Tercera Conferencia de las Naciones Unidas
sobre los Países Menos Adelantados
"El
desafío consistente en acabar con la pobreza rural"
Discurso principal pronunciado por el
Sr. Lennart Báge
Presidente del FIDA
Bruselas, 15 de mayo de 2001
Sr.
Ministro, Sr. Secretario de Estado,
Excelentísimos señores,
Amigos y colegas:
Me siento sumamente
feliz por tener la oportunidad de participar en la Tercera Conferencia de las
Naciones Unidas sobre los Países Menos Adelantados, en este grupo organizado
por otro de los organismos con sede en Roma, la FAO. Me complace asimismo
observar que los demás miembros del grupo proceden de Bélgica, país con el que
el FIDA ha establecido una relación única de colaboración
multilateral/bilateral en el marco del Programa Conjunto con el Fondo Belga de
Supervivencia, y de Bhután, el Senegal y el Pakistán, con todos los cuales el
FIDA coopera desde hace largo tiempo en las actividades de lucha contra la
pobreza.
Sr. Ministro,
Sr. Secretario de Estado:
El pasado mes de
septiembre, en la Cumbre del Milenio, los líderes de todo el mundo declararon
su compromiso de reducir la proporción de personas que viven en la pobreza
extrema a la mitad para el año 2015. Este objetivo representa una meta específica
para inspirar nuestros esfuerzos y una referencia en relación con la cual medir
los progresos. El objetivo relativo a la pobreza fijado en la Cumbre del
Milenio es ambicioso pero está a nuestro alcance, como demuestra el ejemplo
proporcionado por muchos países de Asia oriental durante los últimos 25 años. Quizás
por vez primera en la historia, hay posibilidades reales de lograr una
reducción sustancial de la pobreza en un plazo determinado de tiempo. Es una
oportunidad que no debe desperdiciarse.
La comunidad internacional hace
tiempo que reconoció las dificultades especiales a que se enfrentan los países
menos adelantados (PMA). A lo largo de los últimos 20 años, el FIDA ha
proporcionado a los PMA financiación por valor de USD 2 600 millones
para proyectos cuyo costo de inversión total ascendía a USD 6 400 millones, y
en la actualidad facilitamos a los PMA casi USD 200 millones anuales. Lamentablemente,
la asistencia oficial para el desarrollo (AOD) de los PMA ha disminuido en los últimos
años, de USD 17 000 millones en 1990 a USD 12 000 millones en 1999.
La gran mayoría de
los países menos adelantados se encuentran en África. Esos países, como otros
PMA, han mostrado ser especialmente vulnerables a los trastornos causados por
la disminución de los precios de los productos básicos, los conflictos y los
desastres naturales, así como por la pandemia de SIDA. En conjunto, la tasa de
reducción de la pobreza en África, por ejemplo, es notablemente inferior a la
necesaria para alcanzar el objetivo establecido en la Cumbre del Milenio. Es más,
en algunos PMA, los niveles de pobreza, la esperanza de vida y otros
indicadores sociales se han deteriorado en los últimos años.
Esta situación exige
un nuevo enfoque para poner fin a la pobreza en los países menos adelantados.,
un enfoque respaldado por políticas nacionales correctamente orientadas y por
una mayor asistencia internacional.
A fin de reducir la
pobreza a la mitad en los países menos adelantados, especialmente en África,
será precisa una tasa de crecimiento económico mucho más alta, de alrededor del
7% anual, de la que se ha logrado durante el decenio de 1990. La mayoría de los
pobres en la mayor parte de los PMA vive en zonas rurales y depende de la
agricultura y el comercio, los servicios y las actividades de transformación
conexos para ganarse la vida. Las mujeres, desgraciadamente, constituyen una
creciente mayoría de los pobres, con iguales responsabilidades por lo que se
refiere a las labores agrícolas además de sus tareas domésticas, y desprovistas
en mayor medida incluso que los hombres de activos, servicios o apoyo. La única
manera de lograr una tasa más elevada de crecimiento en esos países es
aprovechar las capacidades infrautilizadas de los pobres mediante un desarrollo
rural de amplia base, centrado en el incremento de la producción agrícola.
Los pobres de las
zonas rurales raramente tienen la misma influencia en la adopción de decisiones
que las personas en mejores condiciones económicas y los grupos urbanos.
