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Presentación por el Secretario General de su memoria anual sobre la labor de la Organización ante la Asamblea General

       25 de septiembre de 2007



Se abre la sesión a las 9.15 horas.

Tema 109 del programa

Memoria del Secretario General sobre la labor de la Organización (A/62/1)

El Presidente (habla en inglés): De conformidad con la decisión que adoptó en su tercera sesión plenaria, celebrada el 21 de septiembre de 2007, la Asamblea General escuchará la presentación por el Secretario General de su memoria anual sobre la labor de la Organización con arreglo al tema 109 del programa. Tiene la palabra el Secretario General.

El Secretario General (habla en francés): Sr. Presidente: Permítame felicitarlo por su elección. También quisiera darles, a todos ustedes, la bienvenida a Nueva York en esta bonita estación. Es un placer y un honor estar con ustedes en la apertura del debate general del sexagésimo segundo período de sesiones de nuestra Asamblea General. Creo que este año que se avecina será el más intenso de nuestra historia. También creo muy firmemente que juntos podremos hacer que sea uno de los más fructíferos.

Hemos empezado bien. La semana pasada, acogimos una reunión de alto nivel del Grupo Directivo sobre los Objetivos de Desarrollo del Milenio en África, una prioridad manifiesta. Los dirigentes del mundo entero también se reunieron para hablar sobre el camino a seguir en el Oriente Medio, el Afganistán, Darfur y el Iraq.

Ayer celebramos una conferencia muy productiva sobre el cambio climático. El objetivo era galvanizar la energía y la determinación política y coordinar nuestra labor reuniéndonos todos bajo un mismo techo -el de las Naciones Unidas- para que todos estemos unidos en la lucha contra el cambio climático. Ello era de por sí una tarea ingente, y espero que sea sí como trabajaremos juntos en el futuro.

(continua en inglés): Quisiera reiterar que es un modelo de cómo espero que trabajemos juntos en el futuro.

En el año entrante, y posteriormente, podemos prever una serie de desafíos de enormes proporciones. Son problemas que no respetan fronteras, que ningún país, grande o pequeño, rico o pobre, puede resolver por sí solo.

Ahora, más que nunca, vivimos en una época de acción colectiva. Muchas veces, parece que todos quieren que las Naciones Unidas lo hagan todo. Naturalmente, no podemos llegar a todo, pero eso no puede ser una excusa para no hacer nada.

De ahí el tema de esta alocución: "Unas Naciones Unidas más fuertes para un mundo mejor".

Nuestro mundo en transformación necesita unas Naciones Unidas más fuertes. Todos entendemos la importancia de una Secretaría fuerte, sólida y empoderada. Mi visión es la de una administración centrada en los resultados, eficiente, bien orientada, pragmática y responsable, una administración que represente la excelencia, la integridad y el orgullo de servir por el bien mundial.

Para cumplir esta visión, tenemos que modernizarnos. Necesitamos un cambio climático interno aquí, en las Naciones Unidas. Necesitamos dar nuevos aires a la forma en que hacemos nuestro trabajo. Nuestros temas principales deberían ser simplificar, racionalizar y delegar.

Para cumplir con las grandes expectativas que el mundo ha depositado en nosotros necesitamos trabajar con más rapidez, flexibilidad y movilidad. Necesitamos prestar menos atención a la retórica y más atención a los resultados, a obtener resultados.

Considero de la máxima prioridad aplicar las reformas de la gestión que la Asamblea General aprobó anteriormente para promover una mayor transparencia, rendición de cuentas y eficiencia. Celebro los avances que hemos logrado en los últimos nueve meses respecto de la racionalización de nuestros procesos presupuestarios, la elaboración de nuestro plan maestro de reformas de infraestructura y el orden introducido en nuestra institución financiera. Estoy especialmente agradecido a los 102 gobiernos que han pagado la totalidad de sus cuotas al presupuesto anual.

Todos juntos reorganizamos con éxito las operaciones de mantenimiento de la paz, lo cual afectó a más de 100.000 miembros del personal de las Naciones Unidas en 18 misiones multinacionales. Tengo previsto continuar la tarea reforzando el Departamento de Asuntos Políticos. Tenemos que ser más proactivos en nuestra respuesta a las crisis. Una diplomacia preventiva bien planificada y ejecutada puede salvar muchas vidas y prevenir muchas tragedias -una obligación fundamental que impone la Carta a nuestras Naciones Unidas.

