MARRUECOS
 

Intervencion 

de

Su Majestad Mohammed VI 
Rey de Marruecos 

ante la Cumbre Sobre el desarrollo duradero

Johannesburgo, 
a 3 de Septiembre de 2002


Señor Presidente,
Majestades, Altezas, Excelencias,
Señor Secretario General de las Naciones Unidas, 
Señoras y Señores,

Me complace participar de nuevo en la Cumbre Mundial sobre el desarrollo duradero, que se celebra en la militante República de Sudáfrica, con la que nos unen lazos de lucha común por la libertad, la unidad, el progreso y el desarrollo; considerando la celebración de esta cumbre como la encarnación de la conciencia permanente que invade a la comunidad internacional hacia la autoridad de la declaración de Río, que aboga por un desarrollo duradero, centrado en el hombre y en la protección del medio ambiente, un patrimonio común de toda la humanidad.

Sin embargo, la escasez de progresos conseguidos en la puesta en marcha de la declaración de Río, desde la adopción de la Agenda 21, suscita interrogaciones insistentes acerca de los secretos de la disfunción que ha impedido la total ejecución de la agenda en cuestión.

Dado que el sentimiento de responsabilidad requiere primero empezar pidiendo cuentas a sí mismo, he considerado oportuno abordar lo que Marruecos, en el límite de sus posibilidades, ha llevado a cabo en este contexto.

Mi país, ha obrado por levantar los retos de los nefastos efectos causados por los cambios climáticos, la sequía y la desertización; adoptando un plan nacional, ambicioso y realista, basado en concepciones democráticas y asociativas, y programas de acción que tienen por objetivo la preservación del medio ambiente y de la biodiversidad; asumiendo sus responsabilidades internacionales con respecto al desarrollo duradero, y acogiendo una serie de encuentros regionales e internacionales entre los que se pueden destacar la VII Conferencia de las partes en el acuerdo marco de las Naciones Unidas sobre los cambios climáticos, que ha convertido el protocolo de Kyoto en acuerdo concreto y práctico.

Sin embargo, a pesar de toda la buena voluntad y del volumen de la contribución que Marruecos y los países del Sur pueden aportar, todos ellos se enfrentan a los desafíos del desarrollo duradero en el seno del incumplimiento total con los compromisos internacionales relativos a la cuestión.

¿Acaso hubiera sido posible, con la debilidad de la cooperación internacional, levantar dichos retos, de manera racional que favorezca la preservación del medio ambiente, sobre todo en el ámbito de la financiación y en el de la transferencia de las nuevas tecnologías?

¿Qué es lo que ha hecho la comunidad internacional para combatir la extrema pobreza sufrida por más de la cuarta parte de la humanidad, con el fin de aportar las condiciones vitales que garantizan una vida digna al ser humano?

¿Acaso no constituyen las distintas sacudidas y las violentas crisis que el mundo ha conocido, una fuerte motivación que nos lleva a la convicción de que es responsabilidad común la tarea de realizar el desarrollo duradero?

Esta insistente interrogante se convierte, en lo que se refiere a África, que tanto nos preocupa, en grito de corazón y de conciencia, ya que en ella se encuentra el mayor número de centros de tensión, de problemas económicos y sociales, y de enfermedades devastadoras.

Los países africamos, lo mismo que los demás países en desarrollo, necesitan el interés de la comunidad internacional por su estabilidad y desarrollo, así como socios comprometidos, que les ayuden a integrarse en el sistema económico mundial.

En honor a la verdad y a la justicia, no se debe echar toda la culpa sobre los demás, ya qué los países del Sur, deben obrar por aprovechar de la mejor manera sus abundantes recursos humanos y naturales, en beneficio del desarrollo global, en lugar de desperdiciarlos en conflictos artificiales, comprometiéndose con las condiciones de la buena gestión de los asuntos públicos, y con una mayor consolidación de la democracia, con el fin de liberar las potencialidades individuales y colectivas.

Debemos adoptar una estrategia colectiva e integral, basada en un verdadero partenariado, en una solidaridad efectiva, en una proximidad eficiente, y en el establecimiento de mecanismos para controlar los peligros causados por los cambios climáticos, por la explotación abusiva de las riquezas acuáticas, forestales y piscícolas, y por las presiones a que se someten los sistemas medioambientales y la biodiversidad.

Así pues, asumir completamente la comunidad internacional sus responsabilidades en este dominio, podrá despejar todos los temores y devolver la esperanza en la aparición de la ciudadanía universal, basada en la eficaz solidaridad humana, dentro de un partenariado efectivo entre el Estado, la sociedad civil y el sector privado, así como con las organizaciones regionales e internacionales. En este contexto exaltamos la iniciativa del continente africano de establecer el plan NEPAD.

Finalmente, estoy seguro de que la importante participación internacional que distingue la celebración de esta cumbre, sobre esta tierra militante, y bajo la presidencia del sabio líder africano, Su Excelencia el Presidente Tabo Mbeki, ayudará a llevar hacia adelante la larga y dificil marcha de la humanidad hacia la realización del desarrollo duradero. Agradezco a la República Sudafricana hermana su generosa hospitalidad y sus incondicionales esfuerzos, para conducir hacia el éxito este encuentro nuestro, exaltando el trabajo continuo que sin interrupción está llevando a cabo la Organización de las Naciones Unidas, en favor de un mundo en el que impere la solidaridad y el equilibrio, la equidad y la cooperación, en beneficio de las generaciones presentes y futuras.

El saludo, la misericordia de Dios y sus bendiciones, sean con vosotros