Por ello, la presión de las restricciones presupuestarias y los programas de
reforma ha recaído en grado desproporcionado sobre la inversión en el sector
rural. Los servicios y la infraestructura en esas zonas se han deteriorado
y las instalaciones sanitarias y educativas rurales se han visto privadas de
recursos. No es sorprendente, en consecuencia, que los niveles de
pobreza en las zonas rurales doblen a menudo los de las zonas urbanas. En
Burkina Faso, por ejemplo, el 52% de la población rural vive en
condiciones de pobreza absoluta, mientras que tan sólo el 16% de la población
urbana se encuentra en esa situación. En Bolivia, las cifras son del 82% y el
34%, respectivamente. El acceso a los servicios de salud presenta desigualdades
similares. No es casual que mientras la pandemia de SEDA ha sido
contenida en los países ricos, esté arrasando los países pobres, especialmente
en las zonas rurales.
Lamentablemente, la proporción de
la asistencia internacional destinada al desarrollo rural y agrícola durante el
último decenio ha disminuido realmente, al mismo tiempo que se reducía la AOD
en general, como resultado de lo cual la ayuda al sector agrícola en los países
en desarrollo ha sufrido una disminución del 40%. Las instituciones financieras
internacionales han reducido también de forma muy acusada sus préstamos para la
agricultura, de modo que en la actualidad la proporción es bastante inferior al
10% del volumen total de préstamos.
Si queremos alcanzar los
objetivos fijados en la Cumbre del Milenio, deben invertirse esas tendencias.
A comienzos del
presente año, el F1DA, aprovechando las lecciones aprendidas durante sus 23 años
de experiencia en la realización de actividades de lucha contra la pobreza
rural, y poniendo esos conocimientos en relación con la experiencia de otras
instituciones, produjo su Informe sobre la pobreza rural en e? arao 2001. En
el informe se examinaban en profundidad las causas y los mecanismos de la
pobreza y los enfoques más eficaces para reducir los niveles de pobreza.
El punto de partida
consistió en examinar los grupos pobres no como objetos, o como una carga para
la sociedad, sino como sujetos, con capacidad para convertirse en los agentes
del cambio primarios. En vez de considerar únicamente sus necesidades, deberíamos
basarnos en sus capacidades. Los pobres, especialmente las mujeres, son
grandes trabajadores y a menudo microempresarios eficaces, ya sea como pequeños
agricultores, pastores, pescadores artesanales o pequeños comerciantes y
artesanos. Los pobres conocen su propia situación y sus circunstancias: de
hecho, son expertos en ellas.
Crear las condiciones
que permitan a esos grupos utilizar sus capacidades de manera más productiva se
denomina a menudo potenciar la capacidad de acción de los pobres, uno de los
temas centrales del Informe sobre la pobreza rural. Entre los elementos
esenciales de este proceso de potenciación de la capacidad de acción figuran la
concesión a los pobres de mayor voz e influencia en las instituciones que les
afectan, tanto en el plano local como nacional, así como la promoción de un
mayor acceso a los servicios sanitarios, educativos y económicos, como el crédito
y el ahorro. Pese a todo, la potenciación de la capacidad de acción de los
pobres será de escasa utilidad si éstos no disponen de los medios materiales
para incrementar la producción y los ingresos.
En el Informe
sobre la pobreza rural del F1DA se señalan cuatro factores centrales: los
activos, la tecnología, los mercados y las instituciones.
Para los agricultores y pastores
pobres, los derechos sobre las tierras y el agua tienen una importancia vital,
tanto por lo que se refiere a la posesión del título legal como a la
protección de los derechos consuetudinarios de uso. Si bien las
experiencias previas en materia de reforma agraria han tropezado con problemas,
otras iniciativas innovadoras de reforma agraria basada en el mercado están
produciendo resultados interesantes en el Brasil, Filipinas y otros lugares y
es necesario proseguir su aplicación de modo enérgico.
Los productores pobres de los PMA
raramente disfrutan de acceso efectivo a la tecnología y, en cualquier caso, la
tecnología disponible a menudo no corresponde a sus prioridades. Se han
elaborado enfoques innovadores de la extensión, basados en la mejora de los
servicios públicos y de los servicios privados también, que deben ampliarse
para abarcar una mayor proporción de los productores rurales. Al mismo tiempo,
la investigación agrícola debe dirigirse a los cultivos y animales producidos
por los agricultores pobres en las zonas áridas, en beneficio de la mayoría y
de los pobres, no de una minoría y de los más acomodados.
