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El Secretario General

Mensaje con ocasión del Día Internacional para
la Eliminación de la Discriminación Racial


21 de marzo de 2006

El 21 de marzo de 1960, la policía en la Sudáfrica del apartheid hizo fuego contra una manifestación pacífica en Sharpeville que protestaba contra las leyes racialmente discriminatorias. Docenas de manifestantes murieron y muchos más resultaron heridos. Hoy día, al conmemora el aniversario de la matanza de Sharpeville queremos no sólo recordar las vidas de los que cayeron, sino también señalar a la atención el sufrimiento más profundo que provoca la discriminación racial en todo el mundo.

El lema de la conmemoración el presente año, "Combatir la discriminación cotidiana", nos obliga a tomar medidas decididas para luchar contra las prácticas discriminatorias habituales en nuestra sociedad. Todos somos conscientes de que muchas de las mayores atrocidades del hombre han tenido una motivación racial, pero con frecuencia se olvida el sufrimiento colectivo provocado por el racismo cotidiano. A decir verdad, la historia de los crímenes más horrendos de la humanidad se ha construido a menudo sobre los cimientos de la intolerancia.

Desde los insultos en la escuela, hasta las decisiones sobre contratación o despido en el lugar de trabajo, desde la cobertura selectiva de los crímenes por los medios de comunicación o la policía, hasta la discriminación en los nombramientos para cargos públicos, el trato injusto de los grupos raciales o étnicos no sólo abunda en nuestras sociedades, sino que a menudo queda sin respuesta. Es innegable que prevalece el racismo cotidiano, pero que nadie lo cuestione no tiene justificación.

No debemos tolerar la degradación insidiosa de la discriminación como algo habitual. Ni podemos resignarnos a considerarla como un atributo lamentable de la naturaleza humana. Ninguno de nosotros hemos nacido para odiar. La intolerancia se enseña y puede aprenderse. Las garantías legales son una parte esencial de esta lucha. Pero la enseñanza debe ser su vanguardia. La enseñanza puede promover la sensibilización y cultivar la tolerancia. La enseñanza debe comenzar en el hogar donde, después de todo, muchas de las actitudes racistas tienen su origen, continuar en la escuela y llegar a formar parte integrante de nuestro discurso público. En esta lucha contra la intolerancia, los ciudadanos deben ser a la vez maestros y alumnos.

Las Naciones Unidas, a través de sus programas de sensibilización, la formulación del derecho internacional y su función de vigilancia de los derechos, tiene un importante papel que desempeñar. Pero todos nosotros tenemos que unirnos a esta lucha. En este Día Internacional para la Eliminación de la Discriminación Racial tenemos que reafirmar que el éxito de esta lucha depende de que los ciudadanos ordinarios se pronuncien contra la intolerancia "ordinaria". Son ellos los que deben negarse a aceptar los actos de discriminación en sus vidas cotidianas. Son ellos los que deben garantizar que no haya nada "habitual" en el caso de la discriminación. Y son ellos los que más se beneficiarán de las comunidades construidas sobre los derechos y el respeto de todos.