PRESENTACION DE REPRESENTANTES DEL
GOBIERNO Y LA SOCIEDAD CIVIL DE LA
REPUBLICA DOMINICANA
EN EL PERIODO EXTRAORDINARIO DE
SESIONES DE LA ASAMBLEA DE LAS NACIONES UNIDAS
SOBRE VIH/SIDA
New York, 25-27 de junio de 2001.
La República Dominicana esta ubicada en la
Región del Caribe, comparte con la República de Haiti la
isla Hispaniola, situada entre Cuba y Puerto Rico, con una extensión
de 48 mil km2, 8 millones de habitantes, y una tasa de prevalencia del
VIH de 2.2 por ciento en la población adulta; con una epidemia predominantemente
heterosexual, nuestro país es uno de los más afectados por
la epidemia de VIH/SIDA en el Continente Americano.
El primer caso de SIDA en el país fue detectado
en 1983. En 1985 se iniciaron las primeras acciones de vigilancia de la
enfermedad. En 1987 se organizó la Comisión Nacional para
el Estudio de la epidemia y el Programa Control de ETS/SIDA en el Ministerio
de Salud Pública, con una amplia participación de las organizaciones
de la Sociedad Civil y una estrecha colaboración de la cooperación
externa.
El Programa estuvo dirigido inicialmente a combatir
una epidemia que mostraba un amplio potencial de expansión, determinado
por altos niveles de pobreza crítica cercanos al 70 por ciento de
la población, subordinación económica y social de
la mujer, escasa educación sexual, iniciación sexual temprana,
prácticas extensas de trabajo sexual, relaciones bisexuales clandestinas,
así como migración transnacional y turismo crecientes.
A mediados de la década de los 1990 las proyecciones
de la epidemia de VIH/SIDA en nuestra población indicaban que para
el año 2000 tendríamos un impacto generalizado de la epidemia,
con alrededor del 5 por ciento de la población adulta infectada
por el VIH. Sin embargo, la tasa de 2.2 por ciento es suficientemente alta
como para constituir un problema de desarrollo, que amenaza nuestros avances
en la lucha contra la pobreza y el mejoramiento de la calidad de vida de
la población.
En ambientes y subpoblaciones de alta vulnerabilidad,
como colonias agrícolas azucareras (bateyes), recintos carcelarios,
hombres que tienen relaciones sexuales entre sí y trabajadoras sexuales,
esta situación es mucho más grave. Por ejemplo, en la población
de trabajadores migrantes haitianos y sus descendientes, donde la pobreza
crítica facilita la rápida propagación de la infección,
se observan tasas de prevalencia del VIH de 7°/o a 15%.
Esto es mas grave aun si se toma en cuenta que compartimos
el territorio de la isla con la hermana Republica de Haití, la cual
posee un 5 por ciento de la población adulta infectada por el VIH,
según los reportes de ONUSIDA; matizado por una frontera permeable
y un proceso migratorio sostenido.
Las economías de Haití y Dominicana,
al igual que las de muchas otras naciones del Caribe, dependen de manera
creciente de sus vínculos transnacionales, de la migración
y el turismo. La similitud con los datos de los bateyes y el carácter
transnacional de las diásporas sugieren que existe un fuerte vínculo
entre las subepidemias de nuestras naciones limítrofes. En consecuencia,
podemos inferir que nuestra isla constituye el principal epicentro de la
pandemia de VIH/SIDA en el Caribe.
Consideramos que las subepidemias nacionales de
VIH/SIDA en el Caribe no deben seguir viéndose como delimitadas
por las fronteras, sino como procesos interdependientes, que forman parte
de la pandemia interregional de circulación del VIH en el llamado
sistema Noratlántico, el cual incluye nuestra isla, el resto del
Caribe, América del Norte, y países de Europa Occidental.
Esta visión que llamamos "pandemiológica"
del VIH/SIDA, intenta trascender los enfoques de las epidemiologías
nacionales por una perspectiva interregional que estudie los factores de
riesgo poblacionales en su contexto histórico y social. El supuesto
del cual partimos es que mejorando las condiciones de los migrantes y otros
grupos vulnerables podríamos reducir los índices de infección
en todo el sistema. Un impacto en la incidencia del VIH/SIDA en la Isla
Hispaniola revertiría el perfil de la pandemia en toda la subregión
del Caribe.
