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     Mensaje del Secretario General en el Día de las Naciones Unidas

       24 de octubre de 2006



Por décima y última vez en mi condición de Secretario General, transmito a mis amigos y colegas de todo el mundo mis mejores deseos con motivo del Día de las Naciones Unidas. Habiendo pasado casi toda mi vida profesional en las Naciones Unidas, este día y los valores que encarna tendrán siempre un significado especial para mí.

En los diez últimos años hemos concretado grandes avances en nuestra empresa colectiva en pro del desarrollo, la seguridad y los derechos humanos.

No obstante, aún queda mucho por hacer:

Parece que ni siquiera estamos de acuerdo en la importancia que tiene cada amenaza. Los habitantes de una isla pequeña tal vez consideren que el recalentamiento del planeta es el problema más grave, mientras que los habitantes de ciudades en las que se han perpetrado atentados terroristas, como Nueva York, Mumbai o Estambul, opinarán que la lucha contra el terrorismo reviste mayor urgencia. Puede que otros se decanten por la pobreza, las enfermedades o el genocidio.

Lo cierto es que todas estas amenazas son de ámbito mundial. Todos debemos preocuparnos por todas ellas. De lo contrario, tal vez no podamos hacer frente con éxito a ninguna.

Hoy más que nunca, no podemos permitirnos el lujo de estar divididos. Sé que Uds., los pueblos del mundo, lo entienden. Les doy las gracias por el apoyo y el aliento que me han dado a lo largo de estos diez años difíciles y, sin embargo, apasionantes.

Les ruego que insten a sus dirigentes a que colaboren con mi sucesor para que las Naciones Unidas ganen en fortaleza y efectividad.

¡Vivan nuestro planeta y sus pueblos! ¡Vivan las Naciones Unidas!