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Discurso del Secretario General ante la Asamblea General


Nueva York, 6 de junio de 2006

Señor Presidente,
          Excelencias,
          Señoras y señores,

En el marco de la preparación del diálogo de alto nivel dedicado a la migración internacional y el desarrollo que la Asamblea celebrará los días 14 y 15 de septiembre, tengo el honor de presentar el informe que la Asamblea me pidió en su resolución 59/241, petición que reiteró en su resolución 60/227.

El informe contiene un amplio examen de las tendencias actuales de la migración internacional y se centra particularmente en los efectos que tiene en los países, tanto los de destino como los de origen. Se han utilizado para su elaboración numerosos estudios anteriores, incluido el valioso documento de la Comisión Mundial sobre las Migraciones Internacionales, organismo que el pasado año me hizo llegar su informe y sus recomendaciones.

El informe que hoy presento se centra en los aspectos de la migración internacional que resultan más relevantes para el desarrollo.

El informe demuestra con sólidos argumentos que la migración internacional, si está respaldada por políticas idóneas, puede ser muy beneficiosa para el desarrollo de los países de origen y de los países a los que llegan. Sin embargo, subraya también que estos beneficios están condicionados al respeto y la defensa de los derechos de los migrantes.

El informe, contradiciendo algunas opiniones, demuestra que la cantidad de hombres y de mujeres que migran es casi idéntica. Por lo tanto, se analiza el papel que representa la igualdad de género en la migración internacional y los efectos del fenómeno en los asuntos de género.

Una de las características más importantes del informe es quizá el hecho de que explora numerosos métodos nuevos que los gobiernos están usando para hacer frente a las corrientes migratorias y administrar las aptitudes individuales con el fin de aprovechar al máximo el potencial de desarrollo que conlleva la migración. Se evalúa la cooperación intergubernamental actual en este ámbito, incluido el marco normativo, las diversas iniciativas mundiales y regionales que se han puesto en práctica y los enfoques bilaterales que se están ensayando, entre ellos los convenios sobre transferibilidad de las pensiones y prestaciones médicas. Por último, se señala que la cooperación internacional también es crucial en la batalla para proteger a las personas contra el execrable delito de la trata de seres humanos.

Como es natural, los Estados Miembros sacarán sus propias conclusiones de la información que se presenta. Sin embargo, me he permitido, en el prólogo del informe, plantear varias sugerencias que resumo a continuación.

En primer lugar, quisiera felicitar a la Asamblea por su decisión de celebrar un diálogo de alto nivel dedicado a este asunto, precedido de reuniones de grupos de alto nivel y audiencias con representantes de la sociedad civil.

El informe muestra con claridad que estamos viviendo una nueva era de migraciones y que la migración internacional es, hoy día, un fenómeno mundial. Muchísimas personas migran en busca de una vida mejor, no sólo entre países vecinos ni en una misma región, sino también entre los confines más alejados del planeta. Si alguien alberga dudas al respecto, un paseo por esta ciudad bastará para disiparlas.

Habrá muy pocos países a los que la migración internacional no afecte de uno u otro modo; los responsables de políticas públicas reconocen cada vez más la importancia que tiene este fenómeno para el desarrollo. Por lo tanto, el momento no podría ser más oportuno para celebrar un debate mundial sobre la migración internacional y el desarrollo. Para que su importancia se advierta al más alto nivel, el Sr. Peter Sutherland —que, como sabrán, fue el primer Director General de la Organización Mundial del Comercio (OMC)— ha tenido la amabilidad de aceptar el cargo de Representante Especial para cuestiones de migración. El Sr. Sutherland ya está celebrando extensas consultas con los gobiernos y continuará invitándolos a aportar sus mejores ideas al diálogo de septiembre.

En segundo lugar, cada vez hay más pruebas de los beneficios que genera la migración internacional. No es casualidad, ni debería sorprendernos, que numerosos países que hasta no hace mucho tiempo eran “fuente” de migrantes (como por ejemplo Irlanda, varios países del sur de Europa, la República de Corea y Chile) hayan experimentado un desarrollo espectacular y tengan ahora economías prósperas que los convierten en destinos atractivos para los migrantes.

Los beneficios que obtienen los países de origen y de destino tienen grandes repercusiones para el desarrollo, puesto que muchos países en desarrollo pertenecen a una de esas dos categorías. De hecho, algunos países en desarrollo, como Malasia y Tailandia, están transitando de una categoría a la otra en este preciso momento.

Aun así, y este es el tercer asunto al que me quiero referir, pecaríamos de ingenuos si diéramos por hecho que todo esto es para bien y que las migraciones se producen en las mejores condiciones posibles.

