DISCURSO DEL SR. RICARDO CABRISAS RUIZ, MINISTRO DE
GOBIERNO DE LA REPUBLICA DE CUBA, ANTE LA TERCERA CONFERENCIA DE LAS NACIONES
UNIDAS SOBRE LOS PAISES MENOS ADELANTADOS.
Comenzando un nuevo milenio, los
hechos imponen realizar una reflexión sobre el sistema en que se han basado las
relaciones económicas internacionales en los últimos cuarenta años y sobre las
instituciones multilaterales surgidas en la época de post-guerra que, lejos de
cumplir con las expectativas que les dieron origen, han servido sólo para
agudizar las dificultades de los países sub-desarrollados.
Se han
desplomado las justas aspiraciones y la confianza de los Estados soberanos que
emergieron tras el proceso de descolonización ocurrido a principios de la
década de los años sesenta.
Se
enmascara la traumática realidad en que vive un importante grupo de países que
en los últimos 30 años ha crecido de 24 a 49 y que surgió como una nueva
categoría en el seno de los países en desarrollo, los llamados Países Menos
Adelantados.
No se
han alcanzado las metas trazadas en el Programa de Acción aprobado en la
Segunda Conferencia de París de 1990 y los agudos problemas económicos de esos
países, lejos de disminuir, han crecido en alarmante espiral, unidos además a
tensiones sociales y conflictos violentos.
La tasa
de crecimiento promedio del Producto Interno Bruto por habitante fue de un 0,9%
anual, que resultó muy inferior al ritmo requerido para reducir la pobreza,
según informe de la UNCTAD.
Solamente
6 Países Menos Adelantados, tuvieron un crecimiento del Producto Interno Bruto
per cápita superior al 3% en el año
2000 y sólo 10 alcanzarían esa tasa al finalizar el presente año, según
estimaciones recientes.
Se
redujo el precio de sus productos básicos exportados en la década del 90 en una
tasa promedio anual del 1,5% y en 1999 estas economías representaban sólo el
0,5% del comercio mundial.
Se
incrementó la deuda externa en más de 49 000 millones de dólares, mientras que
el déficit en cuenta corriente sobrepasó los 80 000 millones de dólares, según
el Banco Mundial.
Crece la
marginación de este grupo de países, que con algo más del 10% de la población
del planeta, representa escasamente el 1,6% del Producto Interno Bruto mundial
en 1999.
Continúan los Países Menos
Adelantados sin beneficiarse de los avances en las esferas científico-técnicas,
especialmente de las tecnologías de información, comunicación y biotecnología.
Se ha
visto debilitada, aún más, la capacidad endógena para formular e implementar
estrategias y políticas de desarrollo, como consecuencia de conflictos sociales
y militares, los desastres naturales y la propagación de enfermedades.
Sr.
Presidente, distinguidos Ministros y jefes de delegaciones:
En la
Declaración y Programa de Acción de París, se reconoció como principio básico
una asociación para el desarrollo basada en la responsabilidad compartida. Los
Países Menos Adelantados se vieron forzados a llevar a cabo reformas económicas
iniciadas en el decenio de 1980, a través de un muy cuestionado proceso de
liberalización económica, privatización y apertura comercial externa, acorde a
las políticas neoliberales, proceso que ha demostrado un total fracaso.
Por su
parte, sus socios en el desarrollo se comprometieron a poner a su disposición
un incremento sustancial del apoyo externo, que no se materializó.
Los
resultados son, a todas luces, decepcionantes. La persistencia de un entorno
económico internacional desfavorable, así como el bajo nivel de cumplimiento de
los compromisos asumidos por la comunidad internacional, en particular por los
países industrializados, condicionaron este panorama. Así, el compromiso
inicial de destinar anualmente el 0,7% del Producto Interno Bruto a la Ayuda
Oficial al Desarrollo nunca ha sido cumplido por el conjunto de los países
desarrollados. A finales de la pasada década sólo aportaban el 0,24% con
destino a los países sub-desarrollados y en el caso de los Países Menos
Adelantados ésta disminuyó en más de un 44% entre 1990 y 1999, mientras los
flujos de capital privado no han compensado esa disminución.
Los
países desarrollados, como aliados en el desarrollo, tienen una oportunidad
única para contribuir a la concertación de esfuerzos en favor de los Países
Menos Adelantados. Es necesario que se demuestre esa voluntad política y no se
pretendan diluir estas responsabilidades históricas.
Distinguidos
Ministros y Jefes de Delegaciones:
Creemos
firmemente que sin un replanteamiento radical del sistema y de los principios
en que se basan las relaciones internacionales actuales y sin la voluntad
política seguida de una decisión de los gobiernos e instituciones
internacionales que hoy marcan las tendencias predominantes en la economía
mundial, el desarrollo para estas naciones más pobres continuará siendo una
quimera.
