fenómeno no podemos seguir
expuestos a la actividad criminal de las redes de traficantes de armas que aprovechando la ausencia de
mecanismos de vigilancia y supervisión, están causando. un daño irreparable en
nuestras sociedades. Los Gobiernos tienen la responsabilidad política y moral
de actuar decididamente en contra de la exportación ilícita de armas, y de aplicar toda la fuerza de la ley a los mercaderes de muerte y
violencia que se lucran de ese nefasto negocio. Colombia ha pagado un altísimo
precio en vidas humanas como consecuencia de esa actividad delictiva.
Los países
exportadores de armas pequeñas deben instaurar controles a la intermediación y
abstenerse de autorizar ventas si se observan riesgos de uso indebido. Debe
mejorarse la transparencia y el intercambio de información sobre modalidades y
rutas en el comercio. Es impostergable crear mecanismos de ayuda financiera y
técnica para que los países afectados estén en mejor capacidad de implementar
controles eficaces. Es nuestro deber hacer que la Conferencia de las Naciones
Unidas sobre el Comercio Ilícito de Armas Pequeñas y Ligeras a realizarse en el
año 2001, se traduzca en compromisos y acciones efectivos.
El problema mundial de
las drogas ¡lícitas, por su parte, sigue siendo una de las más serias amenazas
de nuestro tiempo. Es un factor de violencia y corrupción. De distorsión
economica y empobrecimiento. De erosión del tejido social e inestabilidad de
las democracias. Es causa también de alarmantes desastres ambientales. Ninguna
nación como Colombia ha sufrido de manera tan trágica las consecuencias de este
problema mundial. Todos los días se pierden vidas colombianas por la acción de
grupos al margen de la ley cuyas actividades se sostienen con recursos
derivados del tráfico de drogas.
Ahora, cuando todos
nuestros esfuerzos se concentran en la dura batalla contra ese problema,
requerimos un respaldo más amplio y la solidaridad efectiva de la comunidad
internacional. Solamente aceptando y aplicando plenamente el principio de
corresponsabilidad podrá la humanidad librarse del flagelo de las drogas
ilicitas. No es más lo que pedimos. Que todos
asumamos los costos que nos corresponden para
borrar esa actividad ¡legal de la faz de la tierra.
Colombia está realizando extraordinarios
esfuerzos para avanzar en la solución del conflicto interno. Es un objetivo
fundamental en el que no claudicaremos. Somos concientes que la construcción de
la paz toma tiempo. Pero hemos progresado a buen ritmo En medio de las
complejidas de nuestra realidad y pese a la crudeza actual del conflicto, hemos
avanzado en la creación de confianza, en el diálogo, en la discusión de las
agendas temáticas, en la participación de la sociedad civil.
Sabemos muy bien que
el logro de la paz requiere de acciones a fondo en el campo económico y social,
que permitan dar un contenido real y permanente a esos esfuerzos. Vanos países
se han vinculado al proceso a petición de¡ Gobierno. Hoy la paz de Colombia es
importante para el mundo. Hago un llamado a la comunidad internacional para que
reafirme su solidaridad y brinde su apoyo material a nuestro proceso de paz.
Señor Presidente:
Uno de los hechos más
relevantes de las dos últimas décadas ha sido el compromiso cada vez más amplio
por el respeto a los derechos humanos. Hemos avanzado al definir los derechos económicos y sociales, como un complemento
inseparable de los llamados
derechos clásicos ó libertades individuales. Se han ido levantando
progresivamente las antiguas objeciones ‑que impedían proclamar la
vigencia y vigilancia universal de los derechos humanos. Los Estados han
aceptado la responsabilidad en su acatamiento.
En los últimos años,
los conflictos internos se han
advertido como expresiones principales de violencia. El Derecho Internacional
Humanitario resulta esencial para encarar las consecuencias de esas
confrontaciones. Su aplicacion su pone el acuerdo sobre reglas mínimas de
respeto a la población civil y a los
intereses de los Estados. La llave de oro radica en que el derecho humanitario ‑sus
postulados, normas y mecanismos‑ sea de igual cumplimiento por todas las
partes en conflicto.
Los movimientos de
personas, incluídos los refugiados o migrantes deben ser reconocidos igualmente
como un tema prioritario. Ellos están también protegidos por un marco preciso
de derechos humanos. En un mundo que promueve la libre movilidad de los
capitales y el libre comercio, resulta inaceptable que se continúen aplicando
restricciones injustificadas al movimiento de personas.
