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Mensaje del Secretario General en ocasión del Día Internacional del Migrante

18 de diciembre de 2009

La migración concierne a todos los países, ya sea como lugar de origen, tránsito o destino, o como combinación de estos. Se estima que en 2009 unos 200 millones de personas, es decir un 3% de la población mundial, residían fuera de su país de nacimiento.

La migración puede ser una experiencia positiva y enriquecedora para los propios migrantes, así como para las sociedades de origen y de acogida. Sin embargo, para demasiados migrantes la realidad es la discriminación, la explotación y el abuso. Con frecuencia son víctimas de incitación al odio, acoso y violencia. Se les culpa injustamente de la criminalidad y las dificultades económicas y son objeto de una discriminación generalizada.

La crisis económica y financiera mundial ha exacerbado la vulnerabilidad de los migrantes. Numerosos países han endurecido las restricciones a la migración y han adoptado medidas más estrictas para combatir la migración irregular. Dichas medidas pueden aumentar el riesgo de explotación y abuso. También pueden reforzar la impresión de que los migrantes son en parte culpables de los efectos de la crisis, generando así actitudes xenófobas y contra los inmigrantes.

No obstante, incluso en países con elevadas tasas de desempleo suele haber demanda de trabajadores extranjeros en determinados sectores, en los que aquellos aportan las competencias necesarias para impulsar el crecimiento económico. Lejos de provocar la crisis, la migración es en realidad parte de la solución a largo plazo.

A nivel internacional, la Convención Internacional sobre la protección de los derechos de todos los trabajadores migratorios y de sus familiares constituye el marco general para la protección de los derechos de los migrantes. Insto a todos los Estados Miembros que aún no lo hayan hecho a que ratifiquen o se adhieran a la Convención.

En este décimo Día Internacional del Migrante, hago un llamamiento a los gobiernos para que protejan los derechos humanos de los migrantes, hagan de los derechos humanos el centro de la política migratoria, y promuevan una mayor sensibilización acerca de la contribución positiva que aportan los migrantes a la vida económica, social y cultural de sus países de acogida.