Lamentablemente, todos conocemos bien los abusos a que se somete a muchos migrantes, ya sea durante su viaje, donde son víctimas de contrabandistas y traficantes (en ocasiones con consecuencias mortales), ya en los países a los que llegan, donde a menudo se exponen a ser explotados por empleadores sin escrúpulos y a las reacciones xenófobas de algunos grupos de la población local, e incluso, en ocasiones, de los representantes de las fuerzas del orden.

Del mismo modo, a estas alturas todos estamos al tanto de las tensiones sociales y culturales que han surgido en muchos países en los que hay colectivos numerosos y recientes de origen extranjero, sobre todo cuando las tradiciones o las creencias de dichos colectivos presentan diferencias sustanciales respecto de los hábitos y costumbres de los residentes más antiguos. Los beneficios que traen los migrantes al país en su conjunto, y a largo plazo, quedan eclipsados con frecuencia por los agravios del entorno inmediato y local, tengan estos fundamento o no.

La mayoría de nosotros debe conocer ya los efectos negativos que se han sentido en algunos de los países de origen, en particular cuando los trabajadores con especialidades en gran demanda, por ejemplo en el sector de la salud, abandonan su país en busca de mejores condiciones y sueldos más altos.

Por todos estos motivos, parece evidente que casi ningún país querrá, por así decirlo, relajarse y disfrutar de los beneficios de la migración sin tratar de tener control del fenómeno. Pero sería igualmente absurdo pretender detenerlo por completo, pues ello sólo se podría conseguir ejerciendo el poder estatal de una forma tan drástica que podría poner en peligro la libertad, y también la prosperidad, de cualquier país que recurriera a esta solución.

En consecuencia, no resulta sorprendente que cada vez más gobiernos traten de controlar la corrientes de migrantes, ya sea de entrada o de salida, para obtener los mayores beneficios posibles y reducir al mínimo sus efectos adversos.

Los países de destino, por ejemplo, procuran seleccionar migrantes con las aptitudes que tienen más demanda y han experimentado con diversas políticas orientadas a fomentar la armonía y el respeto mutuo entre las nuevas comunidades y los residentes ya establecidos. Al propio tiempo, los países de origen intentan, cada vez con más frecuencia, distribuir los beneficios de las remesas entre la población, trabajar con las comunidades de migrantes y darles incentivos para que inviertan en sus lugares de origen las aptitudes y el capital adquiridos.

La cooperación entre los gobiernos interesados es imprescindible para poner en práctica o facilitar muchas de estas políticas. En los demás casos, tenemos mucho que ganar si compartimos experiencias, tanto positivas como negativas, e intercambiamos ideas.

Y esa es, por supuesto, la razón de ser del diálogo que sus gobiernos celebrarán en septiembre. Esos dos días, junto con el proceso preparatorio (al que espero hacer una contribución útil con mi informe), prometen ser una enriquecedora experiencia de aprendizaje para todos los participantes.

Mi único temor, y este es mi cuarto y último punto, es que no baste con dos días. Tengo la impresión de que este asunto no se agotará tan pronto.

Presumiblemente, la migración internacional nos acompañará mientras continúe el desarrollo de las sociedades humanas. Ha aumentado de forma significativa en las últimas décadas, cosa que ya había sucedido en períodos anteriores de integración económica, como los que precedieron a la primera guerra mundial. Con toda probabilidad, continuará aumentando en las próximas décadas. Las oportunidades y los desafíos que conlleva este dinámico fenómeno seguirán cambiando. La respuesta de la humanidad tendrá que actualizarse constantemente con soluciones que, sin duda, obligarán a los gobiernos a intensificar su cooperación.

Este es el motivo de que en mi informe haya sugerido que quizá los gobiernos deseen marcar con este diálogo de alto nivel no el final, sino el principio de la cooperación formal en este ámbito a nivel mundial.

Ni por un momento se me ocurriría sugerir a los gobiernos que renuncien al control de sus fronteras ni a sus políticas en un ámbito tan estrechamente relacionado con la identidad y la soberanía nacionales. Ahora bien, lo que sí propongo es que, si el diálogo de alto nivel resulta ser tan valioso como creo que será, los gobiernos tal vez deseen establecer un foro permanente, de carácter voluntario y consultivo, con vistas a continuar debatiendo, compartiendo experiencias e intercambiando ideas.

Si este fuera su deseo, de más está decir que las Naciones Unidas están dispuestas a ser el lugar de encuentro, y que su personal está dispuesto a brindar a los Estados Miembros toda la asistencia que necesiten para organizar un foro de esas características y prestarle los servicios que requiera. De hecho, sería un papel muy apropiado para esta Organización, que se dedica, como se afirma en su Carta, “a promover el progreso social y a elevar el nivel de vida dentro de un concepto más amplio de la libertad”.

Gracias, señor Presidente.