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Mensaje del Secretario General con ocasión del Día Mundial de Lucha contra la Desertificación y la Sequía

17 de junio de 2010

Más de mil millones de personas pobres y vulnerables viven en las zonas áridas del planeta, donde las actividades encaminadas a alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio tropiezan con dificultades particulares, y por ello se han quedado rezagadas.

Casi las tres cuartas partes de las zonas de pastoreo muestran síntomas de desertificación. Durante los últimos 40 años, casi un tercio de las tierras cultivables del mundo han dejado de ser productivas y en muchos casos han quedado abandonadas. La pertinaz presión causada por la sequía, el hambre y el agravamiento de la pobreza amenaza con desencadenar tensiones sociales, que a su vez pueden dar lugar a fenómenos de migración involuntaria, desintegración de comunidades, inestabilidad política y conflictos armados. Decididamente, la vulnerabilidad humana, la vulnerabilidad ecológica y la vulnerabilidad social van unidas con singular intensidad y simetría en las zonas áridas del planeta. El cambio climático no hará más que agudizar todas esas presiones.

En este Año Internacional de la Diversidad Biológica, debemos recordar que las tierras áridas son zonas de enorme productividad y diversidad biológica. El 30% de los cultivos que crecen y se consumen en todos los rincones del mundo proceden de las zonas áridas. Además, la diversidad biológica del suelo de esas zonas desempeña un papel decisivo en la transformación del carbono atmosférico en carbono orgánico: las tierras áridas son la mayor reserva de carbono orgánico del planeta.

La protección y la restauración de las zonas áridas permiten avanzar en muchos frentes al mismo tiempo: se refuerza la seguridad alimentaria, se hace frente al cambio climático, se ayuda a los pobres a adquirir más control sobre su destino y se impulsa el progreso hacia el logro de los Objetivos de Desarrollo del Milenio. En este día, pues, reafirmemos nuestro compromiso en la lucha contra la desertificación y la degradación de las tierras y en la mitigación de los efectos de la sequía, y reconozcamos que cuidar de nuestros suelos equivale a cuidar de la vida en la Tierra.