A medida que más países
adoptan políticas orientadas al mercado, el acceso a mercados justos y
eficientes es de importancia fundamental para que los productores pobres puedan
cosechar plenamente el fruto de sus esfuerzos. Lamentablemente, los mercados en
muchas zonas rurales siguen estando insuficientemente desarrollados, dominados
por unos pocos comerciantes y aquejados de elevados costos de transacción. Los
agricultores pobres, por lo tanto, deben vender a precios bajos en el momento
de abundancia posterior a la cosecha, pero pagan precios altos por los insumos
y otros bienes. Sin embargo, un reciente programa nacional en Mozambique respaldado
por el FE DA está mostrando que puede ayudarse a los productores rurales a
organizarse en grupos de comercialización y a obtener información actualizada,
lo que les permite conseguir precios justos. Si pudieran ampliarse esas
iniciativas, el mercado podría llegar a ser un aliado poderoso en el esfuerzo
para poner fin a la pobreza.
Por último, las
instituciones. Quienes las controlan normalmente son quienes más se benefician
de ellas, y los pobres rara vez controlan las instituciones. Modificar esta
situación y establecer instituciones en las que los pobres tengan una voz
fuerte es quizás el reto más difícil con vistas a erradicar la pobreza.
La realización de
progresos en lo relativo a potenciar la capacidad de acción de los pobres y
aumentar su acceso a la base material de producción depende en primer lugar y
sobre todo de la población y los gobiernos de los propios países menos
adelantados. Las políticas de esos países deben orientarse a prestar mayor
apoyo al desarrollo rural y agrícola, y deben destinarse más recursos a la
atención de la salud, a la enseñanza y la infraestructura en las zonas rurales,
por un lado, y a apoyar las actividades productivas de los pobres, por otro, en
el contexto de un marco general de desarrollo.
A1 mismo tiempo, la
comunidad internacional tiene la responsabilidad igualmente importante de
brindar mayor apoyo a los esfuerzos que están realizando los países menos
adelantados.
El primer requisito
es invertir la disminución de la AOD. Naturalmente la inversión extranjera
directa ofrece cada vez mayores posibilidades para ayudar a incrementar la
capacidad productiva de los PMA. Sin embargo, en muchos de esos países, es esencial
disponer de un mayor volumen de AOD con objeto de establecer las condiciones,
desde el punto de vista de la salud, la educación, la infraestructura y los
servicios, para atraer inversiones privadas. Por consiguiente, debemos redoblar
nuestros esfuerzos a fin de alcanzar el objetivo de destinar a la AOID el 0,7%,
así como reorientar los recursos de asistencia para el desarrollo
-proporcionados por instituciones financieras internacionales y por donantes
bilaterales- hacia las zonas rurales y el desarrollo agrícola.
A medida que los PMA liberalicen
sus economías nacionales, es evidentemente razonable esperar que los países
industrializados proporcionen un mejor acceso a los mercados para sus
productos. La reciente decisión de la Unión Europea de autorizar las
importaciones libres de impuestos de los países menos adelantados de "todo
menos las armas" es un paso alentador en esa dirección, pero debería
considerarse un primer paso. Las subvenciones agrícolas en los países de la
OCDE siguen siendo varias veces mayores que la AOD total y las normas
sanitarias y de calidad, como la FAO nos ha recordado, a menudo actúan como
obstáculos al comercio. La eliminación de esas restricciones al comercio de
productos agrícolas favorecería un incremento considerable de las exportaciones
de los PMA y les permitiría diversificar su agricultura y pasar a ser
beneficiarios de la mundialización, en lugar de víctimas de ella.
Sr. Ministro, Sr.
Secretario de Estado:
A lo largo de los últimos tres
decenios, hemos aprendido mucho acerca de la erradicación de la pobreza. Un
hecho que se nos aparece con particular claridad es que los extraños no tienen
que resolver el problema de la pobreza, sino que la tarea de los
gobiernos y los organismos de ayuda es contribuir a romper las cadenas que
mantienen a los pobres atrapados en la pobreza. La experiencia del F1DA, con
proyectos relacionados con la pobreza en 114 países en desarrollo, entre ellos
43 PMA, ha mostrado repetidamente que incluso los grupos más pobres, cuando se
les ofrece la oportunidad, aprovechan con entusiasmo la ocasión de aumentar sus
ingresos y su producción y construir vidas más seguras y productivas para sus
familias.
El desafío
consistente en acabar con la pobreza rural equivale a dar a los pobres esa
oportunidad.