Secretario General
Declaración ante la Sexta Conferencia Ministerial de la Organización Mundial del Comercio


Hong Kong, 13 de diciembre de 2005


Por el Sr. Supachai Panitchpakdi, Secretario General
de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo

Sr. Lamy, Excelentísimas Señoras, Excelentísimos Señores, señoras y señores,

Han transcurrido cuatro años desde que prometieron abocarse de lleno a las necesidades y los intereses de los países en desarrollo. Esa decisión histórica se reafirmó posteriormente en Monterrey, en Cancún y en muchas otras ocasiones. En la Cumbre Mundial celebrada en septiembre de este año en las Naciones Unidas en Nueva York, los dirigentes del mundo volvieron a prometer que harían lo necesario para que los países en desarrollo participen plenamente en el sistema mundial de intercambio.

El desarrollo (es decir, el mejoramiento real de la vida de personas reales) sigue siendo el principal criterio para medir el éxito de la Ronda de Doha. Cualesquieran sean los logros menores resultantes de sus negociaciones, sólo el desarrollo en letras mayúsculas será la medida de todos sus esfuerzos.

Ha habido iniciativas loables para promover esta causa y luchar contra la marginación de algunos países en desarrollo (en particular, países menos adelantados, países sin litoral y pequeños Estados insulares) por ejemplo, la concesión de un tratamiento especial y diferenciado. Pero no es suficiente.

La Unión Europea y los países del G8 acordaron considerables aumentos de la ayuda y el alivio de la deuda, pero no fijaron claramente y sin ambigüedades una fecha para poner fin a las subvenciones que distorsionan el comercio y abrir el acceso al mercado, especialmente el agrícola. Esas subvenciones reducen significativamente las ganancias que obtienen los agricultores de los países en desarrollo de sus cosechas, en un sector crucial para su sustento y supervivencia.

Los agricultores y proveedores de otros bienes y servicios de los países en desarrollo siguen sufriendo del proteccionismo del mundo desarrollado precisamente en los sectores en que pueden ser más competitivos. Los aranceles que imponen los países en desarrollo también son problemáticos, pero no se puede esperar que estos países renuncien a sus ingresos y sus ventajas sin obtener nuevas y mejores oportunidades de exportación.

Los países menos adelantados en particular necesitan un acceso seguro y previsible a los mercados, sin derechos de aduana ni cuotas. Los países sin litoral necesitan el libre tránsito de sus bienes. A todos los países les interesa reducir al mínimo la burocracia y los costos de transacción y procurar que los requisitos técnicos y normativos no superen lo estrictamente necesario y se conviertan en obstáculos insidiosos para el comercio. Y, a medida que se presenten nuevas oportunidades de exportación, muchos países pobres necesitarán ayuda para poder aprovecharlas. La ayuda al comercio (para construir infraestructuras, crear capacidad y cubrir los costos del ajuste) debería considerarse parte esencial de la Ronda de Doha.

El comercio ha sido un motor fundamental del desarrollo. Ha estimulado la prosperidad, ha potenciado la innovación y ha dado mayores opciones a las personas. También ha contribuido a mejorar la estabilidad y previsibilidad de los asuntos internacionales, y a establecer relaciones amistosas entre las naciones.

Hoy tenemos la oportunidad de seguir avanzando. Pero parece que aún no hemos ganado la batalla del desarrollo mediante el comercio libre y equitativo. Los resultados de un sondeo del German Marshall Fund indican que las subvenciones, los aranceles y las políticas proteccionistas agrícolas cuentan con cierto respaldo en los Estados Unidos y Europa, lo cual va en perjuicio de un sistema de comercio verdaderamente abierto y mundial. La liberalización del comercio también tiene costos de ajuste en los países ricos. Es esencial superar ese obstáculo político para lograr el éxito de Doha.

Los países ricos tendrán que rechazar, además del proteccionismo, el populismo. Tendrán que hablar con sinceridad a sus ciudadanos de la evolución de las economías en el siglo XXI y de la interdependencia global, y tendrán que explicarles que la prosperidad en el resto del mundo significa prosperidad y puestos de trabajo en el propio país. Tendrán que ayudar a los sectores vulnerables de sus sociedades mediante capacitación y apoyo de otro tipo. Y tendrán que reconocer que una compleja red de acuerdos bilaterales y regionales no es sustituto de un marco multilateral efectivo.

Excelentísimas Señoras, Excelentísimos Señores,

El comercio puede galvanizar nuestros esfuerzos por alcanzar los objetivos de desarrollo del Milenio. La liberalización del comercio que empodera a las personas encontrará un decidido respaldo. Las políticas comerciales que se limitan a enriquecer a viejas elites seguirán suscitando una ferviente oposición. Insto a los países ricos a que hagan la inversión necesaria en los mercados de los países pobres. No se trata solamente de oportunidades comerciales. Se trata de crear el entorno propicio necesario para mejorar la condición humana.

Otras rondas comerciales, como la que celebramos en este momento dieron muchos traspiés antes de llegar por fin a un acuerdo. Si aquí, en Hong Kong, no se logran resultados importantes, los pobres de todo el mundo, que ansían salir de la pobreza, sentirán una gran decepción. No es este el momento de políticas arriesgadas. Es momento de lograr un común denominador. Justo antes del comienzo de esta conferencia se hicieron progresos. Tienen ahora el deber de poner de manifiesto la voluntad política necesaria para seguir progresando en los próximos días. Los exhorto a que, con carácter urgente, hagan todo lo necesario para cumplir las grandes promesas de la Ronda de Doha.

Muchas gracias.