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El Secretario General

Mensaje con ocasión del Día Internacional del Personal de las Naciones Unidas
para el Mantenimiento de la Paz

       29 de mayo de 2007

Hoy, los miembros de la familia de las Naciones Unidas de todo el mundo nos reunimos para honrar la memoria de nuestros colegas que dieron la vida por la paz el año pasado. En 2006, por cuarto año consecutivo, perdieron la vida más de 100 cascos azules. Ese hecho nos hace tomar conciencia de los riesgos que corren nuestros colegas dedicados al mantenimiento de la paz en nombre de la comunidad internacional para brindar paz, seguridad y esperanza a cientos de millones de personas.

Recordamos a quienes hemos perdido, pero también rendimos homenaje por su profesionalidad, dedicación y coraje a quienes mantienen, en 18 operaciones de paz desplegadas en cuatro continentes, el valioso legado de nuestros camaradas caídos.

El año pasado, por primera vez, las Naciones Unidas desplegaron a más de 100.000 cascos azules; aportan personal uniformado a operaciones de las Naciones Unidas para el mantenimiento de la paz 115 países. Ambas cifras marcan un récord histórico, y tampoco conocen precedentes la confianza que inspiran y las expectativas que suscitan las actividades de las Naciones Unidas en el ámbito del mantenimiento de la paz.

No obstante, ni siquiera esas cifras dan una idea de las innumerables contribuciones de cada soldado, policía, experto electoral, oficial de protección de la infancia y personal de otro tipo que integra nuestras misiones. No sólo llevan a cabo funciones básicas de seguridad, como las de mantener el orden o remover minas; también reconstruyen escuelas y puentes en actividades encaminadas a elevar el nivel de vida, sin prisa pero sin pausa.

La gente que recibe los beneficios de esos esfuerzos invisibles se cuenta con frecuencia entre los más vulnerables. El personal de mantenimiento de la paz asegura que refugiados y desplazados regresen a sus hogares; que los excombatientes dejen las armas y se reintegren en la sociedad; que los niños abandonen los campos de batalla y vuelvan a la escuela; que el pueblo ejerza su derecho al voto en elecciones democráticas; que las fuerzas policiales y los sistemas judiciales protejan los derechos humanos individuales en lugar de violarlos y que se desminen campos y bosques para que sirvan de sustento a la vida en lugar de desencadenar la muerte.

Todos deberíamos estar orgullosos de estos logros. Ahora bien, no podemos dormirnos en los laureles. Hemos de hallar formas de asegurar que contamos con lo necesario para afrontar los retos que nos esperan. Por ese motivo he propuesto un conjunto de medidas audaces para reestructurar y reforzar nuestra capacidad.

Por mi parte, seguiré visitando, con la mayor frecuencia posible, los países asolados por el conflicto donde prestan servicios nuestros cascos azules. Pido al Consejo de Seguridad que dé siempre al personal de mantenimiento de la paz el mandato y los elementos que necesiten para cumplir sus funciones. También pido a los países que aportan contingentes que mantengan su apoyo.

En este Día Internacional del Personal de las Naciones Unidas para el Mantenimiento de la Paz, rindo homenaje a todos los hombres y mujeres que prestan servicios en nuestras operaciones. Su trabajo enorgullece a las Naciones Unidas todos los días del año.