Haré cuanto esté en mi mano para poner fin a la tragedia de Darfur. El Gobierno del Sudán debe cumplir su promesa de sumarse a las conversaciones de paz amplias e imponer una cesación del fuego. También debemos avanzar con el acuerdo que puso fin a la prolongada guerra civil entre el norte y el sur e iniciar los preparativos para las elecciones que se celebrarán en 2009.

La crisis de Darfur se agravó por muchas causas. Cualquier solución duradera debe abordarlas todas, a saber: las cuestiones de seguridad, política, recursos, agua, humanitarias y de desarrollo. Ahí, como en cualquier otro lugar, debemos tratar las causas profundas del conflicto, por muy complejas e intrincadas que sean.

La paz en el Oriente Medio es vital para la estabilidad de la región y el mundo. Sabemos lo que se necesita: acabar con la violencia, poner fin a la ocupación, crear un Estado Palestino en paz consigo mismo y con Israel, y lograr una paz regional amplia entre Israel y el mundo árabe.

Con el liderazgo renovado del mundo árabe y los Estados Unidos, y los esfuerzos del Representante del Cuarteto, Tony Blair, se están reuniendo los elementos para dar un nuevo empuje en pro de la paz.

También esperamos sinceramente que, mediante la reconciliación nacional, el pueblo libanés pueda restablecer la estabilidad política y social eligiendo a un nuevo Presidente de conformidad con su proceso constitucional.

El Iraq se ha convertido en un problema de alcance mundial. Con la resolución 1770 (2007), aprobada recientemente por el Consejo de Seguridad, las Naciones Unidas tienen un importante papel que desempeñar en la promoción de la negociación política y la reconciliación nacional, así como en la prestación de asistencia humanitaria al pueblo iraquí. No obstante, reconocemos que la seguridad y la protección del personal de las Naciones Unidas son primordiales.

En el Afganistán, tenemos que colaborar con más eficacia con nuestros asociados para hacer frente al tráfico de drogas y la financiación del terrorismo.

Seguimos de cerca los acontecimientos de Myanmar. Una vez más, instamos a las autoridades de ese país a moderarse al máximo y entablar sin demora un diálogo con todas las partes pertinentes para el proceso de reconciliación nacional sobre las cuestiones que preocupan al pueblo de Myanmar. A este respecto, mi Asesor Especial tiene previsto visitar Myanmar en breve.

Desde mi primer día en el cargo he hecho hincapié en la importancia del desarme, como se pidió más recientemente cuando la Asamblea General apoyó mi propuesta de establecer una Oficina de Asuntos de Desarme. Tenemos que dar nuevo ímpetu a nuestros esfuerzos por detener la proliferación de armas de destrucción en masa y la tecnología conexa, y especialmente por evitar que ese material caiga en manos de terroristas. Los últimos logros alcanzados respecto de la cuestión de la República Popular Democrática de Corea me resultan alentadores. Espero sinceramente que la próxima cumbre intercoreana imprima un impulso histórico para lograr la paz, la seguridad y, finalmente, la reunificación pacífica de la península de Corea. Tengo plena confianza en que alcanzaremos una solución negociada con la República Islámica del Irán. Nuestro objetivo final sigue siendo la eliminación completa de las armas de destrucción en masa. Si no lo logramos, esas armas pueden un día eliminarnos.

Nosotros, en las Naciones Unidas, tenemos que adoptar una perspectiva amplia, en la política al igual que en la vida. Aunque nos ocupemos del presente, tenemos que pensar en el mañana. Ayer me referí al cambio climático como un asunto que define a nuestro tiempo. Todos estuvimos de acuerdo. Ahora es el momento de pasar a la acción. Vayamos a Bali y logremos un avance decisivo. También estuvimos de acuerdo en que las soluciones para el calentamiento del planeta no pueden lograrse a expensas del desarrollo económico - el segundo pilar de la labor de las Naciones Unidas. Las cuestiones del desarrollo y la equidad social no se pueden subordinar a las de la paz y la seguridad.

Este año se cumple la mitad del plazo para lograr los objetivos de desarrollo del Milenio. Hemos alcanzado logros. Alrededor del mundo, un número sin precedentes de personas está consiguiendo salir de la pobreza. Aun así, los vientos de la globalización no han soplado a favor de todos.