Así como intentamos cristalizar una nueva
percepción de la pandemia, necesitamos reinventar formas de intervención
en salud pública que sean culturalmente apropiadas a la prevención
y control del VIH/SIDA en sus múltiples contextos, dentro del enfoque
de los derechos humanos y el desarrollo sostenible. En este sentido, proponemos
el concepto de "hermenéutica de la solidaridad," para superar las
viejas ideologías mutuamente acusatorias, que tienden a proyectar
psicológicamente la enfermedad en el Otro, y que en última
instancia siempre culpan a las víctimas por su sufrimiento.
Esta hermenéutica supone compartir la culpa
y la responsabilidad entre todos. Planteamos que la situación del
VIH/SIDA de cada nación sea vista como un problema común
de la región. Así, este problema puede ser priorizado y enfrentado
con el concurso de todos, de una manera sinérgica y catalítica,
siendo sensibles y respetuosos con las culturas locales, los derechos humanos
y el enfoque de género.
En el caso de la República Dominicana, la
coalición del Gobierno y la Sociedad Civil, que data de mediados
de la década de los 1980s, cuenta con un bien ganado perfil internacional
en cuanto a múltiples aspectos de la lucha contra el VIH/SIDA. El
desarrollo de tecnologías innovadoras de prevención con grupos
de alta vulnerabilidad, como las trabajadoras sexuales, en un plano de
igualdad, fue uno de nuestros primeros y tal vez más oportunos a
importantes logros.
Otras fortalezas de nuestros programas son la aprobación
de una ley de SIDA; la creación de un Consejo Presidencial del SIDA;
la voluntad política de enfrentar la epidemia manifestada por el
gobierno y las organizaciones de la sociedad civil; el trabajo conjunto
y multisectorial entre ambos; la existencia de un Plan Estratégico
Nacional; y la creación de programas innovadores de prevención
de la transmisión vertical y de vigilancia de comportamientos. Estas
labores han estado apoyadas de manera decisiva por diversas agencias de
cooperación internacional.
Esto no significa que la amenaza del SIDA haya sido
controlada dentro de nuestro territorio. Múltiples retos nos esperan
a la vuelta de la esquina, particularmente en el abordaje creativo, participativo
y transparente para reforzar las actividades de prevención y atención.
Esto incluye la promoción y defensa de los derechos humanos de las
PVS; las dificultades de la gestión de recursos financieros; el
alto costo de los medicamentos; la necesidad de dar continuidad a las acciones;
y la falta de educación sexual de la población.
Por otro lado, las principales demandas que queremos
compartir con la Comunidad Internacional en este gran foro son las siguientes:
1. Que se revise el concepto de seguridad, tradicionalmente
aplicado en la inversión de recursos económicos cuantiosos
en conflictos bélicos, para invertirlos en la promoción de
la salud y en el combate de la epidemia.
2. Que se rechace la posición de las grandes compañías
farmacéuticas de obstaculizar la producción.de anti-retrovíricos
genéricos para las PVS.
3. Que se cree un fondo mundial para costear trabajos de investigación
en busca de soluciones a la pandemia de VIH/SIDA.
Como país nos comprometemos a desarrollar las siguientes acciones
en los próximos cinco años:
1. Desarrollar un programa eficaz de educación sexual en los
centros educativos para prevenir el VIH/SIDA en jóvenes y adolescentes.
2. Crear una alianza estratégica con la industria farmacéutica
nacional para producir anti-retrovíricos genéricos para las
PVS a un costo asequible.
3. Implementar una política nacional sobre promoción
y distribución de condones para los grupos más expuestos
a la infección por vía sexual.
4. Generalizar a todo el sistema de salud pública las acciones
de prevención farmacológica de la transmisión de madre
a hij@ del VIH, incluyendo servicios de consejería pre- y post-prueba
de VIH, y provisión de alternativas a la lactancia materna, y con
ello evitar que mas niños vengan a este mundo infectados con el
VIH.