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     Observaciones en el seminario sobre el "Desaprendizaje de la

       intolerancia" acerca del tema "Caricaturas para la paz"



Queridos amigos:

Bienvenidos a las Naciones Unidas. Me alegra mucho que hayamos podido reunir a este distinguido grupo de caricaturistas en la Sede de las Naciones Unidas.

Permítanme agradecer al Instituto Halle, a Shashi y sus colegas del Departamento de Información Pública de las Naciones Unidas, especialmente al personal de nuestro Centro Regional de Información de Bruselas, y por sobre todo, a mi amigo Plantu. Este seminario y la exposición que lo acompaña, que esperamos que vaya a Bruselas, Ginebra, El Cairo y otros centros mundiales, son ideas suyas. Ha estado trabajando durante muchos años para que tengan lugar.

Siempre he pensado que las caricaturas son uno de los elementos más importantes de la prensa. Desempeñan una función especial en la formación de la opinión pública porque una imagen tiene por lo general un efecto más fuerte y directo sobre el cerebro que unas palabras, y porque muchas más personas mirarán una caricatura que las que leerán un artículo.

Si pasan la vista por un periódico habrán de tomar la decisión consciente de detenerse a leer un artículo, pero casi no es posible abstenerse de mirar una caricatura.

Eso significa que los caricaturistas tienen gran influencia sobre la manera en que diferentes grupos de personas se consideran entre sí.

Pueden alentarnos a mirarnos en forma crítica, y aumentar nuestra capacidad de empatía con el sufrimiento y la frustración de otros. Pero pueden hacer también lo contrario. En suma, tienen una gran responsabilidad.

Las caricaturas nos hacen reír. Sin ellas nuestras vidas serían más tristes. Pero no son materia de risa: tienen capacidad para informar, y también para ofender. Aparte del dolor físico, son pocas las cosas que nos pueden herir más directamente que una caricatura de uno mismo, del grupo al que uno pertenece, o, lo que es peor, de una persona que uno respeta profundamente.

En otras palabras, las caricaturas pueden a la vez expresar y estimular la intolerancia, y también provocarla. Y la triste verdad es que con frecuencia hacen las tres cosas.

De manera que si vamos a "desaprender" la intolerancia, como propone el título de esta serie de seminarios, necesitamos hacer que los caricaturistas participen en el debate.

Pueden ayudarnos a pensar más claramente acerca de su labor, y de la forma en que reaccionamos a ella. Y tal vez podamos ayudarlos a pensar acerca de la forma en que pueden utilizar la influencia no para reforzar los estereotipos ni inflamar las pasiones, sino para promover la paz y el entendimiento. Desde luego, se pueden ayudar entre sí a hacerlo.

Plantu, un caricaturista brillante y sensible, tuvo esta idea hace mucho tiempo. Cuando me vino a ver al respecto, en enero de este año, los dos ignorábamos inocentemente el furor que provocarían las caricaturas del profeta Mahoma, que estaba a punto de estallar en el escenario internacional.

Pero desde luego ese asunto, y las reacciones que provocó, nos han demostrado lo fundamental y urgente que es tener reuniones como la de hoy.

Es efectivo que las caricaturas pueden ofender, y eso es parte de su ser. Si prohibiéramos todas las caricaturas ofensivas nuestros periódicos y los sitios en la web serían muy aburridos y nos privarían de una forma importante de comentario social y político.

De hecho, no estoy convencido de que la solución de este problema radique en invocar la autoridad del Estado. Aunque decidiéramos proscribir sólo aquellas caricaturas que son profundamente ofensivas para gran cantidad de gente todavía estaríamos pidiendo al Estado que hiciera algunos juicios muy subjetivos y que se deslizara por la peligrosa pendiente de la censura.

Preferiría mucho más dejar las decisiones acerca de la publicación en manos de los editores y de los propios caricaturistas. Es necesario que tengan conciencia de su responsabilidad, y que por lo menos piensen acerca de la forma en que pueden considerar y sentir su labor diferentes grupos de personas.

¿Implica eso la autocensura? En cierto sentido sí, pero ejercida, espero, con un ánimo de respeto auténtico por los sentimientos de otras personas y no por el miedo.

¿Implica la "corrección política"? No, espero, si eso parece aburrido y pretensioso. Pero una vez más, sí significa recordar que los demás tienen sentimientos. No hay nada admirable, ni divertido, en arrojar más humillación y desprecio sobre cualquier grupo de la sociedad cuyos miembros ya se sienten vulnerables e intimidados.

Espero además que podamos evitar la iniciación de una guerra de las caricaturas, en que un grupo intente ejercer una represalia por la ofensa que ha sufrido, o que cree que sufrió, publicando lo que considere más ofensivo para otro grupo, reflejando la mentalidad del "ojo por ojo".

Por ese camino, como nos enseñó Mahatma Gandhi, en definitiva todos quedaremos ciegos. Desde luego no es la manera de promover una mejor comprensión y el respecto mutuo entre pueblos de diferente cultura.

No sugiero que haya respuestas fáciles y claras a esos problemas. Tenemos que enfrentar el hecho de que a veces hay tensiones, o incluso contradicciones, entre diferentes valores que en sí mismos son igualmente apreciables.

En el mantenimiento y la consolidación de la paz encontramos con frecuencia que hay tensión entre la paz y la justicia. En este caso podemos hallarnos entre la libertad de expresión y el respeto por las creencias y los sentimientos de los demás.

Cuando eso ocurre, la respuesta no consiste simplemente en afirmar la primacía de un valor por sobre otro. Tenemos que colaborar para hallar la forma de preservarlos y reconciliarlos. Este seminario constituye una buena oportunidad para hacerlo.

Muchísimas gracias.