Nunca
hubo tanta confusión, descontento e inseguridad en la esfera internacional. Nos
encontramos ante una posible nueva crisis económica mundial que llevaría a la
ruina a muchas de las naciones del mundo, multiplicaría la pobreza, el hambre y
frustraría cualquier esfuerzo que realicen los Países Menos Adelantados por
garantizar una vida digna a los 614 millones de personas que en ellos habitan.
No
existen indicios de que los que ostentan los grandes poderes y los recursos
mundiales para cambiar el curso de los acontecimientos, comprendan esta
realidad.
Son las
políticas económicas, financieras, las olas liberalizadoras y de
privatizaciones que acompañan el proceso de globalización neoliberal las que
han consolidado la marginalización de las economías más pobres, reforzando la
transferencia neta de recursos financieros del Sur hacia el Norte y las que
condicionan la desigual distribución de los costos y beneficios resultantes de
estos procesos.
Vemos
con preocupación cómo se incrementan las condicionantes vinculadas al proceso
normativo del Fondo Monetario Internacional; cómo se imponen normas
multilaterales que transgreden espacios de soberanía nacional; cómo durante el
propio proceso negociador preparatorio de esta Conferencia se presiona a los
Países Menos Adelantados para que adopten severas recetas de política interna.
En
definitiva, aumentan las exigencias para que estas economías cedan en su
derecho soberano de decidir sus propias políticas económicas y de desarrollo.
Mientras,
acreedores, inversionistas y potenciales donantes de ayuda al desarrollo se
empeñan en atribuir la principal responsabilidad de las crisis, el
subdesarrollo y la pobreza a los países que las sufren, justificando el origen
de estos fenómenos en las debilidades de sus mercados, de sus políticas y de
sus instituciones.
Estamos
convencidos de que no serán medidas de alivio e iniciativas tibias las que
propiciarán el desarrollo de los Países Menos Adelantados. En este sentido,
saludamos la decisión de la Unión Europea de abrir las puertas de su mercado
común a la entrada libre de todas las exportaciones de esos países.
Consideramos
sin embargo, que medidas de este tipo no darán respuesta por sí solas, a los
graves problemas de los Países Menos Adelantados si no van acompañadas de
acciones efectivas para corregir los desequilibrios y asimetrías del actual
sistema multilateral de comercio; si no se democratizan las instituciones
financieras internacionales, garantizando la plena participación de todos los
países en desarrollo en el proceso de toma de decisiones y un marco global de
atención a los justos reclamos del conjunto de estos países y a las necesidades de sus economías; si no
se reconoce el origen estructural de la injusticia que subyace en la economía
mundial y si no se incrementa significativamente el flujo de recursos
financieros hacia los países en desarrollo y en particular hacia los Países
Menos Adelantados.
La deuda
externa reclama decisiones políticas y ante las contradicciones e
inconsistencias de las diversas iniciativas, existe un sólo camino: su
condonación incondicional, acompañada de mecanismos que garanticen un flujo
sostenido de recursos financieros en condiciones concesionales.
Cuba,
agredida y bloqueada por la potencia más poderosa de la historia de la
humanidad, en medio de grandes dificultades económicas ha desarrollado y
mantiene un amplio programa de cooperación con los países del Tercer Mundo y,
en particular, con varios Países Menos Adelantados de América Latina y el
Caribe, Africa y Asia: la salud, la educación, el deporte, la agricultura y la
pesca, entre otros, constituyen los sectores en que hemos concentrado nuestros
esfuerzos. No importa cuan pequeño y pobre se sea, siempre se puede tender la
mano franca de la solidaridad.
Mucho
hemos oído hablar en estos días sobre la terrible realidad que en materia de
salud enfrentan los Países Menos Adelantados. Valdría la pena recordar
solamente unos breves datos:
-
Más
de 11 millones de niños menores de 5 años mueren cada año en el Tercer Mundo a
causa de enfermedades previsibles;
-
El
99,5% de las muertes maternas ocurren en el Tercer Mundo;
-
La
esperanza de vida en Africa no supera los 48 años.
Sr.
Presidente:
En
nombre del Gobierno cubano deseo reiterar la propuesta que hiciera el Presidente
Fidel Castro en ocasión de su intervención en la Cumbre del Milenio, cuando
expresó la total disposición de Cuba de enviar hasta 3 mil médicos y personal
paramédico para cooperar de forma gratuita con los países sub-desarrollados, en
especial con aquellos que presentan las peores condiciones sanitarias y de
salud. Los países desarrollados podrían aportar el financiamiento necesario
para los medicamentos y otros insumos imprescindibles para llevar a cabo este
Programa.
Sr.
Presidente:
Defendamos
los principios de la cooperación y la solidaridad frente a la persistente
pobreza que afecta regiones enteras del Sur para que el Plan de Acción que
apruebe esta Conferencia se corresponda con las urgentes demandas de nuestros
tiempos y con las iniciativas que se hayan promovido en los foros
internacionales a favor de los Países Menos Adelantados.
Muchas
gracias
16 de
mayo de 2001