NICARAGUA

27° PERIODO EXTRAORDINARIO DE SESIONES
DE LA ASAMBLEA GENERAL DE LAS NACIONES UNIDAS
DEDICADO A LA INFANCIA

 Intervención
de

la Señora Lila T. Abaúnza de Bolaños

Primera Dama de Nicaragua
Ministro de Estado
Jefe de Delegación
 

Nueva York, 8 de mayo de 2002
 

(Verificar con palabras del orador)


Señor Presidente:
Señor Secretario General de las Naciones Unidas:
Señores Delegados:
Señoras y Señores:
 

Señor Presidente:

Me complace felicitarle por su distinguido nombramiento en tan alto cargo y por la destacada labor que ha venido realizando en la Presidencia de la Asamblea General.

Para mi es un honor participar en este período extraordinario de sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas para el seguimiento de la Cumbre mundial a favor de la Infancia, vengo en representación de mi esposo, el Presidente de la República de Nicaragua, Ingeniero Enrique Bolaños Geyer. Pero no comparezco simplemente como una persona, que tiene por los vaivenes de la vida, el poder temporal; sino que asisto motivada particularmente como mujer, como hija, como esposa y como madre.

Señores y señoras de las Naciones Unidas: Vengo con humildad, a tocar sus puertas para solicitar con firmeza desde esta tribuna que resuena en el mundo entero, para que me escuchen aquellos que aún creen - y también los que no creen - en la Familia como institución.

Pongan el oído sobre la realidad inefable del balbuceo de un niño: las primeras sílabas del niño al nombrar a sus padres levantan las columnas de su primer templo al amor. Son desoladoras las consecuencias cuando derribamos esas columnas!. Sin la familia no es posible construir una sociedad con rostro humano!

La familia es la mujer y el hombre, juntos: hombre y mujer creados por Dios. En ella él descansa y ella en él reposa. La familia es el hombre junto a la mujer y la mujer junto al hombre: y ellos juntos son presencia de esperanza del futuro. Lo digo yo, que soy madre, abuela y bisabuela, felizmente casada por 52 años llenos de amor y respeto. No hay otro tipo de familia sino que la familia en el pleno amor y comprensión.

Todos somos parte de un plan divino, somos libres y por ello, somos capaces de falsear ese plan, de bordearlo, de desviarlo, de equivocarlo. Pero aún así, la familia seguirá siendo el último baluarte ante el reto de la historia.

En mi Patria, al igual que en el resto del mundo, hay muchos, pero muchos hogares verdaderos que mitigan sus pobrezas y miserias con solo amor. Y con ese amor
 conciben a sus hijos; con sacrificio los crían y educan, los curan y miman en sus enfermedades y los conducen hasta llevarlos a ser hombres y mujeres de valor en sus comunidades. Ellos han nacido, crecido y vivido entre lagrimas y risas pero con amor.

Sin embargo, no todos los padres, madres y familias son así. Por eso me preocupa hondamente las situaciones dolorosas que se viven dentro y fuera de mi país y que afectan el entorno familiar. Gran porcentaje de los niños que hoy nacen, son hijos de adolescentes madres solteras que privan a su hijo al derecho a tener un padre y a tener una familia estable. Comienza así la paternidad y maternidad irresponsable.

No podemos obligar por legislación el amor a los hijos. Sin embargo, aquí en el seno de las Naciones Unidas hemos convenido algunas medidas para protección de los niños que no reciben el amor de sus padres. Siguiendo esos parámetros, en Nicaragua, en los últimos años, hemos realizado transformaciones sociales, jurídicas y administrativas, basando nuestra visión en la doctrina de protección integral de nuestros niños y adolescentes como sujetos plenos de derechos y deberes. Para ilustración y constancia, y para abreviar el tiempo, deposito ante ustedes un Documento que adjunto, el cual resume estas medidas jurídicas y administrativas.

Me preocupo por el problema del desempleo que no permite llevar el pan diario a sus hogares; me preocupo de los niños y niñas de la calle sometidos al peligro de la droga y la prostitución.

Nuestros logros, sin embargo, se ven amenazados debido esencialmente a problemas reales como la pobreza, los desastres provocados por fenómenos naturales y la desintegración familiar. De ahí que yo sienta la imperativa misión de crear conciencia en mi pueblo sobre los valores universales de la persona. Y en este contexto el apoyo internacional es vital para responder a los desafíos de nuestro tiempo.

Los 51 Estados que fundaron esta Organización en 1945, encendieron verdaderamente una antorcha, cuyo fulgor ilumina la verdad sobre el ser humano, su dignidad y su grandeza, que empiezan desde el seno materno. Y la lógica de la libertad también debe proteger a los no nacidos para garantizarles su esperanza y su futuro. Como hija no puedo pedir para los demás, menos de lo que me fue conferido como un don: El don de la vida. Y como madre no puedo menos que aspirar a que forjemos una niñez llena de amor, de educación y de valores morales para que vivamos en un mundo y en una civilización colmada de paz y de amor digna para el ser humano.

Doy gracias a Dios por haberme otorgado la oportunidad de expresarles con el corazón nuestra preocupación y nuestra firmeza para trazar un rumbo definitivo hacia el futuro bienestar de todos los niños del mundo.

Que Dios guíe siempre a esta Asamblea y nos bendiga a todos.
 

Muchas Gracias.