PANAMA
 
 
 

INTERVENCIÓN

DE

S.E. DOMINADOR KAISER BAZAN
VICEPRESIDENTE DE LA REPÚBLICA DE PANAMA

Vigésimo séptimo período extraordinario de sesiones
de la Asamblea General sobre la Infancia
 

Nueva York, 10 de mayo de 2002


 




Señor Presidente:

Panamá desde la Cumbre de 1990, ha avanzado en el desarrollo de importantes programas sociales, tales como los de suministro de agua potable y sanidad, ampliación de los programas de salud, reducción de la mortalidad infantil y materna, mayor acceso a la educación básica y reducción del analfabetismo.

Sin embargo, la delicada e incierta economía mundial, y el agobiante peso de la deuda externa de los países en desarrollo amenazan con limitar significativamente la posibilidad de progresar más en este campo y, lo que es igualmente grave, harán bastante difícil mantener los logros alcanzados. Esta realidad obliga a los países ricos a dirigir mejor su atención hacia los que claman por un grado adecuado de bienestar y dignidad.

El desafío que el nuevo orden económico impone a los países de la América Latina, requiere de un esfuerzo mancomunado en el plano regional y mundial para avanzar en forma sistemática y con eficacia en el aprovechamiento de los recursos disponibles para el desarrollo.

Por otra parte, la brecha tecnológica entre países ricos y pobres es cada vez más grande, por lo que nuestra tarea debe encaminarse a reducirla.

No hay duda de que el difícil acceso a los adelantos tecnológicos y a la financiación de sistemas educativos innovadores limita las posibilidades de una adecuada inserción de la juventud en el mercado laboral. Cifras que se manejan públicamente colocan la ayuda de las naciones ricas a la educación universal en solo el 2% de sus aportaciones totales en todos los campos.

No obstante lo anterior en Panamá, respondiendo a la profunda inspiración de la Presidenta Mireya Moscoso, y cumpliendo su programa de gobierno, estamos dedicando un 40.0% del presupuesto de inversión social al desarrollo humano. En éste ámbito hemos consolidado avances importantes en los últimos años; sin embargo, los índices de bienestar alcanzados por las niñas, niños y adolescentes reflejan aún considerables inequidades.

Esta realidad es causa importante de la deserción estudiantil en los países en desarrollo, y tiende a incrementar el trabajo infantil, a aumentar la exposición de la niñez y la adolescencia a deformaciones de sus conductas y a propiciar la eventual destrucción de sus valores sociales.

En su informe A/S-27/3 de 4 de mayo de 2001, el Secretario General, con su acendrada sensibilidad, llamó a nuestra atención el hecho de que el auge económico mundial y las nuevas libertades políticas y maravillas tecnológicas no han remediado la tendencia a la perpetuación de los males de la humanidad que son mortíferos para los niños: "la pobreza inconquistada, las enfermedades sin controlar, la violencia impune y disparidades cada vez más injustificables en cuanto al acceso a los servicios y ala riqueza."

Las grandes deficiencias existentes en el mundo en materia de justicia de menores, en programas de rehabilitación social, en programas para discapacitados, en el desarrollo del derecho del niño a su identidad a través de la inscripción de su nacimiento, en el abuso a través de las peores formas de trabajo infantil, los niños soldados, los refugiados y los niños explotados sexualmente, reclaman nuestra atención y seguimiento a los mandatos emanados de las convenciones internacionales y las legislaciones nacionales.
 

Señor Presidente:

Los Presidentes Iberoamericanos realizaron en Panamá, en noviembre de 2000, una exitosa jornada de trabajo al análisis de la situación de la niñez y la adolescencia en nuestros países, desarrollando un intercambio de ideas muy útil que permitió pasar de los discursos a las propuestas concretas, todas encaminadas a fortalecer nuestro compromiso con la niñez y la adolescencia de la Región.

Los gobiernos de la América Hispana, España y Portugal analizaron, previo a la Cumbre, cada uno de los problemas relacionados con la infancia y su bienestar, lo cual les permitió definir políticas y estrategias a seguir.

Producto de esa Cumbre fue el documento intitulado "Construir la Equidad desde la Infancia".

Mi país cuenta hoy día con un sistema de indicadores de proceso e impacto, que nos permite identificar, evaluar y controlar los progresos logrados en el cumplimiento de los compromisos adquiridos en la Cumbre Mundial de la Infancia y en la X Cumbre Iberoamericana.

Estos indicadores incluyen los temas de educación, cultura, ciencia y tecnología, salud y nutrición, vivienda, pobreza, familia, agricultura y medio ambiente, derecho de los niños, niñas y adolescentes, mujer, economía, transporte y administración pública y reformas del Estado, entre otros.

UNICEF y la CEPAL, en colaboración con la Secretaría de Cooperación Iberoamericana, SECIB, nos presentaron un balance de la situación de la niñez y la adolescencia en Iberoamérica constituyéndose así en instrumentos de enorme valor en la formulación de los programas de largo plazo dirigidos a nuestra niñez.

La labor que tenemos por delante es sumamente ardua y compleja. El compromiso de compartir responsabilidades y de interdependencia de la Comunidad Internacional, por esa misma razón, es indispensable y, diría yo, indeclinable. Y, es que, después de casi quince años de un proceso de cambios estructurales que han determinado el desarrollo de nuestras naciones, hemos podido constatar que la capacidad individual de un Estado en desarrollo no es suficiente para lograr resultados sostenidos.
 

Señor Presidente:

La comunidad internacional requiere una estrategia e instrumentos renovados para atender la pobreza, el hambre y el desempleo, de forma que se pueda establecer una sinergía entre dinamismo productivo, bienestar social e institucionalidad democrática.

La atención a la niñez es urgente e impostergable, por lo que hago un llamado a los Jefes de Estado y a los representantes de la sociedad civil aquí reunidos, para que continuemos fortaleciendo nuestros vínculos y acciones con base en la solidaridad social y el bien común.

Solo así conseguiremos mitigar la desesperación que conduce al terrorismo y eliminar las miserias humanas, consolidando la democracia, la libertad y la justicia en nuestras naciones. Nuestro desarrollo y progreso futuro dependen del compromiso que adquiramos en respaldo de nuestra niñez.

Panamá dice sí! a las niñas y niños.

Muchas gracias.