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El Secretario General

Discurso pronunciado ante la Conferencia Mundial sobre el Cambio Climático

       Nairobi, 15 de noviembre de 2006

Señor Presidente [Kibaki]
Señor [Kivutha] Kibwana [Ministro del Medio Ambiente, Kenya,
y Presidente de la Conferencia de las Partes]

Debo dar las gracias al Gobierno y al pueblo de Kenya por haber hospedado esta conferencia internacional. Han acogido ustedes cordialmente a miles de personas y han creado unas condiciones excelentes para las actividades, de importancia capital, de nuestro programa de trabajo. Les agradezco que hayan mostrado de nuevo su decidido apoyo a las Naciones Unidas.

Excelentísimos Señores,
Señoras y Señores,

Todos nosotros los aquí presentes estamos dedicados a la mejora de la condición humana. Todos deseamos que llegue el día en que cada ser humano, y no sólo unos pocos afortunados, puedan vivir con dignidad y mirar al futuro con esperanza. Todos deseamos crear un mundo en el que reine la armonía de los seres humanos entre sí y con el medio ambiente natural del que depende la vida.

Esta visión, que siempre ha sido muy difícil de concretar, se encuentra ahora aún más en entredicho como consecuencia del cambio climático. Incluso los progresos de los últimos años podrían verse en peligro.

El cambio climático no es sólo una cuestión ambiental, como creen todavía tantas personas. Es una amenaza global.

Es una amenaza para la salud, ya que en un mundo más cálido enfermedades infecciosas como la malaria y la fiebre amarilla se propagarán con mayor rapidez y extensión.

Puede poner en peligro el abastecimiento de alimentos del mundo, a medida que el aumento de las temperaturas y la pertinaz sequía hacen que zonas antes fértiles dejen de ser aptas para el pastoreo o la agricultura.

Puede poner en peligro también la superficie misma en la que vive casi la mitad de la población de la Tierra; ciudades costeras como Lagos o Ciudad del Cabo podrían verse inundadas como consecuencia de la subida del nivel del mar de resultas de la fusión del casquete polar y los glaciares.

Todo esto, y mucho más, nos espera. El clima puede causar catástrofes por valor de miles de millones de dólares. Puede destruir ecosistemas vitales como los bosques y los arrecifes de coral. La intrusión de agua salada puede corromper el agua corriente, o hacerla desaparecer.

El cambio climático representa también una amenaza para la paz y la seguridad. El cambio en el régimen de lluvias, por ejemplo, puede intensificar la competencia por los recursos, desatar tensiones y poner en marcha migraciones potencialmente desestabilizadoras, especialmente en Estados frágiles o en regiones inestables. Hay indicios de que esto está ocurriendo ya, y esta tendencia podría muy bien ir a más.

No es un relato de ciencia ficción. Son hipótesis plausibles, basadas en modelos científicos claros y rigurosos. Unos pocos escépticos inveterados siguen tratando de sembrar la duda. Hay que verlos como son: gente desfasada, carente de argumentos y perteneciente a otra época. De hecho, no solamente el consenso científico es cada vez más completo, sino que cada vez es más alarmante. Muchos científicos conocidos desde hace tiempo por su actitud prudente dicen ahora que el proceso de calentamiento de la Tierra se está aproximando peligrosamente a un punto sin retroceso posible.

Un giro similar se está empezando a observar en los economistas. A comienzos de este mes, un estudio del que fue economista jefe del Banco Mundial, el británico Sir Nicholas Stern, definía el cambio climático como "el fracaso del mercado más serio y amplio que jamás se haya conocido", y advertía que el cambio climático podría hacer disminuir la economía mundial en un 20%, y causar perturbaciones económicas y sociales comparables a las provocadas por las dos guerras mundiales y la Gran Depresión.

La buena noticia es que hay muchas cosas que podemos hacer contra este proceso. Hemos empezado a utilizar los combustibles fósiles de un modo más limpio y eficiente. Cada vez se dispone de más energía renovable a precios competitivos. Si aumentásemos las actividades de investigación y desarrollo, cuyos niveles actuales son lamentable y peligrosamente bajos, podríamos avanzar mucho más.

Impulsados por el Protocolo de Kyoto, los flujos internacionales de financiación del carbono para los países de desarrollo podrían alcanzar la cifra de 100.000 millones de dólares al año. Se prevé un crecimiento espectacular de los mercados para los productos energéticos de bajo contenido de carbono. Pero necesitamos más enfoques "verdes" para atender a la creciente demanda de energía . Y también es necesario que ofrezcamos los incentivos adecuados para complementar los limitados esfuerzos desplegados hasta ahora.