Esto es aun más grave en África, donde residen la mayoría de los que un economista del Banco Mundial denomina "los mil millones de personas más pobres" del mundo. Debemos prestar especial atención a esas naciones con necesidades especiales. Debemos escuchar las voces de las personas más pobres del planeta, que con demasiada frecuencia se desoyen.

Por eso convoqué a principios de este mes al Grupo Directivo sobre los Objetivos de Desarrollo del Milenio en África, que reunió a los dirigentes de las principales organizaciones multilaterales de desarrollo.

Nuestros objetivos de desarrollo del Milenio siguen siendo alcanzables, siempre que ayudemos a los países más pobres a liberarse de las trampas que los tienen atrapados. Algunas de esas trampas se refieren a la mala gobernanza. Otras, a las enfermedades y la mala atención de la salud. Es intolerable que el VIH/SIDA siga siendo un flagelo en la actualidad. Es intolerable que 10 millones de niños mueran cada año antes de cumplir los 5 años, en su mayor parte de enfermedades prevenibles como la malaria. Todo ello es una lacra en la conciencia de la humanidad.

Esto no significa que haremos cosas que esos países deberían, y podrían, hacer por sí solos. El "milagro asiático" ha demostrado que el éxito del desarrollo se debe en gran medida a decisiones acertadas y una ejecución rigurosa.

Por nuestra parte, debemos intentar que nuestros programas multilaterales de desarrollo sean más efectivos y coherentes, e integrar mejor nuestros esfuerzos en materia de salud, educación, agricultura e infraestructura con el fin de obtener mejores resultados.

Por su parte, las naciones donantes deben hacer más para cumplir sus promesas de ayuda, alivio de la deuda y acceso a los mercados. Unos sistemas financieros y comerciales abiertos, justos y no discriminatorios son críticos para el futuro de todos los países en desarrollo, ya sea en África como en cualquier otro lugar. Por eso debemos hacer todo lo que esté a nuestro alcance para promover el Programa de Doha para el Desarrollo, en el que se hace hincapié en el desarrollo y la ayuda para el comercio.

El tercer pilar de las Naciones Unidas, los derechos humanos, está codificado en la Declaración Universal de Derechos Humanos, cuyo sexagésimo aniversario se celebrará en 2008. El Consejo de Derechos Humanos debe cumplir sus responsabilidades de abanderado de los derechos humanos con coherencia y equidad en todo el mundo. Haré todo lo posible por llevar a la práctica el concepto de nuestra responsabilidad de proteger, con el fin de garantizar una acción oportuna de manera que las poblaciones no tengan que enfrentar el genocidio, la depuración étnica y los crímenes de lesa humanidad.

Nuestros tribunales internacionales prosiguen su labor, desde Rwanda a Sierra Leona y, pronto, en el Líbano. La era de la impunidad ha terminado.

Entretanto, el personal humanitario de las Naciones Unidas, valeroso y excepcionalmente dedicado, hace todo lo posible por salvar vidas en todo el mundo. Ayuda a proteger a las poblaciones civiles de las degradaciones de las milicias armadas, a los niños del hambre y a las mujeres de la violencia ignominiosa.

Este año no se ha producido un desastre natural de la escala del tsunami de 2004. Pero la intensidad de las inundaciones, las sequías y otros fenómenos meteorológicos extremos, agravados tal vez por el cambio climático, han infligido dolor y sufrimiento a muchos millones de personas. Esta es la primera línea de la labor de las Naciones Unidas: ayudar a los que no pueden ayudarse a sí mismos.

(continúa en francés)

Muchas veces me veo abrumado por la escala de los retos que se nos presentan. Se espera tanto de nosotros, pero es nuestra obligación responder a esas esperanzas con perseverancia, paciencia, coraje y disciplina. Debemos cambiar la forma en que las Naciones Unidas realizan su trabajo, la forma en que realizamos nuestro trabajo. Centrémonos más en los resultados que en los procesos burocráticos. El péndulo de la historia oscila a nuestro favor.

Hemos vuelto al multilateralismo. Un mundo cada vez más interdependiente reconoce que los desafíos del mañana se encaran mejor a través de las Naciones Unidas. No hay duda, sólo pueden encararse a través de las Naciones Unidas.