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Mensaje del Secretario General con motivo del Día Internacional de Rememoración de las Víctimas de la Esclavitud y la Trata Transatlántica de Esclavos

25 de marzo de 2009

Para muchos, la toma de juramento de un hijo de África como Presidente de los Estados Unidos de América este año constituyó un hito en una epopeya iniciada hace más de 400 años. En toda América y el Caribe, los descendientes de la migración forzada más grande de la historia han luchado tenazmente durante mucho tiempo por la justicia, la asimilación y el respeto, y siguen haciéndolo.

El Día Internacional de Rememoración de las Víctimas de la Esclavitud y la Trata Transatlántica de Esclavos es un tributo a los millones de africanos que fueron arrancados violentamente de su tierra natal y sometidos a la esclavitud. Las estimaciones del número de millones de hombres y mujeres transportados son diversas, pero el legado de este vil tráfico no puede discutirse. África aún no se ha recuperado de los estragos causados por la trata de esclavos y la posterior era de colonización. Al otro lado del Atlántico, en Europa y en todas partes, los descendientes de africanos siguen enfrentando a diario los arraigados prejuicios que los mantienen sumidos en la pobreza de manera desproporcionada.

A pesar de que la esclavitud se ha abolido oficialmente, el racismo sigue contaminando nuestro mundo, al igual que las formas contemporáneas de esclavitud como la servidumbre, la prostitución forzada, el uso de niños en la guerra y el tráfico internacional de drogas. Es esencial que alcemos nuestra voz para oponernos sin ambages a estos abusos. La Declaración Universal de Derechos Humanos afirma que "todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos". La inobservancia de este principio fundamental es una causa directa de la inhumanidad de la esclavitud y el horror del genocidio.

Este año, el tema del Día Internacional es hacerse oír. Es un llamamiento a que "Rompamos el silencio, resuenen los tambores". Desde los albores de la humanidad en África, los tambores han marcado el pulso de nuestra historia y siguen ayudándonos a celebrar nuestra humanidad común. Hoy insto a todas las personas en todo el mundo a hacer resonar los tambores para proclamar que negros o blancos, hombres o mujeres, somos un mismo pueblo. Cuando los músicos tocan, se prestan atención unos a otros al interpretar las partes que les corresponden. Debemos seguir su ejemplo. Sólo podemos lograr la armonía si nos respetamos unos a otros, celebramos nuestra diversidad y trabajamos juntos para alcanzar nuestros objetivos comunes.