logo

Mensaje del Secretario General

con motivo del Día Internacional para la Abolición de la Esclavitud

2 de diciembre de 2008

La trata de esclavos fue abolida oficialmente hace 200 años, pero esta violación flagrante de los derechos humanos persiste, alimentada por una falta permanente de respeto por la dignidad de los seres humanos, por la denegación de su humanidad y por la pobreza extrema.

A pesar de siglos de prohibición de la esclavitud, todavía existen sus formas tradicionales. Hemos visto además el surgimiento perturbador de formas contemporáneas de esclavitud, como la venta de niños, la servidumbre por deudas y la trata de seres humanos. Los trabajadores domésticos y migratorios suelen hallarse en situación de esclavitud de facto, así como quienes trabajan en el sector de la construcción, la industria de los alimentos, la del vestuario y otros sectores industriales.

La crisis económica mundial podría exacerbar esta situación que ya es alarmante. Es probable que los pobres se vean sumidos en mayor grado en la pobreza, lo que los hace más vulnerables a prácticas que se asemejan a la esclavitud. Quienes conscientemente los explotan tendrán que extraer incluso más para obtener más utilidades, los consumidores, que pueden no estar conscientes de las consecuencias, adquirirán más probablemente productos cuyos costos laborales se mantienen bajos de manera irrazonable.

La Conferencia Mundial contra el Racismo, celebrada en 2001, abrió nuevos caminos al declarar que la esclavitud era y es un crimen de lesa humanidad.

Se estima que hay actualmente unos 27 millones de víctimas de esta atrocidad, y debemos tratar de llegar a ellas para ayudarlas.

Los gobiernos, las organizaciones de la sociedad civil, las empresas y los particulares deben unir fuerzas para proteger a las víctimas, elevar la conciencia y exigir que se ponga fin a toda forma de esclavitud y explotación. Necesitamos nuevas estrategias para hacer frente a este antiguo mal. Necesitamos reformar las leyes y necesitamos cambiar las actitudes y las costumbres.

En pocos días más el mundo celebrará el sexagésimo aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Juntos debemos velar por que uno de sus principios más fundamentales -que nadie estará sometido a esclavitud ni a servidumbre- pronto se acercará más a la verdad.