Señor Presidente:
La solución de los
problemas concretos de la agenda internacional, pasa necesariamente por la
acción concertada, por el multilateralismo, al cual Colombia ha adherido
siempre y seguira adhiriendo con convicción. Entendemos que ese
multilateralismo puede ser complementado con iniciativas de regionalismo y
bilateralismo convergentes dentro de un enfoque de disminución de las
distancias y los desequilibrios. Es decir, un multilateralismo actuando como
puente de acercamiento, solidaridad y responsabilidad compartida, nociones
sobre las cuales debe construirse el edificio entero del orden internacional
contemporáneo.
Nuestros pueblos, en
cuyo nombre se concibió la Carta de la ONU, quieren comprender cómo la
realización de los propósitos y funciones de las Naciones Unidas, pueden
reflejarse en la satisfacción de sus anhelos y aspiraciones. Aunque en muchos
aspectos estamos aún lejos de ese objetivo, debemos rescatar los avances
logrados.
Una actitud de
inmovilismo no le conviene a la Orcianización. De esta Asamblea deben surgir
decisiones para reactivar las reformas de la ONU, Sobre bases realistas, pero
sin dar más espera a las medidas que requieren urgente implementación. Existen
muchas iniciativas que se pueden materializar sin necesidad de reformas a la
Carta. Lo único que requieren es voluntad solidaria y una oportuna decisión
política.
Las
Naciones Unidas constituyen la conciencia universal que reclama una mayor
prioridad para atender las necesidades de los países pobres. Es urgente
estructurar estrategias para moviilizar fondos que permitan remover las causas
del atraso. La brecha creciente entre la prosperidad de los prósperos y la
pobreza de los excluidos del progreso es por sí misma un llamado de atención
que debe ser escuchado, y que debe llevar a traducir las declaraciones en
hechos.
Nos
satisfáce, en ese sentido, el papel creciente de las organizaciones no
gubernamentales, cuyo protagonismo debe aparejarse con una adecuada definición
de sus responsabilidades. Por su parte, las corporaciones transnacionales, que
juegan tan importante función en la economía mundial, deberían pensar
seriamente en vincularse al apoyo financiero de las Naciones Unidas, en cuyo
ámbito se demandan con urgencia nuevos recursos. Ese apoyo bien podría
canalizarse hacia las tareas de las Naciones Unidas en la lucha contra la
pobreza.
Señor Presidente:
La reforma del Consejo
de Seguridad sigue siendo una de las expectativas principales en el ajuste
esperado de las instituciones políticas multilaterales. Pero requerimos en ese
campo una aproximación gradual, menos maximalista. Deben explorarse fórmulas
para asegurar una mayor participación de los países en desarrollo en el
Consejo. Debemos dar pasos efectivos para propiciar una mejor representatividad
en dicho órgano, en el entendido que ello constituye no un privilegio sino una
responsabilidad.
Una representación
regional más amplia, la aplicación de restricciones al uso del veto y una mayor
transparencia en el proceso de toma de decisiones podría ir acercando al
Consejo de Seguridad a una realidad que en el siglo XXI no es igual a la de
1945.
En pocas semanas se producirá la elección de nuevos miembros del Consejo. Colombia tiene el apoyo de América Latina y el Caribe para ser elegido como Miembro No Permanente de ese importante órgano. Una vez aprobado nuestro ingreso por la Asamblea General asumiremos esa responsabilidad a partir del próximo lo. de enero. Será ella una oportunidad para reafirmar el compromiso y la confianza de Colombia con el multi lateral í smo, su apego irrestricto e incondicional a las normas y principios del derecho internacional.
Reafirmaremos, así
mismo, nuestra conviccion en que las salidas pacíficas y negociadas de las
confrontaciones y el respeto del Derecho Internacional Humanitario por todas
las partes en conflicto, son fundamentales para dar a la paz y la seguridad
bases firmes Y duraderas.
Promoveremos, de igual manera, un mejor funcionamiento del Consejo,
especialmente en términos de la información y consulta con los Estados que no
forman parte de ese órgano, e impulsaremos una relación más permanente y
estrecha con la Asamblea General, como órgano supremo de la Organización.
Señor Presidente:
La humanidad no había
tenido una perspectiva como la de este comienzo de milenio para avanzar de
manera segura hacia la paz, el progreso y la estabilidad internacional. Es
oportunidad para que los líderes del mundo den un decisivo paso político en esa
dirección. Brindémosles a nuestros pueblos una nueva esperanza para que el
cambio de milenio no sea simplemente un cambio cronológico sino el inicio de
una verdadera transfórmación política y social. Sólo así las generaciones
venideras reconocerán que tuvimos el coraje de asumir con responsabilidad
nuestras obligaciones.
Muchas gracias.