El desafío climático ofrece oportunidades reales para promover el desarrollo y orientar a nuestras sociedades hacia vías más sostenibles. Las bajas emisiones no tienen por qué suponer un bajo crecimiento ni frustrar las aspiraciones al desarrollo de los países. Dejémonos pues de actitudes negativas. Que nadie diga que no podemos permitirnos actuar. Cada vez está más claro que reducir las emisiones ahora costará mucho menos que hacer frente más tarde a las consecuencias. Dejémonos también de decir que hay que esperar hasta que se conozca más al respecto. Sabemos ya que una economía basada en un alto nivel de emisiones representa un experimento incontrolado para el clima mundial.

Sin embargo, al tiempo que tratamos de reducir las emisiones hemos de hacer mucho más para adaptarnos al calentamiento global y sus efectos. El impacto del cambio climático se dejará sentir en medida desproporcionada en los países más pobres del mundo, muchos de los cuales se encuentran aquí en África. Los pobres ya viven al borde de la contaminación, el desastre y la degradación de los recursos y de la tierra. Sus medios de vida y de sustentación dependen directamente de la agricultura, la silvicultura y la pesca. Pensemos, por ejemplo, en las mujeres y las niñas que se ven obligadas a ir a buscar combustible y agua por falta de servicios energéticos básicos. O bien en las innumerables comunidades africanas que han sufrido catástrofes causadas por el clima en los últimos años. Todavía está vivo el recuerdo de las inundaciones de Mozambique, las sequías en El Sahel y en Kenya. Para estas comunidades, la adaptación es una cuestión de pura supervivencia. Hemos de atribuir mayor prioridad a la integración de los riesgos derivados del cambio climático en las estrategias y programas destinados al logro de los objetivos de desarrollo del Milenio. Excelentísimos señores,

El mensaje es claro. El cambio climático mundial debe formar parte de las amenazas -conflictos, pobreza, proliferación de armas letales- que han monopolizado tradicionalmente la atención de los políticos. Y las Naciones Unidas ofrecen los instrumentos que necesita el mundo para reaccionar.

Las iniciativas regionales y nacionales son valiosas. Pero la Convención Marco de las Naciones Unidas es el foro en que se está formulando una respuesta verdaderamente global. El Protocolo de Kyoto se está aplicando plenamente, y su Mecanismo para un Desarrollo Limpio se ha convertido en una fuente de financiación del desarrollo sostenible que asciende a muchos miles de millones de dólares.

Este Mecanismo ofrece un ejemplo destacado de una alianza encabezada por las Naciones Unidas, que vincula la acción gubernamental con el sector privado en el mundo en desarrollo. Tengo el placer de anunciar que seis organismos de las Naciones Unidas han lanzado, en esta Conferencia, el "Marco de Nairobi" que es un plan para ayudar a los países en desarrollo, especialmente de África, a participar en el Mecanismo para un Desarrollo Limpio. Yo insto a los países donantes a que contribuyan al éxito de esta iniciativa. También me complace observar que hoy el PNUD y el PNUMA han emprendido una iniciativa para ayudar a los países en desarrollo, incluidos también los de África, a incorporar el cambio climático en los planes nacionales de desarrollo, la llamada "adaptación climática" en sectores tales como la infraestructura.

Los organismos de las Naciones Unidas seguirán aportando sus conocimientos técnicos. Sin embargo, la responsabilidad primordial de la acción recae en los Estados a título individual y, por ahora, esto quiere decir los que han sido en gran parte responsables de la acumulación de dióxido de carbono en la atmósfera, que han de hacer mucho más para reducir sus emisiones. Si bien el Protocolo de Kyoto es un adelanto fundamental, su alcance todavía es modesto. Y, mientras consideramos cómo seguir adelante, persiste una pavorosa falta de liderazgo.

Entretanto, en los países en desarrollo las emisiones no pueden seguir creciendo sin control. Muchos de estos países han tomado medidas impresionantes respecto del cambio climático. Economías de rápido crecimiento, como la de China, han obtenido éxitos cada vez mayores en el intento de separar el crecimiento económico del uso de la energía, reduciendo la intensidad de las emisiones en sus economías. Pero hay que hacer más.

Las empresas también han de colaborar. Los cambios en el comportamiento empresarial, y el modo en que se orienta la inversión privada, serán por lo menos tan importantes como la acción directa de los gobiernos para ganar la batalla del clima.

Los ciudadanos también tienen un papel que desempeñar a título individual. Una sola bombilla eléctrica de bajo consumo en la cocina puede parecer poca cosa, pero multiplicada por millones el ahorro es impresionante. El poder de las urnas puede surtir un efecto similar, si la gente hace que las medidas relativas al cambio climático sean más una cuestión electoral de lo que son hoy.

Aún hay tiempo para que nuestras sociedades cambien de rumbo. En vez de mantenernos económicamente a la defensiva, empecemos a adoptar una actitud políticamente valiente. La Conferencia de Nairobi debe transmitir una señal clara y convincente de que las instancias políticas mundiales toman en serio el cambio climático. No se trata ya de aceptar o no el hecho del cambio climático, sino de saber si, ante esta emergencia, nosotros mismos podremos cambiar a tiempo.

Muchas gracias.